Guiada por sueños inquietantes, Elara cruza el límite prohibido y encuentra a Kael, el hombre que ha visto en sus visiones. Lo que parece un encuentro imposible revela un lazo antiguo entre Luz y Sombra, despertando una profecía capaz de traer salvación... o destrucción. ✨🌙
NovelToon tiene autorización de Solecito87 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
-
Elara
El silencio después de la desaparición de Aeryn era tan denso que casi podía tocarse.
Kael seguía abrazándome, firme, como si temiera que, si me soltaba, yo pudiera desvanecerme entre sus dedos.
Todavía podía sentir el eco helado de la magia de Aeryn flotando en mis huesos, como una sombra de algo que no quería recordar. Pero el cuerpo de Kael… su calor… su respiración agitada contra mi cuello… eso me anclaba.
Me devolvía a mí.
—¿Estás bien? —susurró él, sin despegarse.
—No lo sé —respondí—. Pero estoy acá. Con vos.
Se apartó apenas para mirarme.
Sus ojos estaban oscuros, cargados de una intensidad que me dejó sin aire. Había deseo, sí… pero también temor, furia, ternura, y algo más profundo. Algo que me hizo temblar, no de miedo, sino porque lo reconocí.
Me deseaba.
Y me necesitaba.
No solo físicamente. Su alma me estaba llamando.
—Elara… —dijo en voz baja, casi ronca—. Ese lazo entre vos y él… necesito que entiendas algo.
—Decime.
Respiró profundo, como si fuera a hacer una confesión que podría destruirlo.
—No importa lo que ustedes fueron —su mano subió, lenta, hasta mi mejilla—. No importa si compartieron otra vida, otro mundo o un maldito destino escrito por dioses que detesto… —su pulgar rozó mi labio—. Lo único que me importa es lo que somos ahora.
Mi corazón estalló.
—Kael…
—Y no voy a dejar que nadie, nadie, te arranque de mí. Pero si quiero protegerte… necesito algo.
Necesito que nuestro vínculo se complete.
La magia vibró entre nosotros.
Una chispa reconocible.
Un llamado.
—¿Estás seguro? —pregunté, aunque mi cuerpo ya conocía la respuesta.
—Desde la primera vez que te vi —dijo con esa voz grave que hacía que mi piel se erizara—. Desde antes de entender que eras mía.
Su sinceridad me atravesó como fuego.
Y entonces sucedió.
Su mano bajó desde mi mejilla hasta mi cuello, rozando apenas la piel, y mi cuerpo entero respondió. Era como si la magia que aún vibraba dentro de mí buscara la suya. Como si nuestros corazones quisieran acercarse más… más… hasta fundirse.
Me acerqué.
Sin pensar.
Nuestros labios se encontraron.
El beso fue suave al principio. Dulce. Casi temeroso.
Pero la temblorosa contención duró solo un latido.
Lo que surgió después fue… fuego.
Necesidad.
Urgencia.
Veneración.
Las manos de Kael se deslizaron por mi cintura, sin apuro pero con una certeza ardiente, como alguien que finalmente toca lo que ha anhelado demasiado tiempo. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que podía romperse en mi pecho.
Yo me aferré a su camisa, jalándolo hacia mí, sin querer espacio, sin querer aire.
Solo él.
El bosque alrededor parecía haberse vuelto silencio absoluto.
Y a la vez… respiraba con nosotros.
La magia se encendió entre nuestros labios, una sensación tibia que se expandió hacia mi pecho, hacia mi vientre, hacia todos los lugares donde su cuerpo rozaba el mío.
Kael gimió suavemente contra mi boca.
Un sonido bajo.
Profundo.
Que me incendió.
—Decime que me detenga —susurró, con la boca rozando la mía.
—No —dije sin dudar—. No quiero que te detengas. Nunca.
Sus ojos brillaron.
Y el control que intentaba sostener… se quebró.
Sus labios bajaron por mi cuello en un camino lento, reverente, dejando calor donde tocaban.
Mis manos se perdieron en su cabello desordenado, tirando suavemente cuando una oleada de sensación me sacudió.
Él levantó la vista.
Sus ojos estaban cargados de un deseo tan fuerte que casi dolía.
