Valentina Montenegro a sus 27 años creyó que lo tenía todo: un matrimonio estable, una familia influyente y un futuro junto al hombre que amaba.
Durante siete años permaneció al lado de Leonardo de la Vega, soportando silencios, ausencias y un secreto que decidió cargar sola por amor, hasta que una noche descubrió que su esposo llevaba años compartiendo su vida con otra mujer.
Y entonces apareció él....
Alexander de la Vega, el tío de su esposo, un hombre diez años mayor a ella, que siempre permanecía en las sombras de la familia, el único que vio su dolor cuando todos los demás miraban hacia otro lado.
Lo que comenzó como consuelo se convirtió en una amistad peligrosa y lo que jamás debió ocurrir terminó cambiando sus vidas para siempre, porque mientras Leonardo cree que tiene el control de la herencia y de mi vida, él no tiene idea de que en este tablero de traición, dinero y poder... su propio tío ya se quedó con la corona, y con la mujer que él nunca supo valorar.
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Capítulo 6 "Evaluación del patriarca"
Finalmente el fin de semana llego para la familia De la Vega, el gran reloj de la mansión marcaba las ocho en punto de la noche.
Leonardo estiró su brazo para que su esposa pudiera entrelazar el suyo y entrar juntos, mientras el mayordomo de la familia abría la puerta. A su lado, Valentina dio un paso al frente luciendo un vestido de seda entallado que caía con elegancia bajo sus curvas, el cabello semi recogido de forma perfecta y una expresión de total serenidad.
—Recuerda Valentina, esta noche mi abuelo nos observará —le susurró con voz baja mientras cruzaban la puerta— necesito que actúes como la esposa devota que siempre has sido.
—No te preocupes Leo, se perfectamente qué papel debo interpretar —respondió con calma.
Los abuelos, Augusto y Elisa, ya se encontraban en la sala principal, los saludos fueron cálidos, pues no era una cena de negocios, sino de familia. Leonardo de inmediato se acercó a su abuelo, intentando entablar una conversación sobre los proyectos del norte para ganarse su favor, mientras Valentina se sentaba junto a su abuela política, manteniendo una conversación educada.
Pasaron apenas diez minutos cuando el sonido de unos pasos firmes en el pasillo anunció la última llegada de la noche.
Alexander de la Vega entró al salón, su sola presencia imponía respeto sin necesidad de que pronunciara una sola palabra; vestía un traje negro hecho a la medida. Saludó a sus padres con un beso respetuoso y estrechó la mano de Leonardo con cortesía como la de un extraño.
—Buenas noches, Valentina —dijo con una voz profunda que hizo que a la pintora se le erizara la piel.
—Buenas noches, tío Alexander —respondió ella, poniéndose de pie de manera educada para recibirlo.
Frente a las miradas distraídas del abuelo, quien seguía concentrado en un comentario de Leonardo, ocurrió lo que tanto deseaban.
Alexander dio un paso al frente para simular un saludo cortés entre tío y sobrina política, fue un movimiento rápido, pero íntimo para ellos dos, la mano grande y cálida del hombre se posó con una sutil firmeza en la curva de la cintura de Valentina, apretándola de manera imperceptible contra su cuerpo por apenas un segundo. Al inclinarse para rozar su mejilla en el saludo, el hombre cerró los ojos por un instante, aspirando el perfume dulce y limpio de su piel.
Antes de separarse, la mirada oscura del hombre, bajó directamente hacia los labios de Valentina, nadie más en la sala prestó atención.
El abuelo seguía hablando, Leonardo sonreía con arrogancia creyendo que dominaba la noche y Elisa revisaba unos detalles de la cena con los empleados, nadie vio el fuego que acababa de encenderse en medio de la sala, Alexander se alejó hacia el minibar para servirse un vaso de whisky, dejando a Valentina con el corazón latiendo desbocado contra sus costillas.
El examen del patriarca estaba por comenzar, pero para Valentina, la verdadera prueba de fuego sería resistir toda la cena teniendo al dueño de sus suspiros sentado justo frente a ella.
—Pasemos al comedor, por favor, la cena está servida —anunció Elisa con elegancia.
En la mesa del comedor principal, Augusto tomó asiento en la cabecera como el patriarca que era, a su derecha se sentó su esposa y a su lado Alexander, frente a ellos se ubicaron Leonardo y Valentina, de forma que ella estaba frente a Alexander, permitiendo que sus miradas se cruzaran inevitablemente cada vez que levantaban la vista.
