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LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Maltrato Emocional / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:184k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Todos creían que Cynthia tenía una vida perfecta.

Nadie veía los moretones escondidos bajo el maquillaje.

Nadie escuchaba los gritos detrás de las paredes de la mansión.

Durante cinco años soportó golpes, humillaciones y miedo por proteger a su hija. Pero cuando una tragedia destruye lo poco que quedaba de su mundo, comprende que solo tiene dos opciones: quedarse y morir... o escapar.

Lo que Cynthia no sabe es que el hombre al que dejó atrás nunca aceptará perderla.

Y hará cualquier cosa para recuperarla.

Una madre. Una hija. Una huida desesperada. Y una batalla por la libertad que apenas comienza.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6. El refugio

El carro se detuvo frente a la casa y Cynthia revisó el retrovisor antes de bajar. Nada atrás. Nadie los había seguido, o al menos nadie que ella hubiera alcanzado a ver, que no era lo mismo.

—Llegamos —dijo Ángel, apagando el motor.

Era una casa blanca de un piso, frente al mar, sin otra construcción a la vista. Aislada. Eso le gustó más que cualquier otra cosa.

—¿De quién es?

—Mía. No está a mi nombre, nadie sabe que existe.

—Eso dicen todos hasta que alguien aparece.

Ángel no respondió. Que desconfiara le parecía bien; la desconfianza la había mantenido viva hasta ahí.

—Bajen. Adentro pueden descansar.

Valentina se removió en el asiento de atrás, despertándose con la cara hinchada.

—¿Mami? ¿Aquí vive papá?

A Cynthia se le secó la boca.

—No, mi amor. Aquí no vive papá.

—¿Entonces cuándo lo vamos a ver?

—Después. Ahora bájate y ayúdame con la maleta.

Cinco años aguantando golpes y ahora le miento a mi hija con la misma facilidad.

La casa estaba limpia. Ángel encendió las luces, dejó las bolsas en la cocina y le mostró el cuarto de la niña, el de ella, el baño. Cynthia no escuchó nada de eso. Apenas él soltó la maleta, hizo lo que hacía siempre que entraba a un lugar nuevo: contó las salidas. La puerta principal, la de la cocina, las ventanas de la sala y las de los dos cuartos. Probó los cerrojos uno por uno.

—¿Buscas algo? —preguntó Ángel desde el marco.

—Cómo salir, si tengo que salir.

—No vas a tener que salir.

—Eso lo decido yo.

Lo dijo más duro de lo que quería. Apretó la mandíbula y esperó la reacción, el cambio en la mirada, la mano que sube. Con Alberto nunca tardaba más de un segundo. Ángel solo se encogió de hombros.

—Tienes razón. Lo decides tú. —Dejó las llaves sobre la mesa, frente a ella—. Las dos copias. Por si quieres encerrarte por dentro y que ni yo entre.

Cynthia miró las llaves. No las tocó. Así empezaba Alberto también, regalando cosas.

—¿Por qué haces esto?

—Ya te lo dije en el hospital.

—Me dijiste lo de tu hermana. Eso explica por qué te importan las mujeres rotas. No explica por qué me metes a tu casa secreta y me das tus llaves a las doce horas de conocerme.

—Porque conmigo, al menos, vas a poder dormir. —Recogió su chaqueta de la silla—. Hay comida en la nevera. Vuelvo en tres días.

—¿Tres días? —Valentina apareció en el pasillo, descalza—. ¿Te vas, doctor?

—Vuelvo pronto, princesa. Cuida a tu mamá mientras tanto.

La niña asintió muy seria, como si le hubieran dado una orden de verdad. Cynthia sintió un tirón en el pecho que no supo nombrar y que prefirió ignorar.

—Si pasa algo —siguió Ángel, ya bajando la voz—, llamas al número que te di. Solo a ese.

—¿Te vas?

Se le escapó, y odió cómo sonó.

—Tengo un hospital que dirigir. Si desaparezco, Alberto se va a preguntar a dónde fui. Mientras menos me vean aquí, más seguras están ustedes.

Tenía sentido. Todo lo que decía tenía sentido, y eso era justo lo que no le gustaba; los hombres encantadores también tenían sentido al principio.

Ángel se fue al caer la tarde. Cynthia esperó a oír el motor alejarse, contó hasta cien y volvió a revisar la casa, esta vez sin nadie mirándola. Cerró todo. Acostó a Valentina, le cantó dos canciones y le prometió por tercera vez que papá estaba bien, que solo estaban de paseo, que mañana hacían castillos en la playa. La niña se durmió agarrándole el dedo.

Cynthia se quedó mirándola. Tan parecida a Alberto, los mismos ojos, la misma boca. Ojalá que sea lo único que herede de él.

Salió al patio porque no podía respirar adentro. Encendió un cigarrillo robado del bolso de Lucía y se sentó en el escalón, y por un momento se permitió pensar que tal vez aquí sí.

Entonces lo vio. En la esquina del alero, donde el techo se juntaba con la pared, había un punto rojo, pequeño y fijo.

