Rhyne es un guía omega de fuego, Rango F, descartado por el Imperio Aethelgard que teme su llama. Zarek Thorne es el centinela de hielo más poderoso —y más condenado— de su generación. Cuando un frenesí los enfrenta, el Sistema NEXUS-7 sella entre ellos una resonancia del 100%. Un lazo imposible. Un mariscal que nunca se arrodilla. Un guía que el mundo quiso apagar. Y una llama que, una vez encendida, no pide permiso para arder.
NovelToon tiene autorización de VICTOR CUETO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
EPISODIO 11: TREINTA DÍAS DE CENIZA
TREINTA DÍAS DE CENIZA
El búnker subterráneo olía a ozono y a sangre seca.
Rhyne estaba sentado en el borde de la camilla médica, con la mirada fija en las manos de Zarek. El Mariscal estaba inconsciente, su pecho subiendo y bajando con una respiración pesada y errática.
En la muñeca de Rhyne, el Sistema NEXUS-7 proyectaba un holograma rojo que parpadeaba en la penumbra:
-【CUENTA REGRESIVA: CONSUMO DEL ALMA】
-【TIEMPO RESTANTE: 29 DÍAS, 23 HORAS, 58 MINUTOS】
Rhyne apretó los puños. Bajo la piel de sus antebrazos, las venas doradas brillaban con una luz tenue, enfermiza. Cada latido de su corazón le recordaba que su propio poder lo estaba devorando por dentro.
Pero eso no era lo que le quitaba el sueño.
Lo que le aterraba era el hombre frente a él.
-【INTEGRIDAD MENTAL DEL SENTINELA: 89%... 92%...】
-【BLOQUEO DE MEMORIA: RESTAURADO PARCIALMENTE】
Zarek estaba despertando. Y con él, los recuerdos del Arquitecto.
Rhyne tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta. Se inclinó hacia adelante, posando una mano sobre el pecho de Zarek. El calor de su palma buscaba calmar el hielo que comenzaba a formarse en la piel del Mariscal.
—Zarek... —susurró Rhyne—. Estoy aquí.
Los párpados de Zarek temblaron.
Lentamente, se abrieron.
Rhyne contuvo el aliento. Esperaba ver los ojos blancos y vacíos del Arquitecto. Esperaba ver la frialdad de una máquina.
Pero los ojos que lo miraron eran grises. Grises, humanos, y llenos de un horror tan profundo que a Rhyne se le encogió el corazón.
Zarek miró la mano de Rhyne sobre su pecho. Luego, subió la vista a su rostro.
Y retrocedió.
Se arrastró hacia atrás en la camilla, chocando contra la pared metálica, con la respiración entrecortada. Se miró las propias manos, abriéndolas y cerrándolas, como si esperara verlas cubiertas de sangre.
—No... —jadeó Zarek, la voz rota, rasgada por el pánico—. No, no, no...
—Zarek, tranquilo —dijo Rhyne, intentando acercarse.
—¡No me toques! —gritó Zarek.
El grito fue tan violento que una onda de hielo estalló desde su cuerpo, congelando las sábanas, el suelo, y agrietando las paredes del búnker. Rhyne se detuvo en seco, el frío mordiéndole la piel.
Zarek se abrazó a sí mismo, enterrando el rostro entre sus rodillas, temblando como un niño asustado.
—Las jaulas... —susurró Zarek, su voz ahogada por el llanto—. Recuerdo las jaulas. Recuerdo los gritos. Recuerdo... a ti.
Rhyne sintió como si le hubieran arrancado el alma.
—Zarek...
—Te vi en el laboratorio —sollozó el Mariscal, levantando la vista. Sus ojos grises estaban inyectados en lágrimas, brillando con una culpa insoportable—. Tenías tres años. Llorabas porque te quemabas por dentro. Y yo... yo estaba detrás del cristal. Tomando notas.
El silencio en el búnker fue ensordecedor.
—Yo te creé para sufrir —dijo Zarek, la voz quebrándose en mil pedazos—. Mis manos... estas manos que te abrazaron anoche... son las mismas que diseñaron tu tortura. Soy un monstruo, Rhyne. Soy el Arquitecto.
