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LA NOVICIA DEL PECADO

LA NOVICIA DEL PECADO

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Posesivo / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Betsy Gómez

Isabella Dalmavere eligió una vida de fe, convencida de que su corazón había encontrado por fin un lugar al que pertenecer. Entre los muros de un antiguo convento, las oraciones y el silencio, creyó que podría mantenerse alejada de todas aquellas emociones que alguna vez despertaron su curiosidad por el mundo.

Hasta que conoció a Dorian Virelli.

Rico, elegante y acostumbrado a conseguir cuanto desea, Dorian nunca había encontrado una mujer capaz de despertar tanto su interés como aquella novicia de mirada dulce y voluntad inquebrantable. Isabella no se impresiona con su fortuna, no se deja seducir por sus palabras y, sobre todo, no está dispuesta a renunciar a sus convicciones por un hombre al que apenas conoce.

Pero Dorian no sabe aceptar una negativa.

Sus visitas se vuelven cada vez más frecuentes. Sus conversaciones, más personales. Y lo que comienza como una atracción inesperada se transforma en una obsesión que amenaza con derribar las barreras que Isabella ha construido alrededor de su corazón.

Él le pedirá una oportunidad una y otra vez. Ella se la negará, decidida a proteger la vida que ha elegido.

Hasta que Dorian tome una decisión que cambiará sus destinos para siempre: llevársela por la fuerza, arrancándola del único mundo que conoce y enfrentándola a una realidad que jamás imaginó.


Volumen 1 de la saga Virelli.

NovelToon tiene autorización de Betsy Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Aprendiendo a descubrir

Habían pasado varias semanas desde que Isabella llegó a la casa de acogida, y Teresa empezaba a confiarle responsabilidades que al principio parecían demasiado grandes para alguien que apenas estaba adaptándose. Isabella organizaba las actividades de lectura, acompañaba a los pequeños durante las comidas y ayudaba a resolver las discusiones que surgían entre ellos. No siempre era sencillo, pero descubrió que tenía una paciencia que ni siquiera ella sabía que poseía.

Aquella mañana, mientras intentaba enseñar a Luca a leer una historia ilustrada, el niño cerró el libro con un suspiro exagerado.

—Las letras se mueven demasiado.

Isabella soltó una carcajada.

—Eso es porque estás intentando leerlas todas al mismo tiempo.

—¿Y no se supone que eso es lo que hacemos cuando leemos?

—No necesariamente. Mira, vamos a hacerlo juntos. Una palabra cada vez.

Luca volvió a abrir el libro, esta vez con menos resistencia. Cuando consiguió leer una frase completa, levantó los brazos como si acabara de ganar una competición. Isabella lo felicitó con entusiasmo, y otros dos niños se acercaron para intentarlo también.

Teresa observaba la escena desde la puerta. Más tarde, cuando los pequeños salieron al jardín, se acercó a Isabella.

—Tienes una manera especial de hacerlos sentir capaces.

—Solo necesitan que alguien les tenga paciencia.

—Y tú pareces encontrar felicidad en eso.

Isabella miró hacia el jardín. Luca corría detrás de una pelota mientras una niña intentaba convencerlo de que le tocaba jugar a ella.

—Sí. Mucha más de la que esperaba.

Teresa sonrió, pero después hizo una pregunta que dejó a Isabella pensativa.

—¿Has considerado quedarte aquí durante más tiempo?

Isabella se volvió hacia ella.

—¿Cree que podría hacerlo?

—Si tú quieres, podemos hablarlo. Necesitamos personas que estén dispuestas a acompañar a los niños con cariño y responsabilidad. No tienes que decidir hoy, pero me gustaría que supieras que aquí tienes un lugar.

Aquella propuesta despertó algo que Isabella llevaba días intentando comprender. Había llegado buscando refugio, convencida de que solo necesitaba descansar antes de regresar a su vida anterior. Sin embargo, ahora comenzaba a preguntarse si su futuro podía tomar una dirección distinta.

No había dejado de creer en Dios. Tampoco sentía que su tiempo en el convento hubiera sido un error. Allí había aprendido a escuchar, a servir y a comprender el sufrimiento ajeno. Pero quizá aquellas enseñanzas no tenían que limitarse a los muros de Santa Lucía.

—Me gustaría pensarlo —respondió finalmente—. No quiero tomar una decisión por miedo ni por lo que me haya ocurrido.

—Eso es lo que debes hacer —contestó Teresa—. Elegir porque realmente lo deseas.

Durante el resto del día, Isabella no consiguió dejar de pensar en aquella posibilidad. Por primera vez, imaginó un futuro que no dependía de regresar al convento ni de resolver lo que sentía por Dorian. Era una idea que le producía temor, pero también una ilusión desconocida.

