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Dueño De Todas, Esclavo De Una

Dueño De Todas, Esclavo De Una

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: La primera oportunidad

El sonido del despertador rompió el silencio del apartamento a las seis en punto de la mañana.

Abrí los ojos lentamente y permanecí unos segundos mirando el techo. Todavía me costaba creer que estuviera en Bogotá, la ciudad con la que tantas veces había soñado desde que era una adolescente.

La noche anterior había sido larga. Entre la emoción por mi primer día oficial en la agencia y el inesperado encuentro con Alessandro De Luca, apenas había logrado dormir unas pocas horas.

Suspiré profundamente antes de incorporarme.

—Hoy será un mejor día —me dije con una pequeña sonrisa.

Corrí las cortinas y la luz del amanecer iluminó la habitación. Desde la ventana podía verse parte de la ciudad despertando. Los primeros vehículos recorrían las calles mientras algunas personas caminaban apresuradas rumbo a sus trabajos.

Aquel paisaje me recordó que estaba muy lejos de Medellín.

Extrañaba a mis padres, mi casa y a mis amigos, pero también sabía que aquel sacrificio podía cambiar mi vida para siempre.

Me dirigí al baño, tomé una ducha con agua tibia y me puse un conjunto deportivo negro. Desde hacía varios años tenía la costumbre de salir a correr antes de afrontar un día importante. El ejercicio me ayudaba a despejar la mente y a controlar los nervios.

Salí del edificio con los audífonos puestos y comencé a trotar por las calles cercanas.

El aire fresco de la mañana acariciaba mi rostro mientras observaba las elegantes fachadas, las cafeterías que apenas abrían sus puertas y los tranvías que recorrían la ciudad.

Bogotá tenía una energía distinta.

Era imposible no sentirse inspirada.

Después de casi cuarenta minutos regresé al apartamento.

Al abrir la puerta, un delicioso aroma a café recién hecho invadió la sala.

Juliana ya estaba en la cocina preparando el desayuno.

Al verme entrar sonrió divertida.

—Buenos días, dormilona.

Me reí mientras dejaba las llaves sobre la mesa.

—¿Dormilona? Si llevo casi una hora despierta.

Ella me observó de arriba abajo.

—¿Saliste a correr?

—Sí. Necesitaba despejar la cabeza.

Juliana sirvió dos tazas de café.

—Eso significa que vienes con toda la actitud.

Me senté frente a ella.

—Después de lo que pasó ayer no pienso darle el gusto a nadie de verme insegura.

—¿Sigues pensando en Alessandro?

Negué con la cabeza.

—No exactamente. Solo quiero demostrar que estoy aquí por mi trabajo y no porque alguien me haya hecho un favor.

Juliana apoyó una mano sobre la mía.

—Valentina, escúchame bien. Tú no le debes nada a nadie. Marco te contrató porque vio potencial en ti. Lo demás depende únicamente de ti.

Sus palabras me hicieron sonreír.

—Gracias, Juli.

—Además...

La miré con curiosidad.

—Si algo he aprendido trabajando aquí es que Alessandro puede parecer arrogante, pero al final siempre termina valorando el talento por encima de todo.

—Pues ojalá sea cierto.

Juliana soltó una pequeña carcajada.

—Y otra cosa.

—¿Qué?

—No vuelvas a pelear con el dueño de la empresa en tu segundo día.

No pude evitar reír.

—No prometo nada.

Las dos estallamos en carcajadas.

Terminamos de desayunar mientras hablábamos de nuestras familias, de Medellín y de todo lo que esperábamos conseguir viviendo en Bogotá.

Antes de salir revisé nuevamente mi bolso.

Mi portafolio.

Mi maquillaje.

Mi botella de agua.

Todo estaba en orden.

Respiré profundamente.

Aquel podía ser el primer paso para cumplir el sueño por el que había trabajado durante tantos años.

Sin imaginarlo, ese día cambiaría mucho más que mi carrera como modelo.

Al llegar a la agencia, el ambiente era completamente diferente al de los días anteriores.

Las modelos caminaban de un lado a otro mientras maquilladores, fotógrafos, estilistas y asistentes ultimaban los detalles para las sesiones del día. El lugar rebosaba actividad y profesionalismo.

Pocos minutos después, Marco apareció acompañado por varios coordinadores.

—Buenos días a todas.

Las conversaciones cesaron de inmediato.

—Hoy realizaremos una selección para una importante campaña de una reconocida marca colombiana. Esto no significa que ya estén contratadas, pero las fotografías que tomemos hoy serán evaluadas por la dirección de la empresa. Quienes destaquen pasarán a la siguiente etapa.

Un murmullo de emoción recorrió el estudio.

Sentí cómo mi corazón comenzaba a latir con fuerza.

Era la oportunidad que tanto había esperado.

Respiré profundamente y me repetí en silencio:

—Vamos, Valentina... este puede ser el comienzo de todo.

Mientras tanto...

Entré a la sala de reuniones junto a Marco y varios directivos de la empresa.

Después de revisar contratos, presupuestos y el cronograma de las próximas campañas, Marco tomó la palabra.

—Hoy haremos las pruebas para la campaña de otoño.

Asentí con tranquilidad.

—Quiero revisar personalmente todas las fotografías antes de tomar una decisión.

