NovelToon NovelToon
Pasaje A Las Vegas: Pacto, Fuga Y Destino

Pasaje A Las Vegas: Pacto, Fuga Y Destino

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Malentendidos / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:7.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Para salvar los imperios de sus familias, Elena aceptó un matrimonio arreglado desde su nacimiento con una sola condición en mente: convencer a su prometido de divorciarse al primer año. El plan era perfecto hasta el almuerzo de presentación, donde una confusión la hace creer que su futuro esposo es un anciano decrépito. Aterrorizada, escapa del salón y salta al primer taxi que encuentra en la calle, suplicándole al chofer que la lleve a Las Vegas para arruinar el acuerdo.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: El precio de la farsa

El impacto de la mano abierta de Antonella resonó contra el silencio de la biblioteca como un latigazo seco.

La fuerza del golpe giró el rostro de Andrew hacia la derecha. Un mechón de cabello oscuro cayó sobre su frente y el chasquido del impacto dejó una marca rojiza, ardiente y nítida sobre su mandíbula. Durante tres segundos que parecieron estirarse hasta la eternidad, solo se escuchó el crepitar de los leños en la chimenea y la respiración rota y jadeante de Antonella.

Andrew no levantó la mano para tocarse la mejilla. No retrocedió ni un milímetro. Despacio, con una calma glacial que helaba los huesos más que cualquier estallido de furia, giró el rostro de vuelta hacia ella.

Sus ojos ámbar, encendidos por un fuego salvaje y contenido, se clavaron en los de Antonella con una fijeza letal. Pasó la punta de la lengua por la comisura del labio inferior, saboreando el matiz metálico de una diminuta gota de sangre.

—¿Te sirvió de algo? —preguntó Andrew en un murmullo cavernoso, sin pestañear—. ¿O necesitas descargar otra para desquitarte de tus propios errores?

—¡Eres un ser despreciable! —la voz de Antonella se quebró por la mezcla violenta de odio, desgarro y una humillación insoportable—. ¡Te burlaste de mí! ¡Jugaste conmigo desde el primer segundo! Me viste desesperada en esa avenida, aterrada, convenciéndome de que me vendían a un monstruo, ¿y qué hiciste? ¡Te sentaste tras el volante a disfrutar del espectáculo!

Las lágrimas que Antonella se había negado a derramar en la calle brotaron finalmente, calientes y furiosas, rodando por sus mejillas sin que ella hiciera el menor intento por limpiarlas.

—Me llevaste por todo el país como si fuera un chiste viviente —continuó ella, dando un paso al frente y golpeándole el pecho con el puño cerrado, una y otra vez, buscando hacerle mella a esa armadura de piedra—. Me hiciste creer que me habías salvado. Dejé que me tocaras, te di lo único puro que me quedaba en esa suite... ¡y todo era una maldita farsa corporativa! ¡Tú eras el carcelero del que estaba huyendo!

Andrew atrapó sus dos muñecas en el aire con un solo movimiento, firme pero sin lastimarla, frenando los golpes contra su pecho. La atrajo hacia sí con una fuerza inexorable hasta que sus respiraciones volvieron a chocar.

—¡Escúchame muy bien, Antonella! —rugió Andrew por fin, perdiendo el control milimétrico que siempre lo caracterizaba—. ¡Yo no planeé nada de esa mierda! Mi auto reventó en Lexington. ¿Crees que me apetecía comprar un taxi destartalado por dos mil dólares para llegar a un almuerzo con una prometida a la que ni siquiera conocía?

—¡Pudiste decirme la verdad en cuanto subí al auto!

—¿Y qué verdad querías que te dijera? —le escupió él a escasos centímetros de la boca—. ¿Que la mujer brillante, la graduada con honores de la que hablaban los informes de Wall Street, era tan estúpida y cobarde que confundió a mi abuelo de ochenta años con su prometido y salió huyendo por una puerta de servicio? ¡Me llamaste momia viviente, Antonella! ¡Me llamaste fósil decrépito! ¡Me dijiste en la cara que preferías casarte con el primer pordiosero de Las Vegas antes que pertenecer a mi familia!

