NovelToon NovelToon
Cicatrices De Ceniza

Cicatrices De Ceniza

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Romance de oficina / Posesivo
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia2026

​Tras sobrevivir al cáncer, Valeria oculta su infertilidad al hombre de su vida. Entre secretos, pasión y una suegra cruel, deberá decidir si el amor basta para sanar sus cicatrices.

NovelToon tiene autorización de Dalia2026 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9: El juego de la seducción

​Todavía estaba con indignación, sentía que mi sangre hervía por la actitud déspota de Camilo Soublette, caminé a paso apresurado hacia mi cubículo en el piso de presidencia, tratando de acomodar mis carpetas y recuperar el aliento.

Esperaba encontrarme con la típica rutina gris de facturas y hojas de cálculo, pero en lugar de eso, me topé con algo que hizo que mi corazón diera un vuelco violento.

​Sobre mi escritorio descansaba un vaso térmico de una cafetería gourmet muy exclusiva de Caracas, del cual emanaba el delicioso aroma a vainilla y canela que tanto me gustaba. Al lado, había una pequeña cajita de pastelería fina amarrada con un lazo elegante de color azul oscuro.

Mis manos empezaron a temblar, no por la rabia de hace unos minutos, sino por una expectativa nerviosa que me encendió la piel. Con cautela, tomé la pequeña tarjeta blanca que reposaba junto al dulce. La caligrafía era impecable, firme y completamente reconocible:

​«Para endulzarte la mañana y borrar cualquier mal rato. Sé que no pudiste dormir bien... yo tampoco. Te espero en mi oficina. M.F.»

​Sentí que las mejillas me ardían al instante. Releí la nota una y otra vez, apretándola contra mi pecho.

​—¡Epa! ¿Te llegó regalo del jefe? —soltó una voz divertida a mis espaldas, haciéndome dar un brinco.

​Era mi mejor amiga Andrea da Silva, la administradora general de la empresa. Andrea no solo era una profesional brillante, sino que además era una de las mejores y más antiguas amigas de Mateo, de esas pocas personas que se la pasaban bromeando con él sin temor a su imponente cargo.

​—¡Andrea! Me asustaste... No es nada, un detalle —atiné a decir, guardando la nota a la velocidad de la luz mientras sentía que el color rojo se me subía a las orejas.

​Andrea se cruzó de brazos, apoyándose en el borde de mi cubículo con una sonrisa pícara que delataba que lo sabía absolutamente todo.

​—Por favor, Valeria, a mí no me lances ese cuento —se rió en voz baja, inclinándose un poco—. Esa letra la reconozco a un kilómetro de distancia. Es del jefe. Ay, mija, ya era hora de que ese hombre diera el paso, porque lo que tiene es una fijación contigo desde que entraste. A ver, ¿cuándo van a terminar de darse el «sí» oficial? Porque la tensión entre ustedes ya se nota hasta en los balances contables. No lo hagas sufrir tanto, mira que el muchacho tiene su corazoncito.

​—¡Andrea, por Dios! Cállate que nos van a escuchar —le supliqué muerta de la vergüenza, aunque una sonrisa nerviosa se me escapó. El bullying cariñoso de Andrea siempre lograba desarmarme—. Solo estamos trabajando. De hecho, tengo que llevarle estos reportes de ingeniería que requiere firmar para la junta.

​—Sí, claro, "trabajando" —se burló ella, guiñándome un ojo mientras se apartaba para dejarme pasar—. Anda, anda, ve a llevarle los papeles al enamorado antes de que le dé un ataque de ansiedad en su oficina.

​Me tomé unos segundos para calmarme, le di un sorbo al café caliente que me devolvió la vida y guardé la nota en el fondo de mi bolso, justo al lado de las copias clandestinas de los balances financieros. Organicé los papeles con dedos torpes, me acomodé la falda ejecutiva y caminé hacia el despacho principal.

​Toqué la puerta de madera maciza con timidez. Su voz profunda, esa misma que me había susurrado confesiones ardientes pocas horas antes, me dio el pase desde el otro lado.

​—Adelante.

​Al entrar, lo vi concentrado detrás de su imponente escritorio de vidrio, revisando unos planos en la pantalla de su computadora. Llevaba las mangas de su camisa blanca remangadas hasta los antebrazos, revelando la piel morena y la musculatura que tanto me había impresionado bajo la lluvia. En cuanto la puerta se cerró detrás de mí con un clic seco, Mateo levantó la mirada. Sus ojos marrones se clavaron en los míos con una fijeza tan intensa que sentí el aire congelarse en mis pulmones. Una sonrisa lenta y ladeada apareció en sus labios perfectos.

​—Buenos días, Valeria. Veo que recibiste mi detalle —dijo, bajando la voz a un tono peligrosamente suave.

​—Buenos días, ingeniero Fonseca —respondí, intentando con todas mis fuerzas mantener una fachada profesional que se caía a pedazos—. Sí, muchas gracias. No era necesario. Aquí tengo los reportes de ingeniería que necesita firmar para la junta.

​Caminé hacia el escritorio y extendí la carpeta, pero Mateo no hizo amago de tomarla. En lugar de eso, se puso de pie con una elegancia. Su imponente estatura llenó el espacio de inmediato mientras rodeaba el escritorio, acortando la distancia entre los dos. Mi instinto me gritó que retrocediera, pero mi cuerpo se quedó congelado, hipnotizado por su magnetismo. Mateo se detuvo a escasos centímetros de mí, lo suficiente para que el aroma a madera y especia de su perfume me inundara por completo.

