Bajo el cielo de Madrid
Camila viaja a España con su pequeña hija buscando una nueva oportunidad. Lo que nunca imaginó era que su vida cambiaría al conocer a Nicolás Ferrer, uno de los futbolistas más importantes del mundo.
Él lo tiene todo... excepto paz. Ella solo busca empezar de nuevo. Pero cuando el destino insiste en cruzar sus caminos, ambos deberán decidir si están dispuestos a arriesgarlo todo por un amor que nunca debió existir.
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Después del baile
Capítulo 21: Después del baile
El lunes llegó más rápido de lo que ambos hubieran querido.
Durante todo el fin de semana, Camila intentó convencerse de que el baile con Nicolás no había significado nada más que un momento agradable al final de una larga jornada de trabajo. Sin embargo, cada vez que recordaba la forma en que él la había mirado mientras sonaba aquella canción, una sonrisa involuntaria aparecía en su rostro.
—¿En qué pensás, mamá? —preguntó Lola mientras desayunaban.
Camila volvió a la realidad.
—En que hoy tenemos una semana muy ocupada.
Lola entrecerró los ojos con una sonrisa pícara.
—No... estabas pensando en otra cosa.
—¿Ah, sí?
—Sí. Sonreías sola.
Camila soltó una risa y le dio un beso en la frente.
—Terminá la leche o vamos a llegar tarde.
El Grupo Ferrer había recuperado la calma después del éxito de la gala. Los empleados comentaban las excelentes repercusiones del evento mientras volvían a sus tareas habituales.
—Los diarios hablan muy bien de la fundación —comentó Elena.
—Se lo merece —respondió Camila mientras organizaba unos documentos.
Laura apareció unos minutos después.
—Camila, cuando puedas, el señor Ferrer quiere hablar con vos.
Su corazón dio un pequeño vuelco.
—Voy enseguida.
Respiró hondo antes de subir al último piso.
Golpeó suavemente la puerta.
—Adelante.
Nicolás levantó la vista de unos papeles y sonrió al verla.
—Buenos días.
—Buenos días.
Por un instante ninguno habló.
El recuerdo del baile seguía flotando entre los dos.
—¿Querías verme?
—Sí.
Se puso de pie y le acercó una carpeta.
—Quería agradecerte nuevamente por todo el trabajo que hiciste en la gala. Los patrocinadores quedaron encantados.
Camila tomó la carpeta.
—Fue un trabajo en equipo.
—Pero vos fuiste una parte muy importante.
Ella sonrió con timidez.
—Gracias.
Cuando estaba por irse, Nicolás volvió a hablar.
—Y... también quería agradecerte por el baile.
Camila sintió que el corazón se aceleraba.
—No tenés nada que agradecer.
—Hacía mucho tiempo que no disfrutaba una noche así.
Ella levantó la vista lentamente.
—Yo también.
Sus miradas volvieron a encontrarse.
El silencio ya no resultaba incómodo.
Era un silencio lleno de emociones que ninguno de los dos sabía cómo expresar.
Un golpe en la puerta los hizo reaccionar.
—¿Se puede? —preguntó Martín.
Los dos dieron un paso atrás casi al mismo tiempo.
—Sí, claro —respondió Nicolás.
Martín entró con varios contratos y el momento quedó interrumpido.
Camila aprovechó para despedirse.
—Nos vemos luego.
—Hasta luego.
Aquella tarde, al salir del colegio, Lola esperaba a su mamá con un dibujo entre las manos.
—¡Mirá!
Camila sonrió.
Era un dibujo de las dos junto a un hombre alto con una gran sonrisa.
—¿Y él quién es?
Lola respondió con total naturalidad.
—El amigo futbolista.
Camila no pudo evitar reír.
—¿Nicolás?
—Sí.
—¿Por qué lo dibujaste?
La pequeña se encogió de hombros.
—Porque cuando me saludó el otro día parecía bueno.
Camila acarició su cabello.
—Sí... es una buena persona.
Sin darse cuenta, esas palabras salieron directamente de su corazón.
Mientras tanto, Nicolás terminaba una entrevista para una cadena deportiva.
Antes de despedirse, la periodista le hizo una última pregunta.
—Después de tu separación, ¿tu corazón sigue ocupado solo por el fútbol?
Nicolás sonrió con diplomacia.
—En este momento estoy concentrado en mi carrera y en los proyectos solidarios de la fundación.
Era la respuesta que todos esperaban.
Pero mientras abandonaba el estudio, comprendió que no había sido completamente sincero.
Porque desde hacía semanas había alguien ocupando sus pensamientos.
Y esa persona no sabía hasta qué punto había cambiado su vida.
Esa noche, Camila salió al balcón de su departamento cuando Lola ya dormía.
Madrid estaba iluminada como siempre.
Respiró profundamente mientras recordaba la conversación de esa mañana.
Por primera vez desde que llegó a España, sintió que alguien la veía por quien realmente era, más allá de sus miedos, de su pasado o de sus dificultades.
En otro punto de la ciudad, Nicolás observaba el mismo cielo desde la terraza de su casa.
Sonrió al recordar el baile.
Sabía que debía ir despacio.
No quería apresurar nada.
Quería conocer a Camila, ganarse su confianza... y, si el destino se lo permitía, demostrarle que el amor también podía empezar de nuevo.
Sin que ninguno de los dos lo supiera, el destino ya estaba preparando su próximo encuentro.
Y esta vez... no ocurriría en una oficina.