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La esposa muda del jefe de la mafia

La esposa muda del jefe de la mafia

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Amor tras matrimonio / Arrogante / Mafia / Novia sustituta / Ascenso de clase social / Enfermizo / Romance oscuro
Popularitas:10.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Durante quince años, Paloma Linares vivió encerrada en un ático porque su familia consideraba su silencio una vergüenza. La noche en que su gemela huye de su propia boda, la visten de novia y la entregan en su lugar.
Su esposo es Alejandro Iturralde: heredero de un imperio millonario, supuesto paralítico y el hombre más temido de la Ciudad de México. Ante la prensa dirige hoteles y constructoras. En las sombras manda la Casa Iturralde, una organización en la que nadie desobedece al jefe dos veces.
Cuando se cierran las puertas de la recámara, Alejandro la llama por el nombre de su hermana… y se levanta de la silla de ruedas.
Paloma solo alcanza a escribirle tres palabras en la palma:
NO SOY ELLA.
Él descubre la sustitución, pero en vez de devolverla decide conservar a la esposa que nunca pidió. Lo que empieza como una trampa se convierte en una obsesión ardiente, peligrosa y cada vez más difícil de ocultar.
Pero Paloma no piensa cambiar el ático de sus padres por una jaula de oro. Entre noches incendiarias, una guerra por el control de la Casa y un embarazo que puede convertirla en el blanco de todos sus enemigos, ella tendrá que encontrar su propia voz. Y Alejandro descubrirá que puede poner de rodillas a una ciudad entera, pero no puede darle órdenes al corazón de su esposa.
El hombre al que todos obedecen tendrá que aprender a escuchar a la única mujer que no puede hablar.

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Capítulo 10

Capítulo 10: Señora Iturralde

A las diez de la mañana, Nana Toña le llamó a la Torre desde la despensa, en voz baja: la señora Beatriz acababa de dejar en la casa a una muchacha con maleta, y la muchacha no parecía de visita. Alejandro canceló su última junta y regresó a Bosque Alto a media tarde. Fermín lo bajó de la Suburban y lo empujó en la silla hasta la sala, porque delante de una extraña él seguía siendo un hombre que no caminaba.

La muchacha se puso de pie en cuanto lo vio y le tendió la mano con mucha seguridad.

—Xiomara Morán, pero todos me dicen la señorita Morán.

—Aquí es Xio —la corrigió Nana desde la cocina—, y trabaja.

Xio se rio como si fuera una broma y le contó, sin que nadie se lo preguntara, que ella había cuidado a Palo en el ático desde chiquitas. Que era la única que le entendía, porque le leía los labios y decía en voz alta lo que Palo quería decir. Paloma asentía a su lado, con la mano de Xio agarrada entre las suyas. Alejandro llevaba doce días viéndola en esa casa y era la primera vez que le veía cara de alivio.

Por eso mismo desconfió. Beatriz no le mandaba regalos a su hija; la había vendido. Y cuatro días después de la comida en la casona, le metía en la casa a una muchacha de su confianza. Si la corría, Linares iba a buscar otra manera de meter a alguien, y esa vez él no sabría quién era.

—Que se quede. Nana, dale el cuarto de servicio.

Nana apretó la boca y fue a sacar sábanas limpias sin decir una palabra.

* * *

El viernes a mediodía, de regreso de una comida de trabajo, Alejandro le pidió a Fermín que no lo subiera todavía. Desde el entrepiso de la Torre, detrás del barandal de vidrio, se veía completo el mostrador de recepción, y ahí estaba Carmina golpeando el mármol con las uñas.

—Soy la señora Iturralde. Avise arriba.

La recepcionista era nueva y tenía en la pantalla el aviso que Ulises había mandado a todos los accesos el día anterior. Lo leyó y no se inmutó.

—Señorita Linares, su acceso está cancelado. A otro perro con ese hueso.

Veinte empleados hacían fila para el elevador, y ninguno disimuló muy bien. Carmina exigió hablar con el licenciado Cuevas. Ulises bajó un minuto después, acompañado de la jefa de Finanzas, que traía una hoja impresa y la leyó completa, en voz alta, delante de todo el lobby.

—Spa del Iturralde Reforma, cuarenta y dos visitas; una joyería en Masaryk; cenas para seis personas sin evento registrado… Doscientos ochenta mil pesos cargados a la cuenta de representación del licenciado que no corresponden a ningún evento. Se le solicita el reembolso en treinta días.

Ulises estiró la mano y pidió las tarjetas. Carmina buscó en la fila a alguien que la defendiera y solo encontró sonrisas. Terminó sacando las dos tarjetas, la del hotel y la adicional, y las aventó sobre el mostrador. Alejandro no sintió ninguna satisfacción. Solo pensó que Carmina había tardado demasiado en entender que en esa torre ya no era nadie.

En ese momento entró Paloma por la puerta principal, con una bolsa térmica en la mano. Se detuvo en seco al ver a su hermana en el mostrador. Ulises la vio y alzó la voz a propósito, para que se oyera en todo el lobby.

—Adelante, señora Iturralde.

