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Secretos De Blackwood

Secretos De Blackwood

Status: En proceso
Genre:Casos sin resolver
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Alma Rivera jamás imaginó que una beca cambiaría su vida. Al ingresar a la prestigiosa Academia Blackwood, descubre que algunos estudiantes desaparecen sin dejar rastro... y que nadie se atreve a mencionarlos. Junto a Adrián Lancaster, el alumno más brillante y distante de la escuela, comenzará una investigación que desenterrará secretos ocultos durante años. Pero en Blackwood, conocer la verdad tiene un precio, y alguien está dispuesto a matar para mantenerla enterrada.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La puerta sellada

Durante varios segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.

El único sonido era el de la lluvia filtrándose por pequeñas grietas del techo y el eco de las gotas cayendo sobre el suelo de piedra.

Alma pasó la mano por el escudo grabado en la puerta.

Una gruesa capa de polvo cubría la madera.

—Si este lugar existe… ¿por qué nadie habla de él?

Adrián observó las paredes.

—Porque muy poca gente sabe que existe.

—¿Y tu hermana?

Él respiró hondo.

—Cuando éramos niños le encantaban las historias de la academia. Siempre buscaba planos antiguos, diarios, fotografías… Decía que Blackwood escondía más secretos bajo tierra que en la superficie.

Alma sonrió apenas.

—Suena a alguien que habría sido mi amiga.

Por primera vez, Adrián no apartó la mirada al escuchar el nombre de Isabella.

Solo respondió con una leve sonrisa.

—Probablemente.

Alma se acercó a la cerradura.

Estaba completamente oxidada.

Intentó mover el picaporte.

No cedió ni un milímetro.

—Está sellada.

Adrián se arrodilló frente a la puerta.

Observó con atención el mecanismo.

No era una cerradura común.

Tenía un pequeño símbolo grabado en el centro.

Una brújula.

—Qué raro…

—¿Qué pasa?

—Este tipo de cerraduras se usaban hace muchas décadas.

No deberían seguir aquí.

Mientras hablaba, pasó los dedos por uno de los costados del marco.

Entonces notó algo.

Había pequeñas marcas.

Como si alguien hubiera intentado abrir la puerta utilizando herramientas.

No una vez.

Muchas veces.

—Mira esto.

Alma se agachó a su lado.

—¿Arañazos?

—No.

Marcas de palanca.

Alguien intentó entrar.

Pero nunca lo consiguió.

Un escalofrío recorrió la espalda de ambos.

Si alguien había querido abrir aquella puerta…

¿Qué había detrás?

De repente, Alma iluminó el suelo con la linterna que llevaba en la mochila.

—Adrián.

Él siguió la luz.

Había huellas.

No eran recientes.

Estaban cubiertas de polvo.

Pero seguían distinguiéndose.

Dos pares entraban hasta la puerta.

Solo uno regresaba.

Los dos permanecieron inmóviles.

—¿Lo estás viendo?

Adrián asintió lentamente.

—Sí…

El aire pareció volverse más pesado.

Alma tragó saliva.

—Eso no tiene sentido.

—No.

No lo tiene.

Mientras examinaban la habitación, Alma tropezó con algo metálico.

Se agachó.

Era una pequeña caja de hierro completamente oxidada.

No medía más de veinte centímetros.

La tapa estaba torcida.

Con un poco de esfuerzo consiguió abrirla.

Dentro solo había tres objetos.

Una llave antigua.

Un pañuelo blanco con las iniciales I. L. bordadas en una esquina.

Y una fotografía.

El papel estaba húmedo, pero aún podía distinguirse la imagen.

Mostraba a un grupo de estudiantes frente al edificio principal de Blackwood.

Adrián tomó la fotografía con manos temblorosas.

Su respiración se detuvo.

—Es…

Alma observó la imagen.

En la primera fila estaba Isabella.

Sonriendo.

Con un brazo alrededor de otra estudiante.

Y detrás de ella…

El director Holloway.

Mucho más joven.

Todos parecían felices.

Hasta que Alma vio un detalle.

Señaló el fondo de la fotografía.

—Espera…

Adrián siguió la dirección de su dedo.

Entre los árboles, casi oculto por las sombras, aparecía un edificio de piedra.

El mismo escudo.

La misma arquitectura.

La misma puerta que tenían delante.

Los dos levantaron la vista al mismo tiempo.

Aquella fotografía había sido tomada justo antes de que ese lugar desapareciera de todos los planos de la academia.

Adrián apretó el pañuelo entre los dedos.

Reconocía perfectamente el bordado.

Había sido un regalo de cumpleaños que él mismo le había hecho a Isabella cuando era niño.

Eso significaba una sola cosa.

Ella había estado allí.

De verdad.

No era una leyenda.

Y alguien se había encargado de borrar cualquier rastro de aquel lugar… excepto los que el tiempo había olvidado esconder.

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