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Entre Dimensiones Y Destino.

Entre Dimensiones Y Destino.

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Aventura
Popularitas:128
Nilai: 5
nombre de autor: Rosearia

En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....

NovelToon tiene autorización de Rosearia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9 — El nombre perdido

El mundo parecía haberse detenido.

Eryan permanecía de pie en medio del dormitorio, mirando la abertura que había aparecido bajo sus pies.

Ya no podía escuchar los gritos de los demás niños.

Ya no podía escuchar las órdenes de los cuidadores.

Solo existía aquella puerta.

Una puerta rodeada de luz blanca y violeta.

Y detrás de ella...

un cielo lleno de estrellas.

No era el cielo de Aetherya.

No había dos lunas.

No había nubes.

No había montañas.

Solo una inmensa oscuridad atravesada por miles de puntos luminosos.

Eryan sintió que algo dentro de su pecho tiraba de él.

Como si aquel lugar lo estuviera llamando.

—Aeryn...

La directora volvió a pronunciar aquel nombre.

Eryan se giró lentamente.

—¿Ese es mi nombre?

Elira no respondió.

—¡Te pregunté si ese es mi nombre!

La mujer cerró los ojos.

—Sí.

Eryan sintió que algo se rompía dentro de él.

Durante diez años había sido Eryan.

Ese nombre era lo único que tenía.

Era el nombre que había aprendido a escribir.

El nombre que Lina pronunciaba.

El nombre que Aldren conocía.

El nombre que aparecía en los registros del orfanato.

Y ahora descubría que había sido una mentira.

—¿Quién soy?

La directora bajó la mirada.

—No puedo decírtelo.

—¿Por qué?

—Porque si lo sabes, vendrán por ti.

—¡Ya están aquí!

Eryan señaló a los hombres que rodeaban el salón.

—¡Ya me están buscando!

La directora guardó silencio.

Entonces uno de los hombres gritó:

—¡Madame Elira! ¡Aléjese del niño!

Ella no obedeció.

Por primera vez, se colocó delante de Eryan.

—No.

El hombre frunció el ceño.

—Usted sabe cuál es el acuerdo.

—El acuerdo terminó hace diez años.

—No.

El hombre dio un paso.

—El acuerdo continúa mientras el niño siga con vida.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Qué acuerdo?

Nadie respondió.

Lina se acercó y tomó su mano.

—No estás solo.

Kael hizo lo mismo.

Eryan miró a los dos.

Por primera vez desde que había descubierto la verdad, sintió que no estaba completamente perdido.

---

La puerta comenzó a cambiar.

Las estrellas del otro lado se movieron.

No como estrellas.

Como si fueran enormes luces que se desplazaban lentamente en un espacio infinito.

Eryan dio un paso atrás.

—¿Qué es ese lugar?

La directora respondió en voz baja:

—Un mundo.

Eryan la miró.

—¿Otro mundo?

—Sí.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque yo estuve allí.

Eryan abrió los ojos.

Lina también.

—¿Tú?

Elira asintió.

—Hace mucho tiempo.

—¿Cómo llegaste?

—A través de una puerta como esta.

Eryan miró nuevamente la abertura.

—Entonces las dimensiones existen.

—Sí.

—¿Y yo vengo de una?

La directora no respondió.

Ese silencio fue suficiente.

Eryan sintió que el corazón comenzaba a latirle con fuerza.

—¿De cuál?

—No lo sé.

—¡Tú me encontraste!

—Sí.

—¡Entonces tienes que saberlo!

La directora cerró los ojos.

—Cuando te encontré eras un bebé.

Eryan se quedó inmóvil.

—¿Dónde?

—En un lugar que no pertenece a Aetherya.

---

La habitación quedó en silencio.

Eryan no sabía qué decir.

Durante diez años había pensado que simplemente había sido abandonado.

Un bebé sin familia.

Un niño sin pasado.

Pero ahora descubría que quizá ni siquiera había nacido en aquel mundo.

—¿Cómo llegué aquí?

La directora miró la puerta.

—No lo sé.

—¿Quién me trajo?

—Tampoco lo sé.

—Entonces, ¿cómo sabes que no soy de aquí?

Elira lo miró directamente.

—Porque cuando te encontré estabas junto a una puerta dimensional.

Eryan sintió un escalofrío.

—¿Una puerta?

—Sí.

—¿Y mis padres?

La directora bajó la mirada.

—No estaban allí.

Eryan sintió una punzada en el pecho.

Había esperado esa respuesta.

Pero escucharla era diferente.

—Entonces me dejaron.

—No.

La directora negó.

—No sabes eso.

—¿Qué otra explicación hay?

