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Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Mi esposo escucha mis pensamientos indecentes

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Telepatía
Popularitas:10.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Ximena Blanco solo debía cumplir una misión: ocupar el lugar de su hermana gemela, casarse con Cristian Montalvo y aguantar el papel de esposa perfecta hasta que pudiera desaparecer con el dinero prometido.
El problema era Cristian.
Frío, rico, impecable y peligrosamente guapo, el heredero Montalvo parecía hecho para arruinarle la concentración. Ximena sonreía como una dama obediente, servía café, bajaba la mirada y fingía no sentir nada.
Pero por dentro era otra historia.
Ay, no. Ese hombre debería traer advertencia. Con esa camisa, esos hombros y esa cara de hielo, una mujer honesta pierde la dignidad.
Lo que Ximena no sabe es que Cristian puede escuchar cada pensamiento suyo.
Cada queja. Cada insulto. Cada fantasía vergonzosa sobre tocarle el pecho, quitarle la corbata o verlo perder el control por ella.
Al principio, Cristian solo quiere descubrir quién es en realidad esa mujer que finge ser tranquila mientras su mente arde sin descanso. Pero cuanto más la escucha, más le cuesta mantenerse lejos. La esposa falsa empieza a parecerle demasiado real. Sus pensamientos indecentes empiezan a gustarle demasiado. Y el hombre que juró no enamorarse termina obsesionado con la única mujer que no puede mentirle por dentro.
Pero Ximena guarda un secreto más peligroso que sus deseos: ella no es la novia que Cristian debía recibir en el altar.
Cuando la verdad salga a la luz, el matrimonio falso, la pasión escondida y todos los pensamientos que nunca debieron escucharse podrían destruirlos... o volver imposible que se separen.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7: Esa noche

A las seis y media, Cristian seguía en el estacionamiento subterráneo de Grupo Montalvo, sentado detrás del volante, sin encender el motor.

La tarjeta negra quizá había resuelto un problema.

La promesa hecha a Adriana había creado otro.

Esa noche Ximena volvería a dormir en la habitación principal. No como una visita. No como una esposa de ceremonia y fotografía. Como una mujer con la que, según su madre, debía empezar a tomarse en serio la posibilidad de un hijo.

Cristian apoyó la nuca en el asiento.

No era que le faltara deseo. Esa era la parte incómoda. Hasta hacía unos días habría jurado que el deseo no tenía nada que ver con su matrimonio: una obligación familiar, algunas noches espaciadas, luces apagadas, control. Suficiente para cumplir sin alterar su vida.

Pero ahora sabía demasiado.

Sabía que Ximena pensaba en su pecho cuando él hablaba de juntas. Que se quejaba de no poder verlo. Que tocaba su abdomen cuando creía que dormía. Que podía convertir una pregunta sobre San Valentín en un Ferrari, un delantal y una escena que todavía le calentaba la nuca.

Cristian cerró los ojos.

—Concéntrate —murmuró.

El celular vibró.

Mensaje de Ximena:

`Ya preparé las sábanas.`

Tres segundos después llegó otro:

`¿Quieres que deje la luz apagada como siempre?`

Cristian miró la pantalla.

Como siempre.

Lo sensato era decir que sí. Apagar la luz, terminar rápido, mantener el control.

Escribió:

`Sí.`

Luego dejó el teléfono boca abajo y encendió el auto.

Al llegar a Las Lomas, subió sin detenerse en la cocina ni en el estudio. En el pasillo de la planta alta, la puerta de la habitación principal estaba entreabierta. Del baño salía vapor, olor a jabón de naranja y el sonido del agua cerrándose.

Cristian entró al vestidor y se quitó el saco.

—Ya llegaste.

La voz de Ximena salió del baño.

—Sí.

Ella apareció un minuto después con el cabello húmedo cayéndole por un hombro y una bata de seda color champaña atada a la cintura. No era indecente. No exactamente. La tela cubría lo que debía cubrir, pero se pegaba a la piel mojada con una sinceridad que ninguna esposa recatada habría permitido por accidente.

Cristian bajó la mirada a los botones de su camisa.

—¿Cenaste?

—Un poco.

*Mentira. No pude comer. ¿Cómo come una cuando sabe que esta noche vuelve a la cama grande con el señor abdomen prohibido? Ay, míralo. Camisa abierta en el cuello. Respira, mujer, respira.*

Cristian desabotonó el primer botón con demasiada fuerza.

Ximena se acercó como de costumbre para ayudarlo.

—Déjame.

Sus dedos rozaron el borde de la camisa. Estaban fríos por el baño; aun así, el contacto le subió por el pecho con una claridad molesta.

