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Antiguo Amor

Antiguo Amor

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Amor-odio / Completas
Popularitas:5.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

🚩🔞⚠️Tras cinco años de injusto exilio en las heladas estepas del norte, el implacable General Yan Jincheng regresa a la capital con un solo objetivo: vengarse de la dinastía Li. Para salvar a su familia biológica de la ejecución pública, el Segundo Príncipe, Li Xiaowei, acepta un destino humillante: convertirse en el consorte cautivo de su antiguo amor.
En un palacio militar donde el rencor y los secretos dictan las reglas, Xiaowei soportará el dolor de la servidumbre y la crudeza del cautiverio en un silencio frío. Sin embargo, lo que el general ignora es que el príncipe sacrificó su propia reputación para mantenerlo con vida.
¿Podrá el remordimiento de Jincheng sanar un cuerpo y un alma destrozados cuando la verdad salga a la luz en medio de un imperio en cenizas? Una historia BL oscura de traición, redención y amor incondicional.
HAY SUFRIMIENTO. SI NO ESTÁN LISTOS, NO LO LEAN.⚠️🔞🚩

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Repulsión

El letargo regresó a cobrar su deuda. El breve destello de lucidez de Li Xiaowei se apagó bajo el peso insoportable del agotamiento y una fiebre pertinaz que se negaba a abandonar su cuerpo. Sus párpados, pesados como el plomo, se cerraron de golpe, sumergiéndolo una vez más en la penumbra de su mente desbocada. Sin embargo, el sueño no le trajo descanso, sino un pasadizo directo hacia sus peores tormentos.

En la oscuridad de su inconsciencia, las pesadas maderas del palacio militar volvieron a alzarse a su alrededor. En sus pesadillas, la noche de bodas y las posteriores se repetía en un bucle infinito de terror y degradación. Volvía a sentir el frío del hierro desgarrando la tela de sus túnicas nupciales rojas, el peso aplastante de la armadura mental del general y el dolor agudo, lacerante, que había quebrado sus zonas íntimas. En el sueño, la voz de Jincheng no era un susurro de culpa, sino un rugido frío que le recordaba su condición de esclavo. El príncipe se sacudía sobre el jergón, con las manos crispadas sobre las sábanas, emitiendo gemidos ahogados que delataban la carnicería que sufría por dentro.

Al lado del lecho, el viejo Lao Chang cambiaba los paños húmedos con una consternación infinita. El sirviente anciano, habiendo obtenido el permiso implícito del médico militar para quedarse, limpiaba el sudor de la frente del joven con manos temblorosas. Escuchar los sollozos secos del príncipe y ver cómo su cuerpo se tensaba ante los fantasmas del abuso le partía el corazón.

La puerta de la alcoba se abrió sin previo aviso, revelando la imponente silueta de Yan Jincheng.

El general avanzó un par de pasos, pero se detuvo en seco al ver el estado de Xiaowei. El príncipe deliraba, encogiéndose sobre sí mismo en una postura de defensa instintiva, como si intentara proteger sus partes lastimadas incluso en sueños. Jincheng sintió una punzada de culpa tan intensa que le costó mantener la respiración. Ver las secuelas físicas y mentales de su propia brutalidad lo estaba destrozando por dentro. Una parte de su alma quería arrodillarse ante esa cama y suplicar un perdón que sabía que no merecía.

Sin embargo, el orgullo militar y el fantasma de sus cinco años en el exilio helado se rebelaron en su pecho. Jincheng desvió la mirada por un segundo, apretando los dientes, buscando desesperadamente una forma de amortiguar el remordimiento que amenazaba con volverlo loco.

—Yo fui el engañado... —se auto-convenció Jincheng en un susurro, hablando más para sí mismo que para el anciano sirviente—. Él leyó el edicto. Él me entregó a los verdugos. Lo que hice... lo que pasó, fue la consecuencia de su propia traición. No puedo flaquear ahora.

Lao Chang no levantó la cabeza, pero sus hombros se tensaron. Conocía la terquedad del general, pero también la inmensa nobleza del príncipe que yacía moribundo. Jincheng, incapaz de soportar la visión de Xiaowei por más tiempo sin quebrarse, se dio la vuelta de inmediato. Necesitaba respuestas reales, no los delirios de un enfermo ni las justificaciones venenosas de la Princesa Xue'er. Si Xiaowei ocultaba algo, lo descubriría por sus propios medios.

Cruzó el patio de armas con el rostro serio y se encerró en su oficina de campaña, convocando de inmediato a su consejero de máxima confianza, el comandante de inteligencia militar.

—Quiero que registres los archivos clasificados de la capital de hace cinco años —ordenó Jincheng, apoyando ambas manos sobre el mapa de la mesa de madera—. Busca las actas originales del juicio por alta traición. No las transcripciones públicas que se distribuyeron a los ministros. Quiero los diarios de la prisión imperial de las tres noches previas a mi destierro. Si falta una sola página, interroga a los archiveros. Hazlo en el absoluto secreto. Si alguien de la facción de la Princesa Xue'er hace preguntas, ejecútalo.

El consejero asintió en silencio y se retiró de inmediato, comprendiendo que el general estaba buscando una verdad que podría cambiar el destino del imperio entero.

Dos días enteros pasaron bajo el peso de esa investigación silenciosa. Gracias a los cuidados constantes de Lao Chang y la potencia de los ungüentos del médico, la infección de Xiaowei comenzó a ceder de forma paulatina, y la fiebre abrasadora finalmente bajó, permitiéndole recuperar el conocimiento.