—Que estaban intentando salvarte.

Eryan quedó inmóvil.

—¿Salvarme de qué?

La mujer no respondió.

Entonces uno de los hombres habló.

—Ya ha dicho demasiado.

Elira se giró.

—Cállate.

—El niño debe ser entregado.

—No.

El hombre sacó una pequeña espada.

Lina retrocedió.

Kael se colocó detrás de Eryan.

—¡No! —gritó Eryan.

El hombre avanzó.

La puerta dimensional reaccionó.

Una onda de energía atravesó la habitación.

Las ventanas explotaron.

Los muebles se desplazaron.

Los hombres cayeron al suelo.

Eryan sintió que sus pies dejaban de tocar el suelo.

—¡Eryan! —gritó Lina.

La luz comenzó a rodearlo.

—¡No puedo controlarlo!

Intentó sujetarse a algo.

Pero no había nada.

La energía aumentó.

Kael corrió hacia él.

—¡Aeryn!

Eryan extendió la mano.

—¡Kael!

Sus dedos estuvieron a punto de tocarse.

Entonces una barrera apareció entre ellos.

Eryan fue lanzado hacia la puerta.

---

Durante un instante dejó de existir todo.

No sintió frío.

No sintió calor.

No escuchó ningún sonido.

Solo vio oscuridad.

Después aparecieron imágenes.

Una mujer.

Cabello largo.

Vestía una túnica blanca.

Sostenía a un bebé entre sus brazos.

El bebé tenía los ojos cerrados.

Pero Eryan supo inmediatamente quién era.

Él.

La mujer corría.

Detrás de ella había fuego.

Personas gritando.

Una ciudad destruida.

Torres enormes.

Y un cielo rojo.

—Tienes que vivir...

La mujer abrazó al bebé.

—Aunque yo no pueda acompañarte.

Eryan intentó acercarse.

—¿Quién eres?

La mujer no podía escucharlo.

Una figura apareció detrás de ella.

La mujer abrió una puerta.

La misma puerta.

La puerta dimensional.

Antes de cruzarla, miró al bebé.

—Algún día recordarás.

Eryan sintió lágrimas en los ojos.

—¡Espera!

La imagen desapareció.

Otra apareció.

Un hombre.

No podía ver su rostro.

Llevaba una armadura oscura.

Sostenía una espada.

—Protege a Aeryn.

La imagen cambió.

Otra vez.

Una ciudad.

Personas corriendo.

Una enorme criatura sobrevolando los edificios.

Después...

oscuridad.

Eryan cayó.

---

Cuando abrió los ojos, estaba en el suelo.

Lina estaba a su lado.

—¡Eryan!

Él respiró profundamente.

—¿Dónde estamos?

Lina miró alrededor.

—Seguimos aquí.

Eryan se incorporó.

La puerta había desaparecido.

La habitación estaba destruida.

Varios hombres estaban inconscientes.

La directora estaba de pie.

Pero algo había cambiado.

Su rostro estaba cubierto de lágrimas.

Eryan la miró.

—¿Quién era ella?

La directora comprendió inmediatamente.

—La viste.

—Sí.

—Entonces la puerta te está mostrando recuerdos.

Eryan se puso de pie.

—¿Quién era ella?

Elira tardó unos segundos.

—Tu madre.

Eryan sintió que las piernas le temblaban.

Su madre.

Por primera vez tenía una imagen.

Un rostro.

Aunque no había podido verlo completamente.

—¿Está viva?

La directora no respondió.

Eryan comprendió.

—No lo sabes.

—No.

—¿Y mi padre?

—Tampoco.

Eryan cerró los ojos.

Había tantas preguntas.

Demasiadas.

Pero una destacaba por encima de todas.

—¿Por qué me llamaste Eryan?

La directora respiró profundamente.

—Porque ese era el nombre que aparecía en el registro que encontramos contigo.

—¿Y Aeryn?

—Ese nombre estaba escrito en otra parte.

—¿Dónde?

Elira señaló la piedra rota.

—En ella.

Eryan miró los fragmentos.

—Entonces...

—Aeryn podría ser tu verdadero nombre.

---

Un ruido interrumpió la conversación.

Uno de los hombres comenzó a moverse.

—¡Está despertando! —gritó Lina.

Eryan retrocedió.

El hombre levantó la cabeza.

Miró a Eryan.

Y sonrió.

—Finalmente...

Elira palideció.

—¿Qué?

El hombre se levantó lentamente.

—El heredero despertó.

Eryan frunció el ceño.

—¿Heredero?

El hombre soltó una pequeña risa.

—Todavía no lo sabe.

La directora corrió hacia él.