—No —dijo Rhyne, firme.
Dio un paso adelante. El hielo crujió bajo sus botas.
—El Arquitecto no llora —dijo Rhyne, su voz suave pero inquebrantable—. El Arquitecto no siente culpa. El Arquitecto no me miró a los ojos y me dijo que era suyo.
—¡Pero los recuerdos son míos! —gritó Zarek, golpeando el suelo con el puño, agrietando el metal—. ¡Están en mi cabeza, Rhyne! ¡Siento el placer que sentía cuando te veía arder! ¡Siento la frialdad de decidir que eras un experimento fallido!
Zarek levantó la vista, y por un segundo, Rhyne vio el destello blanco del Arquitecto en sus pupilas. Pero duró solo un instante, ahogado por las lágrimas del hombre que lo amaba.
—Aléjate de mí —susurró Zarek, cerrando los ojos—. Por favor. Antes de que él despierte otra vez. Antes de que te haga daño.
Rhyne no se alejó.
Se arrodilló frente a la camilla, ignorando el hielo que le cortaba las rodillas, y tomó el rostro de Zarek entre sus manos.
El Mariscal intentó apartarse, pero Rhyne fue más fuerte. Sus pulgares, ardiendo con un calor suave y reconfortante, limpiaron las lágrimas de las mejillas de Zarek.
—Mírame —ordenó Rhyne.
Zarek abrió los ojos, tembloroso.
—Tú no eres él —dijo Rhyne, clavando sus ojos dorados en los grises—. Él te usó como un traje. Él se escondió en tu mente porque era un cobarde. Pero tú, Zarek Thorne, tú luchaste contra él. Tú me salvaste en la cabaña. Tú me marcaste.
—¿Cómo puedes amarme? —susurró Zarek, una lágrima cayendo sobre los dedos de Rhyne—. Sabiendo lo que hice.
—Porque el hombre que me torturó murió hace diez años —respondió Rhyne, inclinando la frente hasta que rozó la de Zarek—. Y el hombre que tengo enfrente es el único que me ha hecho sentir vivo.
El lazo del 100% palpitó entre ellos. No con deseo, sino con una empatía tan cruda y dolorosa que a ambos les faltó el aire. Zarek soltó un sollozo roto y se dejó caer contra el pecho de Rhyne, aferrándose a su camisa como si fuera su única ancla en un mar de locura.
Rhyne lo abrazó, enterrando sus dedos en el cabello blanco, mientras el fuego dorado de su cuerpo calmaba el hielo de la culpa de Zarek.
---
Desde la esquina del búnker, Cassian observaba la escena en silencio. Sus ojos de ceniza estaban oscuros, indescifrables.
Se acercó lentamente, sus pasos no hacían ruido sobre el hielo.
—Es conmovedor —dijo Cassian, su voz seca rompiendo el momento—. De verdad. Pero mientras ustedes se abrazan y resuelven sus traumas, el reloj sigue corriendo.
Rhyne levantó la vista, sin soltar a Zarek.
—¿Qué quieres decir?
Cassian señaló la muñeca de Rhyne.
-【TIEMPO RESTANTE: 29 DÍAS, 23 HORAS, 45 MINUTOS】
—El Arquitecto dijo que tu fuego dorado consume tu alma —explicó Cassian, cruzándose de brazos—. Pero se le olvidó mencionar un detalle. Cada vez que usas la Fusión Elemental, el reloj se acelera.
Rhyne miró sus manos. Las venas doradas habían avanzado un milímetro más hacia sus codos.
—Si no matas al eco del Arquitecto en la mente de Zarek antes de que se agote tu tiempo —continuó Cassian—, no solo morirás. Tu alma se convertirá en combustible. Y el Arquitecto usará tu energía para despertar por completo, sin necesidad de jaulas ni amnesias.
Zarek se tensó en los brazos de Rhyne. Levantó la cabeza, sus ojos grises endureciéndose, la culpa reemplazada por una determinación fría y letal.
—Entonces lo mataré —dijo Zarek, la voz ronca pero firme—. Entraré en mi propia mente y lo mataré.