Marco sonrió de lado.

—Sabía que dirías eso.

La reunión terminó pocos minutos después y nos dirigimos al estudio principal.

Observé a cada una de las modelos mientras esperaban su turno.

Todas eran profesionales.

Algunas intentaban llamar mi atención con sonrisas o miradas discretas.

Pero hubo una que ni siquiera parecía notar mi presencia.

Valentina.

Permanecía concentrada, repasando mentalmente las indicaciones del fotógrafo.

No buscaba destacar.

No intentaba impresionar a nadie.

Y, curiosamente, eso fue lo que más llamó mi atención.

—¡Valentina Benítez!

Ella levantó la mirada y caminó con seguridad hasta el set.

El fotógrafo le sonrió con amabilidad.

—Relájate. Imagina que estás caminando por las calles de Bogotá en una tarde agradable.

Valentina respiró hondo.

Las primeras fotografías fueron buenas.

Después comenzaron las indicaciones.

—Ahora mírame con más seguridad.

—Perfecto.

—Excelente... ahora una sonrisa natural.

—Muy bien.

Poco a poco dejó atrás los nervios.

Sin darse cuenta, comenzó a disfrutar la sesión.

La cámara parecía entenderla.

Cada fotografía transmitía naturalidad.

No exageraba sus movimientos.

No necesitaba hacerlo.

Su expresión hablaba por sí sola.

El fotógrafo dejó de disparar por un instante.

—Excelente trabajo.

Los asistentes intercambiaron miradas de aprobación.

Marco observó las imágenes en el monitor.

—Tiene muchísima naturalidad frente a la cámara.

Yo no respondí.

Simplemente seguí contemplando las fotografías.

Era evidente que la cámara la favorecía.

Había algo en ella imposible de fingir.

Autenticidad.

Cuando terminó la sesión, Valentina descendió del escenario.

Juliana corrió hacia ella y la abrazó.

—¡Lo hiciste increíble!

—¿Tú crees?

—No lo creo... estoy completamente segura.

En ese momento Marco se acercó.

—Buen trabajo, Valentina.

Ella sonrió con humildad.

—Muchas gracias.

—Sigue así. Vas por muy buen camino.

—Lo haré.

Valentina se alejó junto a Juliana.

Sin darse cuenta, levantó la vista.

Nuestros ojos se encontraron durante apenas un segundo.

Ninguno de los dos dijo una sola palabra.

Ella fue la primera en apartar la mirada y continuó caminando.

No pude evitar esbozar una pequeña sonrisa.

Aquella mujer tenía mucho más carácter del que imaginaba.

Mientras caminábamos hacia los camerinos, Juliana me miró con una sonrisa traviesa.

—Val... me encanta cómo te desenvuelves frente a la cámara. Lo hiciste muy bien.

Sonreí agradecida.

—Gracias, Juli. La verdad estaba muy nerviosa.

—¿Sabes qué fue lo que más me llamó la atención mientras hacías la sesión?

La miré con curiosidad.

—¿Qué pasó?

—El jefe no dejó de mirarte ni un solo momento.

Fruncí el ceño.

—Ay, Juliana... no empieces, por favor. ¿Por qué dices eso?

—Porque lo vi. Créeme.

Negué con la cabeza.

—Es normal. Él tiene que observar a todas para decidir quién sirve para la campaña.

Juliana soltó una pequeña risa.

—No, amiga. Él no te miraba como un jefe.

—¿Ah, no?

—No... su mirada era diferente.

La observé divertida.

—Entonces me estaba mirando como perro en celo... porque bien sinvergüenza sí dicen que es.

Juliana estalló en carcajadas.

—¡Ay, Valentina! Sí tienes unas ocurrencias...

Yo también terminé riéndome.

—¿No eres tú la que dice que le coquetea a todas las modelos?

—Bueno... sí.

—Entonces no inventes cosas.

Juliana sonrió con picardía.

—Está bien... pero igual creo que le llamaste la atención.

Le di un pequeño golpe en el brazo.

—No digas tonterías.

Las dos seguimos riéndonos mientras entrábamos al camerino.

Al finalizar la jornada, Marco entró en mi oficina con una carpeta en la mano.

—¿Qué te parecieron las nuevas modelos?

Cerré el portátil antes de responder.

—Hay varias con potencial.

Marco cruzó los brazos.

—¿Y Valentina?

Lo miré de reojo.

—Tiene talento.

Marco sonrió con evidente picardía.

—¿Solo talento?

Dejé la carpeta sobre el escritorio.

—No empieces.

Él soltó una carcajada.

—Está bien, jefe... no diré nada más.

Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir añadió:

—Solo te diré una cosa... creo que esa chica llegará muy lejos.

Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió a invadir la oficina.

Abrí la carpeta una vez más.

Entre todas las fotografías, una llamó mi atención.

Era una imagen sencilla.

Sin poses exageradas.

Sin artificios.

Solo una sonrisa auténtica.

La observé durante varios segundos.

Negué lentamente con la cabeza.

—¿Qué me está pasando?

Guardé la fotografía dentro de la carpeta y continué trabajando.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, descubrí que mi mente regresaba una y otra vez a la misma persona.

Y eso...

No era una buena señal.

1
Genesis Paez
Que historia tan mala, pura habladera de paja
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