NovelToon NovelToon
Mi sugar daddy millonario

Mi sugar daddy millonario

Status: En proceso
Genre:CEO / Posesivo / Diferencia de edad / Romance oscuro
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

Yo tenía veintitrés años y necesitaba quinientos mil pesos para salvar a mi mamá.
Por eso acepté darle un hijo a un viudo de cincuenta.
Pero marqué el número equivocado.
Adrián Valdés tenía treinta y cinco, una fortuna inmensa y gustos peligrosamente dominantes. Me dejó la luz encendida, me ató las muñecas y me enseñó a pedirle más.
A la mañana siguiente, el dinero estaba en mi cuenta.
Debió ser una sola noche.
Ahora mi sugar daddy me llama su niña… y no permite que ningún otro hombre me toque.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8

Capítulo 8: Ni vendiéndote

—Natural, por favor. Un poquito más natural.

Dulce lo dijo por tercera vez, sentada en una silla giratoria del camerino improvisado del WTC, con una capa de plástico en el cuello y la cara embarrada de una base dos tonos más clara que su piel.

—Mira, mija, yo tengo diez años de experiencia. —La maquillista la apuntó con la brocha—. Con las luces del stand esto se ve divino.

—Me veo como pastel de primera comunión.

Dos edecanes se rieron detrás de ella. Había como quince muchachas en el camerino, todas con la misma ceja dibujada y las mismas pestañas de mentiras.

—Diez años —repitió Gaby.

—Ya sé. Nada más un poquito menos. Porfa.

—¿Qué pasa aquí? —Karla apareció entre los percheros con una tabla en la mano y el radio pegado a la oreja.

—La muchacha me quiere hacer el trabajo —dijo Gaby.

—Hazle lo que pide. —Karla le vio la cara a Dulce dos segundos—. A ella le queda.

Gaby resopló, sacó una toallita húmeda y empezó de nuevo. Cuando terminó, Dulce era la única en el espejo que no parecía foto con filtro. Karla asintió una vez y se fue sin decir nada, que era su manera de felicitar.

Mil quinientos pesos por un día. Dulce ya lo había sacado en la libreta: casi veintiocho horas de lavar platos con don Casimiro. Esa mañana, a las ocho en punto, le había llegado la transferencia de siempre, con el concepto de siempre, Buenos días, niña, y ella la había apuntado donde apuntaba todas: en la columna de lo que no era suyo. Los mil quinientos de hoy iban en la otra.

* * *

El baño de mujeres olía a cloro y a spray para el pelo. Dulce se estaba lavando las manos cuando la puerta se abrió detrás de ella y en el espejo apareció otro uniforme morado.

—Mira nada más.

Era Yesenia, con la nariz y los labios recién hechos. Se recargó en el lavabo de al lado y se acomodó el escote.

—El licenciado Hinojosa me pidió que viniera a apoyar hoy. De confianza. —Le sonrió al espejo—. ¿Y tú? ¿Y tu mamá? ¿La dejaste sola en el hospital para venir a enseñar las piernas?

—Ay, no me veas así. Si hasta te hago un favor. —Yesenia la miró de arriba abajo, despacio—. Aunque, la neta, ni vendiéndote vales cincuenta mil.

Dulce cerró la llave. Las manos se le quedaron encima del lavabo, escurriendo. Habían sido quinientos mil, y eso no se lo iba a decir ni muerta.

Se secó con una toalla de papel, sin prisa, y la tiró al bote. Luego se enderezó con todo su metro sesenta.

—Mi mamá ya está operada y en un cuarto VIP. —Lo dijo tranquila, casi amable—. Tú dile a la tuya que se cuide: se quedó con la basura que la mía tiró.

Yesenia se puso roja hasta el cuello y levantó la mano.

La última vez que alguien de esa casa le había levantado la mano, Dulce no había alcanzado a detenerla. Esta vez sí. La agarró de la muñeca a medio camino y apretó.

—No me busques, Yesenia, que yo no tengo la paciencia de mi mamá. —Se acercó un poco—. Te vuelo la nariz operada y el relleno también.

Yesenia jaló el brazo y Dulce la soltó. Yesenia agarró su bolsa del lavabo, se le cayó el labial, no lo recogió, y salió dando un portazo.

Afuera, pegadas a la pared, había tres edecanes. Una se tapaba la boca con las dos manos. Otra le levantó el pulgar a Dulce sin hacer ruido.

—¿Neta le dijiste lo del relleno? —susurró la tercera cuando Dulce salió.

—Se lo dije.

—Ay, no. Te amo. —La muchacha soltó la carcajada que venía aguantando—. Desde las siete nos trae de sus sirvientas. Que tráeme agua, que quítate de mi luz.

