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Hasta El Fin Del Mundo

Hasta El Fin Del Mundo

Status: En proceso
Genre:Fantasía LGBT / Apocalipsis / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

El cielo estaba despejado aquella mañana, y las calles de la ciudad permanecían tranquilas. Nadie imaginaba que, antes de que terminara el día, el mundo que conocían dejaría de existir.

nas cuando anos riendo. Varios testigos aseguran
amó a su padre, pero la llamada terminó enviándolo ntesta, ón cambió.

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Silencio

Todos los soldados se encontraban en sus posiciones, apuntando hacia las cercas y las entradas del refugio. Algunos estaban detrás de las barricadas, mientras otros vigilaban desde las torres de observación.

Darian llegó rápidamente y se colocó junto a Marco e Iván.

—¿Cuántas son? —preguntó en voz baja.

—No lo sabemos —respondió Marco, sin apartar la mirada del exterior—. Se mueven entre los vehículos abandonados.

A lo lejos se escuchaban gruñidos extraños. Las criaturas caminaban alrededor de las instalaciones, golpeando ocasionalmente los automóviles y arrastrando los pies por el pavimento.

Los soldados estaban nerviosos. Algunos apretaban sus armas con tanta fuerza que les temblaban las manos.

—Mantengan sus posiciones —ordenó la sargento Elena por la radio—. Nadie dispara sin mi autorización, ¿entendido?

—Entendido, sargento —respondieron varios soldados.

Darian tragó saliva mientras observaba una silueta que se movía detrás de un automóvil.

La criatura se detuvo.

Giró lentamente la cabeza hacia la cerca y comenzó a olfatear el aire, emitiendo un gruñido ronco.

Darian levantó su arma, preparado para disparar si conseguía atravesar la entrada.

Sin embargo, después de unos segundos, la criatura se alejó.

Las demás también comenzaron a caminar en distintas direcciones, hasta que sus siluetas desaparecieron entre los edificios.

Poco a poco, los gruñidos se escucharon cada vez más lejos.

Nadie se movió.

La sargento Elena levantó una mano, indicando a todos que permanecieran en silencio.

Pasaron varios minutos.

Finalmente, cuando dejaron de escuchar cualquier ruido en los alrededores, algunos soldados comenzaron a respirar aliviados.

—¿Ya se fueron? —susurró uno de ellos.

—Eso parece —respondió otro.

Elena no bajó su arma.

—Todavía no se relajen. Mantengan la vigilancia.

En ese momento, un soldado llamado Wil se acercó cuidadosamente a la sargento.

—Sargento Elena, creo que acabo de darme cuenta de algo.

Elena giró la cabeza hacia él.

—Habla, Wil.

El joven miró hacia la cerca antes de continuar.

—Esas criaturas… creo que son ciegas.

Varios soldados voltearon a mirarlo.

—¿Qué acabas de decir? —preguntó Marco.

Wil señaló hacia el lugar donde habían visto a las criaturas.

—Cuando estaban cerca de los automóviles, una de ellas pasó junto a un vehículo y ni siquiera reaccionó al movimiento de un soldado que estaba escondido detrás. Pero cuando otro soldado dejó caer accidentalmente una pieza metálica, la criatura giró inmediatamente hacia el sonido.

Darian recordó cómo se habían movido aquellas cosas en la ciudad.

—Ahora que lo dices… —murmuró—, cuando estuvimos en el edificio de apartamentos, reaccionaron a los ruidos. No parecían darse cuenta de nuestra presencia hasta que hacíamos algún sonido.

Iván asintió lentamente.

—Y cuando Mateo comenzó a llorar, tuvimos que movernos rápidamente para alejarnos de allí.

Elena observó a Wil con atención.

—¿Estás seguro de lo que dices?

—No puedo asegurarlo al cien por ciento, sargento, pero creo que no pueden vernos. Se guían principalmente por el ruido.

La sargento permaneció pensativa unos segundos.

Si aquello era cierto, podría cambiar por completo la manera en que protegían el refugio.

—Muy bien. Escúchenme todos —ordenó Elena, hablando por la radio—. A partir de este momento, queda prohibido hacer ruidos innecesarios. Nada de gritos, golpes o conversaciones en voz alta. Las órdenes se transmitirán por radio a volumen bajo o mediante señales manuales.

Los soldados asintieron.

—Revisen las puertas y aseguren cualquier objeto que pueda caer o golpear contra las paredes. No quiero que nadie haga ruido sin necesidad. Si esas criaturas regresan, no deben saber dónde estamos.

—Entendido, sargento —respondieron.

Elena se acercó a Darian y a los otros dos soldados.

—Quiero que revisen el perímetro sin abandonar sus posiciones. Si Wil tiene razón, el silencio podría ser nuestra mejor defensa.

—¿Y si una de ellas consigue entrar? —preguntó Iván.

—Entonces tendremos que actuar con rapidez, pero no vamos a atraerlas por nuestra propia imprudencia.

Darian miró hacia la oscuridad que se extendía más allá de las cercas.

Por primera vez aquella noche, sintió que quizá tenían una oportunidad de mantener el refugio a salvo.

Sin embargo, sabía que todavía no podían confiarse.

Dentro del refugio, Daniel y Adrian permanecían sentados juntos, sin atreverse a hablar demasiado alto.

Daniel escuchó pasos acercándose y levantó la cabeza, esperando ver a su hermano.

Pero solamente pasó una enfermera, quien les hizo una señal para que guardaran silencio.

Daniel frunció el ceño y susurró:

—¿Por qué tenemos que estar callados?

Adrian se acercó a él.

—Creo que descubrieron algo sobre las criaturas.

—¿Qué cosa?

—No lo sé todavía.

Ambos intercambiaron una mirada preocupada.

En el exterior, Darian recibió una señal de la sargento Elena y se preparó para regresar al puesto de vigilancia.

Antes de marcharse, miró una última vez hacia la cerca.

Todo parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Y aunque las criaturas se habían alejado, ninguno de los soldados sabía si realmente se habían marchado o si simplemente estaban esperando escuchar el siguiente ruido.

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Sumirá
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