—No hace falta.

—Soy tu esposa.

Lo dijo con voz suave.

*Y esposa con derechos visuales negados. Un crimen. Cada vez apaga la luz como si su cuerpo fuera secreto de Estado.*

Cristian la miró.

—La luz se apaga.

Ximena alzó la cabeza con una inocencia demasiado rápida.

—Claro.

*No. No, por favor. Otra vez no. ¿De qué sirve tener marido alto, guapo, espalda de anuncio y manos enormes si una tiene que adivinarlo todo en la oscuridad?*

—¿Algún problema? —preguntó él.

—Ninguno.

*Todos. Absolutamente todos.*

Cristian fue al baño antes de responder.

Se duchó con agua casi fría, como si eso pudiera ordenar algo. No funcionó. Al salir, con el cabello húmedo y una toalla en la cintura, encontró a Ximena sentada en la cama, cubierta hasta la cintura con la sábana. Los ojos se le fueron a él y regresaron de inmediato a sus manos.

*No mires. No mires. Sí mira. No, sé decente. Ay, no, ese abdomen sí existe. No era imaginación nocturna. Repito: no era imaginación.*

Cristian tomó el pantalón de pijama.

—Deja de mirar.

Ximena se puso roja.

—No estaba mirando.

*Estaba admirando. Hay diferencia.*

Él se vistió de espaldas.

En cuanto apagó la lámpara junto a la puerta, nada cambió.

La habitación siguió iluminada.

Cristian presionó el interruptor otra vez. La luz permaneció encendida, clara, obstinada, demasiado conveniente.

—¿Qué pasa con la luz?

Ximena abrazó la sábana.

—Creo que se descompuso.

Cristian la miró.

—¿Crees?

—La probé antes de que llegaras. No apagaba.

*Y le quité la pieza al interruptor con una pinza de cejas. Técnica, precisión, visión de futuro. Val estaría orgullosa.*

Cristian apretó los dientes.

—Entonces cambiamos de habitación.

—No.

La rapidez de la respuesta la delató.

—¿No?

Ximena bajó la mirada.

—Me da pena.

—¿Pena cambiar de cuarto?

—Pena... todo.

*Pena nada. Si cambiamos, tal vez sí apaga la luz. Y hoy, por una vez en esta vida, merezco saber si esos hombros se ven mejor desde arriba o desde abajo.*

Cristian se quedó en silencio.

—Entonces mañana.

Ximena levantó una mano.

—Mañana quizá no pueda.

—¿Por qué?

—Mis días.

*Mentira piadosa. Mentira estratégica. Mentira con causa noble: evitar otra noche perdida.*

—Una semana después —dijo él.

—Tu mamá puede mandar a alguien a revisar si seguimos separados.

—No va a mandar a nadie.

—Es Adriana.

Cristian no tuvo respuesta inmediata.

Ese era el problema. Podía ser cierto.

Ximena lo miró desde la cama, con los ojos grandes, la bata resbalada un poco en un hombro y la expresión de una mujer dispuesta a sacrificarse por la paz familiar.

Por dentro, en cambio:

*Ven. Anda. No seas cobarde. Si vas a cumplir promesas, cúmplelas bien. Y si me vas a tocar, por favor empieza por besarme, porque si vas directo otra vez juro que me cambio de religión.*

Cristian caminó hacia la cama.

—Eres muy meticulosa.

—No entiendo.

—Claro.

Se sentó en el borde. El colchón cedió bajo su peso y Ximena dejó de respirar por un instante.

*Ya viene. Ya viene. No sonrías como loca. Cara tímida. Cara de esposa pura. Ay, pero viene.*

Cristian apoyó una mano junto a su cadera.

—Si quieres parar, lo dices.

Ximena parpadeó.

Por primera vez, su corazón pareció adelantarse a su mente.

—Está bien.

*No quiero parar. Quiero que empieces bien.*

Él se inclinó.

La intención era simple: cumplir, controlar, no perder tiempo.

Pero Ximena levantó la cara antes de que él pudiera evitarlo.

—Cristian.

—¿Qué?

Su voz salió más baja de lo previsto.

—¿Puedes besarme primero?

La pregunta quedó suspendida entre ellos.

Cristian nunca había considerado el beso una parte necesaria. Era una distracción. Una pérdida de control disfrazada de ternura. Las pocas veces anteriores se había limitado a lo indispensable, a lo oscuro, a lo que no alterara nada.

Ximena, con la luz encendida y la boca apenas entreabierta, acababa de volver indispensable lo que él siempre había evitado.

