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El Heredero Del Imperio

El Heredero Del Imperio

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Polania

Han pasado 20 años.
El hijo de Frank y Valery ya no es un bebé.
Es el heredero del imperio Morello
Él no quiere el trono.
No quiere ser rey. No quiere sangre. No quiere alianzas forzadas.
Quiere una vida normal.
Y eso, en una familia como la suya… es traición.

NovelToon tiene autorización de Polania para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Demasiado cerca

CAPÍTULO 9

La distancia no dolía menos al cuarto día.

Dolía distinto.

Más silenciosa.

Más constante.

Isabella se repetía que había hecho lo correcto.

Que no podía confiar en alguien rodeado de sombras.

Que su vida necesitaba estabilidad, no misterios.

Pero cada vez que sonaba su teléfono y no era él…

una parte de ella se sentía traicionada por su propia decisión.

Esa tarde salió tarde del hospital.

El turno había sido pesado.

Una cirugía complicada.

Una familia llorando en la sala de espera.

Caminaba hacia su auto cuando sintió algo extraño.

No era un sonido.

Era una sensación.

Como si alguien la estuviera midiendo.

Se detuvo.

Miró alrededor.

Nada fuera de lo normal.

El estacionamiento estaba casi vacío.

Respiró hondo y siguió caminando.

—Isabella Duarte.

Su nombre.

Dicho con voz desconocida.

Se giró.

Un hombre elegante, traje gris claro, sonrisa tranquila, se acercaba con paso calculado.

No parecía un delincuente.

Parecía un empresario.

Eso la puso más alerta.

—¿Sí? —respondió con firmeza.

—No se asuste. Solo quiero conversar.

—No acostumbro conversar con desconocidos en estacionamientos.

Él sonrió levemente.

—Entiendo. Entonces seré breve.

Se detuvo a una distancia prudente.

—Tiene buen gusto.

El corazón de Isabella dio un salto.

—¿Perdón?

—Matías Morello es… interesante elección.

El mundo se volvió más frío.

—No sé de qué habla.

El hombre ladeó la cabeza.

—Claro que lo sabe.

Silencio.

Su pulso comenzó a acelerarse, pero no retrocedió.

—¿Quién es usted?

—Alguien que entiende mejor que usted el mundo en el que ese joven vive.

Isabella sostuvo su mirada.

—No estoy interesada en el mundo de nadie.

—Pero ese mundo ya está interesado en usted.

Esa frase cayó como plomo.

El hombre dio un paso más cerca, pero sin invadirla.

—Usted es inteligente. Estudia medicina. Quiere salvar vidas.

No debería estar cerca de alguien que… las quita.

Ahí estaba.

La insinuación.

El veneno.

—No sé qué intenta —dijo ella, aunque su voz bajó medio tono.

—Intento advertirla.

Él metió la mano en el bolsillo interno del saco.

Isabella tensó el cuerpo.

Pero no sacó un arma.

Sacó un sobre.

Lo extendió hacia ella.

—Léalo cuando esté sola.

Ella no lo tomó.

—No quiero nada suyo.

Él no insistió.

Dejó el sobre sobre el capó de su auto.

—Solo piense en esto, Isabella —dijo suavemente—. Las personas como Matías no tienen finales felices. Y quienes se enamoran de ellos… menos.

Y se fue.

Sin prisa.

Sin correr.

Como alguien que sabía que ya había hecho suficiente daño.

Isabella se quedó inmóvil varios segundos.

El aire parecía más pesado.

Miró el sobre.

No quería tocarlo.

Pero lo hizo.

Lo abrió con manos firmes.

Dentro había fotografías.

Matías.

En Italia.

Rodeado de hombres armados.

Otra imagen.

Un cuerpo en el suelo.

Matías de espaldas.

Otra más.

Reuniones con hombres que no parecían empresarios.

Su estómago se cerró.

No eran pruebas directas.

Pero eran suficientes para romper la imagen que ella había construido.

“Importaciones.”

Recordó su respuesta.

Sintió una mezcla de rabia y miedo.

No porque fuera peligroso.

Sino porque le había ocultado algo enorme.

Su teléfono vibró en ese instante.

Número desconocido.

Contestó sin pensar.

—¿Ahora entiende? —dijo la voz del hombre.

Ella no respondió.

—No es un monstruo —continuó él—. Solo es lo que fue criado para ser.

Pero usted no pertenece a ese mundo.

Silencio.

—Aléjese mientras puede.

La llamada terminó.

En otro punto de la ciudad, Matías estaba revisando información cuando su teléfono vibró.

Frank.

—Tenemos un problema.

—Habla.

—El hombre que sospechamos… se acercó a Isabella hace veinte minutos.

El corazón de Matías dejó de latir por un segundo.

—¿Dónde?

—Estacionamiento del hospital.

El mundo se volvió rojo.

—¿Está bien?

—Sí. No hubo contacto físico.

Eso no lo tranquilizó.

Eso lo enfureció.

—¿Qué le dijo?

—No lo sabemos aún.

Matías se levantó de golpe.

La silla cayó detrás de él.

—Le advertí que no cruzaran esa línea.

Su voz ya no era calmada.

Era hielo.

Puro.

Letal.

Isabella estaba sentada dentro de su auto.

Las fotos sobre el asiento del copiloto.

Mirándolas.

Revisándolas.

Intentando negar lo evidente.

Pero algo dentro de ella ya sabía.

Las piezas encajaban demasiado bien.

El misterio.

La reacción ante la tarjeta.

La forma en que hablaba de traición.

No era un empresario común.

Y ella… se había enamorado de alguien que probablemente vivía entre sangre y poder.

Una lágrima cayó antes de que pudiera detenerla.

No por miedo.

Por decepción.

Su teléfono volvió a vibrar.

Esta vez era él.

Matías.

Lo miró largo rato.

Su dedo dudó sobre la pantalla.

Y finalmente…

Contestó.

—¿Te dijo algo? —preguntó él sin saludo.

Su voz estaba tensa.

Furiosa.

Protector.

Ella cerró los ojos.

—¿Quién eres realmente, Matías?

Silencio.

Largo.

Pesado.

El tipo de silencio que cambia historias.

—Isabella…

—No —lo interrumpió—. No más “es complicado”.

Dime la verdad.

Del otro lado de la línea, Matías entendió que el juego había terminado.

El enemigo ya no estaba atacando desde las sombras.

Había encendido la luz.

Y ahora solo quedaban dos opciones.

Confesar.

O perderla.

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