Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 10
...⚔️...
El bosque respiraba tensión.
Cada hoja, cada sombra, cada paso… parecía anunciar lo inevitable.
Las divisiones de Vindicta se desplegaron con precisión milimétrica, deslizándose entre los árboles como espectros entrenados para matar. No había ruido innecesario. No había dudas.
Solo ejecución.
Uno a uno, los hombres y mujeres se agacharon, activando sus radios en frecuencias codificadas. Sus miradas se movían con rapidez, cubriendo ángulos, asegurando posiciones.
Chiara permanecía al frente.
Imperturbable.
Le entregaron unos binoculares de alta tecnología. Los tomó sin decir nada y los llevó a sus ojos.
La mansión de los Becker se alzaba imponente.
Pero algo no cuadraba.
—Un solo anillo… —murmuró.
Demasiado fácil.
Demasiado limpio.
Ajustó el enfoque.
Guardias en la entrada. Relajados. Conversando.
Otra voz llegó por el canal.
—Confirmado. Movimiento en la parte trasera. Están reunidos… parecen estar almorzando.
Chiara no apartó la mirada.
*—RR1 reportando anillos de seguridad —dijo por la radio, su voz firme—Vía segura, entrada uno. Un solo anillo.*
Un segundo de silencio.
—RR4, pueden avanzar. Zona despejada.
Chiara bajó los binoculares lentamente.
Miró a su división.
Luego a Leonid, a Ricci… a Monica.
—¿Listo, leonid?
El hombre esbozó una sonrisa breve.
—Para ti, siempre.
Chiara asintió.
Y entonces…
—Ognuno di voi, nelle vostre posizioni… cominciamo da questo.
. (Todos en sus posiciones, vamos a empezar con esto)
El aire se congelo.
Las órdenes se activaron.
Varios de los que estaban allí sacaron granadas.
No una.
Varias.
Distribuidas con precisión en puntos estratégicos: perímetro frontal, laterales, cercanías del jardín.
Chiara tomó una.
La sostuvo unos segundos.
Y la colocó en su posición.
Todo quedó en silencio.
Un segundo.
Dos.
Tres.
Y entonces…
BOOM.
La primera detonación rompió el mundo.
El suelo tembló.
El aire estalló.
Y con ello… comenzó la guerra.
Una lluvia de disparos se desató inmediatamente después. Automáticas, ráfagas cortas, impactos secos. Los gritos no tardaron en aparecer.
Caos.
Muerte.
Control.
Los hombres de los Becker cayeron uno tras otro, sorprendidos, desorganizados.
Chiara avanzó.
Sin titubeos.
Sin mirar atrás.
A su lado, Leonid.
Cubriéndola.
Sus disparos eran precisos, eficientes. Cada bala encontraba su objetivo. Cada movimiento suyo era cálculo puro.
—Avanza —ordenó él, eliminando a dos hombres que intentaban flanquearlos.
Chiara no dudó.
Entraron.
Dos divisiones quedaron atrás, cubriendo el acceso.
El resto… se infiltró.
El interior de la mansión era distinto.
Más moderno.
Más reforzado.
Más preparado.
Pero no suficiente.
Los disparos resonaban en los pasillos, mezclándose con pasos apresurados, órdenes desesperadas, cuerpos cayendo.
Chiara se detuvo un segundo.
Miró a Leonid.
—Aquí nos separamos.
Él la miró con dureza.
—¿Estás loca?
—Confía en mí.
—No te voy a dejar sola.
Chiara se acercó un paso más.
—Nos vemos en el jardín. Ese es el punto de encuentro.
Silencio.
Tenso.
—Beregi sebya, malysh (Cuídate, pequeña) —murmuró él.
Antes de que ella pudiera reaccionar…
Leonid rozó su mejilla con un beso rápido.
Breve.
Inesperado.
Y desapareció.
Chiara se quedó un segundo inmóvil.
Confundida.
Pero no había tiempo para eso.
Apretó el arma.
Y siguió.
Subió al segundo piso.
Pasillo largo.
Puertas cerradas.
El sonido de disparos más lejano.
Abrió la primera habitación.
Vacía.
La segunda.
Nada.
La tercera.
Documentos. Rápido vistazo. Sin valor.
Avanzo
Una por una.
Sin perder ritmo.
Hasta que llegó a una puerta distinta, esta era mas grande, mas pesada por lo que sigilosamente la abrió y lo supo era la habitación de bruno.
Un retrato de Erika dominaba el espacio.
Elegante.
Frío.
Chiara entró lentamente. Sus pasos apenas hacían ruido sabía que el tiempo jugaba un papel importante aquí por lo que Comenzó a revisar: Cajones, Archivos, Papeles, Información médicas, Tratamientos, Debilidad, Fotos.
Sobre todo, retratos de la familia becker de bruno, Markus, Volker y Erika en vacaciones, reuniones con mas familias. Se enfoco tanto en analizar la imagen que no se fijo si alguien estaba cerca.
Y entonces lo sintió, la presencia de alguien detrás de ella, el instinto hacia que ella sintiera el peligro por lo que rápidamente se giro manteniendo su arma en alto, sin pensarlo apunto a la persona directo a la cabeza, pero hubo un impacto seco metal contra metal.
Otra arma frente a ella, pero esta vez apuntando hacia su cuello entonces allí esos ojos azules y esos ojos cafés se encontraron y el tiempo se detuvo.
El hombre que una vez amo frente a ella. Después de tanto pensarlo, después de no verse en meses. En medio de balas, sangre y guerra… el destino los había puesto cara a cara otra vez. Pero ya no eran los mismos.
Las heridas seguían abiertas, la confianza estaba rota, se comportaban como dos completos desconocidos cuando se conocían hasta el alma.
Y ninguno bajó el arma.
...CONTINUARÁ ...