—No puedes —interrumpió Cassian, negando con la cabeza—. Es tu mente. Él tiene el control del terreno. Si entras, te atrapará en un bucle de tus peores recuerdos hasta que tu cerebro se fríe.
Cassian miró a Rhyne.
—Pero tú sí puedes, hermano. Eres el Sujeto 01. Tu fuego es la única cosa en este mundo que puede quemar sus defensas psíquicas. Tienes que entrar en su mente. Tienes que cazarlo.
Rhyne miró a Zarek. El Mariscal asintió lentamente, apretando la mano de Rhyne.
—Hazlo —susurró Zarek—. Entra en mi cabeza. Encuentra a ese bastardo y quémalo hasta que no quede nada. No me importa si duele. No me importa si tengo que recordar cada pecado que cometí. Solo... no me dejes solo en la oscuridad.
Rhyne le sonrió, una sonrisa triste pero feroz.
—Nunca.
Rhyne se separó de Zarek y se puso de pie. Se giró hacia Cassian.
—Necesito que me mantengas a salvo. Si mi cuerpo se mueve, si el lazo se rompe mientras estoy dentro...
—Morirás. Lo sé —dijo Cassian, y por primera vez, una sombra de preocupación cruzó su rostro—. Me quedaré aquí. Nadie tocará tu cuerpo. Ni siquiera el Imperio entero.
Rhyne asintió. Se acercó a Zarek y le dio un beso rápido, profundo, que sabía a sal, a hielo y a promesas rotas.
—Nos vemos al otro lado, Mariscal.
Zarek cerró los ojos, recostando la cabeza en la camilla.
—Te espero, mi fuego.
Rhyne se sentó en el suelo, frente a Zarek. Cerró los ojos.
Respiró hondo.
Y activó el Sistema NEXUS-7.
-【PROTOCOLO DE INMERSIÓN PSIQUIÁTRICA: INICIADO】
-【OBJETIVO: ZAREK THORNE】
-【GUÍA: RHYNE】
-【ADVERTENCIA: ZONA HOSTIL. DEFENSAS PSIQUIÁTRICAS DE NIVEL APEX DETECTADAS.】
-【¿CONFIRMAR INMERSIÓN? SÍ / NO】
Rhyne presionó SÍ.
El mundo físico se disolvió en un destello de luz blanca.
---
Cuando Rhyne abrió los ojos, ya no estaba en el búnker.
Estaba de pie en un pasillo largo, infinito, con paredes de cristal y acero. El suelo era de mármol negro, tan pulido que reflejaba su propio rostro: ojos dorados, venas brillantes, expresión feroz.
Pero no estaba solo.
Al final del pasillo, sentado en una silla de metal, había un niño.
Tenía el pelo oscuro, la piel sucia, y los ojos brillando con un fuego anaranjado. Lloraba en silencio, abrazando sus propias rodillas.
Rhyne se detuvo en seco. El aire se le atascó en la garganta.
Era él.
Rhyne a los tres años. En el laboratorio.
De repente, las paredes de cristal a ambos lados del pasillo se iluminaron. Detrás de cada cristal, había una cámara de contención. Y dentro de cada cámara, había un niño.
Sujetos de prueba. Fallidos. Gritando mientras el fuego los consumía.
"Bienvenido a casa, Sujeto 01."
La voz del Arquitecto resonó en las paredes, en el suelo, en el techo. No venía de un lugar específico. Venía de todas partes.
Rhyne encendió sus llamas doradas, iluminando el pasillo.
—¡Sal de las sombras! —gritó Rhyne, su voz rebotando en el acero—. ¡Ven a enfrentarme!
El niño al final del pasillo levantó la vista.
Pero cuando sonrió, sus dientes eran afilados, y sus ojos se volvieron blancos.
"¿Enfrentarte?" se rió el Arquitecto, usando la voz del niño de tres años, una distorsión macabra y cruel. "Rhyne, mi niño... esto no es una pelea. Esto es un museo. Y tú... eres la exhibición principal."
Las puertas de las cámaras de contención comenzaron a abrirse, una por una.
Ciento doce niños. Ciento doce experimentos fallidos.
Todos con los ojos en blanco. Todos mirando a Rhyne.
Y todos empezaron a correr hacia él.