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Una Esposa Por Un Año

Una Esposa Por Un Año

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio contratado
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

¿Qué sucede cuando un matrimonio comienza como un acuerdo y termina convirtiéndose en el único lugar al que ambos desean pertenecer?

Nyssa Johnson está dispuesta a sacrificarlo todo por su familia, incluso sus propios sueños. Cedric Vellane tiene dinero, poder y una vida sin compromisos, pero está a punto de perder a la única persona que siempre ha estado a su lado: su abuela.

Un matrimonio por contrato parece ser la solución perfecta para ambos. Ella obtendrá la estabilidad que necesita y él cumplirá el último deseo de Eleanor.

Sin amor, sin obligaciones y con una fecha de vencimiento.

Pero entre besos fingidos, discusiones y sentimientos inesperados, las reglas comienzan a desmoronarse.

Y cuando el contrato termine, tendrán que descubrir si lo que los une es suficiente para elegirse sin ninguna obligación.

Porque fingir un matrimonio es fácil. Lo difícil es dejar ir a quien nunca planeaste amar.

Él la dejó marchar porque creyó que no tenía derecho a pedirle que se quedara. Ella se fue creyendo que él nunca la había elegido. Ninguno imaginó que, al separarse, también estaban dejando atrás una parte de sí mismos.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cedric

Cedric Vellane llevaba despierto desde las seis de la mañana y ya estaba harto de todo el mundo.

Había pasado cuatro horas revisando contratos, asistido a una reunión que podría haberse resuelto con tres correos electrónicos y discutido con un socio que parecía incapaz de entender la palabra no.

A las once y media, cuando su secretaria le anunció que su padre quería verlo antes del almuerzo, Cedric decidió que ya había trabajado suficiente por un día.

—Decile que estoy ocupado.

—El señor Vellane preguntó si debía recordarte que la reunión es obligatoria.

Cedric levantó la mirada.

—¿Y vos qué le respondiste?

—Que se lo comunicaría.

—Excelente. Ya podés irte.

Su secretaria salió del despacho intentando disimular una sonrisa.

Cedric tomó su teléfono y revisó los mensajes. Tenía siete llamadas perdidas de su madre y dos de su abuela.

Las de su madre podían esperar.

Las de su abuela, no.

Marcó su número mientras recogía la chaqueta.

—Por fin —contestó una voz femenina—. Empezaba a creer que mi nieto favorito había muerto.

—Soy tu único nieto favorito.

—Y aun así me hacés esperar tres días para visitarme.

Cedric sonrió.

—Estuve trabajando.

—Qué tragedia. ¿Querés que llame a la prensa para que conozcan tu sacrificio?

—Abuela…

—Te espero en casa. Y no acepto excusas.

La llamada terminó antes de que pudiera responder.

Cedric miró el teléfono, negó con la cabeza y tomó las llaves de su automóvil.

Podía discutir con su padre durante horas sin pestañear, pero nunca había aprendido a negarle nada a aquella mujer.

La residencia de los Vellane estaba rodeada de jardines impecables, fuentes y árboles que llevaban décadas creciendo en los terrenos de la familia.

Cedric había pasado buena parte de su infancia allí. A diferencia de sus padres, que siempre parecían demasiado ocupados para prestarle atención, su abuela encontraba tiempo para sentarse con él, escuchar sus historias y defenderlo cuando hacía alguna travesura.

Era el único lugar de aquella enorme casa donde todavía se sentía querido sin tener que demostrar nada.

—¡Mi muchacho!

La encontró en el salón, sentada junto a una ventana con una manta sobre las piernas.

Cedric se inclinó para besarle la mejilla y luego se sentó a su lado.

—Estás más delgada —le dijo, observándola con preocupación.

—Y vos seguís siendo un maleducado.

—Solo estoy diciendo que deberías comer más.

—Y yo estoy diciendo que deberías casarte antes de cumplir los treinta. Parece que ninguno de los dos va a conseguir lo que quiere.

Él soltó una carcajada.

—Acabo de llegar y ya empezamos.

—Porque si espero a que saques el tema por voluntad propia, me voy a morir sin escuchar una sola palabra sobre tu futura esposa.

