Me habría encantado renacer, como les ocurre a las protagonistas de esas novelas románticas que tanto me gusta leer. Despertar años atrás, evitar mis errores y no entregar mi corazón al hombre que terminaría destruyéndolo.
Pero la vida real no concede segundas oportunidades de esa forma.
Yo tuve que abrir los ojos por mí misma, enfrentar la verdad y comprender que marcharme no era perder... era salvarme.
Lucan Rivas creyó que sin él no era nadie, se equivocó. Porque no necesité volver al pasado para cambiar mi destino; solo necesité el valor de dejar atrás a quien nunca supo valorarme. Y mientras él descubría todo lo que había perdido, yo aprendía que la mejor versión de mí jamás había dependido de un esposo, sino de la mujer que siempre fui.
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Capitulo 23
A la mañana siguiente desperté con la sensación de que todavía estaba soñando. Durante unos segundos permanecí inmóvil, mirando el techo de la habitación mientras intentaba recordar dónde me encontraba. Entonces escuché el sonido lejano de las olas rompiendo suavemente contra la orilla y todo regresó a mi memoria de golpe. Maldivas. La noche anterior. La caminata junto al mar. La mano de Eiden entrelazada con la mía. Su mirada. El beso. Sonreí sin querer y escondí el rostro entre las almohadas durante unos segundos, como si pudiera ocultarme de mis propios pensamientos. Era extraño. Había una especie de calma instalada en mi pecho, acompañada de una emoción que todavía no sabía cómo nombrar. No quería apresurarme a definir lo que estaba ocurriendo entre Eiden y yo. Solo quería disfrutar de aquella sensación sin convertirla inmediatamente en una promesa sobre el futuro.
Después de.. No de cuánto paso, pensé que solo había cerrado los ojos, pero sentía el sol iluminar más la habitación, decidí levantarme. No tenía ganas de arreglarme todavía. Solo quería beber agua, buscar algo de comer y comenzar el día con tranquilidad. Salí de la habitación todavía medio dormida, caminando descalza por el suelo de la villa. Con el cabello desordenado y todavía intentando despertar por completo, entré a la cocina bostezando.
—Buenos días, hija.
Reconocí inmediatamente la voz de papá.
—Buenos días...
Abrí la nevera, saqué una botella de agua y bebí directamente de ella. Todavía tenía los ojos medio cerrados cuando escuché a mi padre hablar nuevamente.
—¿Dormiste bien?
—Sí.
Cerré la puerta de la nevera y levanté la mirada, entonces me quedé completamente quieta.
Papá estaba sentado a la mesa con una taza de café entre las manos y frente a él estaba Eiden.
Mi cerebro tardó unos segundos en procesar la escena. Eiden levantó la vista al escuchar el ruido de la nevera y nuestros ojos se encontraron. Por una fracción de segundo ninguno de los dos reaccionó. Después, casi inmediatamente, él desvió la mirada hacia su taza de café. Fruncí ligeramente el ceño, confundida por su reacción, hasta que bajé lentamente la mirada hacia mí misma.
Entonces comprendí... Mi pijama.
Llevaba un conjunto de pijama que había comprado antes del viaje; era bonito, ligero y cómodo, aunque, en aquel momento, descubrí que probablemente no había pensado demasiado en el hecho de que tendría que compartir la villa con mi padre y con Eiden, ¿oh sí?
¿cuál era el problema? Todo, el largo, la tela, la manera completamente despreocupada en la que había salido de mi habitación sin pensar siquiera en quién podía encontrarse en la cocina, abrí los ojos de par en par.
—¡Ah!
Papá casi dejó caer la taza.
—¿Qué pasó?
—¡Nada!
Me di la vuelta inmediatamente y salí de la cocina tan rápido como pude. Escuché a papá preguntarme qué ocurría, pero no me detuve. Regresé a mi habitación, cerré la puerta detrás de mí y me quedé apoyada contra ella con ambas manos cubriéndome el rostro.
—No puede ser...
¿Cómo había podido olvidar que Eiden estaba allí, si minutos antes me había despertado pensando en todo lo sucedido? Después de lo ocurrido la noche anterior, de todas las personas que podía encontrar en aquella cocina, precisamente tenía que ser él. Me quedé unos segundos en silencio, intentando recuperar la poca dignidad que me quedaba, hasta que unos golpes suaves en la puerta interrumpieron mis pensamientos.
—Nae.
Era papá, no respondí.
—Hija, abre.
—No.
Escuché una pequeña risa al otro lado.
—¿Por qué?
—Porque me voy a quedar aquí.
—¿Por el resto del viaje?
—Probablemente.
—Entonces tendrás que comer aquí dentro.
—No tengo hambre.
Hubo unos segundos de silencio.
—Naelia.
—¿Qué?
