Victoria Black fue víctima de una terrible traición por parte de su hermana y su esposo llevándola a una muerte con arrepentimientos, pero el universo le ha regalado una segunda oportunidad, esta vez con conocimiento del futuro le va a conocer el verdadero amor y los que la hicieron sufrir se las van a pagar con intereses.
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La carta de mi abuela
Capítulo 9
La carta de mi abuela
No dormí bien esa noche. La frase seguía en mi cabeza.
"Es para quien tu abuela eligió".
No sabía quién había enviado el mensaje, pero algo dentro de mí me decía que la persona que lo había escrito conocía más sobre mi abuela que yo.
A primera hora de la mañana fui a buscar a Patricia, pero antes de llegar a su oficina recibí una llamada.
Era Adrián.
—Hola, ¿puedes venir?
—¿Dónde estás?
—En casa de mi madre.
No pregunté por qué y fui. Su madre vivía en el extranjero desde hacía años; Adrián vivía solo en aquella casa.
Cuando llegué, encontré a Adrián esperándome junto a Patricia.
Verlos juntos me sorprendió mucho. ¿Podían existir tantas casualidades juntas?
—¿Qué sucede?
Patricia tenía una pequeña caja de madera entre las manos.
—Tu abuela dejó esto para ti.
La miré.
En la tapa estaban grabadas sus iniciales.
E. G.
Pasé los dedos sobre las letras.
—¿Por qué no me la entregaste antes?
—Porque ella dejó instrucciones específicas.
—¿Qué instrucciones?
—No puedo explicarte más. Solo sigo órdenes.
Entonces Patricia abrió la caja.
Dentro había documentos, una carta y una pequeña fotografía.
Tomé la carta.
Reconocí inmediatamente la letra de mi abuela y mis manos comenzaron a temblar.
"Victoria, si estás leyendo esto, significa que finalmente has llegado hasta donde necesitaba que llegaras".
Leí la frase dos veces.
—¿Qué significa?
Patricia no respondió.
Continué.
"Tu herencia nunca fue únicamente dinero".
Mi respiración se volvió más lenta. Durante años había pensado que la fortuna de mi abuela era el motivo de todo lo que había ocurrido.
Rodrigo, mi padre, Lucía... todos parecían girar alrededor de la misma palabra.
Dinero.
Pero mi abuela estaba diciendo que había algo más. Seguí leyendo.
"Hay personas que intentarán convencerte de que debes elegir entre el amor y tu familia. No les creas".
Miré a Adrián.
Él estaba tan sorprendido como yo.
Seguí.
"También habrá alguien que intentará entrar en tu vida únicamente por lo que puedes darle".
Sentí un nudo en la garganta.
Rodrigo.
Mi abuela lo había visto venir, pero la siguiente frase me dejó sin palabras.
"Por eso preparé una segunda protección".
Levanté la mirada.
—¿Una segunda protección?
Patricia tomó uno de los documentos.
—Tu abuela sabía que podían intentar alterar el testamento.
—¿Quiénes?
—No lo sabemos con certeza.
—¿Mi padre?
Patricia no respondió. Otra vez, ese silencio.
Esa fue la respuesta más clara que podía darme.
Entonces vi una cláusula. La leí.
Y volví a leerla.
—¿Qué significa esto?
Adrián se acercó.
Patricia respondió:
—Que existe una condición relacionada con tu matrimonio.
Mi corazón se detuvo.
—¿Mi matrimonio?
—Sí.
—¿Qué condición?
Patricia respiró profundamente.
—Elena quería asegurarse de que el hombre que estuviera a tu lado no estuviera contigo por tu dinero.
—¿Y cómo pensaba comprobarlo?
Patricia señaló el documento.
—Mediante una segunda parte de la herencia.
Sentí un nudo en el estómago.
—¿Qué segunda parte?
—Todavía no podemos abrirla.
—¿Por qué?
—Porque tu abuela dejó instrucciones para que se active únicamente bajo determinadas condiciones.
Adrián intervino:
—¿Y cuáles son?
Patricia lo miró.
—Eso es precisamente lo que estamos intentando averiguar.
Entonces recordé la llave.
La saqué de mi bolso. Patricia se quedó inmóvil.
—¿De dónde sacaste eso?
—Adrián me la dio.
Patricia tomó la llave y su expresión cambió.
—Número diecisiete.
—¿La conoce?
—Sí.
—¿Qué abre?
Patricia me miró.
—Un archivador de seguridad en un banco.
Mi corazón comenzó a acelerarse.
—¿En cuál?
—En el banco donde tu abuela guardaba lo que no quería dejar en ningún otro sitio.
—Entonces vamos.
Patricia negó con la cabeza.
—No todavía.
—¿Por qué?
—Porque Elena dejó una instrucción más.
—¿Cuál?
Patricia volvió a mirar la carta.
—Que el archivador no puede abrirse hasta que hayas tomado una decisión.
—¿Qué decisión?
Ella deslizó el documento hacia mí.
—Debes demostrar que puedes elegir a alguien por voluntad propia, sin que la herencia influya en tu decisión.
Miré a Adrián. Él no me dijo nada.
—¿Y si elijo a la persona equivocada?
Patricia sostuvo mi mirada.
—Entonces la segunda herencia permanecerá cerrada.
Sentí un peso en el pecho.
Mi abuela había convertido mi futuro amoroso en una prueba, pero cuanto más pensaba en ello, más comprendía que quizá no estaba intentando decidir por mí. Al contrario, estaba intentando impedir que alguien decidiera por mí.
Tomé la carta.
—¿Qué más hay en la caja?
Patricia señaló la fotografía. La levanté.
Mi abuela aparecía junto a un hombre que no reconocía. Detrás de ellos había una puerta metálica y, sobre la puerta, un número.
17.
Miré a Adrián.
—¿Reconoces a ese hombre?
Su expresión cambió.
—Sí.
Mi corazón dio un vuelco.
—¿Quién es?
Adrián tardó unos segundos en responder.
—Mi padre.
El silencio llenó la habitación.
Entonces entendí que la llave no solo abría un archivador. También abría una parte del pasado de nuestras familias, y alguien había hecho todo lo posible para mantenerla cerrada.
Volví a mirar la fotografía.
La puerta marcada con el número 17 parecía una coincidencia demasiado perfecta.
—¿Cuándo fue tomada? —pregunté.
Adrián observó la imagen.
—No lo sé.
Patricia tomó la fotografía con cuidado.
—Tu abuela nunca hacía nada por casualidad.
—Entonces sabía que algún día encontraríamos esto.
—Probablemente.
Entonces me levanté. Por primera vez desde que había despertado en el pasado, sentí que las piezas comenzaban a conectarse.
La herencia.
La llave.
Adrián.
Mi abuela.
Y aquella puerta.
Pero también comprendí que, si alguien había intentado ocultarlo durante tantos años, descubrir la verdad podía ser mucho más peligroso de lo que imaginaba.
Y, aun así, estaba decidida.
Esta vez no moriría sin saber por qué.