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¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

¿COMO PUEDO SER YO MISMA?

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Completas
Popularitas:985
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Sofía lleva treinta años interpretando un papel: la mujer perfecta, eficiente, inquebrantable. Editora de textos, vive puliendo las palabras de otros mientras las suyas se pudren en un cajón. Cuando una humillación pública en su trabajo la obliga a enfrentar su fragilidad, comienza un viaje hacia el centro de sí misma. Entre la memoria de una niña que dibujaba espirales, el eco de su madre que también supo fingir, y la escritura de su propia historia, Sofía descubre que ser auténtica no es un destino, sino una decisión cotidiana. Una novela sobre máscaras, miedos y el acto rebelde de mostrarse.

NovelToon tiene autorización de analysi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: El jardín de las mariposas muertas

La noticia de la publicación de la novela de García se extendió por la editorial como un reguero de pólvora.

No era un acontecimiento extraordinario. Cada mes publicaban varias novelas, algunas con más bombo que otras. Pero esta era diferente. Esta era la novela que Sofía había defendido con uñas y dientes. La novela que había hecho que la editora más invisible de la editorial se levantara y hablara. Y eso, en un entorno donde todos competían por destacar, era un rumor jugoso.

Sofía lo notó en las miradas de sus compañeros. Algunas de admiración. Otras de curiosidad. Algunas, también, de recelo. No todos entendían por qué se había arriesgado por un autor novel y una historia que prometía pocas ventas. Pero Sofía ya no necesitaba que la entendieran. Había aprendido que no siempre se podía contentar a todo el mundo, y que intentarlo solo servía para perderse a una misma.

El lunes siguiente, Darío la llamó a su despacho.

—García quiere conocerte —dijo, con una sonrisa que Sofía no recordaba haberle visto antes—. Le he contado que fuiste tú quien defendió su novela. Está muy agradecido. Quiere invitarte a cenar.

Sofía sintió un nudo en el estómago. Conocer al autor. Hablar con él. No era algo que hiciera a menudo. Normalmente, su relación con los escritores era a través de correos electrónicos y anotaciones al margen. Nunca cara a cara.

—¿Y si no le gusto? —preguntó, y la pregunta sonó más infantil de lo que quería.

—No se trata de que le gustes —respondió Darío—. Se trata de que conozca a la persona que hizo posible su sueño. Eso es importante.

Sofía asintió, aunque por dentro seguía dudando. Pero sabía que no podía decir que no. No después de todo lo que había hecho para defender aquella novela.

La cena fue el miércoles siguiente, en un restaurante pequeño del centro de Madrid, de esos que huelen a hogar y a historia. Sofía llegó diez minutos tarde, después de un atasco que la había tenido atrapada en el metro durante media hora. Cuando entró, ya lo vio. Un hombre de unos cuarenta años, de pelo oscuro y ojos cansados, sentado en una mesa junto a la ventana. Sostenía una copa de vino en la mano y miraba el exterior con una expresión que Sofía reconoció al instante: era la misma mirada de sus personajes. La mirada de quien ha perdido algo y no sabe cómo recuperarlo.

—Señor García —dijo Sofía, acercándose a la mesa con una sonrisa nerviosa.

—Por favor, llámame Javier —respondió el hombre, levantándose para estrecharle la mano—. Y siéntate, no te preocupes por el retraso.

Sofía se sentó y pidió un vaso de agua. Durante los primeros minutos, la conversación fue torpe. Preguntas educadas sobre el tiempo, sobre el restaurante, sobre el proceso editorial. Pero poco a poco, la charla fue haciéndose más profunda. Javier habló de su novela con una pasión que Sofía no había escuchado en ningún otro autor.

—Escribí esta historia después de la muerte de mi hija —dijo, y su voz se quebró ligeramente—. Necesitaba ponerlo en palabras. Necesitaba que alguien entendiera lo que se siente.

Sofía sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Sabía que la novela hablaba de pérdida, pero no sabía que era autobiográfica. No sabía que el dolor que había leído en las páginas era real.

—Lo siento mucho —dijo, y las palabras sonaron vacías, pero eran sinceras.

—No tienes que sentirlo —respondió Javier con una sonrisa triste—. Es la vida. Y parte de la vida es aprender a vivir con lo que duele.

Sofía guardó silencio durante un largo momento. Las palabras de Javier resonaban en su cabeza como un eco.

—Yo también he perdido algo —dijo finalmente, y la confesión salió antes de que pudiera detenerla—. No una hija, pero... a mí misma. Me perdí a mí misma durante mucho tiempo.

Javier la miró con atención.

—¿Y cómo estás ahora?

Sofía pensó en el dibujo de la niña con alas. En las palabras que había escrito en el taller. En la defensa que había hecho en la sala de juntas.

—Estoy encontrándome —respondió—. Poco a poco.

Javier sonrió. Era una sonrisa cálida, como la de alguien que entiende.

—Eso es lo único que importa. Encontrarse. Aunque sea a destiempo.

La cena continuó entre historias y confesiones. Javier habló de su hija, del proceso de escribir la novela, de cómo las palabras le habían servido para sanar. Sofía habló de su trabajo, de su hermana, del taller de escritura al que había empezado a ir. Por primera vez, no sintió que tenía que ocultar nada. No sintió que tenía que ser perfecta. Podía ser ella misma, con sus dudas y sus miedos, y eso era suficiente.

Cuando terminaron la cena, ya eran las once de la noche. Javier la acompañó hasta la puerta del restaurante.

—Gracias por defender mi novela —dijo—. No sabes lo que significa para mí que alguien crea en ella.

Sofía sintió que las lágrimas le subían a los ojos, pero las contuvo.

—Gracias a ti por escribirla —respondió—. Me ha ayudado más de lo que crees.

Javier la miró con una expresión que Sofía no supo descifrar. Luego, sonrió.

—Sigue escribiendo —dijo—. Tienes algo que decir. No lo dejes para siempre.

Sofía se quedó en la calle, viendo cómo Javier se alejaba entre las luces de Madrid. Sus palabras resonaban en su cabeza como una promesa.

"Sigue escribiendo."

Cuando llegó a casa, Sofía cogió su cuaderno y se sentó en la cama. El dibujo de la niña con alas la miraba desde la mesilla de noche, con su sonrisa eterna.

—Hoy he conocido al autor de la novela —le dijo—. Me ha dicho que siga escribiendo.

La niña no respondió, pero Sofía sabía que, si pudiera, le diría que tenía razón.

Abrió el cuaderno y comenzó a escribir. No sabía qué historia quería contar. No sabía cómo empezar. Pero sabía que tenía que intentarlo. Porque si Javier podía escribir sobre su dolor, si podía convertir su pérdida en palabras, entonces ella también podía hacerlo. Podía convertir su silencio en una historia.

"Érase una vez una niña que tenía alas de colores", escribió.

Y mientras las palabras fluían, Sofía sintió que algo se movía en su interior. Algo que llevaba años dormido, esperando el momento de despertar.

La niña de las alas de colores no era solo un recuerdo. Era un comienzo.

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Cliente anónimo
Excelente historia 🥰🥰
Cliente anónimo
Realmente ése libro debe publicarlo ya qué ayudaría a muchas personas gracias a Dios por a ver encontrado está historia, No que soy una mujer como Sofía y no he tenido la oportunidad de quitar la máscara de mi personalidad 👏👏
Eli: Que bueno que te gustó, y muchas gracias por leer mi historia
total 2 replies
Cliente anónimo
Realmente la historia es una gran enseñanza 🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Así se hace Sofía 👏👏👏
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