En su vida anterior, Elena fue ingenua, confió en las personas equivocadas y pagó el precio más alto. Engañada por su media hermana Beatriz y su prometido Mateo, vio cómo le arrebataban la empresa familiar antes de ser eliminada en un "accidente" orquestado. Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Al abrir los ojos, Elena descubre que ha regresado tres años en el tiempo, justo a la noche de su fiesta de compromiso y minutos antes de ceder sus valiosas acciones.
Con los recuerdos intactos y el conocimiento exacto del futuro, esta vez no habrá espacio para la compasión. Romperá el compromiso, tomará el control del imperio familiar y hará caer uno a uno a quienes la traicionaron. Y mientras su ex-prometido desespera por recuperarla, Elena encontrará en Sebastián la alianza perfecta y el amor sincero que siempre mereció...
"Regresé del infierno no para perdonar, sino para cobrar cada deuda."
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Capítulo 14: El choque de titanes en la junta
La sala de juntas principal del piso cuarenta estaba envuelta en un silencio denso. Los miembros del consejo de administración ocupaban sus asientos de caoba, intercambiando miradas de incertidumbre.
A las diez en punto, las puertas dobles de cristal se abrieron.
Héctor Montenegro ingresó a la sala con paso firme, apoyado en un elegante bastón con empuñadura de plata. A sus sesenta años, proyectaba el aura de un depredador experimentado. A su lado, la abogada Lorena Rivas caminaba con una sonrisa incisiva, cargando un maletín de cuero.
—Vaya, qué recuerdos me trae este lugar —comentó Montenegro con voz grave y teatral, recorriendo el recinto con la mirada antes de fijarla en la cabecera de la mesa.
Allí, sentada con elegancia suprema y flanqueada por Sebastián Rossi, Elena vestía un impecable traje sastre en tono verde esmeralda. Su mirada era tan helada que el ambiente en la sala pareció bajar varios grados.
—Bienvenido a Silva-Rossi Global, señor Montenegro —dijo Elena sin levantarse, manteniendo una postura inquebrantable—. Veo que el aire de Singapur no logró borrarle la costumbre de presentarse en lugares donde no fue invitado.
Lorena Rivas dio un paso al frente, desplegando una serie de folios sobre la mesa central.
—Señorita Silva, mi cliente representa al fondo de inversión Aegis Capital Asia, el cual posee legítimamente el 12% de las acciones ordinarias de esta compañía. De acuerdo con el estatuto corporativo, exigimos un puesto permanente en el consejo directivo y el derecho a veto sobre la expansión hacia el mercado asiático.
Un murmullo de preocupación recorrió a los consejeros menores.
—¿Derecho a veto? —intervino Sebastián Rossi, reclinándose hacia adelante con una presencia imponente—. El estatuto exige un mínimo del 15% para solicitar derecho a veto. El 12% solo les otorga voz, no voto decisivo.
Héctor Montenegro dejó escapar una risa baja y siniestra.
—Mi querido Sebastián... siempre tan técnico —dijo Montenegro, apoyando ambas manos en la empuñadura de su bastón—. Olvidas que hace diez años, cuando el padre de Elena me forzó a salir de la junta, se firmó un anexo de protección a los socios fundadores. Ese anexo estipula que cualquier miembro de la familia Montenegro conserva un poder de veto especial en decisiones de alianzas extranjeras.
Los miembros más antiguos de la junta palidecieron. Ese documento antiguo realmente existía en los archivos olvidados de la fundación de Silva Corp.
—Ese documento le daba el poder a mi padre de frenar tus maniobras fraudulentas, Montenegro —respondió Elena con voz serena y pausada—. Sin embargo, parece que tu abogada olvidó hacer la investigación completa antes de traer la carpeta hoy.
Lorena Rivas frunció el ceño, perdiendo por un instante la confianza.
Elena hizo una leve seña a Sofía, quien proyectó de inmediato un informe auditor en la pantalla gigante de la sala.
—En el segundo párrafo del anexo que mencionas —explicó Elena, señalando la cláusula resaltada en rojo—, se establece claramente que el derecho a veto queda nulo e inválido si el titular o sus representantes han sido declarados en rebeldía por la Comisión Nacional de Valores o si existen fondos de procedencia no verificada en la compra de las acciones.
El rostro de Montenegro se ensombreció.
—Nuestros fondos son completamente legales... —comenzó a argumentar Lorena Rivas.
—¿Legales? —interrumpió Elena con una risa gélida—. El fondo Aegis Capital Asia fue registrado con capital proveniente de una cuenta puente en las Islas Caimán, cuenta que pertenece directamente a la firma fantasma creada por Mateo Peralta antes de ir a prisión.
La revelación cayó como un rayo en la sala.
—Compraste esas acciones usando el dinero desviado que Mateo intentó ocultar antes de ser juzgado —sentenció Elena, poniéndose de pie y mirando a Montenegro desde arriba—. Al intentar lavar ese dinero mediante tu fondo en Singapur, cometiste un delito federal de lavado de activos en complicidad con un reo condenado.
Lorena Rivas cerró el maletín de golpe, mirando a Montenegro con pánico manifiesto.
—¡Eso es una difamación! —estalló Montenegro, perdiendo la compostura por primera vez y golpeando el suelo con el bastón.
—No es difamación, Montenegro. La fiscalía de delitos financieros ya tiene la copia de las transferencias —intervino Sebastián, mostrando la orden de embargo preventivo firmada por el juez—. A partir de este segundo, el 12% de esas acciones queda congelado e incautado por el Estado, y tu entrada a cualquier instalación de esta corporación queda prohibida.
Dos guardias de seguridad privada ingresaron a la sala de juntas.
—Acompañen al señor Montenegro y a su abogada a la salida —ordenó Elena con voz de mando indiscutible—. Y asegúrense de que no vuelvan a pisar este edificio.
Héctor Montenegro miró a Elena con un odio visceral, pero la compostura e inteligencia de la joven reina de Silva-Rossi Global lo había dejado completamente acorralado. Sin poder decir una sola palabra más, dio media vuelta y abandonó el recinto escoltado por la seguridad.
Elena volvió a ocupar su asiento en la cabecera. La junta directiva irrumpió en aplausos de admiración.
Sebastián tomó la mano de Elena por debajo de la mesa y la apretó con orgullo.
—Un nuevo fantasma destruido —susurró él.
—Y el camino hacia Asia ha quedado completamente despejado —respondió Elena con una sonrisa triunfal.