Al anochecer, salió al jardín con una manta sobre los hombros. El aire era fresco y el cielo comenzaba a llenarse de estrellas. Se sentó en un banco y permitió que sus pensamientos la llevaran, inevitablemente, hacia el hombre del que había huido.

Se preguntó si seguiría buscándola. Si estaría enfadado. Si, en algún momento, habría comprendido por qué ella no podía quedarse.

La última pregunta fue la que más le dolió.

Porque, a pesar de todo, una parte de ella deseaba que Dorian hubiera entendido que no necesitaba encerrarla para tener un lugar en sus pensamientos.

Cerró los ojos y recordó la cena que compartieron antes de escapar. Había sido una noche agradable, llena de conversaciones y pequeñas sonrisas. Por momentos, él había conseguido hacerla olvidar el temor que le provocaba su situación.

Isabella se llevó una mano al pecho.

—No sé qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes —murmuró.

Pero las cosas no habían sido diferentes. Él había decidido por ella, y ella había tenido que marcharse.

No podía cambiarlo.

En la residencia Virelli, Dorian contemplaba una fotografía de un evento al que había asistido meses atrás. No era una imagen de Isabella, sino una fotografía cualquiera, tomada mucho antes de conocerla. Sin embargo, se sorprendió pensando en lo distinto que habría sido todo si hubiese aprendido a acercarse a ella sin imponer su voluntad.

Matteo entró en el despacho y lo encontró distraído.

—Llevas semanas comportándote como si esperaras una respuesta que nunca llega.

Dorian dejó la fotografía sobre la mesa.

—No sé dónde está.

—Lo sé.

—No sé si está bien, si ha encontrado un lugar donde quedarse o si piensa regresar alguna vez a Santa Lucía.

Matteo se sentó frente a él.

—Eso es lo que ocurre cuando alguien se marcha y no puedes decidir por esa persona. Tienes que aceptar que hay cosas que no están bajo tu control.

Dorian lo miró con evidente desagrado.

—Nunca he sido bueno esperando.

—Entonces quizá esta sea la primera cosa que necesitas aprender.

Durante unos segundos, ninguno habló. Finalmente, Dorian preguntó:

—¿Crees que me odia?

Matteo reflexionó antes de contestar.

—No puedo saberlo. Pero no creo que lo importante sea eso. Lo importante es que tuvo razones para marcharse y que tú debes decidir qué clase de hombre quieres ser a partir de ahora.

Dorian bajó la mirada. No prometió cambiar ni afirmó que hubiera dejado de desearla. Todavía la quería cerca, y la idea de no volver a verla le resultaba difícil de soportar. Sin embargo, comenzaba a comprender que buscarla sin detenerse a pensar en sus deseos solo repetiría el mismo error.

Por primera vez, decidió que no enviaría más hombres a presionar a las personas del convento. No abandonaría la esperanza de encontrarla, pero tampoco convertiría su ausencia en una excusa para invadir cada lugar donde ella pudiera refugiarse.

Era una decisión pequeña, aunque para él representaba algo nuevo.

Esa noche, Isabella escribió unas líneas en un cuaderno que Teresa le había regalado.

No escribió el nombre de Dorian. Tampoco intentó explicar sus sentimientos. En cambio, anotó las cosas que había descubierto desde su llegada: que disfrutaba enseñar a leer, que Luca ya no desconfiaba tanto de los adultos, que podía sentirse útil sin tener que demostrar su valor y que, por primera vez en mucho tiempo, estaba considerando un futuro elegido enteramente por ella.

Cuando terminó, cerró el cuaderno y sonrió.

Su vida no tenía que girar alrededor de un hombre, ni siquiera de uno que había logrado despertar emociones que nunca esperaba sentir.

Antes de decidir si quería amar a alguien, Isabella necesitaba descubrir qué clase de vida quería para sí misma.

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Suleima Dominguez Guzman
te felicito autora excelente novela gracias por compartirla
mariela
Isabella ahora con la visita de de Dorian al convento es la prueba que le mando Dios para saber si su vocación es genuina para resistir a la tentación del amor terrenal.
ana luisa: hola Mariela te recomiendo la novela la mujer que no supiste amar leerla por favor muy buena
total 2 replies
Maya
Cuantos años tiene lucas
Suleima Dominguez Guzman
excelente novela me encanta cada capítulo te felicito autora
🇻🇪Mary Arrietas🇻🇪
me encantó la novela tiene un contenido que enseña y entretiene muy diferente a otras novelas exelente historia
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