Laura descubre que su prometido Javier la engaña, tiene otra pareja. No es la primera vez que pasa, ella le habia dado otra oportunidad y creyo que cambio, pero tan solo se habia vuelto mas experto en sus mentiras. El tio de Javier, Ricardo, ofrece su ayuda a Laura, no solo para que salga de ese amor posesivo que tenia su sobrino, sino que a la vez él mismo como su pareja predestinada, al confesar sus sentimientos prohibidos que arrastraba por ella al ser la pareja de su sobrino. ¿Laura podra vengarse de Javier? ¿Laura y Ricardo, Tendrán su final feliz?
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21- La humillación fue sublime
🔴LAURA
Los minutos se arrastraban, cada tic-tac del reloj en el aeropuerto resonaba como un golpe seco en mis oídos. El sonido de los aviones despegando y aterrizando era una banda sonora irónica para mi espera, para el despegue de mi propio plan. Mis dedos tamborileaban nerviosamente sobre la revista que tenía en el regazo, pero mis ojos no captaban ninguna de las palabras. Solo veía el pasillo de llegadas, esperando la figura inconfundible de mi tío Toto. Habíamos acordado que él sería la pieza clave de esta obra. Él entregaría a la novia. No a mí, claro. A Linda. Y se aseguraría de que el matrimonio quedara registrado, sellado. Entre Javier y Linda. Así, nada resultaría extraño, nada levantaría sospechas. Sabía que Javier, en su arrogancia, desconfiaría si la novia aparecía sola. Necesitaba una figura de autoridad, un Love, para darle el toque de autenticidad a su humillación.
Sabia que la boda era transmitida en vivo, al ser el mayor evento del año, por estar invitada toda la alta elite de la sociedad, pero no lo mire, no podia, aunque quisiera negarlo me dolia, me dolia en el alma.
Una hora. Una hora se había sentido como una eternidad. Justo cuando la impaciencia comenzaba a picarme de verdad, lo vi.
"Tío Toto".
Caminaba con ese aire suyo de suficiencia, la sonrisa apenas contenida en sus labios. Al verlo solte el aire de mis pulmones, hasta entonces no sabia que lo retenia, fue como si un alivió me invadiera.
Se sentó a mi lado en la sala de espera, su mirada cómplice buscando la mía.
—Todo salió a la perfección, mi querida Laura.
Me dijo, su voz un susurro cargado de satisfacción.
—Tal y como lo planeamos. Javier no sospechó nada hasta el último instante. La humillación fue sublime.
Una pequeña sonrisa se formó en mis labios. Finalmente. Justicia.
—¿Y Linda?
Pregunté, aunque ya me imaginaba la respuesta.
—Linda está viendo la transmisión en vivo. Por su canal de televisión, por supuesto. ¡El rating debe estar por los cielos!
Tío Toto soltó una carcajada silenciosa, disfrutando el momento.
Justo entonces, como si el destino quisiera añadir más drama a mi día, una figura agitada irrumpió en nuestro pequeño oasis de calma.
"Ricardo".
Mi corazón dio un brinco, un sobresalto inesperado.
—¡Laura!
Su voz estaba llena de una urgencia que no le había escuchado en años.
Tio Toto, al verlo, se quedó boquiabierto, su rostro reflejando una sorpresa genuina.
Ricardo se acercó, sus ojos fijos en mí.
—Mis sentimientos no han cambiado, Laura. Te di el espacio que necesitabas, lo prometí. Pero no puedo dejarte ir. Por favor, volvamos a intentarlo.
Sus palabras eran un torbellino, intentando arrastrarme.
Deseaba dejar que me arrastre, pero antes queria limpiar mi alma de toda la oscuridad que Javier implanto con su engaño, queria borrar esa amargura que me invadia.
Por lo que no, no ahora, no podía quedarme.
Mi tío Toto, siempre el caballero, se interpuso entre nosotros, su cuerpo formando una barrera protectora.
—Ricardo, te pido que guardes la compostura. Mi querida sobrina está pasando por un momento muy doloroso.
Ricardo bajó la mirada, con un atisbo de comprensión.
—Lo entiendo, lo comprendo, de verdad. Solo te suplico, Laura, no perdamos el contacto.
