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Ya no soy tu sustituta

Ya no soy tu sustituta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Juego de roles / Triángulo amoroso / Tú no me amas / Amante arrepentido / Amor platónico
Popularitas:999
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Durante tres años, Valentina Robles creyó ser la mujer que Gabriel Duarte amaba. Hasta que volvió su ex y ella escuchó la verdad: él solo había estado buscando a otra en su rostro.
Valentina no va a competir por un lugar que nunca fue suyo. Acepta el matrimonio que antes había rechazado y vuelve a casa, decidida a dejar a Gabriel atrás. Lo que él no sabe es que la mujer a la que dio por sentada es una heredera que ya no necesita ocultarse.
A su lado está Alejandro Ferrer, dispuesto a darle algo que con Gabriel nunca tuvo: confianza sin condiciones.
Pero Gabriel no acepta haberla perdido. Y Valentina ya no está dispuesta a ser la segunda opción de nadie.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

013. Hecha pedazos

La noche anterior a la audiencia, Valentina estaba bañándose cuando oyó que algo se hacía añicos en el dormitorio. Se enjuagó a toda prisa, se puso el pijama y salió a ver qué había pasado.

No había nadie. Solo un montón de fragmentos de cerámica en el suelo.

Lo reconoció al instante. Era la figurita que su madre le había dejado. La habían pintado juntas en un taller de manualidades el día de su cumpleaños número doce: un Cinnamoroll azul claro, con los nombres de las dos grabados en la espalda.

Al ver los pedazos, sintió que la sangre le subía de golpe. La furia la devoró.

—¡¿Quién fue?!

Salió del dormitorio y golpeó con fuerza la puerta de enfrente, donde dormía Gabriel.

—¡Gabriel! ¡Camila! ¡¿Quién de los dos entró a mi cuarto?!

Él abrió, con los ojos llenos de impaciencia.

—¿Qué quieres a estas horas? ¿Vas a dejar dormir o no?

El pecho de Valentina subía y bajaba con violencia. Tenía una mirada que parecía capaz de matar.

—Gabriel, ¿entraste a mi cuarto hace un momento?

—¿Quién va a entrar a tu cuarto? —Él frunció el ceño—. Deja de armar problemas. He estado aquí revisando contratos. No he salido.

—Si no fuiste tú, fue Camila.

No perdió más tiempo con él. Se dirigió al cuarto de Camila, al fondo del pasillo. Gabriel, preocupado por lo que pudiera pasar al verla tan furiosa, la siguió.

—¡Camila, abre la puerta!

Valentina le dio una patada a la puerta. Gabriel se quedó atónito. ¿Era la misma muchacha dulce y fácil de intimidar que él conocía? ¿Qué había pasado para que se pusiera así?

Camila abrió sin ninguna prisa.

—Valentina, ¿qué te pasa?

Ella la agarró de la muñeca y tiró de ella hacia su dormitorio. Camila forcejeó, siguiendo sus pasos a trompicones.

—¡Suéltame! ¡Valentina, suéltame!

Al llegar, Valentina la soltó de un tirón brusco. Camila perdió el equilibrio y se golpeó la rodilla contra un mueble.

—¡Ah! ¡¿Estás enferma o qué?! —gritó, llevándose la mano a la rodilla.

Valentina se acercó, avasalladora.

—¿Tú rompiste mi figurita? ¿Qué hacías aquí hace un momento?

Camila apartó los ojos, visiblemente culpable.

—Yo… no hice nada. Estaba en mi cuarto. No fui a ninguna parte. No me acuses de cosas que no hice.

Valentina le clavó los ojos.

—¿Ah, sí? Al salir del baño vi por la rendija de la puerta la falda de tu vestido beige.

—¡Eso es mentira! Cuando entré llevaba el vestido gris. Este beige me lo…

La boca le había ganado al pensamiento. Solo después de decirlo comprendió lo que acababa de admitir.

—¡Me tendiste una trampa! ¡No viste nada!

—¿Te lo qué? —Valentina la miró con frialdad—. Te lo acabas de poner, ¿verdad?

Un brillo helado le cruzó los ojos. Su voz era fría como la escarcha en pleno invierno.

—¿Qué viniste a hacer a mi cuarto?

Camila se estremeció bajo aquella mirada.

—Yo… solo vine a mirar…

—¿Y qué tienes que mirar en mi cuarto?

Camila tragó saliva, aterrada de que descubriera lo que había hecho.

