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EL SUSURRO DEL BOSQUE

EL SUSURRO DEL BOSQUE

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Mundo de fantasía
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lariel Flowers

Holaaa regrese con una nueva hosyrtoa que espero que les encante

NovelToon tiene autorización de Lariel Flowers para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

24

El estruendo de la batalla seguía sacudiendo la Torre.

Las barreras de árboles resistían, pero cada golpe de las criaturas arrancaba enormes trozos de corteza.

Era solo cuestión de tiempo.

Asterion tomó una decisión.

Miró a los altos magos.

—La Torre queda bajo su mando.

Un anciano inclinó la cabeza.

—No se preocupe por nosotros, maestro.

Encuentre las respuestas antes que ellos.

Asterion asintió una sola vez.

Después volvió la mirada hacia Laira.

—Ven.

Ella obedeció sin preguntar.

Pero antes de que pudiera dar un paso...

El Archimago la levantó entre sus brazos con sorprendente facilidad.

—¡¿A-Asterion?!

Ella abrió mucho los ojos.

Él caminó hacia el borde de la muralla.

—Sujétate fuerte.

Laira, completamente sorprendida, rodeó su cuello con ambos brazos por puro instinto.

En ese momento, decenas de aprendices los observaban.

El silencio fue absoluto.

Uno de ellos parpadeó varias veces.

—¿...La cargó?

Otro abrió la boca.

—El maestro...

¿Está cargando a alguien?

Un tercero susurró casi sin voz.

—Creo que si salimos vivos de esta batalla... nadie nos va a creer.

Incluso varios maestros se quedaron inmóviles.

Jamás...

En cientos de años...

Habían visto al Archimago actuar de aquella manera.

Asterion ignoró por completo las miradas.

Clavó el bastón en la piedra.

Un enorme círculo mágico apareció bajo sus pies.

La luz los envolvió.

Y al instante siguiente...

Ambos desaparecieron.

Reaparecieron a varios kilómetros de la Torre.

Sobre una enorme roca.

Detrás de ellos, los rugidos no tardaron en escucharse.

Las criaturas habían sentido hacia dónde se habían desplazado.

Una tras otra comenzaron a abandonar el asedio.

Ya no les interesaba la Torre.

Solo la muchacha.

—Nos siguen...

Murmuró Laira.

Asterion bajó la vista.

—Lo esperaba.

Sin perder un segundo, volvió a tomarla de la mano.

Los dos comenzaron a correr entre el bosque.

El viento golpeaba con fuerza mientras avanzaban.

Laira sentía el corazón acelerado.

De repente bajó la vista hacia sí misma.

Y se quedó completamente inmóvil.

—¡Ay no!

Asterion no dejó de correr.

—¿Qué ocurre?

Ella comenzó a ponerse roja.

Mucho.

—¡Solo traigo puesta su camisa!

El Archimago guardó silencio unos segundos.

Después respondió con absoluta naturalidad.

—Lo sé.

Laira sintió que quería esconderse bajo tierra.

—¡Y yo salí así frente a toda la Torre!

Ahora entendía las expresiones de los aprendices.

Asterion respondió sin cambiar el tono.

—Nadie estaba prestando atención a tu ropa.

Ella lo miró incrédula.

—¡Claro que sí!

¡Seguro ahora todos piensan cosas horribles!

Él permaneció completamente serio.

—Probablemente.

Laira soltó un pequeño gemido de vergüenza.

—No quiero volver jamás...

Asterion estuvo a punto de sonreír.

Después de varias horas...

El bosque comenzó a resultar familiar.

Laira observó el paisaje.

Los árboles.

Las rocas.

El sonido del agua.

Entonces abrió mucho los ojos.

—¡Ese arroyo!

Asterion siguió su mirada.

Era el mismo lugar donde habían pescado días atrás.

El mismo donde ella había construido aquella pequeña trampa.

—Ya estuvimos aquí.

Él asintió.

—Las ruinas están cerca.

No tardaron mucho más en encontrarlo.

Entre unos arbustos apareció un enorme pegaso blanco.

El mismo que Laira había ayudado cuando era potrillo.

Al verla, relinchó con alegría.

Corrió hasta ella y frotó suavemente su cabeza contra su hombro.

Laira sonrió de inmediato.

—¡Te acuerdas de mí!

El pegaso agitó las alas con entusiasmo.

Asterion observó la escena en silencio.

No era normal.

Las criaturas sagradas rara vez aceptaban la cercanía de los humanos.

Sin embargo...

Aquella parecía reconocer a Laira como si la hubiera estado esperando.

El pegaso dobló ligeramente una de sus patas delanteras.

Como invitándolos a subir.

Asterion comprendió el gesto.

—Nos llevará hasta las ruinas.

Laira acarició el cuello del animal.

—¿Podemos confiar en él?

—Él ya decidió confiar en ti.

Eso es suficiente.

Asterion subió primero.

Después ayudó a Laira a acomodarse delante de él.

El pegaso extendió sus enormes alas.

Con un poderoso impulso...

Se elevó hacia el cielo.

Laira dejó escapar una exclamación de emoción.

—¡Estamos volando!

Miraba todo con la misma ilusión de una niña.

Los bosques parecían diminutos desde aquella altura.

Los ríos brillaban como cintas de plata.

Las montañas parecían tocar las nubes.

Sin darse cuenta...

El viento comenzó a hacerla perder el equilibrio.

Por instinto se echó hacia atrás.

Y abrazó con fuerza a Asterion.

El Archimago sintió cómo el cuerpo de la joven se apoyaba contra el suyo.

Por un instante...

Su respiración se detuvo.

Después...

Su corazón volvió a latir.

Fuerte.

Claro.

Incontrolable.

Asterion frunció ligeramente el ceño.

Aquella sensación volvía otra vez.

No era dolor.

No era magia.

Era algo mucho más peligroso.

Miró el horizonte intentando ignorarlo.

Pero cada latido era más intenso que el anterior.

Y comprendió que ya no podía seguir fingiendo que aquel corazón permanecía dormido.

Porque, aunque todavía se negara a aceptarlo...

Había comenzado a despertar junto con la única persona capaz de cambiar el destino del mundo.

1
Maria Luisa Campa Rosabal
me gusta
Ana19
Me ha encantado el comienzo
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