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La Ciudad De La Mafia

La Ciudad De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:226
Nilai: 5
nombre de autor: Arnold Alonso

una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?

NovelToon tiene autorización de Arnold Alonso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Las cenizas del imperio

Tres meses habían pasado desde la caída de La Sombra Negra.

Ciudad Oscura parecía diferente.

Las noticias ya no hablaban diariamente de explosiones, asesinatos o guerras entre mafias. Muchos de los políticos corruptos vinculados a la organización habían sido arrestados. Empresas que durante años sirvieron para lavar dinero estaban siendo investigadas.

A simple vista, parecía que la ciudad finalmente había encontrado la paz.

Pero Gabriel Torres sabía que las apariencias podían ser engañosas.

Estaba sentado en su oficina observando las luces de la ciudad cuando recibió una llamada.

—¿Gabriel Torres?

—Sí.

—Tengo información sobre La Sombra Negra.

Gabriel se incorporó inmediatamente.

—La organización fue destruida.

—Eso es lo que quieren que todos crean.

La llamada terminó antes de que pudiera hacer otra pregunta.

Gabriel observó el teléfono durante varios segundos.

Una sensación incómoda recorrió su cuerpo.

Durante meses había investigado los restos de la organización.

Todo indicaba que realmente había sido destruida.

Sin embargo, aquella llamada despertó viejas dudas.

Mientras tanto, en una prisión de máxima seguridad ubicada lejos de Ciudad Oscura, Esteban Navarro permanecía sentado en una pequeña celda.

La mayor parte de sus antiguos aliados lo habían abandonado.

Los periódicos lo llamaban monstruo.

Traidor.

Criminal.

Y por primera vez en décadas, Esteban no tenía poder.

Un guardia se acercó.

—Tiene una visita.

Esteban levantó la mirada.

Aquello era extraño.

Casi nadie iba a verlo.

Minutos después fue conducido a una sala vigilada.

Cuando la puerta se abrió, vio a una mujer sentada al otro lado del cristal.

No era Sofía.

Aquello lo sorprendió.

La mujer parecía tener unos treinta años.

Cabello oscuro.

Mirada fría.

Elegante.

Y completamente desconocida.

—¿Quién es usted?

La mujer sonrió.

—Alguien que viene a ofrecerle una oportunidad.

Esteban frunció el ceño.

—No estoy interesado.

—Debería escuchar primero.

La mujer apoyó ambas manos sobre la mesa.

—La Sombra Negra no murió.

El silencio llenó la habitación.

Por primera vez en meses, Esteban pareció verdaderamente sorprendido.

Esa misma noche, Gabriel decidió investigar el origen de la llamada.

Después de varias horas rastreando números y registros descubrió algo extraño.

La llamada provenía de un teléfono desechable.

Pero había sido realizada desde una zona industrial abandonada.

Una zona que antiguamente pertenecía a empresas vinculadas a La Sombra Negra.

La coincidencia era demasiado grande.

Tomó su cámara y salió inmediatamente.

La lluvia amenazaba con caer cuando llegó al lugar.

Los edificios abandonados permanecían oscuros y silenciosos.

Parecía que nadie había estado allí durante años.

Sin embargo, Gabriel notó algo.

Una puerta tenía señales recientes de uso.

Se acercó con cautela.

Empujó lentamente.

Y encontró algo inesperado.

Luces encendidas.

Equipos informáticos.

Documentos.

Personas trabajando.

Gabriel observó todo desde una ventana rota.

No podía creerlo.

Aquella instalación estaba operativa.

Y parecía muy organizada.

Mientras tomaba fotografías escuchó una conversación.

—¿Cuándo llegará la directora?

—Mañana.

—¿Ya confirmó su reunión con los socios?

—Sí.

Gabriel sintió un escalofrío.

¿Directora?

¿Socios?

Aquello sonaba como una estructura criminal activa.

Antes de que pudiera escuchar más, una mano apareció detrás de él.

Lo sujetó con fuerza.

Gabriel se giró rápidamente.

Pero ya era demasiado tarde.

Al otro lado de la ciudad, Antonio Romano observaba los informes sobre su escritorio.

La caída de La Sombra Negra había creado un enorme vacío de poder.

Y muchos grupos intentaban ocuparlo.

Uno de sus hombres entró apresuradamente.

—Jefe.

—¿Qué ocurre?

—Tenemos problemas.

Antonio levantó la vista.

—Habla.

—Tres de nuestros almacenes fueron atacados esta semana.

—¿Por quién?

—No lo sabemos.

Antonio frunció el ceño.

Aquello no era normal.

La mayoría de sus enemigos conocidos habían desaparecido o estaban demasiado debilitados para actuar.

—¿Hay alguna pista?

—Ninguna.

—Entonces búsquenlas.

El hombre asintió.

Pero antes de salir agregó algo más.

—Hay otro detalle.

—¿Cuál?

—Los atacantes dejaron un símbolo.

Antonio sintió curiosidad.

El hombre colocó una fotografía sobre el escritorio.

