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Matrimonio Destinado:Consentida Por Mi Multimillonario

Matrimonio Destinado:Consentida Por Mi Multimillonario

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / CEO
Popularitas:605
Nilai: 5
nombre de autor: Pamela Agustina Iglesias OG

Segunda parte

Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.

Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️

NovelToon tiene autorización de Pamela Agustina Iglesias OG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6 — La voz detrás de la puerta

La puerta comenzó a abrirse lentamente.

Isabella permaneció inmóvil.

A su lado, el verdadero Alexander no apartaba la mirada de la entrada.

—No abras —susurró.

Damián se colocó frente a Isabella y Valentina.

—Todos atrás.

La puerta se abrió unos centímetros más.

—Alexander… —volvió a escucharse desde el pasillo—. Sé que estás ahí.

El verdadero Alexander palideció.

—Esa no es mi voz —dijo.

—Pero suena exactamente igual —respondió Valentina.

Damián miró hacia la puerta.

—Eso es lo que quieren.

—¿Qué cosa? —preguntó Isabella.

—Que pensemos que Alexander está involucrado.

Entonces Damián tomó el teléfono y llamó a seguridad.

Esta vez alguien respondió.

—¿Señor Blackwood?

—Bloqueen todos los accesos al edificio. Hay una persona en el tercer piso.

—¿Descripción?

Damián miró hacia la puerta.

—No sabemos quién es.

De repente, la voz volvió a escucharse.

—Isabella, abre.

Ella sintió un escalofrío.

La persona sabía su nombre.

—¿Cómo sabe que estamos aquí? —preguntó Valentina.

Alexander respondió:

—Porque probablemente nos estaba escuchando desde antes.

---

Damián hizo una señal.

Alexander apagó todas las luces de la habitación.

La puerta permaneció entreabierta.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Después, una sombra pasó frente a la abertura.

Damián salió rápidamente.

Se escucharon pasos apresurados por el pasillo.

—¡Por aquí! —gritó.

Isabella y Valentina permanecieron juntas.

Unos segundos después, Damián regresó.

—Se escapó.

—¿Cómo? —preguntó Isabella.

—Había una salida de emergencia.

Alexander cerró la puerta.

—¿Encontraste algo?

Damián mostró un pequeño dispositivo.

—Esto.

Era un aparato del tamaño de una moneda.

Valentina lo observó.

—¿Qué es?

—Un modulador de voz.

Isabella comprendió.

—Entonces la persona estaba usando una grabación de Alexander.

—Exactamente.

Alexander apretó los puños.

—Quieren incriminarme.

—Y casi lo consiguen —dijo Isabella.

---

Damián volvió a la mesa.

La fotografía de Victoria Blackwood seguía allí.

La tomó.

—Tenemos que descubrir quién es realmente mi abuela.

—¿Crees que sigue viva? —preguntó Isabella.

—Después de todo lo que encontramos, ya no puedo asumir que nadie esté muerto.

Alexander observó la fotografía.

—¿Quién es la mujer que está junto a ella?

Damián señaló a la persona que aparecía detrás.

—No lo sé.

Isabella tomó la fotografía.

La examinó cuidadosamente.

—Espera.

—¿Qué viste?

Isabella señaló un detalle.

En la pared del fondo aparecía un cuadro.

Un escudo.

—Ese lugar…

Damián se acercó.

—¿Lo reconoces?

—Sí.

Isabella señaló el escudo.

—Está en la antigua propiedad de mi familia.

Todos guardaron silencio.

---

—Entonces la fotografía fue tomada allí —dijo Valentina.

—Sí —respondió Isabella.

Damián revisó el reverso.

Había una fecha.

17 de octubre de 2004.

Alexander frunció el ceño.

—Eso fue hace más de veinte años.

—Y significa que Victoria estuvo en nuestra propiedad —dijo Isabella.

—¿Por qué? —preguntó Valentina.

Damián respondió:

—Para reunirse con nuestros abuelos.

Isabella recordó la carta.

La frase volvió a su cabeza:

“Busca a la persona que tenga la segunda mitad del símbolo.”

—Tenemos que volver a la casa.

---

La antigua propiedad estaba vacía cuando llegaron.

El lugar parecía exactamente igual que años atrás.

Isabella encendió las luces de la biblioteca.

—La fotografía fue tomada aquí.

Damián observó las paredes.

—¿Dónde está el cuadro?

Isabella señaló una pared.

—Ahí.

El cuadro ya no estaba.

En su lugar había una marca rectangular.

—Lo retiraron —dijo Alexander.

Damián se acercó.

—¿Cuándo?

—No lo sé.

Isabella recorrió la habitación con la mirada.

—Mi abuelo nunca habría permitido que retiraran ese cuadro.

Valentina señaló el suelo.

—Entonces quizá no lo retiraron.

Todos la miraron.

—¿Qué quieres decir?

—Miren el polvo.

Había una marca reciente.

Como si alguien hubiera movido un mueble pesado.

Damián apartó una estantería.

Detrás había una pequeña puerta.

—Otra habitación secreta —dijo Isabella.

---

La puerta estaba cerrada.

Damián utilizó la segunda llave que habían encontrado.

La cerradura cedió.

Dentro había una habitación pequeña.

Había documentos antiguos, cajas y varios archivadores.

Pero lo que llamó la atención de Isabella fue una pared llena de fotografías.

Había fotografías de su familia.

De la familia Blackwood.

De Mónica.

De Alexander.

Y algunas de ella misma.

—Nos han estado vigilando durante años —murmuró.

Damián se acercó.

—No todas son antiguas.

Señaló una fotografía.

Isabella aparecía saliendo de la Fundación Aurora.

