NovelToon NovelToon
Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Habitar Tu Piel. El Precio De La Farsa

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Reencarnación / Escuela
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Ian es el omega perfecto: dócil, hermoso, prometido al alfa más codiciado de la preparatoria. No sabe que para Karl es solo una fachada. Cuando descubre la verdad, muere empujado por unas escaleras.

Pero en su cuerpo despierta Joseph, un chico de barrio con alma de superviviente. Ahora habita la piel del omega ingenuo y tiene un plan: desenmascarar a Karl y liberarse del compromiso.

El problema es Kevin, el hermano mayor de Karl. El heredero silencioso. El único que parece ver más allá de la farsa.

Lo que empieza como venganza se convierte en un amor prohibido. Porque las feromonas no mienten, y Joseph tendrá que elegir entre seguir habitando una mentira o confesar quién es... y perderlo todo.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8: La nueva piel I: El despertar

Abrí los ojos de golpe, con el corazón latiéndome tan fuerte que parecía querer salirse del pecho. La habitación estaba oscura, el dosel rosado, apenas visible,pero yo no veía el dosel, veía lo que había soñado.

Un teléfono, encendido, en mis manos. Pero no era mi teléfono, la funda era distinta, rosa, con purpurina. Una conversación de WhatsApp. Arriba, un nombre: Karl. Los mensajes eran de él, mensajes que dolían incluso en sueños. La cena de aniversario, la reserva en un restaurante, la lencería nueva. "A la mierda la cena." Karl diciendo que Ian era perfecto para las fotos, para la reputación. "Será un buen esposo. Hermoso, callado, complaciente." Y la frase que más dolía: "Para la diversión estás tú."

Y luego, las fotos. Karl en una cama que no era la suya, Karl desnudo, sonriendo a la cámara, Karl dormido, con el brazo de una mujer cruzado sobre su pecho. Una mujer morena, con pelo largo, pero no le veía la cara. Solo el pelo, negro, largo, cayendo sobre la almohada.

Y el audio. La voz de Karl, grave, cruel, burlándose. No recordaba las palabras exactas, pero sí el tono, la burla, la crueldad. Algo sobre una lencería, algo sobre dejarlo después de la cena, algo sobre lo fácil que era engañarlo.

Y luego, el olor. Dulzón. Empalagoso. Químico. Como una flor podrida. El mismo olor del flashback de las escaleras.

Abrí los ojos de golpe, estaba sudando, la cabeza me dolía. ¿Qué había sido eso? ¿Un recuerdo? ¿Un sueño? ¿Una mezcla de los dos?

No lo sabía, pero algo estaba claro. Ese teléfono existía, esos mensajes existían, esas fotos existían. Y la mujer de las fotos... la mujer del pelo largo y moreno... era la misma del flashback, la misma que olía a nardo y ámbar sintético, la que me empujó.

¿O no?

No estaba seguro, solo veía el pelo, no la cara y en los mensajes no aparecía su nombre, solo el de Karl. Pero el contexto... el contexto lo decía todo. Era su amante, la mujer con la que Karl me engañaba. Y su olor, ese olor era el mismo olor de las escaleras, el mismo olor que me había revuelto el estómago en la mansión cuando el recuerdo me mostró la mano con uñas rojas.

Valeria, la amante. ¿Era ella?

No lo sabía, no podía estar seguro, pero necesitaba averiguarlo. Y para eso, necesitaba su teléfono.

 

Me quedé un rato en la cama, con el corazón todavía acelerado, sintiendo el sudor frío en la nuca. El olor dulzón seguía en mi nariz, como si el sueño hubiera dejado un rastro real, pero no, era solo un sueño. ¿O no?

No podía quedarme ahí, dándole vueltas, si me quedaba, el sueño se me iba a meter debajo de la piel y no iba a poder sacarlo. Así que hice lo único que sabía hacer cuando algo me daba miedo: levantarme y enfrentarlo. Aparté las sábanas de un manotazo y planté los pies en el suelo. El mármol estaba frío, pero no me importó, el frío ayuda a despertar, a pensar.

