Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
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**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Investigación 2
Catarina Parisi estaba convencida de que, si alguien la hubiera observado durante los últimos veinte minutos, habría llegado a una conclusión bastante razonable.
Había perdido la cabeza.
No existía otra explicación para una joven noble que caminaba de un espejo a otro, se señalaba a sí misma con un dedo acusador y mantenía conversaciones enteras con su propio reflejo.
—¡Muy bien, Catarina! ¡Piensa! ¡Usa ese cerebro que el universo tuvo la amabilidad de conservarte!
Se detuvo frente al espejo más grande de su habitación.
La joven que la observaba desde el otro lado tenía el cabello rubio, largo y brillante, una piel delicada y unos ojos rojos tan extraordinarios que parecían dos rubíes iluminados desde el interior.
Catarina ladeó la cabeza.
El reflejo hizo lo mismo.
—Eres preciosa.. Verdaderamente preciosa. Si yo fuera un hombre, probablemente me escribiría poemas.
Hizo una pausa.
—Aunque, siendo sincera, si yo fuera un hombre, tendría que soportar a las mujeres de esta época, sus familias, los contratos matrimoniales y los duques emocionalmente reprimidos. Quizá me haría monje.
Se llevó una mano al pecho.
—¡Pero no! ¡No estamos aquí para hablar de tus preferencias sentimentales imaginarias!
Caminó hasta el siguiente espejo.
—Estamos aquí para salvar a un hombre.
Adoptó una expresión severa.
—Un hombre inocente. Un hombre que no merece morir. Un hombre que tiene la desgracia de haberse casado con una mujer que considera que el asesinato es una estrategia financiera aceptable.
Sus ojos se entrecerraron.
—Maldita Mary Rossi.
Se cruzó de brazos.
—¡Y maldito sea el sistema de reencarnación que me entregó esta misión sin instrucciones!
Miró hacia el techo.
—¿Dónde está mi asistente? ¿Mi guía espiritual? ¿Mi ventana de estado? ¡Por lo menos podrían haberme dado una pantalla con los datos del duque!
Esperó.
Nada.
Naturalmente.
—Incompetentes
Después respiró profundamente y regresó al asunto importante.
Tenía que encontrar la manera de acercarse a Enzo Rossi.
Y cuanto antes, mejor.
—Si estuviera en mi mundo, todo sería muchísimo más sencillo.. Podría investigar sus negocios, buscar información sobre su familia, grabar conversaciones y conseguir pruebas.
Levantó un dedo.
—Incluso podría grabar a Mary preparando el veneno.
Otro dedo.
—Podría enviarle las pruebas a la policía.
Un tercer dedo.
—Y luego compraría unas palomitas para contemplar cómo se derrumba su vida.
Sonrió.
La imagen mental era extraordinariamente satisfactoria.
Hasta que recordó que no tenía teléfono.
Ni computadora.
Ni cámaras.
Ni internet.
Ni siquiera una máquina de café.
La sonrisa desapareció.
—Estoy en un mundo medieval.
Miró a su alrededor.
—Un mundo medieval con vestidos bonitos, carruajes, títulos nobiliarios y, aparentemente, magia. Pero medieval al fin y al cabo.
Se dejó caer contra el respaldo de la silla.
—¡¿Cómo se supone que voy a conseguir pruebas sin tecnología?!
La respuesta más evidente era recurrir a la magia.
Por desgracia, había otro pequeño inconveniente.
Catarina no tenía magia.
Los Parisi eran una familia rica, pero su fortuna procedía de negocios bastante terrenales. Poseían viñedos, producían vinos de excelente calidad, administraban queserías y mantenían relaciones comerciales con diversos territorios.
Su riqueza se encontraba en la tierra, la producción y el comercio.
No en los poderes sobrenaturales.
Por lo que había logrado averiguar, algunos habitantes de Vagur nacían con afinidad hacia determinados elementos mágicos. Había quienes podían manipular el fuego, controlar el agua, trabajar con el metal o utilizar habilidades relacionadas con la tierra y las plantas.
Pero los Parisi no eran conocidos por poseer grandes talentos mágicos.
Y Catarina tampoco había descubierto ninguna señal de que ella fuera una excepción.
Se miró las manos.
—Vamos, manifiesta un poder extraordinario.
Las agitó.
Nada.
—Un pequeño destello.
Nada.
—Una chispa.
Absolutamente nada.
Catarina suspiró.
—Ni siquiera una lucecita para leer por las noches. Qué decepción.
Se recostó sobre la mesa.
[Quizá tenga magia y todavía no lo sepa].
La posibilidad la animó un poco.
[Quizá soy una maga extraordinaria cuyo poder despertará en el momento más importante].
Se incorporó.
[¡Quizá pueda ver el futuro!].
Se quedó inmóvil.
[Espera. Ya vi el futuro].
Volvió a dejar caer la frente sobre la mesa.
—¡ESTO ES RIDÍCULO!
Una criada que pasaba por el pasillo escuchó el grito y aceleró el paso.
Catarina levantó la cabeza.
—¡Muy bien! Si no puedo usar magia, tendré que recurrir a mi inteligencia.
Se quedó pensando.
—Y a mi dinero.
Su expresión se iluminó.
—¡Exactamente! ¡El dinero!
Se puso de pie con tanta rapidez que la silla retrocedió varios centímetros.
—Soy una Parisi. Mi familia tiene recursos, contactos y negocios. ¡No necesito magia para empezar a investigar!
Caminó hasta el espejo y señaló su reflejo.
—Ahora sí, Catarina. Ahora estamos hablando.
Su reflejo parecía estar de acuerdo.
O quizá solo imitaba sus movimientos.
En cualquier caso, era agradable tener apoyo moral.
Solo Catarina al natural