Mientras los meseros servían la entrada, el anciano miró a su hijo y a su nieto con esos ojos sabios que habían construido todo el imperio familiar, él no solo buscaba números; quería evaluar el carácter de ambos hombres en cualquier situación, conocía de sobra la madera de Alexander: un líder frío, implacable, que ya se había ganado el respeto y el apoyo de la mayoría de los directivos de la empresa.
Por otro lado, Leonardo era innegablemente bueno para convencer a los socios y cerrar tratos, pero su carácter era impulsivo y carecía de la templanza de su tío.
—El próximo mes lanzaremos el proyecto de la nueva cadena de hoteles en la costa —comenzó Augusto, usando un tono pausado— Es una inversión fuerte, necesito saber cuál es la visión de cada uno para manejar un proyecto de esta magnitud.
Leonardo se aclaró la garganta, enderezando la espalda con orgullo.
—Abuelo, mi plan es agresivo, debemos construir rápido, contratar el doble de personal y abrir las puertas antes de que termine el año para acaparar todo el mercado antes que la competencia nos gane.
Augusto asintió en silencio, asimilando la propuesta y luego desvió la mirada hacia su hijo.
—¿Y tú qué opinas, Alexander?
Alexander tomó un sorbo de agua, manteniendo la calma antes de hablar.
—Acaparar el mercado no sirve de nada si las bases no son sólidas —respondió con voz segura— Un crecimiento tan rápido solo genera errores, mi visión es ir paso a paso, asegurar.....
Mientras él hablaba con total elocuencia y control, manteniendo la atención de Augusto, por debajo de la mesa se desataba una historia completamente diferente.
Valentina, queriendo desafiar el autocontrol del hombre que amaba, decidió tomar la iniciativa. Deslizó sutilmente su pie desnudo, hacia el frente, con movimientos lentos, rozó la punta de su pie contra la tela del pantalón del hombre, fue una caricia suave y prohibida que ascendió por su rodilla, el cuerpo de Alexander respondió, su mandíbula se apretó por una fracción de segundo, pero su voz no flaqueó mientras terminaba de explicar su punto sobre el proyecto de la costa.
Valentina sintió una chispa de triunfo en el pecho; ver al hombre más poderoso de la compañía luchar por mantener la compostura frente a sus padres era adictivo.
—...por lo tanto, la estabilidad siempre dará mejores resultados a largo plazo —concluyó Alexander.
En ese momento, Elisa, ajena por completo al fuego que ardía bajo el mantel, intervino en la conversación para dirigirse a su hijo.
—Hijo, hablando de estabilidad, cuando se llegue el momento de anunciar el próximo CEO vas a requerir que asistas con un acompañante —dijo, con un tono de preocupación —Tu padre y yo nos preguntábamos si finalmente llevarás a alguien, ya tienes 37 años, ya estás en edad para que formes tu propia familia.
Valentina incrementó la presión de su pie, subiendo lentamente sobre la entrepierna de Alexander.
Él levantó la mirada brevemente, sus ojos oscuros, cargados de una intensidad ardiente y peligrosa, chocaron de frente con los de Valentina. La tensión entre ambos cortaba el aire como un cristal afilado y ella le sostuvo la mirada con una sonrisa ligera.
— Ella ya existe, pero aún no es momento de presentarla ante la sociedad madre —respondió, mirando de reojo a Valentina— solo estamos esperando el tiempo correcto.
Leonardo, concentrado en su propio plato de comida y en la frustración de que su abuelo pareciera preferir la respuesta de Alexander sobre el negocio, no notó absolutamente nada.
—Pues espero que no tardes hijo, un hombre como tú necesita una mujer fuerte a su lado, tal como Leonardo tiene a Valentina —remató Augusto con aprobación.
Valentina retiró el pie despacio, sintiendo un escalofrío recorrerle el cuerpo ante las palabras de Alexander, no era un simple juego; era una promesa.
La cena terminó más tarde de lo esperado, el viaje de regreso en el auto fue tenso, Leonardo conducía frustrado por los comentarios de su tío.
Al llegar a casa, ambos se prepararon para dormir, la mujer se di un baño con agua caliente, intentando quitarse de encima la adrenalina del tacón bajo la mesa y la intensa mirada de Alexander.
Minutos después, Leonardo entró a la habitación y apagó las luces, acomodandose a su lado. El silencio de la habitación era roto solo por el sonido de la lluvia que continuaba afuera, ella estaba a punto de cerrar los ojos, cuando su esposo se giró y colocó una mano sobre su hombro.
—Valentina... —dijo en un susurro, obligándola a voltear a verlo.
—¿Qué pasa, Leo?
—Quiero proponerte algo—dijo con tono serio.
La mujer sintió su cuerpo sentarse, sentía que algo malo estaba por venir, y vaya que no se equivocó....