Hoy era el día, hoy no iba a ser el Ian de siempre, hoy iba a ser yo. O al menos, una versión de mí que pudiera habitar este cuerpo sin sentirse un extraño.

La ropa nueva había llegado la tarde anterior, en tres cajas enormes que Mercedes había dejado en mi habitación con una sonrisa cómplice. Pasé la noche probándomelo todo, mezclando, combinando, descartando lo que no servía. Ahora el armario de Ian ya no era un museo de terciopelo rosa: tenía una sección entera dedicada al lado oscuro.

Me duché y me enfrenté al espejo con determinación.

Pantalón negro ajustado, de esos que se llevan bien con todo pero que marcan lo justo, no como los de Ian, que parecían pintados. Estos eran míos. Sudadera azul oscura, holgada, de algodón grueso, con las mangas un poco largas cayendo sobre las manos. Botines negros con suela de goma, con esa pinta de haber pisado ya algunas calles.

Y el arete.

Una pequeña argolla de plata en la oreja derecha. Me lo había puesto la noche anterior, mirándome al espejo con una sonrisa de satisfacción. Dolió un poco, pero era un dolor bueno, un dolor que decía: esto es mío, esto lo elegí yo. El pelo de Ian, negro y sedoso, lo revolví un poco con los dedos, dejándolo caer al descuido, como si acabara de levantarme y no me importara un carajo lo que pensaran. Un par de mechones cayendo sobre la frente, casi tapando un ojo.

Me miré al espejo y tardé unos segundos en reconocerme.

Los ojos seguían siendo los mismos: grandes, de ese marrón claro que parecía ámbar con la luz, pero ahora tenían otra expresión. Más fija, más intensa, más... peligrosa. La ropa no solo cambiaba mi aspecto, cambiaba mi postura, mi forma de mirar, mi puta actitud.

—Vaya —murmuré, girándome para verme de perfil—. Quién iba a decir que debajo de tanta princesa había un rockero esperando. Un rockero malote, de esos que roban novias y parten corazones.

Sonreí. Una sonrisa que no era la de Ian, era la mía, la de Joseph, la de un tipo que no se achica ante nada. Me gustaba lo que veía y lo más importante: me sentía yo. Por primera vez desde que desperté en este cuerpo de porcelana, me sentía yo.

 

Bajé las escaleras con paso firme, casi como si estuviera entrando a un ring, cada escalón resonaba en el silencio de la mansión como un tambor. Elvira ya estaba en el comedor, con su té humeante y la revista que hojeaba sin leer, Rodrigo en su sitio habitual, al otro extremo de la mesa, con su café y su expresión impenetrable.

—Buenos días —dije, y me senté.

Elvira levantó la vista.

La taza se quedó a medio camino de sus labios, se quedó congelada, como una estatua. Parpadeó una, dos, tres, cuatro veces, su olor a azahar y leche cambió drásticamente, como si algo lo hubiera alterado. ¿Sorpresa? ¿Shock? ¿Miedo? Las tres cosas.

—¿Qué...? —empezó, pero la voz se le quebró. Dejó la taza en el plato con un tintineo nervioso—. ¿Qué... qué ropa es esa, hijo? ¿Y... y eso en la oreja?

Miré mi sudadera, mis pantalones, mis botines. Todo oscuro, todo yo.

—Ropa —dije, encogiéndome de hombros con toda la naturalidad que pude fingir—. La que pedí por internet, ¿recuerdas? Llegó ayer.

—Pero... —tragó saliva, y sus ojos recorrieron mi figura de arriba abajo, como si intentaran reconocer a su hijo en ese extraño que tenía delante—. Pero eso... eso no es... quiero decir, tú no...

—¿No qué? ¿No visto así? Pues ya ves, ahora sí.

Rodrigo bajó el periódico lentamente, me observó con esos ojos de alfa que evaluaban todo. Su olor a vetiver llenó el espacio, pero no era amenazante, solo... analítico, como si estuviera haciendo cálculos.

