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Matrimonio Por Contrato, ¿Amor Después Del Matrimonio?

Matrimonio Por Contrato, ¿Amor Después Del Matrimonio?

Status: En proceso
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Matrimonio arreglado
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Sinopsis:
Un matrimonio por conveniencia de dos años. Dos mentes calculadoras dispuestas a todo.
Emma creía que Dilan era el títere perfecto para lograr su venganza familiar y luego desaparecer con su herencia. Dilan sabía que Emma era un lobo con piel de cordero desde el día en que la conoció, y la eligió por eso.
Cuando las mentiras salen a la luz y el imperio de piezas se derrumba, ella exige la libertad que estipulaba el contrato. Pero él tiene una nueva condición: "Úsame, destruye a quien quieras, pero te quedas conmigo". Una historia de amor obsesivo, secretos y poder donde el peligro más grande no son los enemigos externos, sino la atracción entre los dos. Una pregunta que Emma no sabe cómo responder: ¿Se puede ganar una guerra cuando tu mayor enemigo está dispuesto a entregarte todo con tal de que lo ames?

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

El calor es sofocante. Me muevo en la cama, pero no logro encontrar una postura cómoda. Abro los ojos lentamente, adaptándome a la luz de la habitación, y me encuentro con Dilan a mi lado. Sus brazos me envuelven con firmeza, mientras yo lo sujeto con mis piernas y brazos, como si fuera una almohada.

Me quedo pasmada al notar que no se ha alejado. Me separo de él con mucho cuidado y me meto al baño, dejándolo dormir. Al salir, lo encuentro al teléfono y me hace señas para que guarde silencio. Tocan a la puerta y el servicio a la habitación ha llegado. Dilan me mira de arriba abajo y niega con la cabeza, arrugando la nariz. Me miro al espejo y me doy cuenta de que sigo en toalla; olvidé ponerme la bata.

Espero a que el mesero se vaya para cambiarme. Me pongo unos pantalones largos y una camisa blanca, secándome el cabello mientras como una fresa.

—Lávate las manos antes de meterte comida a la boca —me regaña, terminando su llamada.

—Ñiñiñi —lo imito, con la boca llena.

Solo me dedica una mirada fría antes de entrar al baño. Cuando sale, está impecable; es tan elegante y atractivo. Yo, en cambio, solo me visto para no andar desnuda.

—Nuestros padres esperan que tengamos un día genial —dice, sentándose frente a mí. Se sirve un café; es lo único que probará en toda la mañana.

—Iremos a la Torre Eiffel, sacaremos buenas fotos —respondo, preparando una tostada con mermelada. Él asiente, bebiendo café—. Abre la boca.

Sus ojos me miran, confundidos.

—No has desayunado nada y no aguantarás mi ritmo —le digo, acercándole la tostada—. ¡Abre!

Él muerde un trozo y se queda mirándome, sorprendido.

—Tranquilo, no morirás por intoxicación. Mis manos están limpias —le aseguro antes de levantarme para maquillarme un poco.

Al salir, la gente nos mira. Es obvio el contraste: él parece un modelo de revista mientras yo voy vestida como si fuera a la tienda de la esquina. Sonrío para mis adentros; le dará un ataque cuando su madre vea que no combinamos en absoluto.

Al llegar al restaurante del hotel, nuestros padres nos escanean con la mirada y niegan al unísono.

—Parecen el jefe y su secretaria —comenta mi madre. Sonrío triunfante; siempre dicen lo mismo.

—Hijo, estás muy formal para una salida de pareja. A ver, quitemos esto... y esto —dice su madre, quitándole la chaqueta y desabrochándole la camisa. De repente, queda tan informal como yo; parece que, por fin, combinamos.

Él me lanza una mirada que dice claramente: "Me las vas a pagar".

Al salir, el taxi nos espera.

—Me las vas a pagar —repite mientras abre la puerta.

—¿Transferencia o efectivo? —le pregunto, entrando al coche.

Recorrimos casi todos los lugares turísticos de París. Nos quedamos en la Torre Eiffel un buen rato, tomándonos fotos para el recuerdo. Para cuando terminamos, mi cuerpo ya no daba para más.