Alejandro vio cómo Paloma enderezaba la espalda, apenas, igual que alguien que no está acostumbrado a que lo llamen por su nombre en voz alta. Antes de seguir a Ulises, ella levantó la bolsa térmica, señaló a Carmina y apuntó hacia arriba: la estaba invitando a comer. Carmina le dio la espalda y se fue sin contestar.

Arriba, en su oficina, Paloma le sirvió arroz, calabacitas y pollo en salsa verde en el escritorio y le enseñó el pizarrón.

*Nana dice que no has comido bien.*

Después se sentó con su propio recipiente en el sofá del otro extremo de la oficina. Él mismo le había prohibido comer en su mesa, y ella cumplía la regla hasta en la Torre. A la mitad de la comida se levantó, cruzó la oficina y le puso otra vez el pizarrón delante.

*Es mi hermana. Trátala bien, por favor.*

Alejandro no lo entendía. Cinco días antes, Carmina le había dicho algo al oído que la dejó sin color en la cara, y ahora ella venía a pedir por su hermana. Se rio sin ganas, bajó la vista al plato y no le contestó. A las cinco, Ulises le pasó tres capturas de pantalla: en el chat interno de la Torre ya circulaba que le habían leído la cuenta a la Linares en el lobby y que la señora de verdad traía la comida en termo, y en un grupo de amigas de su madre ya le decían a Carmina la Iturralde de acrílico.

* * *

A Xio le bastó un fin de semana para mostrar quién era. El sábado en la comida se inclinó hacia él con una sonrisa.

—La señora dice que se le pasó la sal a la sopa, señor, y que la disculpe. ¿Verdad, Palo?

Paloma no había escrito nada ni movido las manos. Se quedó mirando a Xio con el ceño fruncido, como si no reconociera algo. Alejandro sí lo reconoció: la muchacha hablaba por ella aunque ella no hubiera dicho nada.

Esa noche Nana entró al estudio con dos noticias. En la mañana había encontrado a Xio revolcándose en la cama de la recámara principal y la había sacado de ahí jalándola del brazo.

—Le dije: usted aquí es empleada, niña. —Nana cruzó los brazos—. Y hace rato la agarré aquí, mijo, hojeando tu carpeta azul. Según ella, andaba buscando un cargador.

El domingo temprano, Ulises le mandó lo que había encontrado. El padre de Xio, Efraín Morán, había trabajado años para los Linares, y su empresa, Cosméticos Vitalia, había empezado con un préstamo de Rogelio Linares. La amiga del ático era una empleada de Linares con otro uniforme. Venía a revisar sus papeles y, si podía, a subirse a su cama.

Al mediodía, Xio le ganó los puños de la silla a Fermín.

—Yo lo llevo al comedor, señor.

Alejandro jaló el freno. La silla se clavó en el piso y Xio chocó contra el respaldo.

—¿La hija del dueño de Cosméticos Vitalia empujando sillas? —dijo sin voltear—. Qué humildad.

A Xio se le borró la sonrisa por primera vez desde que había llegado. Alejandro podía sacarla de la casa esa misma tarde, pero no lo hizo. Quería ver qué hacía Paloma cuando se diera cuenta de que su única amiga había venido a espiarla.

* * *

El lunes a la hora de la cena, la mesa estaba puesta para uno, igual que todas las noches. Paloma llenó su plato en la cocina y se dirigió al banco junto a la estufa, cumpliendo la regla de él.

Xio no la siguió. Rodeó la mesa hasta el otro extremo, donde estaba la silla que nadie ocupaba desde que él vivía ahí: el lugar de la señora de la casa. Corrió la silla, se sentó y cruzó las manos sobre el mantel. En la puerta de la cocina, Paloma se quedó inmóvil con el plato en las manos.

Xio levantó la vista hacia él y sonrió.

—Alguien tiene que acompañarlo a cenar, ¿no, señor?

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ERICA ESTRADA PEREZ
estos niños en esta familia les gusta que llueva
ERICA ESTRADA PEREZ
siempre tuvo una preferida 💔
ERICA ESTRADA PEREZ
Ya fue y cerraste la cortina como si fuera una extraña
ERICA ESTRADA PEREZ
ella puede a legar que la corriste y que no sabía que estaban casados todavía y aparte ahy testigos ya que su mamá de él no deja decir que es divorciado
ERICA ESTRADA PEREZ
mala combinación de palabras
ERICA ESTRADA PEREZ
era lo mejor si bebe con esa familia y el esposo que no le da su lugar iba a sufrir más tal vez ni se logre si se queda
ERICA ESTRADA PEREZ
que se vall de viaje es lo que ella necesita es encontrarse a ella misma nunca tuvo salidas con amigas, novios, y sino arreglan esto va terminar mal
ERICA ESTRADA PEREZ
si ese matrimonio sigue igual desconfianza más de el que no le da su lugar como ejemplo el carro se baja y me voy con mi esposa va terminar mal 💔
ERICA ESTRADA PEREZ
sería al revés ya que ella nunca la atratratado ni como nuera y menos hija, aparte ni la invitó osea que como suegra está fallando
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