—Yo… es que…

—¡Basta!

Gabriel dio dos pasos y se puso delante de ella para protegerla.

—Valentina, deja de buscar problemas. Es una figurita de nada. Se compra otra y ya. ¿Para qué te metes así con Camila?

La bofetada sonó seca y fuerte. Valentina había golpeado a Gabriel con todas sus fuerzas. Los dos se quedaron pasmados.

—¡Lárgate! —le gritó—. ¡A ti qué demonios te importa! ¿Con qué derecho la perdonas por mí?

Al verlo recibir el golpe, Camila se enfureció. Apartó a Gabriel de un empujón y se encaró con ella.

—¿Quién te crees para pegarle?

Sonó otra bofetada.

—¡Tú también, fuera!

En la cara de Camila apareció enseguida una marca roja. Entre la rabia y la desesperación, no estaba dispuesta a quedarse así. Abrió mucho los ojos y alzó la mano para devolverle el golpe. Valentina le sujetó la muñeca y la lanzó a un lado.

Camila cayó al suelo. La palma se le apoyó en los fragmentos de cerámica y empezó a sangrar profusamente.

—¡Ah! ¡Mi mano! ¡Mi mano!

Gabriel reaccionó y se apresuró a revisar la herida.

—Cami, ¿estás bien?

—Te lo buscaste —dijo Valentina, mirándola con frialdad—. Si no la hubieras roto, no te habrías cortado.

—¡Te pasaste, Valentina! —Gabriel la fulminó con la mirada—. ¡Pídele perdón a Cami!

—Ella es la que tiene que pedirme perdón. Rompió mis cosas.

—Gabriel, me duele mucho —sollozó Camila, apoyada en sus brazos y con la cara bañada en lágrimas—. Llévame al hospital. Por favor, me duele mucho.

—Aguanta, Cami. Te llevo ahora mismo.

La alzó en brazos. Al pasar junto a Valentina, le lanzó una mirada feroz, con el rostro sombrío.

—¡Lárgate de aquí! ¡No quiero volver a verte!

—Está bien.

Valentina respondió sin vacilar, inexpresiva. Gabriel se detuvo un instante. Se estaba comportando de una manera muy extraña. Pero no podía ocuparse de aquello: la mano de Camila seguía goteando sangre. Volvió a mirar a Valentina con intensidad y bajó de prisa con Camila en brazos.

Cuando se fueron, el dormitorio quedó por fin en silencio.

Valentina se acercó despacio a los pedazos y se puso en cuclillas. Extendió las manos temblorosas, intentando tocarlos. Las lágrimas cayeron una a una sobre la cerámica.

—Mamá, perdón… No pude cuidar el regalo que me dejaste… Perdón, mamá…

En aquella habitación enorme, la joven lloraba en el suelo, incapaz de hablar.

***

Cuando Valentina tenía doce años, su madre enfermó gravemente. Aquella mujer serena y dulce, que siempre tenía una sonrisa en los labios, se había consumido por la enfermedad hasta quedar demacrada y en los huesos.

Valentina acababa de empezar la secundaria. Al salir de clases no iba a casa, sino directamente al hospital. Se sentaba junto a su madre, Elena Serrano, le contaba las cosas divertidas que habían pasado en la escuela y le cantaba las canciones nuevas que aprendía en clase.

—Mamá, ¿cuándo te vas a poner bien?

Sentada junto a la cama, la niña la miraba con unos ojos limpios en los que asomaba la tristeza. Llevaba más de medio año enferma y parecía empeorar cada día. Elena le acarició la cabeza con suavidad. Una sonrisa tierna le curvó los labios.

—Me dijeron que pronto voy a poder salir del hospital.

—¿De verdad? —Los ojos de la pequeña Valentina se iluminaron.

—Sí. Dentro de unos días salgo y paso tu cumpleaños contigo, Vale.

Elena tenía los labios pálidos y el rostro sin una gota de color, pero miraba a su hija con dulzura y firmeza.

—¡Qué bueno!

Valentina le creyó. Pensó que su madre se recuperaría pronto.

Solo después supo que salir del hospital no significaba haberse curado. Su enfermedad ya no tenía remedio. Los médicos le habían aconsejado volver a casa para pasar más tiempo con su familia y cumplir los deseos que le quedaban pendientes.

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ysabel cecilia contreras
Miércoles llegó con otra 👿🤣🤣🤣🤣🤣
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