Mi nombre es Katherine, soy maestra sustituta en la universidad de Ozark las cosas se me complican cuando mi vida se topa con un Estudiante de nombre Teo, ese chico es la rebeldía en persona y el Diablo salido del Infierno.
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capítulo 6
El eco del nalgazo aún vibraba en el aire denso del aula. Katherine, inmovilizada contra la madera del escritorio, forcejeaba con una mezcla de pánico y una excitación que se negaba a reconocer.
—¡Suéltame! —exclamó, aunque su voz sonó más quebrada de lo que pretendía.
Teo no solo no la soltó, sino que descargó un segundo golpe, más firme y sonoro, que la hizo arquear la espalda. Se inclinó sobre ella, dejando que su aliento cálido le rozara la piel expuesta.
—¿No le gusta, maestra? —susurró él, con una voz cargada de una oscuridad magnética.
—¡Mocoso! ¡Infeliz! ¡Suéltame! —Katherine golpeó el escritorio con ambas manos, tratando de encontrar un punto de apoyo para zafarse, pero Teo era una montaña de músculos imposible de mover.
Él comenzó a morder y lamer la piel de su espalda con una parsimonia depredadora, saboreándola.
—Qué rico sabe, maestra... —murmuró entre dientes.
—¡Deja de jugar! ¡Alguien puede venir! ¡Ya suéltame!
Teo subió por su espalda hasta alcanzar la curva del cuello, alternando mordiscos suaves con caricias de su lengua.
—¿Significa eso que en otro lugar sí puedo, maestra? —preguntó con una sonrisa que ella podía sentir contra su piel.
—¡No! ¡Claro que no! ¡Ya suéltame, me duele el rostro! —Katherine se puso de puntitas, tratando de aliviar la presión de la mano de Teo que la empujaba contra el escritorio.
—Es excitante que le duela... —le susurró él al oído, apretando el agarre—. Y también cómo tiembla su cuerpo bajo mis manos.
Llevada por la desesperación, Katherine empujó su trasero con fuerza contra la pelvis de Teo. Fue un error táctico. Al hacerlo, sintió con total nitidez la dureza de su miembro erecto presionándola. Teo soltó una risa ahogada y le mordisqueó el lóbulo de la oreja.
—Parece que la maestra está ansiosa por sentirlo...
—¡Dices estupideces! —siseó ella—. ¡Estaré en problemas por un mocoso como tú! ¡Suéltame!
De pronto, unos golpes rítmicos en la puerta del aula cortaron la escena como un cuchillo.
—¿Katherine? —era la voz de Kay.
El pánico fue instantáneo. Teo se separó con una agilidad asombrosa, mientras Katherine se giraba frenéticamente para acomodar su falda y su blusa, tratando de recuperar el aliento.
—¿Kay? —respondió ella, con la voz temblorosa. Teo, de pie a un lado, simplemente sonreía como si nada hubiera pasado.
—Te estoy esperando... —insistió su hermano desde el pasillo.
—Ya voy... lo siento... —Katherine le hizo una señal desesperada a Teo para que guardara silencio.
—¿Puedo pasar? ¡Abre! —pidió Kay, impaciente.
Teo, con una calma exasperante, tomó una hoja de papel y escribió rápidamente con un bolígrafo. Se la extendió a Katherine con una mirada cargada de intención. "Me debe una... o hablo", decía la nota. Ella la tomó, asintiendo con rapidez mientras el sudor frío le recorría la nuca. Metió el papel hecho una bola en su bolso justo cuando Kay volvía a hablar.
—Kay... tuve un pequeño accidente con una bebida y se manchó mi falda. Dame un minuto.
—Está bien, te veo en el auto —respondió él—. Por cierto, ¿has visto a Teo? Su moto sigue afuera, pero no lo encuentro por ningún lado.
Katherine lanzó una mirada fugaz al chico, que ahora jugaba con el bolígrafo entre sus dedos.
—¿Ah? No... no lo he visto.
—Ok, te espero.
En cuanto los pasos de Kay se alejaron, Teo soltó una risita burlona.
—Qué mentirosa es, maestra. ¿No le da vergüenza?
—¡Qué patán y cínico eres! —le espetó ella, acercándose rápido para cubrirle la boca con la mano—. ¡Shhh! ¡Por Dios, cállate!
Teo no se inmutó. En un gesto que la dejó helada, pasó la punta de su lengua por la palma de la mano de ella. Katherine retiró la mano como si hubiera tocado fuego, el corazón desbocado.
—¡Idiota! ¡Fuera!
—¿No quiere que le limpie la mano, maestra? —se burló él mientras ella lo empujaba hacia la salida.
—¡Solo sal!
Teo salió finalmente, dedicándole una última mirada cargada de malicia por encima del hombro. Katherine cerró la puerta con llave y se apoyó contra ella, cerrando los ojos con fuerza. Sus uñas arañaron la madera mientras soltaba un suspiro tembloroso, apretando las piernas instintivamente.
—Maldito mocoso... Teo...
En la salida de la universidad
Minutos después, en el estacionamiento, Kay intentaba convencer a su grupo de amigos para la noche.
—Iremos de fiesta hoy, ¿vienes, Teo?
—No, gracias —respondió Teo con indiferencia.
—No seas aguafiestas, les dije a las chicas que irías.
—Dije que no.
Fabi y Ali se acercaron, curiosas.
—¿Por qué no quieres ir? —preguntó Fabi.
—Al parecer no le gustan esas cosas —añadió Ali con sarcasmo.
—Exacto... no me gustan —sentenció Teo.
En ese momento, Katherine apareció caminando hacia el auto de su hermano.
—¡Sister! —llamó Kay—. Hay una fiesta de disfraces esta noche, ¿quieres ir?
Katherine se detuvo, mirando al grupo.
—¿Qué clase de fiesta?
—Es de disfraces, la organiza uno de los socios de papá —explicó Kay—. Irá gente de todas las edades, no es solo para universitarios.
—Qué extraño, papá no mencionó nada —murmuró ella.
—Quizá lo olvidó. Anda, dinos si vienes.
Ali intervino con una sonrisa: —Sí, maestra, anímese.
Katherine recorrió el grupo con la mirada, deteniéndose un segundo de más en Teo, quien mantenía una expresión neutra.
—Lo pensaré... ¿Van a ir todos?
—Teo es el único que dijo que no irá —respondió Ali con un suspiro.
Una chispa de desafío brilló en los ojos azules de Katherine. Si él no iba a estar allí para atormentarla, quizá finalmente podría relajarse.
—Entonces sí voy —sentenció ella, con una sonrisa triunfal.
Teo entrecerró los ojos, su mandíbula se tensó ligeramente. La jugada de Katherine no había pasado desapercibida, y por su expresión, el plan de "no ir" estaba a punto de cambiar.