NovelToon NovelToon
Los Gemelos de Mi Ex

Los Gemelos de Mi Ex

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Hijo/a genio / La mimada del jefe / Amante arrepentido
Popularitas:114.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena firmó el divorcio sin decirle a Gael que estaba embarazada.

Se fue de Ciudad de México, cambió de vida y crió sola a sus gemelos.

Cuatro años después, vuelve. Gael la reconoce de inmediato, pero lo que no espera es ver a dos niños con sus mismos ojos.

Ahora él quiere recuperar a la mujer que dejó ir.

Y también la verdad que ella le ocultó.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Capítulo 23

Al día siguiente, Don Víctor Alcázar llegó a la residencia Del Río sin avisar.

Don Ernesto lo recibió en el salón.

—Ya viste a los niños —dijo Don Víctor apenas se sentó—. No me vengas con rodeos.

Don Ernesto dejó la taza sobre la mesa.

—También viste el resultado de la prueba.

—Esa prueba fue manipulada. Gael ya me lo dijo.

Ximena estaba sentada junto a su abuelo. No levantó la vista.

Don Víctor suspiró.

—Ximena, yo te aprecio. Sé que estos años no fueron fáciles para ti. Pero esos niños son sangre de mi familia. Gael no se ha vuelto a casar, no ha tenido otra mujer, no tiene otros hijos. ¿De verdad quieres que crezcan sin saber de dónde vienen?

Don Ernesto frunció el ceño.

—Mi nieta los parió sola, los crio sola y los sacó adelante sola. Eso también cuenta.

—Claro que cuenta. Y por eso estoy aquí hablando con respeto.

El silencio pesó.

Don Víctor pidió ver a los niños antes de irse. Santi y Sofi lo saludaron con educación, sin entender la tensión de los adultos.

Cuando el coche de Don Víctor salió de la residencia, Don Ernesto miró a Ximena.

—Esto ya no se va a poder alargar.

—Lo sé.

—Los niños quieren a Gael. Y él los quiere. Además, les corresponde saber la verdad. No solo por cariño, también por derechos. No puedes decidir por ellos que renuncien a lo que les toca.

Ximena apretó los dedos sobre la falda.

—Mañana hablaré con Gael.

Al día siguiente, estacionó frente al corporativo Alcázar en Santa Fe. Era la primera vez que entraba a esa torre como algo más que una exesposa.

Gael bajó personalmente por ella.

Las recepcionistas se miraron entre sí.

—¿El señor Alcázar bajó por una mujer?

—Cállate, puede ser la futura señora.

En la oficina, Ximena fue directo al punto.

—Tu abuelo fue a verme. Estoy dispuesta a hacer otra prueba.

Gael no se sorprendió.

—¿Cuál es tu condición?

—Custodia compartida en la práctica, pero sin pelearme la custodia legal. Santi y Sofi pueden ir a tu casa si quieren. Pueden convivir con tu familia. Pero no me los vas a quitar.

Gael la miró con una calma que la desarmó.

—Tengo una mejor propuesta.

—¿Cuál?

—Nos volvemos a casar. Criamos a los niños juntos.

Ximena sintió que el aire se le atoraba.

—No.

—Lo imaginé.

—Gael.

—No voy a presionarte. Pero tampoco voy a fingir que no quiero recuperar lo que perdí.

Ella sacó un sobre.

—Aquí están cabellos de los niños. Es la última vez. Si vuelve a pasar algo raro, se acaba.

Gael tomó el sobre.

—Para mí no hace falta. Sé que son mis hijos.

—Para mí sí. No quiero que nadie cuestione su sangre.

Cuando salieron, Ximena vio en su escritorio una foto enmarcada: la imagen de los cuatro en el parque.

No dijo nada.

Pero algo dentro de ella cedió un poco.

Esa tarde, al llegar al estacionamiento de Del Río Joyas, Rodrigo la llamó.

—Me dijeron que aceptaste otra prueba.

—Sí.

—Xime, cuidado. Gael puede pedir custodia.

—Ya lo hablé con él.

—¿Y también hablaron de volver?

—No voy a volver con él.

Rodrigo soltó aire.

—Me asustaste.

En la noche, Rodrigo llegó a la casa Del Río. Don Ernesto aprovechó para hablar de Arturo y Mariela. Rodrigo ya tenía pistas: llamadas escondidas, movimientos raros, posibles transferencias.

—Hay que conseguir pruebas completas —dijo Don Ernesto—. Fotos, audios, dinero. Todo.