Se levantó despacio y caminó hacia la esquina con el corazón en la garganta. Una cámara, apuntando directo al patio, con la lucecita parpadeando.

—No —susurró.

Rodeó la casa pegada a la pared y encontró cuatro en total: sobre las dos puertas, en la esquina del lado del mar y apuntando al portón. Cuatro ángulos. Cada paso que dio en ese patio, cada ventana que cerró, cada canción que le cantó a su hija, todo grabado y enviándose a una pantalla en alguna parte.

El estómago se le subió a la boca. Me cambió la jaula por una más bonita.

Volvió corriendo adentro, sacó el celular que él mismo le había dado y marcó. Las manos le temblaban tanto que falló dos veces.

Ángel contestó al segundo timbre.

—¿Cynthia? ¿Estás bien?

—¿Me estás grabando? —La voz le salió sin aire—. Hay cámaras en toda la casa apuntándome. ¿Me estás viendo ahora mismo?

Hubo un silencio que duró un segundo de más.

—Sí. Las puse yo.

A Cynthia se le doblaron las rodillas. Se agarró del borde de la mesa.

—Lo sabía. Eres igual que él.

—Cynthia, escúchame...

—¡Me hablaste de libertad, me diste las llaves, y todo este tiempo ibas a mirarme por una pantalla como me mira él!

—No transmiten a mi teléfono —dijo él, rápido—. Transmiten a un servidor que solo se enciende si alguien cruza el portón sin clave. Es por si Alberto te encuentra. Para que yo lo sepa antes que tú.

Cynthia abrió la boca y la cerró. No supo qué responder.

—Mientes —dijo, pero ya sin la misma fuerza.

—Debí decírtelo hoy, antes de irme. No lo hice y te asusté. Lo siento. —Hizo una pausa—. Sé que pedirte que confíes en mí es lo más difícil que te puedo pedir, Cynthia. Pero todo lo que hay en esa casa, hasta las malditas cámaras, es por tu bien. Confía en mí. Aunque sea solo esta noche.

Cynthia se dio cuenta de que, sin pensarlo, tenía las llaves que él le había dejado apretadas en la mano. Las mismas que se había negado a tocar.

No le respondió. Pero tampoco le colgó.

1
Sandra Garnica
La más idiota es ella porque el Dr se lo había advertido lo del teléfono y ella por tonta no lo hizo😡😡😡 y ahora esta pagando las consecuencias y para rematar la niña enferma
Sandra Garnica
😡 Más idiota😡😡 como va a dejar el celular a la mano de la niña 😡 y no se le puede culpar porque ella no sabe el monstruo que es su padre😤😡😡
Maria Gonzalez Gonzalez
será que Angel será el donante de espermatozoides🤔🫢😃😂
Maria Gonzalez Gonzalez
maldito infeliz 😡😡😡
Maria Gonzalez Gonzalez
ay no que la niña no se enferme 🥹🥹🥹
Maria Gonzalez Gonzalez
pobre mujer😭😭😭
Maria Gonzalez Gonzalez
pinche vieja de la madre que le festeja todo al imbécil
Maria Gonzalez Gonzalez
maldito infeliz de 💩💩💩
Yolida Dominguez
demasiado fuerte pero desgraciadamente hoy se dan muchos casos semejantes al de la novela...un consejo traten de alejarse del maltratados, siempre hay alguien en quien confiar y por medio de ella recibir ayuda, entender que por tardar en dar ese paso, hoy ya no están en este mundo....bendiciones escritora
RINA DEL CARMEN ROJAS
Narcisista, golpeador, etc podía seguir con en curriculum de ese hombre llamado Alberto🙉🤰
Gardenia Omaña
Se va a morir, se va a suicidar
No, puede con la culpa.
Se creyó intocable, se sintió dueño de todo, un narcisista, y ahí solo hay una culpable y su propia madre.
Y, él, lo acaba de descubrir, poreso no le dejo nada.
Gardenia Omaña
acabas de hacer un jake mate.
para que mas le duela que sean trillizos.🤭
Gardenia Omaña
Que los hijos sean de Angel, y se los haces pasar como si fueran de Alberto.
Mercedez Peréz
😠😠😠😠 pero no lo videmos que ella ya no tiene voluntad y siempre dirá que el marido es bueno por ahora ya está cometiendo un error al guardar el cel asta que no se aga un tratamiento con sicólogos y otros no sale del pozo veremos más adelante
sonya martz
Alberto, lo que siembras, cosechas....
sonya martz
bueno, debo admitir que es así por la infancia jodida que tuvo, pero no lo justifica
Marisa Rodriguez de Cuello
Dios sabe a quien mandar. creo que soy una asesina. ese tipo ya se estaría pudriendo en el infierno si de mi dependiera. pienso que no es una novela, es la realidad de muchas mujeres
Marisa Rodriguez de Cuello
esta novela es parecida en el argumento de una película protagonizada por Jennifer Lopez
Becky Navarro
como se atrevió a eso el doc lo describen como un moustro y si la obligaba a estar con el la jodia tambien a poco iba a poder con eso tambien
Loli Aleman Gonzalez
🥰🥰🥰🥰🥰👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻😍😍😍😍
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