*Por favor. Solo un beso. No te cuesta nada, viejo hermoso. Bueno, sí te cuesta, porque eres terco, pero inténtalo. Tienes boca de pecado y la usas para decir "reunión a las ocho". Qué desperdicio.*

Cristian bajó la vista a sus labios.

—Uno.

Ximena asintió demasiado rápido.

—Uno.

Él la besó.

Al principio fue un roce breve, controlado, casi experimental. Sus labios eran más suaves de lo que esperaba, tibios, con un sabor tenue a menta y naranja. Ximena se quedó inmóvil, como si temiera romper algo.

Luego suspiró contra su boca.

Y algo, dentro de Cristian, cambió de lugar.

Volvió a besarla.

Esta vez no fue breve.

Ximena soltó la sábana y le rodeó el cuello con los brazos. Sus dedos tocaron la nuca húmeda, bajaron apenas al borde de sus hombros, y el pensamiento le llegó entrecortado, menos burlón que de costumbre.

*Así. Sí. Así sí. No sabía que podía besar así. Ay, no pares.*

Cristian no paró.

La empujó despacio contra las almohadas, sin despegarse de su boca. El beso se volvió más profundo, más torpe por la urgencia, más caliente de lo que él había calculado. Ximena respondió con una entrega que no tenía nada de fingida; se aferró a su camisa de dormir como si por fin hubiera encontrado una forma legal de tocarlo.

Cinco minutos.

Luego más.

El tiempo perdió utilidad.

Cristian sintió la respiración de ella romperse bajo la suya, las manos pequeñas apretándole la espalda, la rodilla de Ximena rozando su costado. El control que había traído desde la oficina empezó a deshacerse con una facilidad humillante.

Se separó de golpe.

Ximena tardó en abrir los ojos.

Tenía los labios húmedos, las mejillas encendidas y el cabello desordenado sobre la almohada. La esposa perfecta de Las Lomas había desaparecido. En su lugar había una mujer respirando rápido, mirándolo como si todavía quisiera más.

—¿Hice algo mal? —susurró.

Cristian cerró los ojos un segundo.

No.

Ese era exactamente el problema.

—No.

Miró el reloj de la mesa de noche. Habían pasado más de diez minutos.

Diez minutos solo besándola.

Una cifra absurda. Peligrosa. Innecesaria.

Ximena lo tocó en el pecho con dos dedos, apenas.

*Si besar era esto, ¿por qué me tuvo a dieta todo un año? Hombre cruel. Guapo, cruel y lento para aprender.*

Cristian le tomó la muñeca.

Su voz salió ronca:

—Ya nos besamos.

Ximena tragó saliva.

—Sí.

Él bajó la mirada a su boca una vez más, aunque no debía.

—¿Podemos empezar?

1
bruja de la imaginación 👿😇
me encanta esta historia
Carely Prieto
bonita narrativa, creativa y gran ingenio
Karina Sanabria
👏👏👏👏muy linda novela!! algo diferente
gracias pero por favor no tardes en subir nuevamente
Karina Sanabria
Dios mío que le pasa a este hombre!!! acaso no le gusta el sexo 🤭🤤🫠
Erika Durán
Hasta el momento
Muy bien,
Carely Prieto
😭 noooo, no seas malita, sube más capítulos 🥹 anda dí que si, anda siiiiiiii??!
wendy arrieta
Dios mio ella si sabe utilizar su mente jajajajajaa
Martha Mena Wong
Por dios me voy acabar las uñas esto se está poniendo peliagudo más capítulos muchas felicidades autora eres genial te atrapa desde el principio la novela bendiciones
Martha Mena Wong
Esto se está poniendo buenísimo por favor que no la idie cuando se entere de la verdad gracias más capítulos por favor está súper la historia
Martha Mena Wong
Noooooo me va a dar el mimisqui cuánto podrá fingir ser quien no debe ahora sí me va a dar algo😭😭😭😭
Martha Mena Wong
Santa cachucha ahora que hará se le junto el ganado jajajaja 🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
Celoso de el mismo que divertido genial 🤣🤣🤣🤣
Martha Mena Wong
Por dios esto está más entretenido que las estupidas novelas de la tele felicidades me encanta
Martha Mena Wong
Ajaja se le hizo por fin siiiiiiii
Martha Mena Wong
Ya el se ka imaginaba con lencería buen camino
Martha Mena Wong
Andele a ver si ahora le hace caso
Martha Mena Wong
jajajaja me encanta excelente novela
Martha Mena Wong
🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Martha Mena Wong
jajajaja esto está genial imagínate que oigan tus pensamientos bueno si está buenorro yo también pienso cositas o cositas depende jijiji
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