"Él es el hombre más poderoso de la ciudad. Ellos tienen 8 años y acaban de hackear su vida."
Elara ha guardado un secreto durante cuatro años: es madre soltera de dos genios que el sistema escolar no puede controlar. Para su jefe, el implacable y frío millonario Killian Vane, ella es solo la asistente perfecta, la mujer que nunca falla y que parece no tener vida personal. Pero cuando el colegio de los gemelos exige una cuota impagable para niños superdotados y el padre biológico desaparece con las migajas de la manutención, Elara llega al límite.
Lo que Elara no sabe es que sus hijos, Evans y Edans, han tomado una decisión: Mamá necesita un respiro y ellos necesitan un papá que esté a su nivel.
Tras analizar a cientos de candidatos en la plaza local, los gemelos fijan su objetivo en el hombre que aparece en las noticias: Killian Vane. Es rico, es brillante y, según sus cálculos, es el único hombre con el ADN lo suficientemente fuerte para lidiar con ellos.
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Capitulo 19: Dinosaurios, castigos y el motín del abuelo
La pantalla gigante del lobby de la Torre Vane, esa que normalmente proyectaba gráficos bursátiles y el logo elegante en color oro, ahora mostraba un Tiranosaurio Rex con gafas de sol y una corbata. Debajo, en letras pixeladas, se leía: "VANE REX: LA EVOLUCIÓN DEL NEGOCIO".
Arthur Vane entró al edificio apoyado en su bastón, se detuvo frente a la pantalla y soltó una carcajada que se escuchó hasta el primer piso. Subió directamente al despacho de su nieto, donde el caos ya era absoluto.
—¡Killian! —gritó Arthur, entrando sin llamar—. No sabía que habíamos cambiado nuestra identidad corporativa por un reptil del jurásico. ¿Es una nueva estrategia de marketing o es que mis bisnietos finalmente tomaron el control total?
Killian levantó la vista de su escritorio, confundido. Elara, que estaba organizando unos archivos, se giró hacia la ventana y vio el reflejo del dinosaurio en el edificio de enfrente.
—¡GEMELOS! —el grito de Elara hizo que incluso los guardias de seguridad saltaran en sus puestos.
Un segundo después, la puerta de la oficina contigua se abrió y Evans y Edans entraron caminando despacio, con las manos entrelazadas al frente y una expresión de "yo no fui" que no convencía a nadie. Parecían dos ángeles recién bajados del cielo.
—¿Se dieron cuenta? —susurró Evans a su hermano, fingiendo sorpresa.
—Claro, el abuelo les fue con el chisme —respondió Edans con un suspiro dramático.
Se acercaron a Arthur y, al mismo tiempo, lo abrazaron por las piernas.
—¡Abuelito lindo! ¡Qué alegría verte! —dijeron a coro, usando su voz más tierna.
Killian miró a los niños y luego a Elara. Sabía perfectamente la macana que se habían mandado, pero tenía que admitir que el dinosaurio tenía más estilo que el logo anterior.
—A ver, pequeños demonios —dijo Artur, cruzándose de brazos y tratando de mantener la cara seria—. No me vengan con "abuelito lindo". Ese logo es una falta de respeto al trabajo de cientos de personas. Aunque... —hizo una pausa, mirando a Killian con una chispa de travesura en los ojos— tengo que admitir que me gustó el dinosaurio. Tiene actitud.
—Yo tampoco sabía nada de esto —intervino Killian, levantando las manos en señal de paz—, pero me gustó. Vuelve a decir que el dinosaurio se queda, Elara. Es disruptivo.
Elara golpeó la mesa con la palma de la mano, frustrada.
—¡Así no me ayudan! —exclamó ella, mirando a los tres hombres Vane—. Se supone que aquí viene el castigo. Desde que estamos con Killian, ustedes dos hacen lo que quieren porque saben que él les festeja todas las ocurrencias. ¡Pues se acabó! Aquí mando yo.
Los gemelos se pusieron firmes, asustados por el tono de su madre. Arthur y Killian también guardaron silencio de inmediato.
—Escúchenme bien —sentenció Elara—. Ustedes dos, nada de empresa por una semana. Se quedan en el penthouse estudiando libros de verdad, nada de hackear servidores. Y tú, Killian... —lo señaló con el dedo índice— más te vale no pasar por encima de mi autoridad. ¿Entendido?
Killian bajó la cabeza, asintiendo con una sonrisa contenida.
—Como mandes, jefa —respondió él, ganándose una mirada fulminante de Elara.
—¡A la casa! —ordenó ella.
Los gemelos, sabiendo que habían perdido la batalla pero ganado la guerra del logo, se retiraron cabizbajos, pero en cuanto cruzaron la puerta, Arthur los siguió a paso rápido.
—¡Esperen, muchachos! —susurró el abuelo cuando ya estaban fuera del alcance del oído de Elara—. Su madre dijo nada de empresa, pero no dijo nada de mi mansión. Vámonos a mi casa, tengo un laboratorio en el sótano que necesita un "comité de expertos" para actualizar el sistema de riego por satélite.
Los gemelos iluminaron sus rostros y chocaron los cinco con el abuelo.
—¡Eres el mejor, Arthur! —exclamó Evans—. Vamos a instalarle inteligencia artificial a tus cortinas.
Mientras tanto, en la oficina, Elara se dejó caer en el sofá, agotada. Killian se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros.
—Eres muy dura con ellos, Elara —bromeó él, dándole un beso en la sien.
—Alguien tiene que serlo, Killian. Si por ti fuera, mañana el Empire State tendría una estatua de ellos dos en la punta.
—No es mala idea —rio Killian—. Pero tienes razón. Me gusta que pongas orden. Me gusta que seas la jefa, incluso de mí.
Elara se relajó contra su pecho, mirando el dinosaurio en la pantalla gigante. El caos era constante, pero por primera vez, el castigo no se sentía como una carga, sino como parte de una vida familiar que nunca creyó posible. Los gemelos estaban a salvo con Arthur, planeando su próxima travesura tecnológica, y ella estaba en los brazos del hombre que, contra todo pronóstico, se había convertido en su hogar.
debe ser alguien del pasado
o alguien a quien afectaron los gemelos en el pasado 💣
es un viaje de emociones ...
magnífico ,comienzo de esta historia..
Son unos diablillos adorables 👏👏