Durante siglos, los clanes de los vampiros y de los hombres lobo han vivido consumidos por el odio.
Todos creen que el antiguo rey de los vampiros @s3s1nø a la esposa del Alfa durante una Noche de Luna Roja. Como venganza, el Alfa m@tø a la reina vampira un día después del nacimiento de su hija, Aylin.
Lo que nadie sabe es que aquella mu3rt3 fue una mentira.
La esposa del Alfa fingió su fallecimiento para escapar con el lobo del que realmente estaba enamorada, dejando atrás a un cachorro recién nacido
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EL NASIMIENTO DEL HEREDERO
La nieve cubría las montañas del territorio del Clan de los Hombres Lobo.
Los enormes pinos permanecían inmóviles mientras una luna llena iluminaba el bosque con un resplandor plateado.
En el centro del territorio se alzaba la Fortaleza del Alfa, construida con enormes bloques de piedra y madera oscura.
Aquella noche, ningún guerrero dormía.
Todos esperaban el nacimiento del primer hijo del Alfa.
Dentro de la habitación principal, el ambiente era muy distinto.
—Respira... ya falta poco... —susurró la anciana curandera.
Sobre una enorme cama cubierta con pieles blancas se encontraba la Luna del clan.
Su nombre era Selene, una omega de pelaje blanco como la nieve y ojos color miel.
Sujetaba con fuerza la mano de su esposo.
El Alfa Kael.
El hombre más fuerte de toda la manada.
Su enorme figura temblaba ligeramente.
No por miedo...
Sino por la emoción.
—Lo estás haciendo muy bien... —dijo mientras acariciaba el cabello de su compañera.
Selene sonrió entre el cansancio.
—Nuestro pequeño ya casi llega...
Kael apoyó su frente sobre la de ella.
—Lo protegeré con mi vida.
Ella tomó aire.
—Lo sé...
Después cerró los ojos cuando una nueva contracción la obligó a apretar la mano del Alfa.
La curandera observó atentamente.
—¡Ya viene!
Los segundos parecieron eternos.
Hasta que...
Un pequeño aullido llenó toda la habitación.
—¡Auuuu!
El silencio desapareció.
Los guerreros que aguardaban fuera levantaron las orejas.
Kael abrió los ojos con sorpresa.
La curandera sonrió ampliamente.
—Ha nacido.
Con delicadeza levantó entre sus brazos a un diminuto cachorro de pelaje completamente negro.
Sus pequeñas patitas se movían torpemente mientras emitía suaves chillidos.
—Es un varón
Kael sintió un nudo en la garganta.
El enorme Alfa, capaz de enfrentarse solo a varios enemigos, tenía los ojos completamente húmedos.
—Mi... hijo...
La curandera colocó con cuidado al cachorro sobre el pecho de Selene.
El pequeño dejó de llorar casi de inmediato.
Buscó el calor de su madre.
Ella acarició lentamente su cabecita.
—Hola, mi pequeño...
El cachorro abrió apenas los ojos.
Un intenso color azul grisáceo apareció por unos segundos.
Kael no pudo contener una sonrisa.
—Tiene tus ojos...
Selene negó suavemente.
—No...
Son iguales a los tuyos cuando eras un cachorro.
El Alfa rió por lo bajo.
Con muchísimo cuidado acercó un dedo.
El pequeño levantó una diminuta patita y la apoyó sobre él.
Aquel gesto fue suficiente para romper toda la seriedad del Alfa.
—Es tan pequeño...
La curandera sonrió.
—Todos los hombres lobo nacen así. Dentro de unos días comenzará su primera transformación.
Selene observó al cachorro dormir.
—¿Ya elegiste su nombre?
Kael respondió sin apartar la vista del pequeño.
—Sí.
Hubo un breve silencio.
—Se llamará...
Lev.
Selene repitió el nombre con una sonrisa.
—Lev...
El cachorro movió ligeramente las orejas al escuchar aquella voz.
Como si reconociera su nombre.
La habitación se llenó de risas.
—Parece que le gusta.
Kael besó la frente de su compañera.
—Bienvenido a casa, hijo.
---
Unas horas más tarde...
La noticia ya había recorrido todo el territorio.
El heredero había nacido.
Los lobos celebraban alrededor de enormes fogatas.
