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LA VIUDA MONTENEGRO "Un Amor Mortal"

LA VIUDA MONTENEGRO "Un Amor Mortal"

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mujer poderosa / Amor prohibido
Popularitas:103.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Sabina Montenegro, una joven viuda que guarda muchos secretos y todos hablan mal a sus espaldas. Ernesto Montenegro, el sobrino de su difunto esposo llega, a diferencia de los otros, no viene a quitarle la herencia, viene por la verdad y se topa con secretos muy duros sobre Sabina y no puede evitar que algo más florezca entre ellos.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13 El aserradero y la tormenta que regresa

En aquellos años remotos, los automóviles apenas empezaban a circular por las ciudades grandes.

En pueblos como Santa Elena, perdido entre montañas y caminos de terracería, la idea de un carruaje sin caballos era casi una leyenda urbana.

Así que la carreta de Sabina era su Mercedes Benz: sólida, bien cuidada, con los hierros pulidos y la madera encerada.

Ella la manejaba con la soltura de un ceo subiendo a su limusina.

—Doña Sabina —dijo una voz a su espalda.

Ernesto Montenegro apareció de la nada, con una sonrisa amplia que le iluminaba el rostro moreno.

Llevaba la camisa sudada del trabajo matutino, las mangas arremangadas hasta los codos y un sombrero de paja que le había prestado don Pedro.

—¿Va a recoger madera del aserradero? —preguntó, como si ya lo supiera.

Sabina lo miró sin expresión.

—Eso es lo que dice la lista de compras.

—Yo voy. Le ayudo en todo.

Dijo en todo con un énfasis que podía ser amabilidad o insolencia, según se mirara.

Sabina parpadeó, sorprendida por la intromisión. No estaba acostumbrada a que nadie se ofreciera a acompañarla.

Al contrario, había pasado dos años haciendo sola todos los mandados, cargando los costales, negociando los precios, soportando las miradas y los comentarios.

Bien —pensó—. Que venga. Así lo tengo controlado.

—Bien —dijo en voz alta—. Súbase.

Ernesto no necesitó que lo invitaran dos veces.

Trepó al pescante con una agilidad que contrastaba con su complexión robusta y se sentó a su lado, dejando un espacio prudente entre ellos.

La carreta se movió, las ruedas giraron sobre el pedregal y el camino comenzó a desenrollarse como una cinta marrón entre los sembradíos.

*_*

El viaje al aserradero duraba casi una hora. Era un camino accidentado, bordeado de árboles de mezquite y huizaches, con curvas cerradas y pendientes que obligaban a la yegua a esforzarse. Sabina manejaba con mano firme, sin hablar.

El silencio se extendía entre ella y Ernesto como un manto pesado.

Él, sin embargo, no se daba por vencido.

—¿Cuántos árboles cortan al mes? —preguntó.

—Depende.

—¿La madera es para la finca o la venden?

—Ambas.

—¿Tienen contrato exclusivo con don Justino o también compran en otros lugares?

—Compramos donde es más barato.

Cada respuesta era un muro de una sola palabra. Ernesto sonrió para sí mismo.

Había conocido mujeres difíciles en su vida, pero ninguna tan hermética como Sabina Montenegro. Era como intentar cavar en tierra congelada.

—¿Siempre fuiste así de callada? —preguntó, cambiando de táctica.

Sabina giró la cabeza y lo miró con sus ojos celestes. Por un instante, él creyó que lo iba a insultar. Pero ella solo dijo:

—Siempre fui así de cuidadosa con lo que digo.

—¿Y conmigo hay que tener cuidado?

—Con todo el mundo. Especialmente con los que se ofrecen a ayudar sin que nadie les pida nada.

Ernesto asintió, como si aquello fuera una respuesta razonable.

Se recostó en el respaldo de madera, estiró las piernas y se puso a observar el paisaje.

Los campos de trigo se extendían a ambos lados del camino, amarillos bajo el sol de media mañana.

Más allá, los sembradíos de soya, verdes y prometedores.

—Mi tío eligió bien —dijo al rato—. Esta tierra es hermosa.

—No fue tu tío —respondió Sabina—. Fui yo.

Él la miró con curiosidad.

—¿Cómo?

—Felipe quería vender la mitad de las tierras para pagar unas deudas que había contraído antes de conocerme. Yo le dije que no, que buscáramos otra forma.

Plantamos soya en lugar de maíz, diversificamos los cultivos y en un año saldamos las deudas sin vender ni una hectárea.

Ernesto silbó, impresionado.

—¿A los dieciocho años?

—A los dieciocho años.

—¿Y quién te enseñó de agricultura?

