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Cenizas Bajo La Piel

Cenizas Bajo La Piel

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Venganza / Romance / Completas
Popularitas:599
Nilai: 5
nombre de autor: Eliany Justo

Una historia de amor, odio y venganza

NovelToon tiene autorización de Eliany Justo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La llave abre puertas equivocadas

Cap 9

El escándalo de la boda fue el tema de conversación en Madrid durante semanas. Los periódicos publicaron fotos del beso en la catedral bajo titulares como "El heredero Montenegro abandona a la novia en el altar por una desconocida" y "Amor o venganza: el escándalo que paralizó la Almudena". Las revistas del corazón especularon sobre la identidad de Valentia, inventándose biografías imposibles: princesa rusa, modelo fugada, espía industrial. Nadie acertó, claro. Nadie podía imaginar que aquella mujer de vestido rojo era la hija de una muerta que regresaba para remover las cenizas.

Dante la había llevado a un piso de seguridad en el barrio de Salamanca, propiedad de un amigo suyo que estaba de viaje en Singapur. Era un ático con vistas a la Gran Vía, paredes blancas y una cama enorme que Valentia se negaba a compartir. Desde la noche de la boda, algo había cambiado entre ellos. No era el amor, ni siquiera la confianza. Era una tregua armada, el silencio antes de la tormenta.

—Mi padre me ha desheredado —dijo Dante una mañana, mientras miraba el móvil con expresión de quien acaba de recibir un disparo—. Ha congelado mis cuentas, ha retirado mi nombre del consejo de administración y ha publicado un comunicado diciendo que "lamento profundamente la conducta de mi hijo, que no representa los valores de la familia Montenegro".

Valentina estaba en la cocina, preparándose un café que no pensaba tomar. No dijo nada. En su cabeza daban vueltas las palabras de Lucas: "Cuando ya no les sirvas, te desecharán como hicieron con tu madre." Ahora Dante también había sido desechado. Y ella se preguntaba si aquel hombre que la había besado frente al altar era un héroe romántico o un idiota que se había quedado sin nada por seguir sus impulsos.

—¿Y ahora qué? —preguntó al fin.

—Ahora encontramos a Renato antes de que él nos encuentre a nosotros. Mi padre puede odiarme, pero no quiere que su hermano herede el imperio. Esa es nuestra baza.

—¿Nuestra? —Valentina soltó una risa amarga—. Dante, no tenemos nada. Tú estás arruinado y yo sigo siendo la hija de la mujer a la que tu familia asesinó. La única baza que tenemos es la verdad, y la verdad no paga facturas ni compra balas.

Dante se acercó a ella y le sujetó la cara con ambas manos. Era un gesto que antes le parecía tierno; ahora le parecía una estrategia.

—Tienes razón. Por eso vamos a hacer algo que ninguno de los dos ha hecho nunca: pedir ayuda fuera de la familia.

—¿A quién?

—A tu padre.

El silencio fue tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Valentia apartó las manos de Dante y dio un paso atrás.

—Mi padre está muerto —dijo, con voz de acero—. La nota que me enviaron decía "Encuéntralo. Mátalo", pero eso no significa que siga vivo. Puede que la escribiera antes de morir.

—¿Y si no? —insistió Dante—. ¿Y si Gabriel Vargas sigue vivo y lleva diez años escondido, esperando el momento de vengar a Sofía? ¿No querrías tenerlo a tu lado en esto?

—No sé qué quiero —admitió ella, y era la primera verdad que decía en días—. Cada vez que creo tener el control, alguien mueve el tablero. Lucas, tú, tu padre, Renato. Soy un peón en una partida que no entiendo.

—Pues deja de ser un peón. Toma el rey.

Dante sacó un papel arrugado del bolsillo de su chaqueta. Era una copia de la carta que Valentia había recibido meses atrás, la que decía "Él lo hizo. Él nos destruyó. Encuéntralo. Mátalo." Pero al dorso de esta copia había algo que ella no había visto: una dirección escrita a lápiz.

Calle del Pez, 14, 3º derecha. Madrid.

—¿Qué es esto? —preguntó Valentina, con el pulso acelerado.

—La dirección de la última casa donde se alojó tu padre antes de desaparecer. La he tenido durante meses, esperando el momento de dártela. Pero si entras allí, tienes que estar preparada para lo que encuentres.

Esa misma noche, después de que Dante se durmiera en el sofá —ella seguía sin dejarle entrar a la habitación—, Valentina cogió la dirección, la llave de plata que nunca se quitaba y la Glock escondida en el fondo de su mochila. Salió del ático sin hacer ruido, bajó en ascensor y tomó un taxi.

La calle del Pez, en el barrio de Malasaña, era una calle estrecha y oscura, llena de grafitis y contenedores de basura. El número 14 era un edificio antiguo, sin ascensor, con una puerta de madera que chirriaba al abrirse. Subió los tres pisos con el corazón latiéndole en la garganta. Frente al 3º derecha, se detuvo.