Las mujeres preparaban comida.
Los cachorros corrían felices por la nieve.
Era una noche de alegría.
Mientras tanto...
En la habitación.
Selene permanecía sentada junto a la ventana.
Lev dormía profundamente envuelto entre mantas de lana.
Kael entró con una bandeja de comida.
—Debes comer.
Ella sonrió.
—Gracias.
El Alfa dejó la bandeja sobre la mesa.
Después se acercó lentamente al pequeño.
No podía dejar de observarlo.
Cada pocos minutos volvía a mirar a su hijo.
—¿Sabes? —dijo sonriendo—. Creo que heredará tu carácter tranquilo.
Selene soltó una pequeña risa.
—¿Y si hereda el tuyo?
Kael levantó una ceja.
—Entonces los maestros tendrán mucho trabajo.
Ambos rieron.
El cachorro movió ligeramente la nariz mientras dormía.
—Mira...
Selene señaló.
Su pequeña cola comenzó a moverse lentamente.
Kael volvió a emocionarse.
—Está soñando.
—¿Qué crees que sueñe?
—Tal vez que corre por el bosque.
—O que ya aprendió a aullar.
Los dos rieron nuevamente.
---
A la mañana siguiente...
Todo el clan hizo fila para conocer al pequeño heredero.
Uno por uno entraban a la habitación.
Todos hacían una reverencia.
—Larga vida al futuro Alfa.
Kael agradecía cada felicitación.
Selene sostenía con orgullo al cachorro.
Las ancianas del clan sonreían.
—Tiene un aura muy fuerte.
—Será un gran líder.
—Los espíritus lo protegen.
Un viejo guerrero observó al pequeño.
—Jamás había visto un cachorro tan tranquilo.
Lev abrió apenas un ojo.
Miró al anciano durante unos segundos.
Después volvió a quedarse dormido.
Todos soltaron una carcajada.
---
Esa tarde...
Kael decidió presentar oficialmente a su hijo ante toda la manada.
Subió a una enorme roca situada frente a la fortaleza.
Selene permanecía a su lado sosteniendo al pequeño.
Miles de lobos aguardaban en silencio.
El Alfa levantó la voz.
—Hoy nació el futuro de nuestro clan.
Todos aullaron con fuerza.
El sonido recorrió las montañas.
Kael levantó cuidadosamente al cachorro.
Lev abrió los ojos.
Por primera vez observó el cielo.
La luz de la luna aún era visible entre las nubes.
El viento movió suavemente su pequeño pelaje negro.
Los lobos quedaron completamente en silencio.
Era una imagen imposible de olvidar.
El Alfa sonrió.
—Él es mi hijo...
Hizo una breve pausa.
—Lev, heredero del Clan de los Hombres Lobo.
Un inmenso aullido respondió desde todos los rincones del territorio.
Los árboles parecían vibrar.
Las montañas devolvían el eco.
Lev movió las orejas.
Luego...
Como si quisiera responder...
Lanzó un diminuto:
—Auu...
El silencio duró apenas un segundo.
Después todo el clan estalló en risas.
—¡Nuestro pequeño Alfa respondió!
—¡Qué adorable!
—¡Larga vida al heredero!
Kael sintió que jamás había sido tan feliz.
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Cuando cayó la noche...
La fortaleza volvió a quedar en silencio.
Selene alimentaba al pequeño.
Kael permanecía sentado junto a ellos.
—Dentro de unos días comenzará su primera transformación...
—Lo sé.
—¿Estás preparada?
Ella sonrió.
—Mientras estemos juntos...
Todo saldrá bien.
Kael tomó la mano de su compañera.
—Prométeme algo.
—¿Qué cosa?
—Pase lo que pase...
Nunca dejaremos que nadie le haga daño.
Selene miró al cachorro.
Después volvió a mirar al Alfa.
—Lo prometo.
Los tres permanecieron abrazados mientras la luna iluminaba la habitación.
Ninguno de ellos imaginaba que aquella promesa sería puesta a prueba mucho antes de lo que esperaban.
Porque, lejos del territorio de los hombres lobo...
En las sombras del bosque...
Un par de ojos observaban la fortaleza en completo silencio.
Y una figura desconocida susurró con una sonrisa difícil de interpretar:
—Así que... el heredero ya nació...