La vida de Emma cambia cuando el señor Rodrigo, tras más de 40 años trabajando en la empresa, decide jubilarse. Buscando a alguien joven y conocedor de su área para sustituirlo, elige a su asistente, quien ya tiene más de 10 años de experiencia trabajando a su lado. Aunque su elección podría convertir a Emma en la candidata perfecta para convertirse en la nueva madre de los hijos del presidente.
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Capítulo 9
La reunión de la junta directiva llegaba a su fin, y el ambiente en la sala se relajaba un poco mientras el Presidente seguía dando órdenes. Cuando terminó de hablar, se recostó en su silla, visiblemente más calmado, y su mirada se dirigió hacia Rodrigo, quien parecía tener algo importante que decir.
—Bien, Rodrigo, tienes la palabra —dijo Dominic, deseando concluir la agotadora junta. No era fácil reprender a sus principales directivos.
—Como todos saben, estoy renunciando a mi puesto —comenzó Rodrigo, con una voz que denotaba cierta emoción—. Ha sido un placer trabajar en esta empresa durante los últimos cuarenta años. Mis mejores años los viví aquí, pero siento que mi tiempo ha llegado a su fin y quiero disfrutar de mi jubilación. Por eso he decidido renunciar y dejar mi puesto en manos de mi asistente, quien ha demostrado estar preparada para asumir este desafío.
Dominic asintió, mostrando un raro destello de afecto en su mirada.
—Rodrigo, agradezco profundamente todos estos años de arduo trabajo. Quiero reconocer tu esfuerzo impecable y tu contribución invaluable. Ha sido un orgullo tenerte en esta empresa, y acepto tu renuncia con la esperanza de que disfrutes de tu jubilación.
—Muchas gracias, Presidente —respondió Rodrigo con voz emotiva.
—Y dime, ¿dónde está tu reemplazo? —preguntó Dominic, esperando ver de nuevo a la desastrosa mujer que había visto el día anterior.
—Está a mi lado, Presidente. Emma, por favor, preséntate ante todos —dijo Rodrigo, tomando asiento para cederle la palabra a su asistente.
Emma se levantó con un nerviosismo evidente, tanto que sus piernas flaquearon levemente, obligándola a apoyarse en la mesa antes de erguirse completamente.
—Muy buenos días a todos. Soy Emma Brooks, y soy la persona que el señor Castillo ha propuesto para reemplazarlo. Llevo doce años en esta empresa y cinco como asistente personal del señor Castillo.
El asombro recorrió nuevamente la sala, pero nadie estaba más sorprendido que Dominic, quien la observó de pies a cabeza. La mujer que tenía enfrente era completamente diferente a la del día anterior. Aunque no lo expresó abiertamente, el sabor que le dejó esa revelación era difícil de describir; parecía que Emma había dado en el clavo.
Dominic no podía apartar la vista de la mujer que, con un vestido color vino, resaltaba su elegante silueta y proyectaba una presencia completamente distinta a la del día anterior. Era como si estuviera viendo a otra persona.
Cuando Emma terminó de hablar, Dominic se encontró sin palabras por un momento. Aclaró su garganta y, asintiendo levemente, dio por concluida la junta.
—Espero que sea eficiente en su trabajo, Señorita Brooks. Tengo altas expectativas, tal como lo ha indicado Rodrigo. Confío en su recomendación, así que no me decepcione —fue lo único que dijo antes de retirarse.
Emma, con una ligera sonrisa, respondió al comentario del Presidente.
—No lo decepcionaré, Presidente —dijo con una mirada penetrante, como si quisiera devorarlo vivo.
Al terminar la reunión, Emma recogió las hojas esparcidas en la mesa. Mientras salían de la sala, Rodrigo, que iba delante de ella, hizo una pausa.
—Quiero felicitarte, Emma. No dejes que te intimiden, lo hiciste bien. Ahora, llevo una hora aguantándome de ir al baño, así que si quieres puedes adelantarte.
Emma rió ante el comentario y se dirigió al ascensor. Cuando caminaba, sintió una molestia en el talón causada por el tacón, así que decidió detenerse y apoyarse en la pared para ajustarlo. Sin embargo, justo cuando estaba por llegar al ascensor, tropezó y estuvo a punto de caer, hasta que sintió que alguien la sujetó por la cintura, evitando la caída.
Pensando que era el señor Castillo, Emma bufó y agradeció:
—Estuve cerca de mi final —dijo, recomponiéndose y tocándose el pie adolorido—. Ya veo que ha crecido la confianza —comentó al notar la mano en su cintura. Pero al observarla, notó que era grande y venosa, muy diferente de la que esperaba ver—. Gracias por ayudarme, señor Castillo.
—No soy Rodrigo —dijo Dominic, mirando la placa del ascensor que indicaba en qué piso se encontraba. Quitó su mano de la cintura de Emma y la guardó en su bolsillo—. Debería tener más cuidado por dónde camina, o si no sabe usar esos tacones, quizá no debería ponérselos.
Emma sintió cómo la adrenalina recorría su cuerpo nuevamente. Se recompuso y respondió:
—No sabía que todavía se encontraba aquí, Presidente. Gracias por la ayuda. Y si sé o no usar estos tacones, eso solo a mí me concierne, no debería meterse.
—Veo que ya ha asumido su puesto al hablar de esa forma, pero tenga claro algo, Señorita Brooks —dijo Dominic, girándose hacia ella y destacando la gran diferencia de estatura—. Usted es mi empleada, debería dirigirse a su jefe con total respeto, no como lo que acaba de hacer ahora.
—Si mi tono le disgustó, lo lamento, Presidente. Sin embargo, no creo haber sido tan irrespetuosa; solo respondí a su comentario "Presidente" —dijo Emma, volteándose hacia él sin mostrar el más mínimo signo de intimidación, a pesar de que sus piernas temblaban ante su presencia.
Dominic la miró de reojo, detallando cada aspecto de ella. Era innegablemente atractiva, y no pudo evitar reconocerlo. Se dio la vuelta al escuchar el ascensor y entró en él. Cuando estaba a punto de cerrarse, Emma colocó su mano para detener las puertas, entró y apretó el botón de su piso.
—No le enseñaron modales en su casa, Señorita. No debería entrar a menos que yo se lo pida —dijo el Presidente con una sonrisa sarcástica.
—El ascensor es público, Presidente. Y si me enseñaron modales o no, eso no le concierne, es mi vida privada.
El ascensor llegó al piso de la presidencia, y Dominic salió. Antes de que las puertas se cerraran, volteó hacia ella y dijo:
—Creo que sí debería pedir permiso al entrar al ascensor que solo le pertenece al Presidente… ¡Emma!
Emma lo miró fijamente, sin dejarse afectar por sus palabras. Cuando las puertas se cerraron y comenzó a descender, se apoyó en la pared del ascensor, golpeándose la cabeza con las hojas en la mano. Su rostro enrojecido reflejaba la mezcla de emociones que sentía.
—¡Emma, por qué eres tan tonta! —se recriminó en voz baja.
Personajes:
Dominic Lewis
Emma Brooks
Daisy Brooks
Amelia Mills
Arabella Lewis
Dominic Jr. Lewis
Aiden Burns
Rodrigo Castillo
Nicole Jones