El Patrón mata sin pestañear. Pero no pudo con el tamplin de Catalina. Ahora la cuida desde lejos, y ella ni sabe que el hombre más temido de la ciudad daría su imperio por otro plato de su comida.
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EL PROBLEMA DE VALERIA
Lunes 7 AM. Catalina se despertó en la cama de Damián.
Sola.
La sábana del lado de él estaba fría. Muy fría.
"¿Damián?" gritó desde la cama. Su voz sonó rara en el cuarto gigante.
Silencio. Solo se oía el reloj.
Catalina se levantó de golpe. El corazón le dio un vuelco.
Se puso una de las remeras de Damián. Le quedaba gigante. Olía a él.
Bajó corriendo. Descalza. Con el pelo revuelto.
Damián estaba en la cocina. De traje completo a las 7 AM.
Con el celular en la oreja. La mandíbula tensa.
"...No me importa, Martín. Que presente lo que quiera.
Yo no firmo nada y no le doy un peso. ¿Entendiste?"
Colgó de golpe. Vio a Catalina y su cara cambió al instante.
De furia a algo más suave.
"Buenos días." Dijo. "¿Dormiste bien?"
Catalina asintió, todavía parada en la puerta. "¿Qué pasó?
Estabas hablando fuerte."
Damián suspiró. Se pasó la mano por la cara. "Nada importante.
Desayuna. Te hice tostadas."
Mentira. Catalina ya lo conocía. Cuando Damián ponía esa cara de piedra
y hablaba bajito, pasaba algo muy malo.
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9 AM. Oficina de Damián en la mansión.
Catalina llevó el café como todas las mañanas. Pero hoy era diferente.
Había 3 abogados. Todos con traje. Con carpetas gruesas.
Con cara de "esto va a estar feo".
Damián la vio entrar y se puso serio. "Catalina, vete a la cocina."
"Quiero quedarme." Dijo ella. "Puedo ayudar."
"No." Damián fue firme. Pero no enojado. Preocupado. "Vete, por favor.
Esto es de adultos."
Catalina asintió y se fue. Pero no se fue lejos.
Se quedó detrás de la puerta entreabierta, con el corazón en la garganta.
"...demanda por daños y perjuicios" decía el abogado más viejo.
"...Valeria Roldán reclama la mitad de la mansión, pensión alimenticia retroactiva
y daños morales. Dice que usted la abandonó por una empleada doméstica
y que eso afectó su reputación."
Catalina sintió que se le caía el estómago.
Valeria. Otra vez.
Y la mencionaron a ella. "Empleada doméstica".
Se le llenaron los ojos de lágrimas. Se tapó la boca para no hacer ruido.
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12 PM. Catalina no podía cocinar.
Tenía la cebolla en la mano y no paraba de llorar. Le cortó el dedo sin querer.
"¡Ay!"
Rosa entró corriendo. "Mija, ¿qué te pasó?"
"Nada." Mintió Catalina, chupándose el dedo. "Solo estoy torpe."
Rosa la miró. Le vio los ojos rojos. "A ver. Siéntate aquí."
La sentó en una silla. Le vendó el dedo. "Habla."
Catalina se quebró. "La ex de Damián. Lo está demandando. Por mi culpa.
Dice que yo soy la culpable de que él la dejó."
Rosa suspiró. "Ay mija..."
"Si yo no estuviera aquí, Damián no tendría problemas." Lloró Catalina.
"Si me voy, ella lo deja en paz."
Rosa le agarró la cara. "No digas tonterías. Los hombres como el señor Roldán
siempre tienen problemas, con novia o sin novia. Tú no tienes la culpa de que él te quiera.
¿Me oyes? No es tu culpa."
Catalina negó. "Pero me siento culpable."
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2 PM. Damián entró a la cocina. Se veía destruido.
Ojeras. Camisa arrugada.
"¿Almorzaste?" preguntó. Voz ronca.
"No tengo hambre." Dijo Catalina.