Era una marca pintada con aerosol negro.

Un círculo atravesado por tres líneas diagonales.

Antonio nunca había visto aquel símbolo.

Y eso le preocupó.

A pocos kilómetros de allí, Víctor Moretti enfrentaba exactamente el mismo problema.

Dos negocios vinculados a su organización habían sido incendiados.

Y los responsables también dejaron el mismo símbolo.

Víctor observó las fotografías.

—¿Qué significa?

—No lo sabemos.

—Averígüenlo.

Uno de sus capitanes dudó antes de hablar.

—Hay rumores.

—¿Qué rumores?

—Algunas personas creen que se trata de una nueva organización.

Víctor sonrió.

—Siempre aparece alguien nuevo.

—Esta vez parece diferente.

La sonrisa desapareció.

—¿Por qué?

—Porque nadie sabe quiénes son.

Aquella respuesta no le gustó.

En Ciudad Oscura, los enemigos visibles eran peligrosos.

Pero los invisibles eran mucho peores.

Horas más tarde, Gabriel despertó.

Le dolía la cabeza.

Intentó moverse.

Descubrió que estaba atado a una silla.

La habitación era amplia.

Moderna.

Y completamente desconocida.

Frente a él había una mesa.

Y detrás de la mesa, una mujer observándolo.

Era elegante.

Segura de sí misma.

Y claramente estaba al mando.

—Por fin despiertas.

Gabriel intentó liberarse.

Inútil.

—¿Quién eres?

La mujer sonrió.

—Esa es una excelente pregunta.

—¿Dónde estoy?

—En un lugar seguro.

—No parece muy seguro para mí.

La mujer soltó una pequeña carcajada.

—Tienes sentido del humor. Eso me gusta.

Gabriel permaneció en silencio.

—Mi nombre es Valeria Cruz.

—Nunca escuché hablar de ti.

—Eso es porque trabajo mejor desde las sombras.

Aquellas palabras provocaron una sensación desagradable.

Le recordaban demasiado a otra persona.

—¿Qué quieres?

Valeria apoyó los codos sobre la mesa.

—Hablar.

—Pues habla.

La mujer lo observó durante varios segundos.

—¿Qué sabes sobre los verdaderos fundadores de La Sombra Negra?

Gabriel sintió un escalofrío.

—La organización cayó.

—No respondas una pregunta con otra.

—Sé lo que publiqué.

Valeria sonrió.

—Entonces sabes muy poco.

Mientras tanto, Sofía Navarro revisaba documentos en una pequeña oficina.

Después del arresto de su padre había dedicado gran parte de su tiempo a colaborar con las investigaciones.

Pero aquella noche encontró algo extraño.

Un archivo antiguo.

Muy antiguo.

Correspondía a los primeros años de La Sombra Negra.

Lo abrió.

Y encontró una fotografía.

En ella aparecían varios hombres.

Uno de ellos era Esteban Navarro.

Pero había otra persona.

Una mujer.

Joven.

Sonriente.

Y ubicada exactamente en el centro del grupo.

Sofía observó la imagen durante varios segundos.

Nunca la había visto.

Sin embargo, algo llamó su atención.

Al reverso de la fotografía había una nota escrita a mano.

"Los verdaderos líderes nunca aparecen en público."

Sofía sintió un escalofrío.

Porque debajo de aquella frase había una firma.

Una sola letra.

V

En otro lugar de la ciudad, Antonio Romano recibió una llamada inesperada.

—¿Quién habla?

—Tenemos un problema.

Antonio reconoció inmediatamente la voz.

Era Víctor Moretti.

—No suelo recibir tus llamadas.

—Ni yo hacerlas.

—Entonces debe ser importante.

Víctor guardó silencio unos segundos.

—Encontré algo.

—¿Sobre qué?

—Sobre el símbolo.

Antonio se incorporó.

—¿Y?

—Pertenece a una organización llamada El Círculo.

—Nunca escuché ese nombre.

—Yo tampoco.

—Entonces, ¿por qué me llamas?

La respuesta llegó inmediatamente.

—Porque creo que son los responsables de los ataques.

Antonio observó la fotografía sobre su escritorio.

El símbolo parecía más amenazador ahora.

—¿Y qué más sabes?

Víctor respiró profundamente.

—Que no solo nos están atacando a nosotros.

—¿Qué quieres decir?

—También están buscando a Gabriel Torres.

Antonio permaneció inmóvil.

Aquello era una muy mala señal.

Muy mala.

Porque si alguien estaba buscando a Gabriel, probablemente significaba que había descubierto algo importante.

Algo tan importante que podía cambiar nuevamente el destino de Ciudad Oscura.

Y en algún lugar, oculto entre las sombras, una nueva amenaza comenzaba a mover sus piezas.

Más silenciosa.

Más organizada.

Y quizás más peligrosa que La Sombra Negra.

Continuará en el Capítulo 10...

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STEEBAN VALBUENA
EPICO!!!🔥🔥🔥
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