—Es lindo verte actuar como una niña nuevamente, pero necesito que comas. No quiero pasar mis vacaciones preocupado porque mi hija decidió olvidarse de desayunar.
Solté un suspiro.
—No estoy olvidándome de desayunar.
—Llevas encerrada varios minutos.
—Necesito recuperarme de una situación traumática.
Papá soltó una carcajada.
—Dramática.
—¡Papá!
—Te espero en la cocina.
Escuché sus pasos alejarse por el pasillo. Me quedé unos segundos mirando la puerta antes de suspirar nuevamente y aceptar que esconderme durante el resto del día probablemente no era una opción. Me cambié rápidamente por algo más apropiado, me cepille, me acomodé un poco el cabello y respiré profundamente antes de salir de la habitación.
Cuando regresé a la cocina, papá levantó la mirada inmediatamente.
—Mucho mejor.
—No digas nada.
—No iba a decir nada.
—Tu cara está diciendo muchas cosas.
Él soltó una carcajada.
—Ven, siéntate.
Eiden seguía sentado en el mismo lugar. Intenté no mirarlo demasiado, aunque era prácticamente imposible ignorar su presencia después de lo ocurrido. Me senté frente a mi padre y él me sirvió el desayuno como si aquella mañana hubiera sido completamente normal.
—Come.
Tomé el tenedor.
—Sí.
Durante los primeros minutos apenas hablé. Me concentré demasiado en mi plato, en mi café y en cualquier cosa que no implicara levantar la mirada. Sentía una vergüenza absurda cada vez que recordaba la escena. Lo peor era que Eiden parecía completamente tranquilo. No hacía ningún comentario, no intentaba hacerme sentir incómoda y, de hecho, actuaba como si aquella mañana jamás hubiera ocurrido. No sabía si agradecerle por eso o sentirme todavía más nerviosa.
Finalmente, su voz rompió el silencio.
—¿Dormiste bien?
Levanté la mirada.
—Sí.
—Me alegra.
Volví a mirar mi plato, pero aquella respuesta tan tranquila consiguió desconcertarme todavía más. Después de unos segundos, no pude contenerme.
—¿Puedo preguntarte algo?
Eiden dejó la taza sobre la mesa.
—Claro.
Lo miré directamente.
—¿No sentiste nada cuando me viste?
Papá dejó de mover la cuchara dentro de su taza.
—¿Naelia?
—¡No, papá! Solo estoy preguntando.
Eiden permaneció observándome durante unos segundos. Por un instante pensé que había cometido un error al hacer aquella pregunta, pero entonces una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Por supuesto que sentí algo.
Mi corazón dio un pequeño salto.
—¿Qué?
Eiden sostuvo mi mirada con una tranquilidad que consiguió ponerme todavía más nerviosa.
—Sorpresa.
Parpadeé.
—¿Sorpresa?
—Sí. No esperaba encontrarte en la cocina tan temprano.
Papá volvió a tomar su café, aunque pude notar la sonrisa que intentaba esconder. Eiden continuó mirándome.
—Pero no tienes nada de qué avergonzarte.
—Yo no...
Me detuve, no sabía exactamente qué iba a decir. Eiden se levantó de la mesa y tomó su taza.
—Termina tu desayuno.
—¿A dónde vas?
—A caminar.
Pasó junto a mí y, antes de salir de la cocina, se detuvo apenas un segundo.
—Y deja de esconderte de mí, Naelia.
Lo miré sorprendida, una pequeña sonrisa apareció en su rostro, después salió de la cocina.
Me quedé observando la puerta durante unos segundos, intentando procesar aquella conversación. No sabía si sentirme avergonzada, divertida o simplemente confundida. Lo único que tenía claro era que Eiden parecía disfrutar demasiado de verme perder la compostura.
Papá tomó tranquilamente otro sorbo de café, lo mire.
—¿Qué?
—Yo no he dicho nada.
—Pero estás pensando.
Una sonrisa lenta apareció en su rostro.
—Muchísimas cosas.
—Papá...
Él soltó una carcajada y yo terminé riéndome también. La tensión que había sentido desde que entré a la cocina comenzó finalmente a desaparecer y, por primera vez, pude mirar aquella situación con algo de humor. Sin embargo, cuando terminé mi desayuno y me levanté de la mesa, no pude evitar mirar hacia la puerta por donde Eiden había desaparecido.
No sabía qué tenía preparado aquel día, no sabía cuánto tiempo estaría fuera, ni siquiera sabía qué iba a ocurrir entre nosotros después de lo sucedido la noche anterior.
Pero mientras caminaba hacia mi habitación para terminar de arreglarme, una sonrisa apareció nuevamente en mi rostro, tal vez aquellas vacaciones iban a ser mucho más complicadas de lo que había imaginado y, por alguna razón, no me molestaba en absoluto.
😅😅😅😅😅