—¡Porque tu abuelo es un buitre y la mía fue una trampa de cuna! —gritó ella, forcejeando contra sus manos de acero.

—¡Y a pesar de todo te llevé a Nevada! —rugió Andrew, apretándole las muñecas con más intensidad, mientras el pecho le subía y bajaba con violencia—. ¡Te protegí de los sabuesos de tu padre! Pude haber dado la vuelta en la primera esquina y entregarte en The Gilded Cellar, pero no lo hice. Te miré a los ojos mientras tomabas tequila, te escuché hablar de tus sueños y de tu libertad, y me tragué mi propio orgullo porque por primera vez en mi vida encontré a una mujer que no se arrodillaba ante el dinero de los Prescott.

Antonella se quedó sin aire, temblando bajo su agarre.

—Nos casamos —prosiguió Andrew, con la voz volviéndose ronca, áspera por un dolor tan antiguo como el de ella—. Firmé ese papel en esa capilla ridícula con mi verdadero nombre. No falsifiqué una sola letra. Te entregué mi apellido ante la ley civil. Y cuando te metí en esa cama, no pensé en alianzas, ni en bancos, ni en la venganza de mi abuelo. Te hice el amor como jamás he tocado a otra mujer en mi vida. ¿Y qué encontré cuando abrí los ojos al amanecer?

Andrew la soltó de golpe, dando un paso atrás y señalando la mesa de centro con un desprecio lacerante.

—Diez mil dólares. Diez mil míseros billetes bajo un vaso de agua. Me trataste como a un empleado de servicio al que se le paga la propina por un trabajo bien hecho. Te largaste como una ladrona en la noche, llevándote el certificado y dejándome la cama fría.

Antonella se llevó las manos al pecho, frotándose las muñecas enrojecidas, tratando de recomponer su mente en medio del caos.

—Creí que eras un chofer... pensé que te estaba salvando de la ira de mi padre si se enteraba de lo que habíamos hecho...

—¿Salvarme a mí? —Andrew soltó una carcajada amarga, seca y despiadada—. En cuanto desperté y vi que te habías ido a Nueva York con el papel en la mano, tomé mi helicóptero privado hacia Manhattan. Sabía exactamente la masacre que ibas a provocar con ese viejo retrógrado de Richard Belmont. Llegué a la mansión de tus padres dispuesto a enfrentar a las dos familias, a declarar ante Arthur y ante el mundo que eras mi esposa y que nadie iba a tocarte.

Antonella levantó la vista despacio, con las pupilas dilatadas por el impacto de sus palabras.

—¿Fuiste a mi casa?

—Llegué tarde, Antonella —dijo Andrew, y por una fracción de segundo, la máscara del magnate implacable se agrietó, dejando ver al hombre que había cargado cinco años de culpa y rabia—. Tu padre ya te había echado a la calle como a una mendiga. Te desheredó, bloqueó tus fondos y dio la orden de que no pudieras respirar en Nueva York. Cuando le arrojé mi copia del acta matrimonial en la cara y le dije que el hombre con el que te habías casado era el dueño de todas sus deudas, cayó de rodillas llorando como una rata.

El corazón de Antonella dio un vuelco salvaje.

—¿Se lo dijiste?

—Se lo dije. Y luego le quité todo —sentenció Andrew con una frialdad sanguinaria—. Arthur y yo asfixiamos al Grupo Belmont hasta reducirlos a cenizas. Los quebramos en la bolsa, les embargamos las propiedades y los dejamos en la ruina absoluta como castigo por haberte expulsado a la lluvia. Moví satélites, agencias privadas y presupuestos enteros para buscarte. Pasé cinco años buscando a mi esposa por cada rincón de este planeta, Antonella. Pero tu diplomático de pacotilla te escondió bajo un pasaporte con inmunidad de la Corona y borró cada rastro de tu existencia.

