Mi vida ya era un desastre antes de que él apareciera.
Estoy endeudada, vivo en un apartamento horrible y trabajo en una cafetería donde apenas sobrevivo y entonces llega mi nuevo vecino.
Alto, atractivo, arrogante… Y probablemente un asesino serial.
Todas las noches hace ruidos extraños, aparece cubierto de sangre y actúa como si quisiera matar a cualquiera que se acerque a mí.
Pero mientras más intento evitarlo, más comienzan a cambiar las cosas.
Sueños extraños.
Secretos ocultos.
Y una peligrosa verdad sobre mí que nunca debió despertar.
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Capitulo:09
AMELIA:
—¿Arnor?
Repito en un susurro completamente anonadada.
No me da tiempo de procesar nada más. El agarre en mi mentón se vuelve firme, pero extrañamente delicado y antes de que pueda formular otra pregunta, la distancia entre nosotros desaparece por completo.
Arnor o Asher... No sé, me reclama los labios en un beso brutalmente apasionado que me borra el apellido de la mente.
No es un beso tímido ni de telenovela; es un beso hambriento, rico y delicioso que me hace soltar un jadeo de sorpresa.
Su lengua invade mi boca sin pedir permiso, profunda y posesiva, saboreándome con una intensidad salvaje que me enciende el cuerpo entero en un milisegundo.
Un gemido involuntario se me escapa de la garganta y eso solo parece volverlo más loco.
Un delicioso olor a fresas y chocolate me inunda los sentidos hasta marearme de puro placer.
Mis manos, que hace un segundo sostenían el tenedor, actúan por cuenta propia y se enredan con desesperación en su cabello negro azabache, tirando de él para pegarlo más a mí.
Él suelta un gruñido ronco y vibrante que resuena directo en mi pecho, su otra mano viaja rápida por mi cintura, apretándome contra su cuerpo con una fuerza descomunal, levantándome un poco de la silla para acortar cualquier espacio.
Siento la dureza de su pecho, el calor abrasador que desprende su piel y la forma tan dominante en la que me devora los labios, como si hubiera estado esperando este maldito momento durante siglos y para que negarme... Esto me encanta.
Es un beso perfectamente caótico, cargado de celos ancestrales y de una conexión tan jodidamente eléctrica que hace que mis dedos de los pies se curven.
Me besa con la urgencia de un depredador que acaba de encontrar su tesoro más preciado y no piensa soltarlo jamás.
Cuando el aire se nos vuelve una necesidad urgente, él se separa lentamente rozando sus labios húmedos contra los míos antes de subir a darme pequeños besos en la comisura de la boca y en la mandíbula, dejándome completamente sin aliento y temblando como una hoja.
Abro los ojos con el corazón queriendo salírseme del pecho y me encuentro con su mirada.
Sus ojos siguen brillando en ese plata intenso y sobrenatural, fijos en mí con una adoración salvaje.
—Mía.
Gruñe Arnor con una sonrisa de lado, con la voz más gruesa y profunda que la de Asher.
—Eres nuestra Amelia... Aunque mi humano sea un idiota testarudo que intente negarlo… Y aunque huelas a vainilla barata de mercado... La verdad es que no entiendo por qué hueles a nada.
Pestañeo con el cerebro frito por el tremendo beso que me acaban de dar y por la ofensa de mi perfume barato.
Antes de que pueda responderle algo, el brillo plateado de sus ojos se desvanece rápidamente volviendo a ese gris tormenta.
Asher sacude la cabeza de golpe parpadeando con sorpresa y me suelta la cintura como si se hubiera quemado con fuego.
Da un paso hacia atrás mirándome con la respiración agitada y los labios notablemente encendidos.
Nos quedamos en absoluto silencio en medio del comedor mirándonos como si estuviéramos tratando de descifrar el misterio más grande del universo... Definitivamente el desayuno ya se enfrió… Pero nosotros o al menos yo estoy ardiendo aparte de la vergüenza que siento ahora.
Era mi primer beso ¿Será que lo hice bien?
—Será mejor que vaya a mi casa... Gracias por salvarme y permitirme dormir aquí yo... Yo tengo que besarme... Perdón... Marcharme.
—¿Irte? ¿Por qué vas a irte? Aún no has comido nada.
Dice con el rostro serio y yo trato de sonreír.
—Ya no tengo hambre... ¡Adiós!
Digo antes de salir a toda prisa.