—No es lo que yo habría elegido —dijo al fin—, pero no eres yo.

Eso, viniendo de él, era aprobación tácita, o al menos, no era desaprobación. Me sentí casi orgulloso, otra vez. Elvira aún no reaccionaba del todo, sus dedos jugaban con el borde de la taza y su olor seguía siendo un caos de emociones. No era solo sorpresa, era miedo.

—Hijo —dijo, y su voz sonó más baja, más frágil—. No es solo la ropa, es que... la gente va a hablar, las familias. ¿Has pensado en lo que dirán los Valois?

—¿Y qué van a decir? —respondí, sin alterarme—. ¿Que visto negro? ¿Que llevo un arete? Pues que lo digan. No voy a vivir mi vida según lo que piensen los Valois.

—No es tan simple —insistió ella—. Hay acuerdos, hay expectativas, hay... hay un contrato.

Me quedé quieto, la taza de café se detuvo a medio camino de mi boca.

—¿Un contrato? —repetí, sin entender.

Elvira parpadeó, me miró como si acabara de decir algo obvio. Luego, su expresión cambió, se llevó una mano a la boca.

—Claro —susurró—, no lo recuerdas, la amnesia. Perdóname, hijo, yo...

—¿Qué contrato? —insistí. Ya no me importaba fingir, necesitaba saber.

Elvira miró a Rodrigo, el alfa bajó el periódico y asintió con la cabeza, como dándole permiso para hablar.

—El compromiso entre tú y Karl no es solo... un noviazgo —dijo Elvira, eligiendo las palabras con cuidado—, es un acuerdo entre las familias. Hay negocios, inversiones, hay propiedades, todo está atado. Si el compromiso se rompe sin una causa justificada... las dos familias pierden mucho. Muchísimo.

—¿Y por eso? —pregunté y mi voz sonó más dura de lo que quería—. ¿Por eso he tenido que aguantar todo?

Elvira no respondió, pero sus ojos sí, y en ese momento entendí la entrada del diario. "Mamá dice que Karl es un buen partido." "Quiero creer que todo esto es normal." "Que con el tiempo cambiará." Elvira sabís que Karl era un idiota, sabía que Ian sufría, pero el contrato era más importante. El dinero era más importante, las apariencias eran más importantes.

—Entiendo —dije, y esta vez no había ironía en mi voz, solo una comprensión fría, dura, como una piedra en el estómago.— Pero el contrato no dice nada sobre cómo debo vestirme ¿o si? Y si dice, que me lo enseñen.

Elvira me miró con esos ojos grandes, tan parecidos a los míos —a los de Ian—, y por un instante vi algo más que miedo, vi tristeza. Una tristeza profunda, antigua, como si estuviera viendo a su hijo alejarse por un camino que no podía seguir.

—No te reconozco —susurró— y eso me asusta, porque no sé si este cambio es bueno o si estás sufriendo y no me lo dices.

Respiré hondo, me levanté, me acerqué a ella y le puse una mano en el hombro. El contacto fue incómodo, pero necesario.

—Estoy bien, mamá —dije, y por primera vez, la palabra no sonó falsa—, de verdad. Por primera vez en mucho tiempo, estoy bien.

Ella asintió, pero sus ojos seguían llenos de dudas.

—Si eso te hace feliz... —dijo al fin.

—Me hace.

Rodrigo asintió, aprobando mi independencia, y volvió a su periódico.

—Que tengas buen día —dijo, y fue todo.

Cuando me levanté para irme, Elvira añadió, casi como un suspiro:

—Kevin llamó anoche, otra vez. Preguntó por ti, le dije que volvías a la escuela hoy. Se quedó... no sé, contento, creo. Dijo que a lo mejor se pasa el fin de semana.

Asentí sin darle importancia, pero por dentro algo se movió. El hermano mayor, el que manda libros con dedicatorias, el que llama para preguntar. ¿Por qué se preocupa tanto por mí? ¿O debería decir por Ian?

