Guillermo Lombardi. Heredero único del consorcio naviero más grande de europa, una noche tras un accidente catastrófico fue salvado por alguien que no logro ver su rostro con claridad.
En su desesperación por encontrarla el destino le hizo una mala jugada que no fue capaz de reconocerla cuando la tuvo enfrente.
Acompañe en está nueva obra. Encontrará Guillermo a la chica que lo salvó esa noche, o terminará casándose con la equivocada.
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Él estaba ahí
Los días siguientes, Guillermo comenzó a notar detalles.
El modo en que reaccionaba ante sirenas lejanas.
La forma en que una vez, al pasar por la carretera donde ocurrió el accidente, su respiración cambió sutilmente.
Nada era prueba.
Pero todo era indicio.
Una tarde, el señor Montemayor le pidió que esperara fuera del despacho mientras él e Isabella discutían algo con tono elevado.
A través de la puerta entreabierta, Guillermo escuchó fragmentos.
—No fue prudente lo que hiciste esa noche —dijo la voz del padre.
Silencio.
—Podría haberte puesto en peligro.
El corazón de Guillermo comenzó a latir con fuerza descontrolada.
—No podía dejarlo morir —respondió Isabella.
El mundo pareció detenerse.
No podía dejarlo morir.
No mencionaron nombre.
No mencionaron detalles.
Pero fue suficiente.
Guillermo sintió que el suelo bajo sus pies cambiaba.
No era una fantasía.
No era una coincidencia.
Era ella.
Isabella Montemayor fue la mujer que se inclinó sobre él en la oscuridad, la que llamó a emergencias y se marchó justo después que llegaron las ambulancias.
Esa noche, al llevarla a un evento, la miró por el espejo con una mezcla de gratitud y algo más profundo.
Ella no sabía quién era él.
No sabía que el hombre al volante era el mismo que semanas atras se habían comprometido.
Y él ahora enfrentaba una decisión.
Revelarse.
Seguir observando, o revelar su identidad.
Isabella no actuó por estrategia aquella noche.
Actuó por humanidad.
Y eso lo cambiaba todo.
Mientras el automóvil avanzaba bajo las luces de la ciudad, Guillermo comprendió que su investigación había terminado.
Pero su verdadero conflicto apenas comenzaba.
Porque ahora ya no buscaba a la mujer que lo salvó.
La había encontrado.
La noticia de su desaparición comenzó como un rumor contenido en círculos empresariales cerrados. Luego se filtró. Después explotó.
“¿Dónde está Guillermo Lombardi?"
En la mansión Montemayor, el ambiente cambió de inmediato.
El teléfono del señor Montemayor no dejó de sonar desde el amanecer. Socios, conocidos, periodistas disfrazados de amigos preocupados.
Claudine caminaba de un lado a otro con la elegancia rígida de quien intenta controlar lo incontrolable.
—Esto es inaceptable —murmuró ella, con el rostro tenso—. Nadie desaparece así sin afectar a todos.
Pero el verdadero impacto no era empresarial.
Era social.
Si Guillermo estaba desaparecido, cualquier alianza que girara en torno a su figura quedaba suspendida.
Y en una casa donde cada movimiento era calculado, la incertidumbre era sinónimo de caos.
Isabella se mantenía más silenciosa que el resto.
No lloraba.
No dramatizaba.
Pero su quietud no era calma.
Era concentración.
—¿Han confirmado algo? —preguntó por tercera vez esa mañana.
—Nada —respondió su padre, frustrado—. Ni su familia sabe dónde está. No contesta llamadas. No se presentó a la última junta directiva.
Isabella apretó los labios.
Una parte de ella comprendía algo que nadie más parecía considerar.
Guillermo no era un hombre que huyera sin motivo.
Si había desaparecido, era por decisión.
Y esa decisión tenía un propósito.
Mientras el caos aumentaba en el interior de la casa, en el exterior todo parecía igual.
El jardín seguía impecable.
Los vehículos alineados.
El nuevo chofer esperando instrucciones.
"Daniel Rivera."
El hombre que llevaba semanas trabajando en silencio, observando, escuchando.
Guillermo, oculto tras barba y lentes oscuros, sentía el peso extraño de escuchar su propio nombre repetido en tono alarmado dentro de la casa donde él mismo estaba presente.
—Es irresponsable.
—Es preocupante.
—Es sospechoso.
Cada palabra lo golpeaba con ironía.
Estaba allí.
Y nadie lo sabía.
Pero el caos no era fingido.
Era real.
La desaparición había alterado equilibrios invisibles.
Socios inseguros.
Rumores sobre salud mental.
Especulaciones sobre quiebras inexistentes.
Isabella salió al jardín al mediodía, buscando aire.
Guillermo estaba junto al automóvil, revisando el parabrisas con movimientos lentos y medidos.
La vio acercarse, pero no levantó la mirada de inmediato.
—¿Alguna instrucción, señorita? —preguntó con tono neutro.
Isabella negó suavemente.
—No. Solo… necesito un momento.
Se sentó en uno de los bancos de piedra.
Por primera vez desde que él trabajaba allí, su postura no era estratégica.
Era vulnerable.
—¿Ha escuchado las noticias? —preguntó de pronto, sin mirarlo.
Guillermo sintió el pulso acelerarse.
—Algo, señorita.
—Dicen que desapareció.
La palabra flotó entre ambos.
Desapareció.
Él quería decirle que no estaba perdido.
Que estaba allí.
Que todo tenía un sentido.
Pero guardó silencio.
—A veces —continuó ella, casi para sí misma— las personas no desaparecen… solo dejan de ser quienes los demás esperan.
Guillermo levantó la mirada lentamente.
Esa frase era demasiado cercana a la verdad.
Isabella suspiró y volvió a entrar a la casa.
El caos siguió creciendo durante la tarde.
Reuniones improvisadas.
Puertas que se abrían y cerraban con más fuerza de lo habitual.
La madrastra de Lucía, Claudine—siempre alerta ante cualquier movimiento que pudiera alterar su tablero social— apareció en la sala con excusa de “preocupación”.
Su presencia solo intensificó la tensión.
—Esto cambia muchas cosas —comentó con voz baja pero cargada de significado.
Isabella la miró con frialdad contenida.
—No sabemos nada aún.
—Precisamente —respondió Claudine—. Y la incertidumbre es peligrosa.
Guillermo escuchaba desde el pasillo mientras esperaba órdenes.
El ambiente estaba saturado.
Pero entre todo ese ruido, algo llamó su atención.
Una figura al fondo del corredor.
Lucía.
Claudine
Que pensará y hará Isabella porque sus planes se le están escapando de sus manos 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Guillermo termina de una vez en decirle a Lucia que le gustas que estás babeando 🤤🤤🤤 por ella.
Lucia a medida que vas leyendo cada documento te das cuenta que la fortuna que dejo tu madre es mayor de lo que tu imaginabas.
Que paso Isabella tu orgullo está herido porque Guillermo Lombardi termino lo que nunca empezó bien y ahora lo quieres comprometer sutilmente ojalá que se de cuenta y no te siga el juego.
Claudine zorra vieja le estás preparando según tu idea el vestido, las joyas y que es lo que tiene que hacer Isabella para que quede Guillermo comprometido socialmente y no pueda salirse sin armar un escándalo.
Que mentira le dirán a Armand Valois 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓
Todos los planes que tenían las víboras se les fue por el caño de casar a sus hijas con magnates para seguir aparentando en sociedad.
Guillermo que harás con esa verdad de que fue Lucia quien te salvó esa noche y no Isabella 🤔🤔🤔❓❓❓❓