La imagen había sido tomada apenas dos semanas antes.

—Esto es reciente.

Alexander observó otra.

—También hay fotos mías.

Valentina encontró una carpeta.

—Aquí hay nombres.

La abrió.

Dentro había información sobre cada uno de ellos.

Isabella tomó aire.

—¿Quién hizo esto?

Damián revisó las últimas páginas.

—No hay firma.

Entonces Isabella encontró una hoja doblada.

La abrió.

Solo decía:

“Cuatro personas. Dos familias. Un heredero.”

Debajo había cuatro nombres:

Isabella Iglesias.

Damián Blackwood.

Alexander.

Victoria Blackwood.

Isabella miró a Damián.

—¿Por qué nosotros cuatro?

—Porque somos las personas conectadas con el secreto original.

---

En ese momento, escucharon un ruido afuera.

Todos se quedaron quietos.

—¿Otra vez? —susurró Valentina.

Damián apagó las luces.

Esperaron.

Una sombra apareció bajo la puerta.

Después desapareció.

Damián salió.

—¡Alto!

Se escucharon pasos alejándose.

Alexander corrió detrás de él.

Isabella y Valentina permanecieron en la habitación.

Entonces Isabella vio algo.

La persona que había escapado había dejado caer un sobre.

Lo tomó.

Tenía escrito:

“Para la señora Blackwood.”

Isabella abrió los ojos.

—Señora Blackwood…

Era la primera vez que alguien se dirigía a ella de esa manera.

Abrió el sobre.

Dentro había una fotografía.

Esta vez no aparecía Damián.

Aparecía una mujer.

Isabella la reconoció inmediatamente.

—Victoria.

Pero detrás de ella había un hombre.

Un hombre que Isabella jamás había visto.

En la parte inferior de la fotografía había una fecha.

2026.

Isabella sintió un escalofrío.

—Está viva.

---

Damián regresó unos minutos después.

—¿Qué pasó?

Isabella le entregó la fotografía.

Damián la observó.

Su expresión cambió.

—No…

—Es Victoria.

—Sí.

—Está viva.

Damián no respondió.

Alexander se acercó.

—¿Quién es el hombre que está con ella?

Damián amplió la fotografía.

Su rostro se volvió completamente serio.

—No puede ser.

—¿Quién? —preguntó Isabella.

Damián señaló al hombre.

—Mi padre.

Isabella respiró profundamente.

—Entonces la fotografía confirma que ambos están vivos.

Damián asintió.

—Y están juntos.

---

Valentina encontró otro papel dentro del sobre.

—Hay algo más.

Se lo entregó a Isabella.

Era una dirección.

Y debajo aparecía una hora.

Mañana — 22:00.

Isabella miró a Damián.

—Quieren que vayamos.

—Probablemente.

—¿Vamos?

Damián negó.

—No sin saber quién está detrás de esto.

Alexander intervino:

—Quizás no quieren que vayamos.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Isabella.

—Quizás quieren que pensemos que Victoria y tu suegro están detrás de todo.

Damián permaneció pensativo.

—Tiene sentido.

Isabella miró nuevamente la fotografía.

—Entonces tenemos que descubrir quién la tomó.

---

Esa noche regresaron a la ciudad.

Antes de separarse, Damián llamó a Isabella.

—Necesitamos hablar.

—¿Sobre qué?

—Sobre el contrato.

Isabella se puso seria.

—¿Qué pasa?

Damián sacó una copia.

—Hay una cláusula que no habíamos notado.

Isabella la leyó.

Sus ojos se abrieron.

—¿Qué significa esto?

Damián respondió:

—Si alguno de los dos rompe el contrato antes de tiempo, la otra persona obtiene el control sobre el patrimonio protegido.

Isabella levantó la mirada.

—¿Mi patrimonio?

—Sí.

—Entonces si yo rompo el contrato…

—Yo tendría el control de una parte de tus bienes.

Isabella lo miró con desconfianza.

—Eso cambia todo.

—Lo sé.

—¿Por qué no lo viste antes?

—Porque la cláusula fue agregada a la copia que firmamos.

Isabella quedó inmóvil.

—¿Qué?

Damián sacó otro documento.

—Esta es la versión original.

La comparación era clara.

La cláusula no estaba.

Isabella sintió un nudo en el estómago.

—Alguien modificó nuestro contrato.

Damián asintió.

—Y solo pudo hacerlo después de que lo firmamos.

---

Isabella miró el documento.

—Entonces alguien tiene acceso a nuestros archivos.

—Sí.

—Y sabe exactamente qué estamos haciendo.

—Sí.

—Y además conoce nuestros movimientos.

Damián guardó silencio.

Isabella finalmente entendió.

—Tenemos un infiltrado.

—Eso parece.

—¿En Blackwood?

—O en Aurora.

Isabella miró hacia la ventana.

La ciudad estaba completamente iluminada.

—Entonces no podemos confiar en nadie.

Damián asintió.

—A partir de ahora, cualquier información que descubramos la compartiremos únicamente entre nosotros.

Isabella lo miró.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—Incluso después de todo lo que pasó.

—Precisamente por eso.

---

Horas después, Isabella recibió un último mensaje.

No provenía del número desconocido de siempre.

Era otro.

“El contrato fue firmado.”

“La primera etapa terminó.”

“Ahora comienza la segunda.”

Isabella miró la pantalla.

Llegó un último mensaje:

“Mañana conocerás al verdadero heredero Blackwood.”

Isabella sintió que el corazón se le aceleraba.

Porque Damián era el único heredero que conocía.

O eso había creído hasta ese momento.

Y por primera vez se preguntó:

¿Y si Damián no era el único heredero de la familia Blackwood?

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