Sabina apretó las mandíbulas. Esa pregunta era peligrosa, porque tocaba el borde de su pasado.

No podía decir que había aprendido a sembrar en la finca de su padre, antes de que todo se fuera al infierno.

No podía mencionar a Anselmo Roca ni a su madre muda ni a Himelda la partera.

—Aprendí sola —dijo al fin—. Leyendo. Y equivocándome.

No era mentira del todo. Había leído todos los libros de agricultura que encontró en la biblioteca de Felipe.

Y se había equivocado muchas veces, malgastando semillas y perdiendo cosechas, hasta que aprendió a leer la tierra como se lee el rostro de un enemigo.

*_*

Cuando la carreta entró al pueblo, las miradas se clavaron en ellos como agujas.

Sabina ya estaba acostumbrada a ser el centro de atención, pero esa vez los murmullos tenían un tono diferente. No era solo la viuda Montenegro.

Era la viuda Montenegro acompañada de un hombre joven, guapo, fuerte.

Y no cualquier hombre: el sobrino del difunto, el que había venido a reclamar la herencia y ahora viajaba con ella como si fueran novios.

—Mira, mira —susurró una mujer en la puerta de su casa—. La viuda ya no está tan sola.

—Parece que va a colgar el luto pronto —respondió su vecina, con una sonrisa maliciosa.

—¿Te imaginas? Se casa con el sobrino y la fortuna se queda en la familia. Todo resuelto.

—O tal vez el sobrino es el amante que ella tenía escondido desde antes...

Las risas cómplices se perdieron en el polvo del camino.

Sabina no se inmutó. Había oído chismes peores.

Siguió mirando al frente, con los papeles de la contabilidad sobre las rodillas, repasando cifras que ya se sabía de memoria.

Ernesto, en cambio, sintió el calor en las mejillas. No por los chismes —él también estaba acostumbrado—, sino porque una parte de él, una pequeña parte que trataba de ignorar, no le desagradaba que lo vieran con ella.

Cuidado —se dijo—. Vine a investigar, no a enamorarme.

1
Maria Mongelos
Es muy fuerte lo que pasó ella y ahora le pasa lo mismo a Juana, qué terrible
Maria Mongelos
Todos están para el chisme río, pero donde estaban cuando pasó? Ni siquiera la madre la ayudó
Grciela Calanducci
Por favor, quiero terminar de leer la novela. Es una hermosa historia.
Vianey Hernandez Ortiz
Para las pulgas de Sabina, esa suegra no le va a durar ni un round, si le quemó el pito al papá y le cortó la lengua a su propia madre, que le va a durar una víbora tepocata 🤷🤷🤷
Sol McGinnis
Quiero expresarte mi más sincero agradecimiento por los nuevos capítulos. Los he disfrutado muchísimo; la historia continúa cautivándome de una manera muy especial. Se aprecia enormemente el tiempo y la dedicación puestos en cada detalle. Muchas gracias por compartir este maravilloso trabajo, quedo con mucha ilusión esperando los próximos capítulos.
Jesus Castro Montero
Muy buena novela te felicito escritora 👪😘🤣❤️😅😂
Erika Badel
muy buena
Claudia Kassar
No me gusta el protagonista 😳 es un interesado
MARCE MIRANDA
para sabrina la mamá de Ernesto no sera hueso facil.. perp como si rralmente le importara, ella ha sobrevivido a peor que un hijo puede recibir de sus padres
Grciela Calanducci
CUANDO PUBLICAN EL RESTO DE LA HISTORIA???
Carmen Juarez
Me molesta cuando cortan las novelas así!!! después me olvido de seguirla...
Carmen Juarez
Porque tienen que cortar así las novelas, eso me pudre!!!
Jesus Castro Montero
Que lindo que sientan que una nueva vida comienza para todos en especial para Sabina Ernesto y Abel gracias escritora por deleitarnos con tan bella y hermosa novela
silvia
Ose un huesito🤭
Milcaris
Querido Ernesto tu cómo un caballero que quiere y respeta a su esposa va decirle a su madre las cosas claras como el agua, sin ofender pero sin dejarse manipular.
Jesus Castro Montero
Sabina eras una niña cuando les diste su merecido a tus padres ya que no tuviste quien te proteja asi que tu trabquila ahira tienes a Ernesto👪😘😘
Jesus Castro Montero
Ernesto deja que Sabina te cuente toda su verdad para que así la puedas entender bella historia de amor
Gabriela Mero Cedeño
Nilda.
Que has hecho. Mira que interrumpir
BERNARDINA PASTELIN
es muy doloroso bajar la guardia
BERNARDINA PASTELIN
ajaaaa, también a sufrido
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