Respiré hondo. Había llegado el momento de cerrar este capítulo. Me acerqué a Ricardo, le di un beso rápido en la mejilla, un beso de despedida.
—Adiós, Ricardo.
Y sin mirar atrás, subí al avión. Era hora de dejar el pasado atrás y comenzar mi nueva vida. Lejos de todo esto.
Y si el destino asi lo quisiera volveriamos a encontrarnos.
***
🟣RICARDO
El caos se desató. La pantalla gigante se había convertido en un circo mediático, y el banquete, en un campo de batalla. Insultos, gritos, empujones. Javier, mi sobrino, el gran 'ganador', estaba en el centro de una tormenta que yo mismo había ayudado a desatar. Bueno, no exactamente desatar, pero sí supervisar. Mi papel en esta farsa era simple: asegurarme de que el plan saliera a la perfección. Y lo había hecho.
Mis ojos, entrenados para observar, captaron un movimiento en la periferia del tumulto. El tío Toto de Laura. El patriarca de los Love se movía con una calma sorprendente, una sonrisa casi imperceptible en sus labios mientras se alejaba de la escena.
" Bingo".
Ese era mi boleto. No dudé un instante. Me escurrí entre la multitud furiosa, siguiendo su estela como un sabueso. Estaba seguro de que él me llevaría a Laura. Y no me equivoqué.
Una hora despues, los alcancé en el aeropuerto.
La vi a Laura.
Ella estaba sentada, con una revista en el regazo que no leía, el rostro tan hermoso como siempre, pero con una capa de tristeza que me rompía el alma. Toto se sentó a su lado, con ese aire de satisfacción que me confirmaba que todo había salido según lo planeado.
—¡Laura!
La palabra escapó de mis labios antes de que pudiera contenerla. La urgencia, la necesidad de hablarle, de explicarle, era demasiado grande. El tío Toto, que estaba con ella, me miró con los ojos muy abiertos, sorprendido, se ve que no esperaba que apareciera.
Me acerqué, mi voz llena de la sinceridad que sentía.
—Mis sentimientos no han cambiado, Laura. Te di el espacio que necesitabas, cumpli lo que te prometí. Lo que te prometí después de… De lo de nuestro bebé.
El recuerdo me golpeó como una losa. Ese día horrible. El día en que Laura perdió a nuestro hijo por mi estupidez, por mi cansancio. Había sido un error. Un maldito error.
Esa noche, una alumna. Un trabajo de última hora para no reprobar, según ella. Yo, estúpido, la recibí en casa. Debí haberle dicho que lo entregara en el colegio. Pero no lo hice. Y luego, ese beso. Un beso que no provoqué, que no deseé. Las estudiantes siempre se me insinuaban, yo siempre mantenía la distancia, el límite. Pero esa vez, me equivoqué al abrir mi puerta. Y Laura lo vio.
Lo hecho, hecho estaba. No había marcha atrás.
Solo deseaba que Laura me perdonara. Le di el espacio que necesitaba, el tiempo para llevar en paz su pérdida, para lograr su objetivo: vengarse de Javier. Y ahora, ahora no iba a perderla.
—Pero no puedo dejarte ir. Por favor, volvamos a intentarlo.
La supliqué, con el corazón en la mano.
El tío Toto, siempre protector, se interpuso entre nosotros, su cuerpo una barrera.
—Ricardo, te pido que guardes la compostura. Mi querida sobrina está pasando por un momento muy doloroso.
Bajé la mirada, asintiendo. Lo entendía.
—Lo entiendo, lo comprendo, de verdad. Solo te suplico, Laura, no perdamos el contacto.
Tenía que aferrarme a algo, a cualquier esperanza.
Laura se acercó. Mi corazón latió con fuerza. Me dio un beso. Un beso rápido en la mejilla. Un beso de despedida.
—Adiós, Ricardo.
Y sin una mirada atrás, subió al avión.
Pero no la iba a perder. Averigüare su destino. Me aseguraría de estar en el siguiente vuelo. La seguiría. Hasta el fin del mundo si era necesario. Esta historia no había terminado.
Laura no es la del problema eres tu queridito mira que quedó embarazada de tu tío , tu debes ser estéril