Salí de casa con la cabeza alta y el corazón en llamas. Hoy no era el Ian que había muerto, hoy era Joseph. Y Joseph no pensaba pedir permiso para existir.

1
Nidia Mojica
Que enredo y que manera de frustarse la vida.
Nidia Mojica
Un muy buen punto.
Nidia Mojica
No señora Ian no debe aguantarse nada de nadien.
Nidia Mojica
Después ir por Kevin.
Nidia Mojica
También estaba sin respirar al leer.
kohaku viento
cuál será el secreto... ay. que angustia por saber. puede ser varias cosas supongo la que se me viene a la mente es que no es hijo de Sofía y por eso el favoritismo no se ya quiero saber el secreto. 🤣🤣🤭🤭🤭🤭🤭 abra que esperar a los próximos capítulos
kohaku viento: de que kevin es mejor no ay ninguna duda 🤣🤣Karl no sirve para nada
total 2 replies
kohaku viento
estubo de suspenso el capítulo. 🤭🤭🤭🤭. espero el próximo y queri ver la caída de Karl
kohaku viento
vamos que se puede aquí le hecho porras 🤣🤣🤣🤣🤣
Julissa Jimenez
siiiiii por fin tiene las pruebas 😂😂😂😂😂autora más capítulos para saber cómo va utilizar esas pruebas 😍😍😍😍😊😊😊😊😊
Alex
ojalá que cuando se rompa el compromiso la solución sea comprometer a Kevn y a Ian 🙏🏼🙏🏼
Alex
espero que Diego sea amigo y no enemigo
☆Nanu☆
son muy hábiles!!!👏👏👏👏
y el pobre de Diego debería ser pronto un aliado, hay que desvaratarles el mundo, como hicieron ellos, pero con la verdad, esa es la diferencia entre unos y otros 😏💪
y también recuperar la presencia de Kevin!!! vamos muchacho, conversa con tu amiga y que te ponga en eje!!!🤭
Nidia Mojica
Se puso bueno, le hubiera dado unos chingadazos el viejo a Karl e Ian Ignora y sigue cerca de Kevin así cambia de prometido.
kohaku viento
me encantó. si karl piensa que logrará revertir esto creo que realmente está loco y es todo un idiota 🤣🤣🤣 y en cuanto al contrato también puede cambiarse digo Kevin también es su hijo 🤭🤭🤭🤭 y así no se arruinan nadien. problema resuelto solo se cambia el nombre del prometido 🤭🤣🤣🤣🤣
☆Nanu☆
por fin Kevin muestra su carta, aunque se apagó un poco con papi... pero puede que Ian lo insite a desobedecer 🤪😏🤭
Podría mostrar un punto para cambiar de prometido🤭🤭🤭 aunque si pudiera ser, para eso falta. No veo la hora de que se planten un beso🫦 (para eso también debe falta pero espero 🙏 🥰)
☆Nanu☆: me encanta!!! 😏🎉👏👏👏👏
total 3 replies
Julissa Jimenez
sigo pensando que Karl es muy poca cosa para este nuevo Ian 😊😊😊😊😊😊Kevin es mejor pareja 😍😍😍😍
Kevin por favor no hagas caso sigue viendo a Ian 😍😍😍😍escondidos 😍😍😍😍interesante 😍😍😍😍
Nidia Mojica
Ya era hora que Karl se diera cuenta del gran cambio de Ian. Me encanto el capitulo.
Julissa Jimenez
estupido Karl 🙄🙄🙄🙄🙄esta bien que Ian le de hasta con le pote😊😊😊😊se lo merece y mas😊😊😊😊😊me encanta Ian y Kevin 😍😍😍😍más capítulos 😊😊😊😊😊
kohaku viento
esto ya es guerra. ya quiero ver. destrozado. a karl y definitivamente Kevin es mucho mejor para Ian 🤭🤭🤭
☆Nanu☆
se puso caliente la papa!!! 🤭 ya me gustan más estos dos casi que aliados. Espero actualización pronto porque me como los codos!!!
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play