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Pecado Clandestino

Pecado Clandestino

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Julián Zaragoza lo tiene todo bajo control, excepto su propia vida. A sus 30 años, es el frío y respetado director de una firma de administración aduanera internacional, viudo y padre soltero de una rebelde joven de 18 años. El estrés corporativo y la rutina lo están asfixiando por dentro.
​Entonces conoce a Esther Molina.
​Ella tiene 27 años, una hija pequeña a la que proteger y un pasado oscuro que dejó atrás: años atrás, trabajó en un prostíbulo. Cuando Julián descubre su secreto, no la juzga. Ve en ella la vía de escape perfecta.
​La propuesta de Julián es tan directa como indecente: una relación puramente física. Sin citas, sin preguntas sobre sus vidas personales, sin involucrar a sus hijas y, sobre todo, sin enamorarse. Un pacto donde la única regla es el placer absoluto para olvidar el mundo exterior.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sospechas en la casa

El olor a café de la mañana no lograba disipar el rastro que Esther había dejado en mi piel.

Aún sentía el eco de su cuerpo acoplado al mío bajo la luz de la luna, la suavidad de su cabello entre mis dedos y esa calidez que me desarmaba por completo. Me acomodé el nudo de la corbata frente al espejo del recibidor, intentando recuperar mi máscara habitual: la del frío y respetable director de Zaragoza aduanera. Pero era difícil cuando todavía conservaba el sabor de su boca en la mía. La ternura de la noche anterior había sido un error, una grieta en el muro que yo mismo había construido, y necesitaba recuperar el control antes de volver a la oficina.

Tomé mi saco de vestir, que descansaba sobre el respaldo de la silla del comedor, listo para marcharme. Pero antes de que pudiera ponérmelo, unos pasos apresurados bajaron las escaleras.

—¿Esto es tuyo? —la voz de Victoria, mi hija de dieciocho años, cortó el aire como un cuchillo.

Me giré despacio. Ella estaba de pie en el centro de la sala, vistiendo su uniforme de la preparatoria, pero su rostro reflejaba una furia contenida que me tensó los hombros. Entre sus dedos índice y pulgar, sostenía un pequeño trozo de papel térmico.

Extendí la mano, impasible.

—No sé de qué hablas. Dame eso.

—Es del hotel *Le Mirage* —escupió ella, dando un paso al frente con los ojos inyectados en lágrimas de rabia—. Estaba en el bolsillo interior de tu saco. Fui a buscar tus llaves y encontré esto. Una habitación ejecutiva, pagada a la medianoche. ¿Qué significa, Julián? ¿Quién es ella?

El corazón me dio un vuelco, pero mis facciones no se movieron ni un milímetro. La frialdad corporativa, esa que usaba para negociar con contrabandistas internacionales, se instaló en mi rostro.

—No tienes derecho a revisar mis cosas, Victoria —dije, con una voz tan baja y autoritaria que pretendía zanjar la discusión—. Devuélveme ese papel ahora mismo.

—¡No me cambies el tema! —gritó, y el papel tembló en su mano—. Mamá no tiene ni dos años de muerta y tú ya estás revolcándote en hoteles lujosos con alguna de tus socias adineradas. ¿Por eso actúas tan raro? ¿Por eso pasas horas fuera? Pensé que te importaba esta familia, pero solo eres un hipócrita que busca una sustituta con dinero para presumir en tus cenas de negocios.

La acusación me golpeó el pecho. Si supiera la verdad... Si supiera que la mujer que me quitaba el sueño no era una socia adinerada, sino la mesera que limpiaba los pisos de mi propia empresa. Si supiera que lo que me unía a Esther no era el estatus, sino una atracción animal, ruda y desesperada que me estaba consumiendo vivo.

Me acerqué a ella, arrebatándole el ticket de un tirón firme. Lo arrugué en la palma de mi mano, sintiendo cómo la adrenalina del peligro me encendía las venas. La sola idea de que el nombre de Esther saliera a la luz, de que mi secreto fuera destruido, me hacía querer quemar el mundo.

—Te equivocas —mentí con una frialdad tan calculadora que me asustó a mí mismo. Sostuve su mirada, obligándola a retroceder—. Ese ticket es de una reunión de negocios confidencial. Un cliente extranjero que exigía total discreción fuera de las oficinas. No hay ninguna mujer, Victoria. No hay ninguna amante.

—Mientes —susurró ella, con la voz rota—. Te vi la cara cuando entraste el otro día. Tienes marcas en el cuello, Julián. Sé perfectamente cómo se ve un hombre que está escondiendo a alguien.

—Basta —siseé, dando un paso que impuso toda mi estatura. El magnetismo oscuro que usaba en la cama con Esther se transformó aquí en una barrera de pura autoridad—. No voy a tolerar tus insolencias ni tus sospechas absurdas en esta casa. Ve al colegio. Ahora.

Victoria me miró con desprecio, se colgó la mochila al hombro y salió de la casa azotando la puerta principal. El eco del golpe retumbó en las paredes vacías.

Me quedé solo, respirando agitadamente. Abrí la mano y miré el papel arrugado. Las sospechas se habían instalado en mi propio hogar. El peligro ya no solo venía del pasado de Esther, sino de mis propios descuidos. Froté mi mandíbula, sintiendo una punzada de deseo violento mezclada con la ansiedad de la situación.

Necesitaba verla. Necesitaba el cuerpo de Esther, su boca, su sumisión y su fuego para olvidar que mi vida se estaba desmoronando por los bordes. El pacto de no textear seguía vigente, pero las ganas de romperlo y exigirle que se metiera en mi auto en ese mismo instante eran una tortura. El pecado ya no solo era clandestino; empezaba a volverse una maldita adicción que amenazaba con destruirlo todo a mi paso.

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Rita Coba
cómo está es embarazo de aldo riesgo no pueden tener relaciones sexual 🤣
Rita Coba
ojalá ke se estén cuidando si embarazo en la puerta 🤣🤣
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