Pero el hombre sacó un pequeño cristal negro.

Lo rompió.

Una luz oscura apareció.

Eryan sintió inmediatamente que algo iba mal.

—¡Aléjate!

La directora empujó a los niños hacia atrás.

El cristal explotó.

Una onda negra recorrió el edificio.

Durante un instante, todos los sonidos desaparecieron.

Después...

una voz llegó desde fuera.

—Lo encontramos.

Eryan miró hacia la ventana.

Sobre el cielo de Arven había aparecido una enorme grieta.

No era una nube.

No era un rayo.

Era una abertura.

Otra puerta.

Pero aquella era diferente.

No brillaba con luz violeta.

Era completamente negra.

Y algo estaba atravesándola.

Una mano.

Después un brazo.

Luego una figura.

Los habitantes de Arven comenzaron a gritar.

Eryan sintió un miedo que nunca había experimentado.

La directora lo agarró de los hombros.

—Escúchame.

—¿Qué?

—Debes irte.

—¿Adónde?

—Lejos de aquí.

—¿Y Lina?

—Ella también.

—¿Kael?

—Todos.

Eryan negó con la cabeza.

—No voy a abandonarlos.

—Si te quedas, morirán.

Eryan se quedó inmóvil.

La directora señaló la puerta dimensional que todavía permanecía débilmente abierta.

—Esa puerta puede llevarte a otro lugar.

—¿Y si no regreso?

Elira lo miró.

—Entonces tendrás que hacerte lo suficientemente fuerte para regresar.

Eryan recordó su promesa.

Algún día seré fuerte.

Quizá ese momento había llegado.

---

El edificio comenzó a derrumbarse.

Una pared cayó.

Los niños gritaban.

Lina tomó la mano de Eryan.

Kael hizo lo mismo.

Eryan miró a la directora.

—¿Vendrás con nosotros?

Ella negó.

—Tengo que quedarme.

—¿Por qué?

—Porque alguien tiene que cerrar la puerta.

Eryan comprendió.

—Gracias.

La directora lo miró.

—¿Por qué?

—Por haberme cuidado.

Elira comenzó a llorar.

—Perdóname.

Eryan no sabía por qué se disculpaba.

Pero asintió.

Después tomó aire.

Miró la puerta.

El espacio al otro lado estaba lleno de estrellas.

No sabía dónde conduciría.

Podía ser otro mundo.

Podía ser una trampa.

Podía ser el lugar de donde había venido.

Pero no tenía otra opción.

—Lina.

—Sí.

—¿Lista?

Ella respiró profundamente.

—No.

Eryan sonrió.

—Yo tampoco.

Kael tomó su mano.

Los tres avanzaron.

Un paso.

Luego otro.

La luz los envolvió.

Y antes de desaparecer, Eryan escuchó la voz de la directora.

—Aeryn... recuerda quién eres.

La puerta se cerró.

---

Durante unos segundos no hubo nada.

Después...

Eryan cayó sobre una superficie blanda.

Abrió los ojos.

Hierba.

Estaba tumbado sobre un campo enorme.

El cielo era completamente diferente.

Había nubes doradas.

Tres lunas podían verse en la distancia.

Lina cayó a unos metros de él.

—¡Eryan!

—Estoy bien.

Kael apareció detrás.

Los tres se levantaron.

Eryan miró alrededor.

No reconocía nada.

No había edificios.

No había caminos.

No había personas.

Solo un enorme bosque a lo lejos.

Y unas montañas que parecían extenderse hasta tocar el cielo.

Lina se acercó.

—¿Dónde estamos?

Eryan no respondió.

Miró hacia arriba.

Tres lunas.

No dos.

Tres.

Entonces comprendió.

Habían cruzado una dimensión.

Pero antes de que pudieran reaccionar, algo se movió entre los árboles.

Un par de ojos rojos apareció en la oscuridad.

Después otro.

Y otro.

Kael retrocedió.

—Eryan...

Eryan cerró los puños.

La piedra rota, que todavía llevaba consigo, comenzó a emitir una débil luz.

Y desde el bosque llegó un rugido.

No parecía humano.

No parecía animal.

Era algo mucho más grande.

Eryan miró a sus dos compañeros.

Habían dejado atrás el orfanato.

Habían dejado atrás Arven.

Y ahora estaban en un mundo que no conocían.

Por primera vez, Eryan comprendió que su deseo de viajar y hacerse fuerte había comenzado mucho antes de lo que imaginaba.

Solo que él todavía no sabía una cosa.

Aquel mundo no era el lugar del que había nacido.

Y las criaturas que los observaban desde el bosque...

ya conocían el nombre de Aeryn.

Continuará...

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