La sonrisa de Cedric se debilitó.

No le gustaba escucharla hablar de su muerte. Mucho menos cuando ella lo decía con esa tranquilidad que utilizaba para hablar del clima.

—No digas eso.

Su abuela le acarició la mano.

—Cariño, los dos sabemos que no voy a estar aquí para siempre.

Cedric bajó la mirada.

Los médicos habían sido cuidadosos con sus palabras, pero él había aprendido a reconocer lo que no decían. Su abuela estaba enferma y los tratamientos apenas conseguían darle algo más de tiempo.

No quería pensar en la casa sin ella.

Ni en las llamadas que ya no recibiría.

Ni en llegar un día y descubrir que la única persona que lo había querido de aquella manera ya no estaría esperándolo.

—Solo quiero verte feliz, Cedric —continuó ella—. Quiero saber que tendrás a alguien a tu lado cuando yo ya no pueda acompañarte.

—No necesito una esposa para estar bien.

—Tal vez no. Pero yo quiero verte compartir tu vida con alguien. Conocer a esa persona, verla sentada en esta casa, saber que no vas a pasar el resto de tus días huyendo de cualquier mujer que se atreva a preguntarte qué sientes.

Cedric resopló.

—No huyo de las mujeres.

—Por supuesto que no. Simplemente te marchás antes del desayuno.

Él la miró, ofendido.

Su abuela soltó una carcajada tan espontánea que Cedric terminó riéndose también.

—Sos terrible.

—Y vos necesitás una esposa.

—Abuela…

—No te pido una boda de cuento de hadas. Solo quiero que te tomes algo en serio por una vez.

Cedric guardó silencio.

Podría haberle explicado que no creía en el matrimonio, que no tenía intención de cambiar su vida por complacer a su familia y que ninguna mujer de su entorno le parecía adecuada.

Pero ella estaba sentada a su lado, con la piel pálida y las manos más frágiles de lo que recordaba.

Y él no soportaba la idea de negarle aquello también.

Así que hizo lo que nunca hacía: mintió.

—Está bien.

Su abuela lo miró con desconfianza.

—¿Está bien qué?

Cedric le apretó la mano.

—Ya hay alguien.

La mujer abrió los ojos.

—¿Qué?

—Estoy conociendo a una mujer.

Era una mentira tan grande que casi pudo escuchar a su conciencia protestar.

No había ninguna mujer. Ni siquiera tenía una candidata en mente.

Pero la expresión de su abuela cambió de inmediato. Sus ojos se iluminaron y una sonrisa le transformó el rostro.

—¿Y pensabas ocultármelo?

—Quería estar seguro antes de contártelo.

—¿Cómo se llama?

Cedric sintió que acababa de cometer un error.

—Todavía no estamos en esa etapa.

—¿Es bonita?

—Abuela…

—¿Es amable? ¿Te trata bien? ¿Cuándo vas a traerla?

—Una pregunta a la vez.

Ella le dio un golpecito en el brazo, divertida.

—Quiero conocerla pronto.

Cedric sonrió y volvió a besarle la mejilla.

—La vas a conocer.

Otra mentira.

Aunque, esta vez, ya empezaba a comprender que tendría que convertirla en verdad.

Dos horas después, Cedric estaba sentado en uno de los reservados privados de un club del centro.

La música retumbaba en las paredes, las luces se movían sobre la pista y varias mujeres bailaban sobre una plataforma elevada mientras los clientes bebían y conversaban.

A Cedric le gustaban aquellos lugares por una razón sencilla: nadie esperaba que hablara de sentimientos.

—Tenés cara de hombre que acaba de firmar su sentencia de muerte —comentó Julián, acomodándose en el sofá.

Cedric tomó su vaso.

—Mi abuela quiere conocer a mi futura esposa.

Julián dejó de sonreír.

—¿Tu futura qué?

—Esposa.

—Perdón. ¿Podés repetirlo? Creo que el ruido me está haciendo escuchar cosas.

George, sentado a la derecha de Cedric, ni siquiera levantó la vista de su teléfono.

—Le mintió a su abuela.

Cedric giró la cabeza hacia él.

—¿Podrías fingir un poco de sorpresa?