Damián se sentó al lado de ella. En la misma silla. "Catalina, mírame."
Ella lo miró. Con los ojos rojos e hinchados.
"Esto no es tu culpa. ¿Me escuchas? Repite conmigo: no es mi culpa."
"No es mi culpa." Susurró Catalina.
"Más fuerte."
"No es mi culpa." Dijo más fuerte.
Damián asintió. "Bien. Valeria siempre fue así. Quiere plata. Quiere venganza.
Quiere romperme porque no pudo tenerme. Y ahora usa cualquier excusa."
"¿Y si gana?" Susurró Catalina. "¿Y si te quita la casa? ¿Y si te quita la plata?
¿Y si... y si me echa?"
Damián le agarró las dos manos. Fuerte. "No te voy a echar. Nunca.
¿Me escuchas? Nunca. Aunque me quede sin un peso, sin la mansión, sin nada...
tú te quedas conmigo. En un departamento de un ambiente. En la calle si hace falta.
Pero juntos."
Catalina se quebró otra vez. "Damián... no digas eso."
"Es verdad." Damián le secó las lágrimas con los pulgares. "Tú eres lo único
que no quiero perder en esta vida."
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6 PM. Sonó el timbre. Fuerte.
Un hombre de traje entregó un sobre. "Notificación judicial para el señor Roldán."
Damián lo abrió ahí mismo. Leyó. Y se puso blanco de la rabia.
"¿Qué dice?" preguntó Catalina.
"Audiencia en 15 días." Damián tiró el papel en la mesa. "Valeria quiere declarar.
Quiere contarle al juez que eres una trepadora. Que la seduje. Que rompí mi familia por ti."
Catalina recogió el papel. Leyó. Y ahí estaba su nombre completo:
Catalina Méndez.
"Dice mi nombre." Dijo con la voz temblando.
"Lo sé." Damián estaba furioso. Caminaba de un lado a otro. "Quiere ensuciarte.
Quiere que tengas miedo y te vayas."
Catalina dejó el papel. Respiró hondo. "¿Y si voy? ¿Y si le digo la verdad al juez?
Que no soy una trepadora. Que te quiero. Que tú me elegiste."
Damián se detuvo. La miró. "No. Mis abogados se encargan. Tú no te metes en esto.
Es peligroso."
"Pero es mi vida también." Dijo Catalina. "Es mi nombre. Mi honra."
Damián se acercó. Le agarró los hombros. "¿Confías en mí?"
Catalina lo miró a los ojos. "Sí."
"Entonces déjame pelear esta batalla. Tú solo quédate conmigo.
Cocina. Ríete. Duerme conmigo. Eso es todo lo que te pido."
Catalina asintió. "Está bien."
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Esa noche no durmieron.
Damián recibió llamadas hasta las 2 AM. Abogados. Socios. Amenazas.
Catalina se quedó despierta. Acurrucada a su lado en la cama.
Sin decir nada. Solo agarrándole la mano.
A las 3 AM Damián susurró: "Perdón por meterte en esto.
Perdón por no avisarte que mi vida era un quilombo."
Catalina le besó la mano. "No te pedí que me eligieras. Lo hiciste tú.
Y yo elijo quedarme. Aunque sea difícil."
Damián la abrazó. Fuerte. "Eres más valiente que yo. Lo sabes, ¿no?"
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Miércoles. El rumor ya estaba en todos lados.
"La cocinera demandada"
"Le va a sacar la casa al jefe"
"Pobrecita Catalina, la van a meter presa"
En el mercado nadie le hablaba. Las señoras susurraban.
El carnicero le cobró de más.
Catalina aguantó. Fue. Vendió 3 tamplin. Se fue corriendo.
Cuando llegó a la mansión, Damián estaba esperándola en la puerta.
Como un perro esperando a su dueña.
"¿Estás bien?" preguntó.
"No." Dijo Catalina. Honesta. "Estoy cansada. De que hablen.
De tener miedo. De que ensucien tu nombre por mi culpa."