Antonella sintió que las piernas no la sostenían más. Retrocedió dos pasos hasta que el borde de un sillón de terciopelo la sostuvo. El mundo que ella había construido en su cabeza durante media década —la idea de que era una fugitiva solitaria que había burlado a dos imperios con diez mil dólares— acababa de derrumbarse por completo.

No había huido de un anciano decrépito; había huido del hombre que la había poseído en Las Vegas. Y mientras ella sufría en clínicas anónimas y trabajaba hasta la madrugada en Mayfair para ganarse el pan de su hijo, una guerra colosal se había librado en Manhattan por su causa.

Pero el alivio no llegó a su pecho. Lo que se apoderó de ella fue un pánico renovado, visceral y asfixiante.

Patrick.

Antonella alzó la cabeza, con los ojos inyectados en una resolución de acero.

—Nada de eso justifica lo que hiciste, Andrew. Si me hubieras dicho la verdad en ese taxi, yo jamás habría ido a Las Vegas contigo. Jamás me habría acostado contigo. Y jamás habría firmado ese papel. Me engañaste para tener lo que tu familia quería desde el principio: mi sumisión.

—¿Sumisión? —Andrew arqueó una ceja, mirándola con incredulidad—. Mírate. Eres la directora senior de un fondo de cobertura británico, vistes ropa que compras con tu propio sudor y acabas de partirme la cara en mi propia biblioteca. Si crees que te veo como a una mujer sumisa, estás más ciega de lo que pensaba.

—¡No me importa cómo me veas! —escupió ella, poniéndose de pie de un salto y agarrando su bolso de la mesa con manos firmes—. Esto se terminó. Ahora sé quién eres. Ya no hay misterios, ni diez mil dólares, ni cuentos de choferes. Mañana a primera hora contrataré al mejor bufete de abogados de Londres y presentaremos la anulación o el divorcio formal en el estado de Nevada. Me quedaré con mi trabajo, con mi vida y con Patrick. Tú puedes regresar a tu torre de marfil en Wall Street a contar las cenizas de mi familia.

Andrew no se movió de su posición junto al fuego, pero su postura cambió por completo. La furia se replegó, sustituida por la autoridad absoluta e imponente del patriarca que gobernaba Prescott Global.

—No va a haber ningún divorcio, Antonella. Y no vas a presentar ninguna anulación.

—Tú no me das órdenes.

—Te doy los hechos —dijo él con una calma quirúrgica que le heló la sangre—. Durante cinco años respeté tu silencio porque no sabía dónde estabas. Pero hoy te encontré. Y encontré al niño que lleva mis ojos y mi sangre. Patrick no es un secreto diplomático que puedas esconder detrás de los faldones de la embajada británica. Es un Prescott. El único heredero legítimo de la dinastía más poderosa de los Estados Unidos.

Antonella sintió que el terror le atenazaba la garganta.

—Patrick es mi hijo. Yo lo parí sola. Yo lo cuidé cada noche con fiebre mientras tú firmabas fusiones bancarias. ¡No te atrevas a reclamar nada sobre él!

—Lo voy a reclamar todo —afirmó Andrew, dando dos pasos implacables hacia ella, acorralándola contra la madera de la biblioteca—. Reclamaré su apellido, su educación, su seguridad y su futuro. Y no pienso mirar desde la acera de enfrente cómo otro hombre le compra coches de juguete ni cómo le enseña a jugar al ajedrez. Patrick necesita a su padre. Y tú necesitas entender que este matrimonio no se va a disolver porque a ti te hiera el orgullo descubrir que te casaste con el hombre correcto de la forma equivocada.

—¿El hombre correcto? —repitió ella con desprecio, aunque el temblor de su labio la delataba—. Eres un extraño para él. No te conoce.

—Me conoce como Drew —recordó Andrew con una sonrisa sombría y posesiva—. Sabe que manejo rápido, sabe que corro en el desierto y me reconoció en el parque antes de que tú llegaras a gritar como una loca. Los niños no mienten, Antonella. La sangre llama a la sangre.

Antonella apretó el bolso contra su pecho con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. La trampa se estaba cerrando a su alrededor con una precisión aterradora; Andrew tenía el dinero, la ley de su lado y una determinación que no retrocedería ante nada.

