Mi vida terminó con un susurro roto, traicionada por el hombre que amaba, y mi muerte fue solo el comienzo. Cuando abrí los ojos, el dolor de un pasado ajeno me golpeó, revelando una verdad brutal: no estaba en el cielo ni en el infierno, sino en el cuerpo de Bárbara Drax, una mujer hermosa, manipulable y suicida. Ahora, con una segunda oportunidad y la furia de dos almas, juro que los que tuvieron la osadía de usarnos pagarán por su crimen. El juego acaba de empezar, y esta vez, la reina soy yo.
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Realmente es inocente
Bárbara había pasado las últimas dos horas encerrada en la habitación analizando las palabras y gestos de Lucían.
— Realmente es inocente, después vere como hacer las paces con él, pero esa empleada no se salva.
Con la determinación de una exploradora, decidió dar un recorrido, no solo para admirar la opulencia, sino para reclamar mentalmente cada rincón como su territorio. Su paso era firme; el eco de sus zapatos resonaba en los pasillos de mármol, un ritmo que solo ella controlaba.
De repente, al girar en un pasillo menos transitado, se encontró con una figura familiar. Era la empleada, la misma que la había mirado con una mezcla de desafío y desdén. La mujer, que parecía estar organizando unos arreglos florales, levantó la vista al escuchar los pasos de Bárbara. Sus ojos se encontraron y, por un instante, el aire se tensó.
La empleada, con una ceja ligeramente alzada, murmuró un
— Buenas tardes.— casi inaudible, pero la forma en que lo dijo, la sutil curvatura de sus labios, era una provocación que Bárbara no estaba dispuesta a ignorar.
Bárbara detuvo su andar, una sonrisa gélida extendiéndose por su rostro.
— Buenas tardes.— respondió con una voz que, aunque suave, contenía una advertencia implícita. Sus ojos, antes cálidos, ahora brillaban con una intensidad escalofriante
La empleada, algo incómoda por la fijación de Bárbara, intentó reanudar su tarea. Pero antes de que pudiera hacerlo, sintió una mano firme y decidida tomarla por el cuello de su blusa. No era un agarre brusco, sino uno que comunicaba autoridad inquebrantable.
— Venga conmigo.— Fueron las últimas palabras que dijo Bárbara, antes de tirar con fuerza del cuello de la camisa de la empleada hacia una puerta de servicio discretamente ubicada. La empleada, sorprendida y con un miedo creciente, apenas tuvo tiempo de reaccionar. Fue arrastrada a una pequeña habitación de almacenamiento, un espacio claustrofóbico y lleno de aromas a productos de limpieza.
Bárbara soltó su agarre una vez que la puerta estuvo cerrada. La empleada se tambaleó un poco, sus ojos bien abiertos, fijos en Bárbara.
— ¿Qué… qué es lo que quiere?, lo que está haciendo es ilegal.— balbuceó la empleada, con su voz temblorosa.
Bárbara dio un paso adelante, acorralándola contra una estantería llena de toallas limpias.
— Quiero que entiendas algo muy simple.— Su voz era baja y controlada, pero con una resonancia que llenaba el pequeño espacio.— Aquí hay un orden, y yo soy parte de ese orden. Las miradas, los susurros, las actitudes desafiantes… no son bienvenidas. ¿Queda claro?
La empleada tragó saliva, su rostro palidecio no pensó que Bárbara la fuera a confrontar. "
— Yo… yo no entiendo de qué habla, señorita.— intentó defenderse, pero su voz apenas era un hilo.
Isabella ladeó la cabeza, una ceja arqueada.
— Oh, sí que lo entiendes. Tus ojos hablan. Tu actitud habla. ¿Crees que no me doy cuenta?.—Su tono subió un matiz, una chispa peligrosa encendiéndose en sus ojos.— Mantente alejada de mi esposo si no quieres terminar mal.
La empleada intentó protestar de nuevo, pero Bárbara levantó un dedo, silenciándola.
— Escúchame bien. Tu trabajo y lugar en esta villa es servir . Mi lugar… es ser la señora Drax, la esposa de Lucian Drax, deja de tomarte atribuciones que no te corresponden de ahora en adelante estás bajo mi mira, el más mínimo error lo pagarás caro, muy, muy caro.
Los ojos de la empleada se llenaron de lágrimas.
— Lo siento, señorita. No era mi intención… de verdad.
—No es suficiente con sentirlo. Es suficiente con que lo entiendas. Y lo demuestres. De ahora en adelante, tu trato hacia mí y mi esposo será impecable, profesional y respetuoso. Ni una palabra de más, ni una mirada de menos. ¿Me has oído? además deja de llamarme señorita, para ti soy la señora Drax.
La empleada asintió frenéticamente, sus ojos fijos en Bárbara.
— Sí, sí, señora Drax. Lo he oído. Lo entiendo perfectamente. No volverá a pasar.
Bárbara mantuvo el contacto visual por unos segundos más, asegurándose de que el mensaje hubiera calado. Luego, con un suspiro apenas perceptible, se apartó de ella, liberándola.
— Bien. Ahora, sal y continúa con tu trabajo. Y recuerda lo que hemos hablado.
Sin esperar respuesta, Bárbara abrió la puerta, dejando a la empleada temblorosa en la pequeña habitación. Se alisó el vestido y retomó su recorrido, su paso ahora aún más seguro, la satisfacción de una batalla ganada resonando en su interior.
No había caminado mucho más cuando su teléfono vibró en su mano. Era una llamada entrante de Laura, su manager. Bárbara atendió, una pequeña sonrisa formándose en sus labios.
—Laura, que noticias me tienes.— Preguntó Bárbara, su voz sonando completamente relajada, como si la confrontación de hacía unos minutos nunca hubiera ocurrido.
— ¡Bárbara! cariño ¡Te tengo excelentes noticias!— la voz de Laura estaba llena de una emoción incontenible. Se escuchaban ruidos de fondo, como si Laura estuviera en una oficina agitada.
—¿Qué pasa, Laura? Me tienes en ascuas, me moriré de la desesperación si no me cuentas pronto.
— ¡La campaña de trajes de baño, Bárbara! ¡Es tuya! ¡Totalmente tuya!.— exclamó Laura, casi gritando.— Los dueños de la marca han decidido retirar el contrato con Renata! ¡Sí, así como lo oyes! ¡Renata fuera! ¡Y tú, Bárbara, eres su imagen exclusiva para toda la colección de trajes de baño en esta campaña! El siguiente año si quieres renovar el contrato ellos estarán más que complacidos.
El corazón de Bárbara dio un vuelco. Una oleada de euforia la invadió. Ella sabía que la marca no la rechazaría para ser la imagen de la siguiente campaña a pesar de que ella los rechazo primero, pero no se esperaba que la escogieran para esta campaña también.
—¿Qué? ¿En serio? ¡Laura, esto es increíble!— la voz de Bárbara vibraba con una emoción apenas contenida. Se detuvo en medio de un majestuoso salón, sus ojos brillantes.
—¡Increíble se queda corto, cariño! ¡Es un golpe maestro! ¡Un jaque mate en toda regla!. Dijeron que tienes una presencia inigualable, una fuerza… que nadie más tiene y que por supuesto estarían encantados de tenerte de embajadora de la marca.
— Laura, prepárate, de ahora en adelante ganaremos más dinero que nunca.