el dolor del alma
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6
El silencio de la cocina se rompió por el sutil sonido de un tenedor chocando contra un frasco de vidrio. Taras, que intentaba ignorar el dolor de cabeza concentrándose en su taza de café negro, desvió la mirada hacia el plato que Azul acababa de colocar sobre la mesa. Lo que vio desafió toda lógica y puso a prueba su estómago endurecido por los inviernos .
—¿Qué estás comiendo? —preguntó Taras, arrugando la frente con una mueca de genuino desconcierto.
—Arenques con miel. ¿Quieres? —contestó Azul con total tranquilidad, sumergiendo otro trozo de pescado en el espeso líquido dorado sin rastro de náuseas.
—No, gracias... Come tú tranquila —respondió el ruso de inmediato, dando un paso hacia atrás como si el plato fuera un artefacto peligroso. El "Espectro del Norte" prefería enfrentar a una banda rival antes que probar semejante combinación.
En ese momento, unos pasos pesados y un lamento apagado anunciaron la llegada del esperado ausente. Dmitriy cruzó el umbral de la cocina arrastrando los pies, pálido y con una mano presionando su estómago. El imponente líder de la Bratva de Moscú lucía completamente derrotado por las hormonas de su esposa.
—Buenos días... —logró decir el recién casado, con una voz que apenas era un hilo.
—Vaya, osito... ¿Qué te pasó? —se burló Taras, arqueando una ceja con una satisfacción maliciosa .
—Me muero, hermano. Eso pasa —admitió Dmitriy, dejándose caer en la silla más cercana con un suspiro dramático. Sin embargo, el instinto protector pudo más que su malestar, y de inmediato buscó con la mirada a su mujer—. Mi reina, ¿qué comes?
—Arenques con miel —repitió Azul, llevándose un bocado a la boca con deleite—. Saben a gloria .
La respuesta provocó una reacción en cadena inmediata. Taras, Dmitriy y la pequeña Camila , hicieron una perfecta sincronía en una mueca de absoluto terror y asco.
—¡Guácala, mami! —exclamó Camila, arrugando la nariz y empujando su tazón de leche como si el olor del pescado dulce hubiera contaminado toda la habitación.
Dmitriy se tapó la boca con una mano, conteniendo una arcada real al ver la combinación de comida, mientras Taras desvio la mirada hacia el techo, cuestionándose los misterios de la maternidad. Azul, inmune a las críticas de su audiencia, simplemente se encogió de hombros y siguió disfrutando de su platillo.
Tras lograr estabilizar su estómago por unos segundos, Dmitriy miró a su primo con una seriedad que de inmediato borró el tono de broma de la cocina. El líder de la organización adoptó una postura firme y clavó sus ojos en el .
—Taras, te encargo a mi princesa, por favor. Y cuida que Luca no se acerque a ella bajo ninguna circunstancia —sentenció con un tono de advertencia que destilaba puro instinto paternal.
Taras, que sostenía su taza a medio camino, parpadeó un par de veces, procesando el nombre desconocido en el organigrama .
—¿Luca? ¿Quién es Luca? —preguntó el "Espectro del Norte", asumiendo que se trataba de alguna nueva amenaza o del hijo de algún rival de la Bratva que intentaba infiltrarse .
—El mal encarnado —respondió Dmitriy sin pestañear, con una solemnidad gélida que habría asustado a cualquiera—. Un ángel caído. Un devorador de princesas.
Taras parpadeó de nuevo, completamente desconcertado por la descripción bíblica y apocalíptica que su primo acababa de hacer. Miró a Azul en busca de una explicación , pues la definición de Dmitriy sonaba más a un villano de leyenda que a una amenaza real . Azul soltó una carcajada limpia, dejando el tenedor de lado.
—Es un amiguito de Camila —aclaró la mexicana, divertida por el ataque de celos prematuro de su esposo.
—Ese no es un amigo, es un demonio con cara de niño —interrumpió Dmitriy de inmediato, cruzándose de brazos con indignación, como si la sola mención del muchacho le causara más náuseas que los arenques con miel de su esposa.
Taras no pudo evitar que una sonrisa de ironía se dibujara en su rostro. El temido demonio de la Bratva estaba tratando de procesar que la gran amenaza para la seguridad de la familia era un infante.
—¿Qué edad tiene el pequeño? —preguntó Taras, recargando el peso de su cuerpo en la barra, mirando de reojo a Camila, quien parecía muy interesada en la conversación .
—Ocho, igual que Cami. Vive en la casa hogar —contestó Azul, suavizando el tono y dedicándole una mirada de reproche a su marido por exagerar las cosas frente a la niña.
—Es un bribón, Taras —insistió Dmitriy, ignorando la mirada de su esposa y señalando con un dedo protector hacia la barra—. No dejes que se acerque a mi pequeña. Sé perfectamente cómo operan los de su tipo. Empiezan con carita de inocentes y luego quieren robarse la atención de las princesas. Estás a cargo de la seguridad de esta casa mientras yo no esté, así que mantén los ojos abiertos con ese sujeto.
Taras soltó una risa ronca, asintiendo con la cabeza mientras le daba el último sorbo a su café . Manejar redes criminales internacionales parecía una tarea sencilla en comparación con la misión que su primo le acababa de encomendar: ser el guardaespaldas de una niña de ocho años contra un peligroso rival de su misma edad.