Sin embargo, la mejoría física no trajo paz a la habitación principal.

Xiaowei se vio obligado a permanecer en la cama del general para su convalecencia, bajo la estricta orden de Jincheng de no levantarse. El príncipe intentaba mantener la compostura a toda costa. Cada vez que Jincheng entraba a la alcoba, Xiaowei enderezaba la espalda contra la cabecera, apretaba los labios y fijaba sus ojos en la pared opuesta, negándose a mostrar un solo rastro de debilidad. Desplegaba esa fachada de jade frío que tanto enfurecía al general, intentando demostrar que su espíritu seguía siendo inalcanzable.

Pero su sufrimiento se notaba a leguas. Su silueta parecía aún más delgada bajo las sábanas de lino, y sus manos temblaban de forma sutil pero constante cada vez que el general se acercaba a menos de dos pasos de distancia. El miedo que Xiaowei sentía hacia su esposo era una presencia física en la habitación; cada vez que Jincheng hablaba con esa voz suave y contenida que había adoptado desde la crisis, el príncipe se tensaba de inmediato, conteniendo el aliento, con las pupilas dilatadas por una desconfianza absoluta. Para Xiaowei, esa supuesta piedad no era más que el preludio de un castigo peor.

Una tarde, Jincheng se acercó a la mesa de noche llevando un cuenco de caldo caliente que él mismo había traído de las cocinas, intentando enmendar sus errores mediante pequeñas acciones que Xiaowei recibía como si fueran veneno.

—Debes comer —dijo Jincheng, con una voz suave que buscaba calmar el temblor evidente en los hombros del joven—. El médico dice que necesitas recuperar las fuerzas si quieres que se te permita salir al jardín.

Xiaowei miró el cuenco y luego levantó los ojos hacia el general. A pesar de sus esfuerzos por parecer entero, el dolor sordo de su vientre bajo y el desgaste de la fiebre se reflejaban en las profundas ojeras que enmarcaban su mirada cansada. La distancia emocional que ponía entre ambos era un muro infranqueable.

—El General Yan no necesita simular una preocupación que no siente —respondió Xiaowei. Su voz era limpia, pero carente de cualquier calor, una melodía fría que resonó en las paredes de piedra—. Si desea que coma para que mi cuerpo sane y pueda volver a cargar los sacos de grano en la cocina o descargar su euforia en mí, lo haré. Cumpliré con mi parte del trato. Pero no me pida que acepte este juego de amabilidad. Me causa... más repulsión que sus golpes.

El insulto golpeó directo en el centro del pecho de Jincheng. El general apretó el cuenco de barro con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos, pero se obligó a sí mismo a no levantar la voz, consciente de que cualquier gesto de ira destruiría la poca estabilidad que le quedaba al príncipe.

En ese preciso instante, un golpe seco en la puerta interrumpió la asfixiante escena. El consejero de confianza de Jincheng entró a la alcoba, con el rostro pálido y sosteniendo un rollo de pergamino viejo y amarillento que llevaba el sello lacrado, pero roto, de la prisión imperial.

Jincheng miró al consejero y luego a Xiaowei, quien mantuvo la mirada fija en el suelo, aunque sus dedos se clavaron con fuerza en la sábana de lino al reconocer el origen del documento.

—Sal —le ordenó Jincheng al consejero, arrebatándole el pergamino de las manos.

La puerta se cerró, dejando a los dos esposos sumergidos una vez más en un silencio asfixiante, mientras Jincheng comenzaba a romper el sello del pasado, ignorando que las respuestas escritas en esa vieja corte imperial desatarían la tormenta de culpa más devastadora de toda su vida.

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Idalmis Piña
esperemos que mejores después de esos masajes tu salud del cuerpo, la espiritual está muy lastimada .
Skay P.: ¡Claro que sí, amor!🤭
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Idalmis Piña
el perdón que anhelas, nunca llegará general .
Idalmis Piña
en realidad es muy difícil perdonarlo .
Idalmis Piña
comandante como reparar tanto sufrimiento .?
Idalmis Piña
al fin su corazón se hablando comandante, pero el corazón y el cuerpo del principe están muy lastimados .
Idalmis Piña
La culpa se hará cargo de ti .
Idalmis Piña
veremos, general
Adeb Acuña
me encantó /Sob/
Adeb Acuña
me encantó
Skay P.: ¡Gracias mi Chickis! Revisa el perfil para más historias 😘😘
total 1 replies
pryz
Nada que decir más que excelente
pryz: Te lo mereces belleza
total 2 replies
pryz
Me encanto, aunque le hizo daño jamás lo traicionó y apesar de todo lo amaba, ninguna queja
Skay P.: ¡Gracias, mi Chickis!💋
total 1 replies
pryz
Oye pero si ya tiene su marido, que emperatriz de la onde, ministros babosos
pryz
Sufre, te lo mereces por no investigar antes de dañar😈
pryz
En tu cara perra, te lo mereces por tatar mal al niño
Skay P.: ¡Uuf! 🤭
total 1 replies
pryz
Espero con ancias que te pudras en el dolor y sin derecho a perdón 😈 😊
pryz
Desgraciado ahora si preguntas pero rapidito le creiste a la bruja
pryz
Solo deseo que esa bestia bruta no quede con mi niño
pryz
Pobre de mi niño, mal nacido general me caes mal ojalá se te caiga el pitó
pryz
Este general me cae mal
pryz
Empieza pisando duro /Angry/
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