La llave de plata. Siempre había pensado que era un recuerdo, un adorno sentimental. Pero el ojo de la cerradura tenía una forma inconfundible. Metió la llave, la giró, y la puerta se abrió con un clic seco.

El piso olía a cerrado, a polvo, a diez años de ausencia. Era pequeño: una cocina minúscula, un salón con muebles cubiertos por sábanas blancas, un dormitorio y un estudio. Valentina encendió la luz del móvil y fue directa al estudio. Allí, sobre una mesa de caoba, había una caja fuerte de acero negro. La misma combinación que en el sótano de Héctor: 12-08-1972, la fecha de nacimiento de su madre.

La caja fuerte se abrió con un suspiro metálico. Dentro, no había dinero ni joyas. Había cartas. Decenas de cartas manuscritas, atadas con una cinta de terciopelo rojo ya deshilachada. Valentia cogió la primera y la leyó a la luz temblorosa del móvil.

"Querida Sofía: Ojalá hubiera conocido antes tu misión. Ojalá me hubieras contado la verdad. Pero te entiendo. En esta familia, la verdad es lo primero que se sacrifica. Te quiero. No como te quiere Héctor, que te quiere poseer. Te quiero como se quiere el agua cuando uno está en medio del desierto. Te quiero como amiga, como cómplice, como la única persona que me ha visto llorar. Atentamente, Diego."

Diego. El padre de Dante se llamaba Diego. Héctor Montenegro era su nombre de guerra, el que usaba en los negocios. Pero Diego era el hombre que escribía cartas de amor a una mujer casada.

Valentina pasó a la segunda carta, luego a la tercera. Eran todas iguales: promesas de protegerla, confesiones de miedo, disculpas por no haber sido valiente. Y al final de cada una, la misma despedida: "Cuida de Valentia. Ella es la única luz que nos queda."

La última carta era diferente. Estaba escrita con una caligrafía temblorosa, casi ilegible, y su fecha era de apenas un mes atrás.

"Valentina, si estás leyendo esto, es que tu madre ya no está. Y es que yo tampoco tengo mucho tiempo. No te mentiré: me escondí porque tuve miedo. Vi cómo mataban a Sofía y supe que sería el siguiente. Renato me buscó durante años, pero yo siempre fui más rápido. He seguido tus pasos desde lejos. Vi cómo crecías en esos internados horribles. Vi cómo te hiciste fuerte. Y vi cómo Dante Montenegro te encontraba. No sé si es bueno o malo. Pero sé una cosa: la llave de plata no solo abre esta puerta. También abre la caja fuerte de Renato, en su mansión de Lisboa. Dentro guarda el único ejemplar del contrato que firmó con los policías corruptos que ayudaron a encubrir la muerte de tu madre. Si consigues ese contrato, Renato caerá. Y nosotros, al fin, descansaremos. Te quiero, hija. Perdóname por no estar. —G."

Valentina leyó la carta tres veces. Luego la dobló con cuidado, la guardó en el bolsillo interior de su chaqueta y cerró la caja fuerte. Salió del piso con una determinación nueva. Ya no era una hija vengativa ni una amante engañada. Era una guerrera con un mapa del tesoro.

Al llegar a la calle, el taxi seguía esperando. Pero junto a él, apoyado en una farola, estaba Lucas Montenegro. Fumaba un cigarrillo con manos temblorosas y sonreía con esa tristeza que tanto se parecía a la de su hermano.

—¿Has encontrado lo que buscabas? —preguntó.

—He encontrado algo mejor —respondió Valentina, subiendo al taxi—. He encontrado una dirección en Lisboa. Y una razón para no confiar en nadie.

Lucas apagó el cigarro, pagó al taxista y se sentó junto a ella.

—Entonces vamos a Lisboa. Pero una cosa, Valentina mi tío Renato no es tonto. Si sabe que vas por ese contrato, mandará a matarte. ¿Estás dispuesta a morir por la verdad?

Ella miró por la ventanilla. Las farolas de Madrid pasaban como fogonazos.

—Mi madre ya murió por ella. Lo menos que puedo hacer es honrarla.

El taxi arrancó hacia el aeropuerto. En el ático de la calle Salamanca, Dante despertó una hora después y encontró la cama vacía. Sobre la mesilla, un papel escrito a mano decía simplemente: "No me busques. Cuando vuelva, sabré en quién confiar. V."

Dante apretó el papel con tanta fuerza que se rompió.

—Siempre huyes —murmuró a nadie—. Pero esta vez voy detrás.

Y cogió las llaves del coche.

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monita
🤔🤔🤔🤔🤔 no entendí esta novela 🤔🤔🤔 corta como me gustan perooooo??
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