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Relación Secreta

Relación Secreta

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Amor prohibido
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Un amor secreto

Esta historia habla de un amor secreto entre Ariel, hijo de Santiago, y Kiara Emelyn, hija de Nicole y Gabriel. Desde pequeños crecieron juntos porque sus padres son mejores amigos y siempre les hicieron creer que eran como primos. Al cumplir 15 años, ambos comienzan a descubrir que lo que sienten va mucho más allá de una amistad. Sin embargo, ninguno se atreve a confesarlo por miedo a la reacción de sus familias. Entre miradas escondidas, mensajes secretos y momentos compartidos, Ariel y Emelyn intentarán entender sus sentimientos mientras mantienen su amor en secreto. ¿Podrán algún día contar la verdad?

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: Una pelea más

Narra Ariel

Llegué al apartamento bastante mareado. El agua que me había dado el hombre del bar no había servido de mucho. Caminaba por el pasillo tratando de mantenerme derecho, mientras buscaba las llaves en el bolsillo.

Cuando abrí la puerta, vi a Lucía sentada en el sofá.

Estaba esperándome.

Apenas me vio, se levantó.

—¿Qué horas son estas de venir, Ariel?

Cerré la puerta y respiré profundo.

—Ay, no, parce... usted sí es tan cansona, ombe.

Lucía me miró sorprendida.

—¿Perdona?

—Que estoy cansado, pues. No empecés con el interrogatorio.

—¿Interrogatorio? ¡Llevo horas esperándote! No sabías ni siquiera decirme dónde estabas.

—¿Y qué? ¿Ahora tengo que pedirte permiso para salir?

—No se trata de eso. Se trata de que vivimos juntos y podrías tener un poco de consideración.

Solté una risa.

—¿Consideración? ¿Vos hablás de consideración?

—Sí, hablo de consideración.

—Pues vos tampoco sos precisamente un ejemplo de tranquilidad, Lucía.

Ella cruzó los brazos.

—Siempre haces lo mismo. Cuando no quieres hablar de algo, te enfadas.

—Porque me tenés mamado con lo mismo todos los días.

—¿Con qué?

—Con tus reclamos, tus preguntas, tus celos... ¡Con todo, pues!

Lucía se quedó callada durante unos segundos.

—¿Estás borracho?

—Estoy mareado, sí.

—Eso no te da derecho a hablarme así.

—No estoy diciendo que me dé derecho a nada. Estoy diciendo que estoy cansado.

—Yo también estoy cansada, Ariel.

—Pues entonces dejame quieto.

—No puedo dejarte quieto cuando llegas así a casa.

Me pasé una mano por la cara.

—¡Parce, no quiero pelear!

—Pues estás buscando una pelea.

—¡No estoy buscando nada!

Mi voz hizo que Lucía retrocediera un poco.

Respiré profundamente.

—Mirá, Lucía... hoy tuve un día horrible.

—¿Por Emely?

Me quedé en silencio.

Ella lo notó inmediatamente.

—Es por ella otra vez.

—No empecés.

—Siempre es ella.

—¡Que no empecés, te estoy diciendo!

—¿La sigues queriendo?

La pregunta me dejó quieto.

Miré hacia otro lado.

—Eso no importa ahora.

—Sí importa.

—No quiero hablar de eso.

—Pues yo sí quiero.

Me senté en el sofá.

—Lucía, estoy mamado de vivir peleando.

Ella se sentó frente a mí.

—Entonces dime qué quieres.

No respondí.

—Ariel, mírame.

Levanté la mirada.

—No sé qué quiero.

—¿Quieres estar conmigo?

Me quedé callado.

—¿Ves? Nunca puedes responderme.

—Porque no tengo una respuesta, ¿sí? ¡No la tengo!

Lucía comenzó a llorar.

—Eso es lo que más me duele.

La miré y sentí que la rabia que tenía se estaba convirtiendo en cansancio.

—No quería hacerte llorar.

—Pero lo haces continuamente.

Bajé la cabeza.

—Perdón.

Ella se limpió las lágrimas.

—No quiero seguir viviendo así.

Yo tampoco quería.

Me levanté lentamente.

—Voy a acostarme.

—¿Y ya?

—Lucía, por hoy no puedo más.

Caminé hacia la habitación.

Antes de entrar, me detuve.

—Mañana hablamos cuando esté bien.

Ella no respondió.

Entré y cerré la puerta.

Me quedé sentado al borde de la cama, mirando el suelo.

La cabeza me daba vueltas, pero había algo que tenía completamente claro.

No podía seguir escapando.

Ni de Emely.

Ni de mi hija.

Ni de las decisiones que había tomado.

Y tampoco podía seguir haciendo daño a Lucía solamente porque yo todavía no sabía qué hacer con mi propia vida.

Aquella noche entendí que nuestra relación estaba llegando a un punto en el que ya no bastaba con pedir perdón.

Algo tenía que cambiar.

1
Matilde Pinela
tardo demaciado en darce cuenta cuánto ama ala madre de su hija
Maryiset Inglese
tan fácil y rápido le diste la oportunidad.. después de todo lo que hizo
Tere Jimenez
muy interesante la novela ojalá y nos regalen más capítulos
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