NovelToon NovelToon
LA PROMETIDA DEL ENEMIGO

LA PROMETIDA DEL ENEMIGO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Hombre lobo / CEO
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤

Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.

Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.

¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 – El hombre del portón

El papel cayó lentamente sobre el césped.

Valeria permanecía inmóvil, incapaz de apartar la vista de aquellas palabras.

"Si querés conocer la historia de tus verdaderos padres... vení sola."

El silencio se hizo tan profundo que solo podía escucharse el viento moviendo los rosales.

Adrián fue el primero en reaccionar.

Recogió la nota antes de que alguien más pudiera hacerlo.

La leyó con atención y su expresión se endureció.

—No vas a ir.

Valeria levantó la vista.

—Todavía no sabés quién me está esperando.

—Precisamente por eso.

—¿Y si realmente sabe algo?

—¿Y si es una trampa?

Ella no respondió.

Porque, en el fondo, sabía que ambas posibilidades eran igual de reales.

Víctor dio un paso al frente.

—Ernesto, decile a esa persona que espere.

—Sí, señor.

El mayordomo salió de inmediato.

El despacho volvió a llenarse de tensión.

La fotografía encontrada en la caja metálica seguía sobre el escritorio.

El reloj detenido marcaba las 8:17.

El medallón permanecía abierto.

Y ahora aparecía un nuevo misterio.

Valeria respiró hondo.

—Quiero verlo.

—No —respondió Adrián sin dudar.

Ella cruzó los brazos.

—No podés decidir por mí.

—Si alguien conoce tu pasado, también sabe que estás viviendo acá.

Eso significa que nos estuvo observando.

—O que simplemente vino a buscarme.

—Nadie aparece de la nada con una carta como esa.

Valeria comenzó a perder la paciencia.

—¡Estoy cansada de que todos decidan qué puedo saber y qué no!

El despacho quedó en silencio.

Incluso Víctor bajó la mirada por un instante.

Adrián respiró profundamente.

—No intento controlarte.

Intento que no te pase nada.

Las palabras salieron con una sinceridad que sorprendió a todos.

Especialmente a Valeria.

Era la primera vez que él dejaba de esconder su preocupación.

Unos minutos después, Ernesto regresó.

—Señor...

—¿Sigue ahí?

—Sí.

Pero dijo que solo esperará diez minutos más.

Valeria dio un paso hacia la puerta.

—Voy a hablar con él.

Adrián la detuvo sujetándola suavemente del brazo.

Esta vez ella no apartó la mano.

Solo lo miró.

—No quiero que vayas sola.

Valeria suspiró.

—La nota lo dice claramente.

—No me importa lo que diga la nota.

Hubo un largo silencio entre ambos.

Finalmente, Valeria habló.

—Está bien.

Iré sola hasta el portón...

Pero ustedes pueden quedarse a una distancia desde donde puedan verme.

Adrián intercambió una mirada con Víctor.

El patriarca asintió.

—Acepto.

No era la solución ideal.

Pero era mejor que perder aquella oportunidad.

Los enormes portones de hierro comenzaron a abrirse lentamente.

Valeria caminaba con paso firme.

Detrás de ella, a varios metros de distancia, Adrián, Víctor y cuatro guardias permanecían atentos.

Fuera de la propiedad esperaba un automóvil antiguo de color negro.

Junto a él había un hombre de unos sesenta años.

Vestía un largo abrigo gris y sostenía un sombrero entre las manos.

Cuando vio acercarse a Valeria, sonrió con tristeza.

—Hola...

Ella se detuvo a pocos pasos.

—¿Nos conocemos?

El hombre negó lentamente.

—No.

Pero conocí a alguien que daría cualquier cosa por poder estar hoy en mi lugar.

Valeria sintió un nudo en el pecho.

—¿Quién es usted?

El hombre sacó del bolsillo una pequeña caja de madera.

—Mi nombre es Gabriel Salvatierra.

Y durante muchos años fui el abogado de una familia que desapareció de un día para otro.

Valeria no dijo nada.

Esperó.

Gabriel le entregó la caja.

—Me pidieron que te la diera...

Solo cuando estuvieras preparada.

Ella la sostuvo entre sus manos.

Era liviana.

Muy antigua.

—¿Quién me la envía?

Gabriel la observó a los ojos.

—Una persona que te quiso más que a su propia vida.

Antes de que Valeria pudiera hacer otra pregunta, un fuerte ruido de motores rompió el silencio.

Tres camionetas negras aparecieron a toda velocidad por el camino principal.

Adrián reaccionó de inmediato.

—¡Valeria, atrás!

Los guardias desenfundaron sus armas.

Las camionetas frenaron levantando una nube de polvo.

Las puertas comenzaron a abrirse.

Y del primer vehículo descendió un hombre alto, vestido completamente de negro.

Llevaba lentes oscuros... a pesar de que el cielo estaba completamente nublado.

Sonrió al ver a Valeria.

Y pronunció una frase que hizo que Gabriel perdiera el color del rostro.

—Después de tantos años...

Por fin te encontré.

El viento levantó una fina nube de polvo entre ambos grupos.

Nadie se movía.