—Dioses, Elara… —murmuró contra mi piel—. Tu magia… está respondiendo a la mía. La siento… llamándome.
—Kael… —jadeé—. Siento… lo mismo.
La energía crecía entre nosotros, girando, envolviéndonos.
—Si seguimos —dijo él, apoyando su frente en la mía—. Si dejo que esto avance… el vínculo se va a sellar. Para siempre.
No voy a poder apartarme de vos. Ni vos de mí.
Lo miré, respirando su aire, su calor, su esencia.
—Entonces… dejá que se selle —susurré.
La reacción de Kael fue inmediata.
Sus manos me tomaron del rostro con una mezcla de ternura feroz y devoción ardiente.
Su boca volvió a la mía, más profunda esta vez, más hambrienta, más sincera.
El beso se volvió un idioma.
Un juramento.
Una rendición de los dos.
Sentí la magia recorrer mi columna como un hilo caliente, bajando lento, expandiéndose hacia mis piernas. Mis dedos temblaron sobre sus hombros, sobre su pecho firme, sobre su cuello donde podía sentir su pulso, rápido y marcado.
—Te necesito —murmuré, sin pensar, sin poder contenerlo.
Kael gruñó suavemente, un sonido que me estremeció hasta los huesos.
—Mi vida… no sabés lo que estás diciendo —sus labios bajaron por mi clavícula en un roce que me hizo arquear el cuerpo hacia él—. No sabés lo que me haces…
—Mostrame —susurré, perdida en él—. Quiero sentirlo.
Él cerró los ojos, como si mis palabras fueran un golpe directo a su alma.
—Elara… —su voz tembló apenas—. Te voy a amar… y vas a sentirlo en cada parte de tu ser.
Pero decímelo de nuevo. Necesito escucharlo. De vos. Para mí.
Lo tomé del rostro.
Lo miré profundamente.
Y le di lo que pedía.
—Te elijo a vos, Kael.
Te quiero a vos.
No a él. No a nadie más.
Solo… vos.
Algo se rompió dentro de él.
O se liberó.
De repente, la energía estalló entre nosotros, envolviéndonos en una espiral cálida, vibrante, casi líquida.
El aire se iluminó con chispas doradas.
Sentí mi pecho abrirse, literalmente, una sensación dulce y ardiente como si una flor de fuego floreciera desde adentro.
Kael me abrazó fuerte, su cuerpo alineándose con el mío en una unión que iba más allá de lo físico.
Era alma.
Era magia.
Era destino.
Sus labios se movieron sobre los míos con un ritmo lento, profundo, reverente.
Cada beso parecía una promesa eterna.
Cada contacto era una caricia que me dejaba sin aire.
Mis manos recorrían su espalda fuerte, sintiendo los músculos tensarse bajo mis dedos, sintiendo cómo él temblaba tanto como yo.
—Elara… —susurró con la voz rota—. Sos todo lo que nunca creí que iba a tener…
Su boca bajó al punto donde mi cuello se encontraba con mi hombro, y mi cuerpo reaccionó con un estremecimiento tan fuerte que tuve que agarrarme a él para no caer.
Lo sentí sonreír suavemente contra mi piel, esa sonrisa pícara y peligrosa que me derretía.
—Mi amor… —murmuró—. Así… así se fusiona un vínculo.
La magia nos rodeó completamente.
Chispas doradas.
Hilos negros.
Un remolino tibio y dulce que nos envolvía como un nido.
Y entonces lo sentí.
Un tirón suave.
Un anclaje.
Una unión.
Como si su alma hubiese encontrado la mía…
y hubiera decidido quedarse.
Kael jadeó.
Yo también.
Nuestras frentes se tocaron mientras la energía se asentaba.
—Lo hicimos… —susurré apenas.
—Nos elegimos —respondió él, acariciando mi mejilla—. Y ahora… nadie puede romperlo.
Sus labios tocaron los míos una vez más, un beso lento, profundo, lleno de esa ternura poderosa que solo él tenía conmigo.
Y en ese instante supe…
Que el vínculo estaba sellado.
Que Kael era mío.
Y yo de él.
Para siempre.
Y pase lo que pase…
Aeryn lo va a saber.