🎄 El esposo que apareció en invierno
Una joven de 18 años es abandonada por el amor de su vida justo cuando descubre que está embarazada de cuatrillizos. Sin familia, sin apoyo y completamente rota, termina viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida… hasta que el destino interviene.
Una noche fría de invierno, es encontrada desmayada en la calle con fuertes dolores por un hombre desconocido que decide ayudarla y llevarla al hospital. Allí, un malentendido con los medios los obliga a fingir ser esposos para evitar el escándalo. Lo que comienza como una mentira por necesidad, se convierte en un matrimonio real.
Él, un hombre que siempre soñó con ser padre pero que fue herido por una relación pasada, decide aceptar a la joven y a sus cuatrillizos como su familia. Les da su apellido, los protege y los presenta ante su propia familia en plena Navidad, como su esposa y sus hijos.
Entre momentos de dolor, protecció.
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Capitulo 9: La advertencia de Adrián
La expresión de Adrián cambió inmediatamente.
Y aquello hizo que Lucía comprendiera algo.
Él sabía más de lo que estaba diciendo.
Mucho más.
—¿Qué ocurre?
Preguntó ella.
—¿Por qué reaccionaste así?
Adrián guardó silencio durante varios segundos.
Parecía estar pensando cuidadosamente sus palabras.
Finalmente suspiró.
Y tomó asiento frente a ella.
—Porque conozco a Camila.
Respondió.
Lucía cruzó los brazos.
—Eso ya lo sé.
—No.
Dijo Adrián.
—No la conoces realmente.
El corazón de Lucía comenzó a acelerarse.
Aquello no sonaba bien.
En absoluto.
—¿Qué quieres decir?
Adrián apoyó los codos sobre sus rodillas.
—Camila y yo nos conocemos desde hace años.
Nuestras familias han tenido negocios juntas durante mucho tiempo.
—¿Fueron novios?
Preguntó Lucía.
Adrián negó con la cabeza.
—Nunca.
Pero ella siempre quiso algo más.
Lucía permaneció en silencio.
Escuchando.
—Durante años creyó que terminaríamos juntos.
—¿Y tú?
—Nunca sentí eso por ella.
La respuesta fue inmediata.
Sin dudas.
Sin vacilaciones.
Y aquello hizo que algo extraño se moviera dentro del pecho de Lucía.
Algo que decidió ignorar.
—Entonces, ¿por qué sigue aquí?
Preguntó.
Adrián bajó la mirada.
—Porque Camila no acepta perder.
Por primera vez Adrián decidió contar toda la verdad.
—Hace tres años intentó sabotear una negociación importante.
Solo porque pensó que una socia estaba interesada en mí.
Lucía abrió los ojos.
—¿Qué?
—Difundió rumores.
Manipuló información.
Intentó destruir su reputación.
El silencio llenó la habitación.
—¿Y lo logró?
Preguntó Lucía.
—No.
Porque descubrimos todo antes.
Pero desde entonces comprendí algo.
—¿Qué?
—Que cuando Camila quiere algo...
es capaz de hacer cualquier cosa para conseguirlo.
Aquellas palabras provocaron un escalofrío en Lucía.
Porque recordaba perfectamente la conversación que había escuchado.
"Si voy a sacarla de la vida de Adrián, tengo que hacerlo bien."
Ahora todo cobraba sentido.
—Lucía.
Dijo Adrián.
Ella levantó la vista.
—Necesito que tengas cuidado.
—¿Crees que me hará daño?
Preguntó.
Adrián tardó unos segundos en responder.
—Espero que no.
Pero prefiero no subestimarla.
Lucía asintió lentamente.
Porque tampoco quería subestimarla.
Esa misma tarde recibieron una llamada del hospital.
Y por primera vez en días fue una llamada llena de buenas noticias.
—¿Señora Lucía?
—Sí.
—Tenemos excelentes resultados.
Los bebés están mejorando mucho.
Los ojos de Lucía se llenaron de lágrimas.
—¿De verdad?
—Sí.
Si continúan así, pronto podrán abandonar las incubadoras.
Lucía sintió que el corazón le explotaba de felicidad.
—Gracias.
Muchas gracias.
Cuando colgó el teléfono, apenas pudo contener las lágrimas.
Adrián la observó.
—¿Qué pasó?
—Los bebés están mejor.
Dijo emocionada.
—Mucho mejor.
La sonrisa de Adrián apareció inmediatamente.
Y sin pensarlo ambos se abrazaron.
Un abrazo espontáneo.
Natural.
Lleno de felicidad.
Pero ninguno de los dos se dio cuenta de que alguien observaba desde la puerta.
Camila.
Y la rabia que sintió en aquel momento fue tan intensa que tuvo que cerrar los puños.
Porque aquella escena confirmó sus peores sospechas.
Adrián estaba enamorándose.
Aquella noche la familia completa celebró las buenas noticias.
Isabella casi lloró de emoción.
—¡Lo sabía!
Esos bebés son unos guerreros.
Alejandro levantó una copa.
—Por Mateo.
Por Gabriel.
Por Sofía.
Y por Valentina.
Todos sonrieron.
Incluso Victoria.
Que poco a poco estaba comenzando a encariñarse con aquellos pequeños.
—Son fuertes.
Dijo.
—Como su madre.
Lucía se quedó inmóvil.
Porque era la primera vez que Victoria le hacía un cumplido.
Y aunque fue pequeño...
significó mucho para ella.
Más tarde, cuando todos se retiraron a sus habitaciones, Camila recibió un mensaje.
Lo leyó varias veces.
Y una sonrisa apareció lentamente en sus labios.
Finalmente había encontrado algo.
Algo relacionado con el pasado de Lucía.
Algo que podía destruir todo.
—Perfecto.
Murmuró.
Guardó el teléfono.
Y observó la oscuridad a través de la ventana.
—Veamos cuánto dura tu felicidad.
Porque la guerra apenas estaba comenzando.
Y Camila acababa de conseguir su primera arma.