—Déjame ir con mi hijo —exigió ella, con la voz apagada por el agotamiento emocional—. No voy a hablar de esto esta noche. Déjame volver a Notting Hill.

Andrew la observó unos segundos en silencio. Vio las sombras de fatiga bajo sus ojos, la palidez de su piel y la fragilidad que intentaba enmascarar tras su postura altiva. Sabía cuándo empujar y cuándo conceder terreno; presionar más en ese instante solo lograría que ella se cerrara en banda o intentara una segunda fuga absurda.

Caminó hacia la puerta de la biblioteca y la abrió de par en par.

—El Rolls-Royce está esperando en el patio —dijo Andrew con voz neutra—. Mi chofer te llevará a tu casa de Notting Hill. No voy a quitarte a Patrick esta noche, Antonella. No soy el monstruo que pintaron en tu cabeza.

Ella lo miró con profunda desconfianza mientras avanzaba hacia la salida.

Al cruzar el umbral, justo cuando el hombro de Antonella rozó el suyo, la mano de Andrew se posó con firmeza sobre su antebrazo, deteniéndola en seco. Su toque quemaba a través de la lana del abrigo.

—Pero grábate esto a fuego —susurró él, inclinándose hacia su oído con una intensidad que le erizó la piel—: mañana a las diez de la mañana estaré en la puerta de tu casa. Y esta vez no voy a entrar como un taxista ni como un fantasma del pasado. Voy a entrar a conocer formalmente a mi hijo. Si intentas huir de Londres, juro por Dios que cerraré el espacio aéreo de este país.

Antonella se soltó de su agarre con un tirón seco, sin responder. Bajó los escalones de mármol a paso apresurado y se metió en el vehículo que ya tenía la puerta abierta.

Andrew permaneció en el pórtico iluminado de Wilton Crescent, bajo la llovizna implacable, viendo cómo las luces traseras del Rolls-Royce se alejaban en la noche de Belgravia.

Metió la mano en el bolsillo de su abrigo largo y sacó el pequeño taxi amarillo de metal gastado que Patrick había dejado caer en el parque. Acarició las ruedas diminutas con el pulgar, apretando la mandíbula mientras la sombra de una sonrisa triunfal y decidida se dibujaba en su rostro.

La carrera había terminado. Era momento de tomar el volante de su propia familia.

1
Flor Perez
simplemente maravillosa👏👏👏👏
Maria Laura Perez
😍👏
Cliente anónimo
Me encanta!!! No paro de leerla!
Primi Mendez
muy bueno TÚ novela gracias felicitaciones
Flor Perez
tómala, por mentiroso😂😂😂😂
Flor Perez
autora me estoy comiendo las uñas por saber que pasará, muchas felicitaciones por tan excelente novela y espero seguir disfrutando otras obras tuyas 👏👏👏👏👏
Helizahira Cohen
No me gusta lo de los Padres, creo debe ser diferente
Flor Perez
y ojalá hubiera bebé a bordo para acabar de rematar tan buenísima novela 😂😂😂😂😂
Flor Perez
ya quisiera ver la cara de Antonela cuando se de cuenta realmente con quien se casó 😂😂😂😂😂😂
Flor Perez
que sucederá?
Flor Perez
muy biena novela hasta el momento y espero que siga asi 👏👏👏👏👏
Cliente anónimo
Muy buena !!
Helizahira Cohen
Bueno no se , ella culpa a los padres de todo, pero el abuelo paterno también hizo lo suyo, Andrew aprovecho la confusión pero si iba a decir la verdad
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂
Adriana Montoya Velez
eso se ganan ellas po lopetulantes que son
Adriana Montoya Velez
todas tienen la misma trama el embarazo oculto al papá y conocer al hijo después de varios años cambien ya eso
Helizahira Cohen
No hay comentarios pero es muy buena, esta muy fresca la historia
Maria Laura Perez
😍🤭
Pris
Fascinante historia. Es la segunda vez que la leo
Primi Mendez
emocionante tu novela felicitaciones ala escritora
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play