Cuando Doña Tere bajó con los niños, cambiaron de tema.

Sofi corrió a los brazos de Rodrigo.

—¡Tío!

Rodrigo la cargó y luego cargó a Santi.

—Están más pesados. Eso quiere decir que sí comen.

—Yo como mucho —presumió Sofi.

Don Ernesto los miró con ternura, pero al quedarse solo con Ximena murmuró:

—Tu hermano quiere mucho a los niños. Ya va siendo hora de que haga su propia familia.

Ximena sonrió.

—Un día le llegará.

—Eso me dices siempre. Voy a buscarle una buena cita.

Ximena levantó las manos.

—Rodrigo, perdóname. Yo intenté salvarte.

Rodrigo regresó con los niños oliendo a jabón de manos y con Sofi colgada del brazo.

—¿Por qué me miran así?

—Por nada —dijo Ximena.

Don Ernesto tomó el periódico.

—Por nada, todavía.

Rodrigo no entendió la amenaza, pero sintió el peligro.

—¿Otra vez quieren mandarme a citas?

Don Ernesto dobló el periódico con una calma sospechosa.

—No dije eso.

—Cuando dices “todavía”, casi siempre significa que ya pensaste algo.

Ximena levantó la taza para ocultar la risa.

—Yo no voy a opinar.

—Traición —murmuró Rodrigo.

Sofi, que no entendía nada, se sentó junto a él.

—Tío, si vas a una cita, ¿nos traes postre?

—¿Ves? Hasta mi sobrina me vende por postre.

Rodrigo fingió indignación, pero terminó prometiendo pan de elote si algún día salía con alguien. Sofi aplaudió como si acabara de cerrar un contrato. Santi, más serio, le preguntó:

—¿Y si no te gusta la señora?

—Entonces no hay postre —dijo Rodrigo.

—Eso está mal. El postre no tiene la culpa.

Ximena soltó una carcajada. Don Ernesto también se rió, aunque intentó disimularlo con un carraspeo.

La conversación ayudó a quitarle peso al día. Minutos antes, Ximena todavía tenía en la cabeza el sobre de laboratorio, la mirada de Gael cuando habló de casarse otra vez, la condición que ella había puesto para proteger a los niños. Ahora, en cambio, estaba sentada en la mesa de siempre, oyendo a su hermano discutir con dos niños sobre postres.

Esa normalidad le recordó por qué no podía ceder por miedo ni por culpa. Santi y Sofi merecían una verdad limpia, aunque llegara tarde.

Cuando los niños subieron a bañarse, Don Ernesto se quedó con ella.

—Hiciste bien en poner condiciones.

—No sé si sirva.

—Sirve para que sepa que ya no eres la mujer que podía arrinconar.

Ximena apretó la taza entre las manos.

—No quiero guerra.

—Entonces exige paz con reglas. Sin reglas, la paz siempre la paga el más débil.

Ella asintió. Gael había pedido una oportunidad, pero esa vez no bastaría con pedir. Tendría que aprender a quedarse sin tomar todo por la fuerza.

1
Mildred Maiz
perdón pero ya da fastidio siempre lo mismo con jimena y galletas no se cuantos capitulos cambia es el dia no la historia
Tere Jimenez
muy interesante gracias por compartir ojalá y nos regales el final
Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Andrea Pupo
porque no le dice que le llevo el anillo de casada que supuestamente el se olvidó
Andrea Pupo
esa cosa de no querer parecer me da bronca
Andrea Pupo
ok no es por defenderlo pero tampoco sabía cómo iba a preguntar todo muy raro
Gladis Erazo
van a abri los siguientes capitulos x favor
Gladis Erazo
van a abri los siguientes capitulos x favor
Gladis Erazo
y siguen con comentarios
Gladis Erazo
Gracias pero no volveré a leer sus novelas xq no dejan q uno termine de leer y x ultimo uno hace el comentario
Gladis Erazo
no me gusta q cada rato interrum
Gladis Erazo
me parecio hermosa la historia
Jos Qui
más capítulos porfavor ahorita
Gladis Erazo
si van a abrirlos siguientes caputulos
Gladis Erazo
q sigaaaaa
Gladis Erazo
quiero el final de la historia... Gracias
Gladis Erazo
x favor q continue la historia
Gladis Erazo
con interrupciones no vuelvo a leer mas
Gladis Erazo
no mas, dejeb leer en paz por favor
Gladis Erazo
muy buena por favor no vuelvan a interrumpir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play