—Podría, pero sería una pérdida de tiempo.

George no era solamente su mano derecha en los negocios. Era el hombre que conocía sus horarios, resolvía los problemas que Cedric no quería atender y tenía la irritante costumbre de anticiparse a sus decisiones.

También era una de las pocas personas que se atrevía a decirle cuando estaba haciendo una estupidez.

Julián se inclinó hacia delante.

—Esperá. ¿Le dijiste que tenías novia?

—Le dije que estaba conociendo a alguien.

—Eso es peor. Ahora va a querer saberlo todo.

—Gracias por tu aporte.

—¿Y qué vas a hacer?

Cedric se terminó el whisky.

—Buscar una mujer.

Julián lo observó durante unos segundos.

Después estalló en carcajadas.

—¡No puede ser! ¿Vas a contratar una novia?

—No necesito una novia. Necesito una esposa que entienda cómo funciona un acuerdo.

George finalmente guardó el teléfono.

—¿Estás hablando en serio?

—Completamente.

—¿Un matrimonio por contrato?

Cedric se encogió de hombros.

—Un año, quizá menos. Mi abuela cree que estoy construyendo una relación seria. Yo cumplo con su deseo y, cuando llegue el momento, me divorcio. La mujer recibirá una compensación económica y los dos seguiremos con nuestras vidas.

Julián todavía parecía divertido.

—¿Y dónde pensás encontrar a una mujer dispuesta a casarse con un desconocido por un año?

—Hay muchas mujeres interesadas en el dinero.

—Sí, pero también hay muchas interesadas en tu apellido, tu casa y en conseguir que te enamores de ellas.

—Por eso habrá un contrato.

George apoyó los antebrazos sobre las rodillas.

—¿Y si se enamora de vos?

Cedric soltó una risa seca.

—Entonces habrá leído mal las condiciones.

—No todas las personas sienten lo que vos decidís que deben sentir.

—No estoy buscando amor, George. Estoy buscando una solución.

Su mano derecha lo observó con expresión seria.

—Espero que sepas lo que estás haciendo.

Cedric miró hacia la pista, donde las mujeres bailaban bajo las luces.

Había pasado años entrando y saliendo de relaciones sin dejar que ninguna se acercara demasiado. No veía por qué un matrimonio debía ser diferente si establecía las reglas desde el principio.

Una esposa temporal.

Una celebración para su abuela.

Un acuerdo claro.

Nada de promesas que no pensaba cumplir ni sentimientos que no estaba dispuesto a ofrecer.

Era sencillo.

—Necesito a alguien discreta —dijo finalmente—. Una mujer que no haga escenas, que no espere que me enamore de ella y que pueda comportarse delante de mi familia. Le pagaré bien y tendrá todo lo que necesite durante el tiempo que dure el acuerdo.

Julián negó con la cabeza.

—Estás buscando una esposa como quien busca una empleada.

—Estoy buscando a alguien que acepte las condiciones.

—¿Y vos vas a aceptar las suyas?

Cedric lo miró.

—Si son razonables.

George soltó una risa breve, sin demasiado humor.

—Eso quiero verlo.

Cedric ignoró el comentario y sacó el teléfono.

Tenía contactos, abogados y dinero suficiente para encontrar a alguien que aceptara una propuesta semejante. Solo necesitaba establecer las condiciones y comenzar a buscar.

Su abuela tendría su boda.

Él conservaría su libertad.

Y, cuando todo terminara, cada uno seguiría con su vida.

Cedric estaba convencido de que el único problema sería encontrar a la mujer adecuada.

Todavía no comprendía que su mayor error había sido creer que podía convertir un matrimonio en un negocio y salir de él sin llevarse nada consigo.

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Leda Rojas
Dice q finalizado pero veo mas capitulos😭
Leda Rojas
Dice q finalizado pero veo mas capitulos😭
Renata Mabel
me encanta esta historia ✨🦆
Carmen Chávez Rebolledo
excelentes relatos me encantan
𝑴𝒊𝒏𝒂𝒓𝒚ღ
Nueva seguidora ✨
Claudia Oroná
que mujer tan estúpida y cobarde!!! xq no lo llamo a Cédric y averigua?
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