Damián asintió. Pensó 2 segundos. "Entonces hagamos algo."
"¿Qué?"
"Que sepan la verdad. Toda. Sin miedo."
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Viernes. Rueda de prensa improvisada en la puerta de la mansión.
Damián nunca daba entrevistas. Odiaba a los periodistas.
Pero esa vez llamó a 10.
Catalina estaba a su lado. De la mano. Temblando pero con la cabeza en alto.
Vestido negro. Sencillo.
"Señor Roldán, ¿es verdad que su ex lo demanda por su nueva pareja?"
gritó un periodista.
Damián habló. Firme. Sin leer. "Mi ex quiere plata. No le importa quién soy yo.
Hace 3 años que no estamos juntos. Y esta es Catalina. Mi pareja.
Y no voy a permitir que la ensucien con mentiras."
Otro periodista gritó: "¿Y es verdad que es su empleada? ¿Que abusó de su poder?"
Damián miró a Catalina. Le apretó la mano. "Era mi cocinera. Sí.
Y me enamoré de ella cocinando. ¿Hay algún problema con eso?
¿En este país una mujer pobre no puede enamorar a un hombre rico?"
Silencio.
Catalina dio un paso al frente. Sola. "Yo no le pedí nada a Damián.
Yo solo cocino. Y lo quiero. Y me voy a quedar aunque me demanden a mí también.
Porque no hice nada malo."
Las fotos salieron al otro día en todos los diarios.
"DAMIÁN ROLDÁN PRESENTA A SU NOVIA: LA COCINERA"
"EL JEFE MAFIOSO ENAMORADO DE UNA MUJER DE QUILMES"
"VALERIA PIERDE: EL JUEZ NO LE DA LA RAZÓN"
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Domingo. 15 días después. Juzgado de Quilmes.
Catalina fue. Con vestido negro. Con Damián. Con los abogados.
Valeria estaba ahí. Con vestido rojo. Con 4 abogados. Con cara de odio.
El juicio duró 20 minutos.
El juez escuchó. Miró papeles. Miró a Damián. Miró a Catalina.
"Se desestima la demanda." Dijo con el martillo. "No hay pruebas de convivencia.
No hay matrimonio. No hay hijos. Señora Roldán, deje de molestar al señor.
Y deje de ensuciar a la señorita Méndez."
Martillazo.
Valeria se levantó furiosa. Miró a Catalina y escupió: "Esto no terminó, zorra."
Damián se interpuso. "Largo. Antes de que llame a seguridad."
Salieron.
En el auto, Catalina lloró. Pero de alivio. De felicidad.
"Ganamos." Dijo Damián.
"Ganamos." Repitió Catalina. "Lo logramos."
Damián frenó en un semáforo y la besó. Largo. "Te dije que te cuidaba.
Y te voy a cuidar siempre."
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Esa noche cenaron solos. En el comedor. Con velas. Con vino.
"Brindo." Dijo Damián levantando la copa. "Por ti.
Por no irte. Por pelear conmigo. Por aguantar."
Catalina chocó su copa. "Brindo por nosotros. Los que no tienen miedo.
Los que eligen quererse aunque el mundo diga que no."
Terminaron de cenar.
Damián se levantó. Rodeó la mesa. Se arrodilló frente a Catalina.
No con anillo. Con una llave dorada. La llave de la mansión.
"Esta es la llave de mi casa. De mi vida. De mi cuenta. De todo.
¿Te quedas? ¿De verdad? ¿Para siempre? ¿Te mudas conmigo?"
Catalina lloró. "Sí. Me quedo. Me mudo. Para siempre."
Damián la abrazó. La levantó del piso. La giró.
Y en la mansión donde antes había silencio y miedo, ahora había risa.
Había música. Había vida.
Valeria había intentado separarlos con un juicio.
Y solo los unió más fuerte.
Porque ahora Catalina no era la empleada.
Era la dueña. De su corazón. Y de la llave.
FIN CAPÍTULO 15