Los cuatro guardias de los Moretti apuntaban discretamente hacia las camionetas, esperando una sola orden de Adrián.

Gabriel dio un paso atrás.

Su rostro había perdido todo el color.

—No... él no debería estar aquí...

Valeria lo miró confundida.

—¿Lo conoce?

Gabriel tragó saliva.

—Demasiado.

El hombre vestido de negro comenzó a caminar con absoluta tranquilidad. Sus zapatos resonaban sobre el camino de piedra, como si no existiera ningún peligro a su alrededor.

Se detuvo a unos metros de Valeria.

Sonrió.

—Permítanme presentarme. Mi nombre es León Ferrer.

Adrián se colocó inmediatamente al lado de Valeria.

—Hasta acá llegaste.

León ni siquiera lo miró.

Toda su atención estaba puesta en ella.

—Pasaron muchos años para este momento.

Valeria sostuvo su mirada.

—¿Me conoce?

—Más de lo que imaginás.

—Entonces decime quién soy.

Una leve sonrisa apareció en el rostro de León.

—Todavía no.

Gabriel levantó la voz.

—¡No le creas una sola palabra!

León soltó una pequeña risa.

—Qué curioso...

El hombre que pasó años escondiendo la verdad ahora quiere convertirse en héroe.

Valeria giró hacia Gabriel.

—¿Qué está diciendo?

El abogado bajó la cabeza.

—Algún día voy a explicártelo todo...

Pero hoy no.

León aplaudió lentamente.

—Siempre llegás tarde, Gabriel.

Como hace veintitrés años.

Aquellas palabras dejaron al abogado completamente inmóvil.

Adrián dio un paso al frente.

—Se terminó.

Mi esposa no va a hablar con vos.

León levantó finalmente la vista hacia Adrián.

—Así que el gran Adrián Moretti...

Debo admitir que esperaba un recibimiento más cálido.

—No sos bienvenido en esta propiedad.

—No vine por vos.

León volvió a mirar a Valeria.

—Vine por ella.

El ambiente era cada vez más tenso.

Los guardias esperaban una orden.

Las camionetas permanecían con los motores encendidos.

Valeria sintió que todas las piezas comenzaban a moverse al mismo tiempo.

Primero la mujer del pañuelo rojo.

Después los sobres.

El reloj.

La torre.

Ahora Gabriel...

Y ese extraño llamado León.

Todos parecían conocer una parte de una historia que ella ignoraba por completo.

Respiró profundamente.

—Si realmente sabés algo de mi pasado...

Demostralo.

León asintió con tranquilidad.

Metió una mano dentro de su abrigo.

Los guardias levantaron inmediatamente sus armas.

—¡No se mueva!

León sonrió.

—Tranquilos.

No busco problemas.

Sacó lentamente una fotografía.

No era una copia.

Era una fotografía original, antigua.

La sostuvo para que Valeria pudiera verla.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

En la imagen aparecía una niña de cabello oscuro abrazando a una mujer que sonreía con inmenso cariño.

La pequeña tendría unos cuatro años.

En la parte inferior alguien había escrito una fecha.

Y un nombre.

Valeria.

Ella sintió un nudo en la garganta.

—¿De dónde sacaste esa fotografía?

—Siempre estuvo conmigo.

—¿Quién es la mujer?

León bajó lentamente la fotografía.

—La respuesta que tanto buscás.

Adrián dio un paso al frente.

—La conversación terminó.

León guardó la fotografía.

—Perfecto.

Entonces nos volveremos a ver muy pronto.

Antes de subir a una de las camionetas, miró una última vez a Valeria.

—Cuando descubras quién sos realmente...

Vas a entender por qué todos te mintieron.

El motor rugió.

Las tres camionetas dieron la vuelta y desaparecieron levantando una enorme nube de tierra.

El silencio volvió a instalarse.

Gabriel permanecía inmóvil.

Tenía la mirada perdida.

Valeria se acercó lentamente.

—Necesito que me digas la verdad.

Él levantó la vista.

Sus ojos estaban llenos de culpa.

—Quisiera hacerlo...

Pero todavía no puedo.

—¿Por qué?

—Porque hay personas que siguen vivas gracias a ese silencio.

Valeria sintió que la frustración comenzaba a vencerla.

—Todos dicen lo mismo.

Todos saben algo.

Y nadie me responde.

Gabriel sacó una pequeña tarjeta de su bolsillo.

Se la entregó.

—Cuando llegue el momento...

Llamame.

Prometo que esa vez no voy a ocultarte nada.

Valeria guardó la tarjeta.

No sabía si podía confiar en él.

Pero tampoco podía ignorarlo.

Cuando levantó nuevamente la cabeza, Gabriel ya se alejaba por el camino.

Adrián se acercó despacio.

—¿Estás bien?

Valeria tardó unos segundos en responder.

—No...

Pero por primera vez siento que estoy más cerca de descubrir la verdad.

En ese mismo instante, Ernesto llegó corriendo desde la mansión.

Respiraba agitado.

—¡Señor Adrián!

—¿Qué pasó?

—Acaban de llamar desde la bóveda familiar...

Alguien entró mientras todos estábamos en el portón.

Y... desapareció uno de los expedientes más antiguos de la familia Moretti.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play