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Colision Inevitable

Colision Inevitable

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Posesivo / Escuela / Completas
Popularitas:220
Nilai: 5
nombre de autor: Mi Autoria

Cuatro parejas universitarias lidian con las secuelas de una cruel apuesta impulsada por una motocicleta, enfrentando mentiras y accidentes hasta redimirse a través de la pasión, el perdón y el amor verdadero.

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Capítulo 23: Kilómetros de orgullo y una sonrisa que quema

Gabriel había decidido seguir los pasos de Lara en cuanto vio que se separaba del grupo frente al campus. Aunque se repetía una y otra vez que su única intención era exigirle las gracias formales que se había tragado por el rescate en la redada, la verdad bullía en su interior con una molestia mucho más visceral: nadie lo ignoraba de esa manera.

Lara, completamente distraída revisando las notificaciones en su teléfono, no se dio cuenta de que acababa de perder el último autobús que la llevaba directo a la librería donde tenía que retirar su preciado pedido. Al levantar la vista y notar que la parada estaba vacía, simplemente suspiró y comenzó a marchar a pie por la acera.

Al verla avanzar sola a pie, Gabriel aprovechó la oportunidad, aceleró su auto y le tocó la bocina de forma insistente antes de detenerse a su lado.

—¿A dónde vas, chica libro? —le gritó bajando la ventanilla con una sonrisa arrogante.

—A donde no te importa —le contestó ella sin detener su marcha ni un solo segundo.

—Vaya, con que también hablas así... Me encantas cuando te pones simpática —respondió él, adelantándose con el vehículo para bloquearle el paso antes de que cruzara la calle.

—Vamos te llevo—ofreció de nuevo.

Lara se detuvo, miró su reloj con fastidio, exhaló un suspiro cargado de resignación y soltó:

—Está bien, ya cállate —murmuró, abriendo la puerta del copiloto y subiendo de mala gana.

—¿A dónde te llevo? —preguntó él mientras arrancaba de nuevo.

—Avenida Principal 279.

Gabriel la miró de reojo, incrédulo ante la distancia que pensaba recorrer a pie con tal de no pedir ayuda.

—¿Ibas a ir caminando hasta allá? ¿Y por qué tanta urgencia? ¿Es algo de vida o muerte? —preguntó con las cejas arqueadas.

Lara asintió en silencio con la vista fija al frente.

—Vaya... ¿Qué tan importante puede ser? —insistió él, intentando adivinar—. ¿Es tu madre?

Ella negó con la cabeza.

—¿Tu padre? —volvió a preguntar.

Nuevo movimiento negativo de Lara.

—¿Tu hermana? —arriesgó otra vez.

—No —respondió ella cortante.

—Entonces... ¿novio? —soltó Gabriel de repente.

Lara se sonrojó de inmediato, aunque negó con tanta rapidez que delató su incomodidad. Gabriel frunció el ceño, sintiendo una punzada extraña e inexplicable en el pecho.

—Entonces, ¿qué es? —preguntó con fastidio.

—Es una reserva. Si no llego a tiempo antes de que cierre, la venden a alguien más.

Gabriel rodó los ojos, incapaz de entender cómo un simple libro podía alterar tanto a una persona. Sin embargo, al llegar frente a la pequeña librería del centro y estacionar, observó algo que lo descolocó por completo: Lara, antes de bajar del auto, se acomodó el cabello frente al espejo retrovisor con disimulo.

Entró tras ella al establecimiento. En el mostrador la atendía un chico de su misma edad, quien la recibió con una sonrisa exageradamente amplia y le soltó un cumplido directo sobre lo bien que le quedaba ese libro y lo mucho que le alegraba verla.

Gabriel se quedó recostado contra una estantería cercana, cruzado de brazos y hirviendo de rabia por dentro. «El típico idiota que se aprovecha de los gustos de las chicas para ligar», pensó con desprecio, convencido de que Lara era una tonta por caer ante las sonrisas baratas de un empleado de librería, cuando a él —al mismísimo capitán de arquitectura— ni un gracias correcto le había querido regalar.

Pero lo que terminó por encenderle la sangre no fue solo eso; fue ver cómo el tal Max la miraba de cerca, cómo le sonreía con familiaridad y cómo, al entregarle el ejemplar y el ticket, rozó deliberadamente los dedos de Lara. Un nudo de coraje y celos absurdos le dio un vuelco al estómago a Gabriel, sin que él mismo pudiera comprender qué diablos le pasaba.

Cuando Lara volvió a salir del local y se subió al auto, Gabriel la recibió con la mirada oscura y la mandíbula tensa.

—De verdad... ¿te gusta un tipo así? —le reprochó sin filtros nada más cerrar la puerta.

Lara se puso roja como un tomate.

—No —dijo ella a la defensiva—. No es que me guste, solo es un poco... —balbuceó, cortando la frase de golpe al notar el tono de reproche de él. De inmediato, abrochó su puerta dispuesta a bajarse—. No es nada. Gracias por traerme, me iré sola de aquí.

Gabriel apretó los dientes con tanta fuerza que le dolieron las muelas. ¿Qué le pasaba a esa chica que sacaba su peor versión en cuestión de segundos? Antes de que pudiera detenerla o soltarle alguna grosería, Lara se inclinó un poco hacia la ventanilla del conductor.

—Gabriel... por favor, olvida lo que viste —murmuró con un atisbo de vulnerabilidad antes de dar media vuelta y alejarse a pie por la acera.

Gabriel se quedó petrificado en el asiento del conductor, con una extraña sensación atascada en la garganta, sintiendo por primera vez en su vida que el eco de su nombre pronunciado por los labios de ella pesaba mucho más que cualquier cumplido vacío.

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Ivanna Fernandez
esta interesante la historia ahora a ver vamos desenriedan este lio
Mi Autoria: 🤭🤭 gracias por tu comentario
total 1 replies
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