​Sin previo aviso, estiró su mano y atrapó con delicadeza un mechón de mi cabello, acomodándolo detrás de mi oreja. El roce de sus dedos contra mi piel desató una descarga eléctrica directo a mi vientre.

​—Para mí todo lo que tenga que ver contigo es necesario, mi Vale —susurró, inclinándose ligeramente hacia mí. Su mirada descendió directo a mis labios, reviviendo el calor abrasador de la noche anterior—. Cumplí mi promesa de no presionarte anoche, pero no me pidas que actúe como si nada hubiera pasado. Me tienes loco, Valeria. Completamente loco.

​—Mateo, por favor... estamos en la oficina, alguien puede entrar —atiné a decir con mi voz agitada, y el pulso a mil por segundo. La tensión ardiente entre nosotros era tan espesa que casi se podía tocar. Me moría por volver a probar sus labios, pero el pánico a ser descubierta y mis propias inseguridades me frenaban.

​Él soltó una risa baja, ronca, divirtiéndose con mi timidez, pero respetando la distancia. Retrocedió un paso, dándome un respiro que mis pulmones agradecieron con urgencia.

​—Tienes razón, el trabajo llama —comentó con un brillo de picardía en los ojos, regresando a su tono formal, aunque la intensidad no había disminuido ni un ápice—. De hecho, prepárate. Revisa que tus carpetas estén completas porque salimos en quince minutos. Nos vamos a la obra de Las Mercedes.

​El anuncio me dejó fría por un segundo.

​—¿A Las Mercedes? Pero... ingeniero, ese proyecto lo lleva directamente la gerencia de campo —argumenté, tratando de ocultar la agitación en mi voz. Pasar horas a solas con él en la camioneta, viajando por Caracas y recorriendo una construcción, iba a poner a prueba todas mis defensas.

​—Sí, pero hay unas inconsistencias en los despachos de materiales que no me cuadran y quiero que mi mejor contadora lo revise conmigo en el sitio —explicó, mirándome con absoluta confianza—. Además, necesito un par de ojos de fiar a mi lado.

​Mientras él se daba la vuelta para recoger su tableta y su casco de seguridad, una chispa de adrenalina pura sustituyó a los nervios románticos en mi interior. Las Mercedes. Ese era exactamente el proyecto de los balances que había estado analizando durante mi noche de insomnio; el lugar exacto donde se estaba registrando el desfalco millonario que amenazaba las cuentas de la empresa.

​Ir directamente al terreno de juego era la oportunidad de oro que el destino me estaba poniendo en bandeja de plata. Podría verificar los inventarios reales, hablar con los encargados de almacén y contrastar los números fraudulentos con la realidad física de la obra, todo bajo la protección de ir con el mismísimo dueño de la constructora. El juego en el que me estaba metiendo se volvía cada vez más real, más complejo y mucho más peligroso.

​—Está bien, ingeniero. Voy por mis cosas y lo veo en el estacionamiento —asentí con firmeza, obligándome a cambiar el chip emocional por el de la contadora audaz que pretendía llegar hasta el fondo de la verdad.

​Al salir de su oficina, el corazón me latía con fuerza por la doble expectativa: el peligro latente de una investigación secreta y la ardiente cercanía del hombre que estaba decidido a conquistar cada rincón de mi alma.

1
Gioconda Rivas
que pedante es ese camilo 🤬🤬🤬
Sandra Milena Ramirez Martinez
no paro de llorar 😭
Dalia: Es muy triste la perdida 😭😭😭
total 1 replies
Sandra Milena Ramirez Martinez
oye pero este hombre es un total pendejo... el supuesto mejor amigo le roba y la mama lo maneja peor que un titere
Dalia: era un robo tan meticuloso que a nuestra protagonista le tardo años confirmar el verdadero culpable, el robo era secreto a voces. el verdadero culpable se aprovecho de que la suegra le tenia rabia a la protagonista para inculparla.

A mi me da rabia es con el prota, porque claro muy detras de su amor, muy profesional pero por andar de enamorado y creyendole a la mamá es que le metieron gato por liebre.
total 1 replies
Elizabeth Del Valle Romero
ahí hay chispa ❇️
Dalia: el comienzo de algo🤭
total 1 replies
Gioconda Rivas
Me gusta la hiatoria, toca una realidad sobre aquellas mujeres que por ciertas circunstancias no pueden tener hijos y se mueren por tenerlos. No por ello quiere decir que sean menos valiosas, madre no es la que engendra si no la que cria. Gracias escritora por escribir historias tan lindas y con mensajes se reflexión.
Gioconda Rivas
empieza el romance 😍
Gioconda Rivas
se nos puso celoso el hombre 🤣
Gioconda Rivas
Valeria se pasa de inocente
Gioconda Rivas
Es triste el caso de Valeria, yo pase por lo mismo. Lo importante es estar viva.
Dalia: Son casos muy tristes, lo importante es ser fuertes y salir adelante.
total 2 replies
Elizabeth Del Valle Romero
isssh cuando se enteré Mateo
Dalia: Esto se va a poner color de hormiga🔥🔥🔥
total 1 replies
Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Dalia
😭😭 De verdad que no se lo merecia.
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia 😭
Elizabeth Del Valle Romero
pobre de Natalia:(
Dalia: Ese Mateo le hace falta pantalones, no es un mal hombre solo que se dejo llenar la mente de basura.
total 1 replies
Elizabeth Del Valle Romero
muero por leer los siguientes capítulos
Dalia: pronto,pronto!!! ☺️
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play