Valeria solo quería encajar. Por eso aceptó ir a esa fiesta con sus compañeras de universidad, sin sospechar que su presencia molestaba más de lo que creía. Su brillante expediente académico y la atención involuntaria del chico más codiciado del campus la habían convertido en el blanco de una envidia silenciosa. Esa noche, una trampa meticulosamente diseñada destruyó su reputación en cuestión de horas y alteró el curso de su vida para siempre.
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Capítulo XVII Planes oscuros
Las horas en la sala de espera del centro médico transcurrían con lentitid de tal manera que rayaba en la tortura o al menos eso sentía Valeria. El segundero del reloj de pared parecía avanzar a regañadientes mientras la luz roja de "En Quirófano" permanecía encendida como un aviso de peligro.
Valeria no se había movido del pasillo. Rehusó sentarse en varias ocasiones, caminando de un lado a otro mientras se apretaba el abdomen con disimulo. Dante, atento a cada uno de sus gestos, no la dejó sola ni un instante. Cada vez que el temblor en las manos de Valeria se hacía evidente, él entrelazaba sus dedos con los de ella, transmitiéndole un ancla de firmeza en medio del abismo.
—Llevan casi seis horas allá adentro… —susurró Valeria con la voz agotada, apoyando la frente contra el hombro de Dante.
—Es una cirugía reconstructiva compleja, Valeria. El especialista fue muy claro: la precisión toma tiempo —respondió Dante, rodeándole la cintura con suavidad para restarle peso al cuerpo de su esposa—. Alejandro está en las mejores manos. Ten fe.
Casi dos horas después, el sonido mecánico de las puertas automáticas rompió el silencio del pasillo. El doctor Ignacio y el oncólogo principal aparecieron vistiendo aún los trajes quirúrgicos verdes, con las mascarillas abajo.
Valeria se erizó por completo y dio tres pasos apresurados al frente. Dante se colocó a su lado de inmediato.
—¿Cómo está mi hermano? —preguntó ella, con el corazón en la garganta.
Ignacio se retiró el gorro médico y dejó escapar un suspiro de cansancio, pero en sus ojos había una chispa de alivio sincero. Miró primero a Valeria y luego a Dante.
—La operación fue un éxito rotundo —anunció Ignacio con una leve sonrisa—. Logramos extirpar la totalidad de la masa tumoral sin comprometer la arteria femoral. La prótesis de titanio encajó a la perfección y la vascularización de la pierna es excelente.
Un sollozo de alivio puro se le escapó a Valeria. Las piernas le fallaron por un segundo, pero Dante la sujetó con firmeza contra su pecho antes de que cayera al suelo.
—¿Y los riesgos de metástasis? —inquirió Dante, manteniendo la postura firme mientras acariciaba la espalda de su esposa.
—Al haber removido el tejido a tiempo, el margen de seguridad es amplio —explicó el oncólogo importado por Dante, inclinando la cabeza—. El muchacho responderá bien. Ahora pasará a la unidad de cuidados intensivos para recuperarse de la anestesia, pero lo peor ya quedó atrás.
—Gracias… Dios mío, gracias —murmuró Valeria entre lágrimas, ocultando el rostro en el cuello de Dante.
Dante cerró los ojos por un instante, sintiendo que una opresión ajena pero profunda se liberaba de su propio pecho. Miró a Ignacio por encima de la cabeza de Valeria y asintió levemente en señal de respeto mutuo.
—Buen trabajo, doctor —reconoció el magnate.
—Hicimos lo que nos correspondía, Señor Salazar. Ahora le toca a ella descansar —respondió Ignacio, observando con una pizca de melancolía la forma en que Valeria se aferraba a su esposo.
Mientras en la clínica se celebraba el milagro de Alejandro, a pocos kilómetros de allí, en la imponente mansión de la familia de Dante, la atmósfera era sumamente turbia.
Diana caminaba por la amplia terraza sosteniendo una copa de vino, con la mirada fija en los jardines. A su lado, Beatriz la madre de Mateo y cuñada de Dante revisaba unas muestras de encaje para la fiesta de compromiso que se celebraría en una semana.
—Mateo sigue distraído, Beatriz —comentó —Mateo sigue distraído, Beatriz —comentó Diana con fastidio, dando un sorbo a su copa—. Sigue suspirando por la muerta de hambre esa. Hoy tuve que ponerlo en su lugar en la oficina.
Beatriz, la cuñada de Dante y madre de Mateo, dejó las muestras sobre la mesa de centro y esbozó una sonrisa helada. Al ser la viuda del hermano mayor de Dante, siempre había considerado que el liderazgo de los Salazar le correspondía por derecho a su rama de la familia, y no a su joven cuñado, de quien Mateo apenas se llevaba siete años.
—No te preocupes por ella, querida. Mateo es idealista, pero cuando vea que la herencia principal depende de su matrimonio contigo, se le olvidarán los cuentos de hadas. Lo importante es que la muchachita esa ya no es un problema.
Con esta pieza del rompecabezas en su lugar, la revelación en la gala de compromiso va a ser de un impacto brutal: Mateo verá a la mujer que ama de la mano de su joven tío y líder de la familia, mientras Beatriz y Diana descubrirán que la chica a la que intentaron desaparecer es ahora la señora de la casa Salazar.
Diana con fastidio, dando un sorbo a su copa—. Sigue suspirando por la muerta de hambre esa. Hoy tuve que ponerlo en su lugar en la oficina.
Beatriz dejó las muestras sobre la mesa de centro y esbozó una sonrisa helada.
—No te preocupes por ella, querida. Mateo es idealista, pero cuando vea que la herencia principal depende de su matrimonio contigo, se le olvidarán los cuentos de hadas. Lo importante es que la muchachita esa ya no es un problema.
—¿Estás completamente segura de que los hombres que contratamos hicieron el trabajo? —preguntó Diana, entornando los ojos con paranoia—. No quiero sorpresas la noche del compromiso. Si Franco Salazar se entera de que Mateo andaba detrás de una muerta de hambre antes de la boda, podría cambiar las cláusulas del testamento.
—Guillermo y sus sujetos se encargaron de desaparecerla —aseguró Beatriz con total frialdad—. Además, escuché que la casa de esa gente está vacía y la chica no ha vuelto a pisar la universidad. Considera a Valeria Hernández un fantasma del pasado.
Diana sonrió con malicia, alzando su copa en un brindis silencioso.
—Perfecto. En una semana, Mateo y yo seremos la pareja oficial frente a todo el clan Salazar. Nadie ni nada va a arruinar nuestro ascenso al poder.
Lo que ni Diana ni Bestriz imaginaban era que el "fantasma" que creían haber destruido no solo estaba más vivo que nunca, sino que llevaba en el dedo la alianza del hombre más poderoso del imperio Salazar: Dante. Y la verdadera tormenta para la familia apenas estaba por comenzar.
se me hizo tan corta y muy buena 👍😍