—Y que ella es de confianza del licenciado —dijo la del pulgar, imitando la voz.

Dulce se rio con ellas. Le temblaban las rodillas. Regresó un momento al espejo, se revisó el labial, que seguía en su lugar, y salió detrás de las otras.

* * *

El uniforme era un vestido morado, escotado y tan corto que no había forma de sentarse con él. Dulce se lo jalaba para abajo cada treinta segundos.

—Ya, mija. —Karla le quitó la mano del dobladillo sin mirarla, anotando algo en su tabla—. Por más que la jales, no crece.

—Es que se me ve todo.

—Se te ve lo que se les ve a todas.

—A las demás les queda flojo.

—Porque no tienen con qué llenarlo. —Karla por fin levantó la vista—. Tú sí. No es delito.

Dulce pensó en don Casimiro, que la había recomendado, y en Karla, que la había contratado por una foto de WhatsApp. Se acomodó el escote hasta donde se dejaba y se subió al stand.

El stand de Grupo Hinojosa era el más grande del salón: tres carros plateados girando en plataformas, pantallas del tamaño de una pared y una fila de edecanes enfrente, sonriendo. Dulce se fue derechito a la última fila, detrás de una muchacha altísima. Ahí, con las luces de frente y ella con sus caderas, iba a salir en las fotos como tamal. Mejor atrás. Duró veinte minutos ahí.

Un señor de lentes, con chaleco de fotógrafo y una cámara con lente de trompa, se salió del montón que estaba retratando los carros y le dio la vuelta al stand. Se paró justo en la orilla, donde nadie más estaba viendo, y le tomó una foto, y luego otra. Después se volteó hacia su grupo.

—¿Ya vieron a la joya escondida?

En dos minutos había como cuarenta personas amontonadas en esa esquina. Celulares arriba, cámaras de trompa, un muchacho con un aro de luz. Alguien chifló.

—¡La de atrás, la de atrás!

Dulce se agachó detrás de la muchacha altísima. El presentador del stand, micrófono en mano, siguió las cámaras con la mirada y se le prendió el foco.

—¡A ver, a ver, la señorita de atrás! ¡Pásele para acá, que la están pidiendo!

—¡Es que la tenían escondida! —gritó el de lentes, sin bajar la cámara.

—¡Ya la vimos, carnal, ya la vimos! —El presentador se rio en el micrófono—. ¡Ándele, señorita, no sea mala!

Karla, desde abajo, le hizo una seña con la cabeza: ve. Dulce caminó hacia el frente con la sonrisa pegada con resistol. Yesenia estaba en la primera fila. Cuando la vio venir, dio un paso de lado, giró la cadera y se plantó justo entre ella y las cámaras, con una mano en la cintura y la cara de tres cuartos que usaba en TikTok.

—¡Quítate, tú no! —gritó alguien.

—¡La otra, la otra!

Yesenia se quedó tiesa. Se hizo a un lado despacio y se acomodó el pelo, haciéndose la que ya se iba a mover de todos modos. Dulce quedó sola al frente, con el carro girando detrás y cuarenta lentes apuntándole a la cara, y sonrió, esta vez de verdad.

Entonces lo vio: un muchacho en la orilla de la gente, más alto que todos, con una camisa blanca y la cara seria. No traía cámara ni celular y no le estaba viendo el carro; la veía a ella, fijo.

Dulce hizo memoria y no lo ubicó. Él movió los labios; con la música no se oía nada, pero ella lo leyó clarito.

¡Eres tú!

Y empezó a abrirse paso entre la gente, directo hacia el stand.

1
Marisel Rio
💕💕💕🤣🤣🤣cuando se entere quien es el ricachon 🤣🤣🤣🤣🤣
Hilda Estrada
hermosa historia escritora: gracias, 🥰👍
Hilda Estrada
cuánto odio, desgracia x que?😡
Hilda Estrada
Ese señor, para eso la buscó tantos años, para amargarle la vida xD 😡
Jessica
Dios mío yo creo q el se enamora de ella
Jessica
yo ubiese sabido q uno podía vender la virginidad no se la ubiese dado al lempo q se la regale
Miriam Colín: /Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/
total 1 replies
Jessica
hay Dios mio
Jessica
uno necesitado de plata hace cualquier estupides
Hilda Estrada
Dulce, ya eres adulta, decide x ti, si lo amas lucha x el, tus papás ya vivieron su vida😡
Hilda Estrada
x que los papás arrastran a su hija de sus problemas con la familia de Andrés, que feo, los hijos no tienen la culpa 😡
Maria Consuelo Rodriguez Berriz
Pobre niña todo lo que paso por su mam'a
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play