—Para la cena quiero algo ligero —le dije mientras nos sentábamos en una cafetería.

—Cenaremos fuera. Mis padres no lo saben, así que no te preocupes —dijo, sacando su teléfono—. Por cierto, finge sorpresa cuando encuentres el anillo en el helado —añadió, justo después de que me llevara la primera cucharada a la boca.

Casi me atraganto al sentir el metal.

—Es lindo —dije, observando el anillo en mi dedo. Con este, ya van tres en mi colección, sin contar los diez collares de diamantes y el brazalete. Si sigo así, en tres años seré billonaria.

—Ya podemos irnos —dijo cuando terminé.

Salimos tomados de la mano, pero al llegar al coche, sacó su desinfectante de inmediato.

—¿Por qué no te lavas las manos? Están pegajosas —se quejó.

—Se me olvidó —dije, sacando mis toallitas húmedas. Tras limpiarme, él me aplicó un poco de su desinfectante.

—Lo necesitas —sentenció con seriedad.

Al llegar al hotel, nos duchamos y nos arreglamos para la cena. Esta vez el ambiente cambió: mi vestido era elegante y él lucía espectacular.

—Este vestido es demasiado descubierto —dije, incómoda ante el espejo. Él se acercó por detrás y me colocó un collar, mirándonos fijamente en el reflejo.

—Te dije que pagarías por hacerme cambiar de ropa —dijo con una sonrisa maliciosa, antes de alejarse e ignorarme mientras salíamos.

—¿Esta es tu venganza? —le pregunté, enojada.

—Exacto.

—¡Qué preciosos se ven! —exclamó mi suegra al salir del ascensor.

—Gracias —respondí.

—¿Van a cenar en el hotel? Les tenemos una sorpresa —dijo ella.

—No, cenaremos en otro lugar —respondió Dilan.

—¿Por qué? Ya teníamos todo preparado.

—Le tengo una sorpresa a mi esposa —dijo él, tomándome de la mano.

Es la primera vez que llevamos la contraria a nuestros padres; nunca nos habíamos atrevido. Espero que sea una buena idea, porque no es precisamente inteligente hacer enojar a los mayores.

Durante el trayecto en coche no intercambiamos palabra. Llegamos a un restaurante alejado de la ciudad, un lugar tranquilo y de ambiente muy casual. Yo era la única mujer vestida de forma extravagante; destacaba demasiado.

—No podemos lucirnos en lugares públicos, recuerda nuestro acuerdo —susurró Dilan mientras nos guiaba a la mesa.

Lo seguí en silencio. Tenía razón: nadie, fuera de la familia, puede saber que estamos casados. Nuestra mesa estaba alejada de la multitud, con una decoración sencilla pero armoniosa, donde los aromas frutales nos daban la bienvenida.

1
Mirta Vicente
y cuando los otros capítulos quedamos en el 36 !!!
Betty Saavedra Alvarado
Emma solo se defiende de su familia que le quiere hacer daño
Betty Saavedra Alvarado
Emma no estás sola
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Sus amigos ya descubrieron su secreto
Betty Saavedra Alvarado
Emma cuídate de Elena te quiere hacer daño
Betty Saavedra Alvarado
Así es Dilan está contigo
Betty Saavedra Alvarado
Elena siempre egoísta todo lo quieres para ti
Betty Saavedra Alvarado
Elena solo se defiende de sus padres yhna
Betty Saavedra Alvarado
Emma a ser fuerte Dilan te respalda
Betty Saavedra Alvarado
Muchas personas te manipulan para lograr sus objetivos
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Elena y Dilan parecen dos adolescentes en problemas
S I A R A ❤️‍🔥
te vas a quemar en tu propio juego Emma 😈
Betty Saavedra Alvarado
Dilan esa mujer solo quiere hacer daño a Emma
Betty Saavedra Alvarado
Estos están locos dicen una cosa y hacen otra
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Dilan la amas por eso la cuidas no quiere que nadie le haga daño
Betty Saavedra Alvarado
La vida nos da muchas sorpresas las personas a veces ocultan como son
Betty Saavedra Alvarado
Dilan y Emma ya aclararon todo
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