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Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Robaste a mi prometido, seduje a tu amor

Status: Terminada
Genre:Juego de roles / Venganza de la protagonista / Amor platónico / Completas
Popularitas:17.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Mama Mia

El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.

Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.

Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.

NovelToon tiene autorización de Mama Mia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

16

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Hoy era el primer día de Alena como asistente personal de Nathan. Una empleada de Recursos Humanos la acompañó hasta el último piso para presentarla ante Nathan y recibir la explicación de las tareas que quedarían a su cargo.

En cuanto se abrieron las puertas del ascensor, Alena notó un ambiente distinto. El piso ejecutivo era mucho más tranquilo que los demás. No se veía tanto ir y venir de empleados. Cada persona que había allí parecía absorta en su propio trabajo.

—La oficina del señor Nathan está al fondo del pasillo —explicó la empleada que la acompañaba—. Puede ir directamente. El señor Nathan ya la está esperando —dijo, y se dio media vuelta para marcharse sin reparar en el rostro pálido de Alena.

Alena estiró la mano queriendo detener a la empleada. ¿Cómo podían dejarla ahí, sola, en medio del corredor? ¿No se suponía que debían acompañarla hasta la oficina del director? Pero ¿qué podía hacer? La espalda de la mujer ya se alejaba.

Alena tragó saliva. "El señor Nathan ya la está esperando." Aquellas palabras le aceleraron el pulso de golpe. ¿El señor Nathan había llegado antes que ella? ¿Se metería en problemas en su primer día de trabajo?

Alena cerró los ojos y tomó una honda bocanada de aire antes de dirigirse a la oficina indicada. Luego golpeó la puerta con la mano un poco temblorosa por los nervios.

Toc. Toc. Toc.

—Adelante.

La voz de Nathan llegó desde el interior.

Alena abrió la puerta despacio y lo vio sentado detrás de su escritorio. Se había quitado el saco; le quedaba solo la camisa blanca y un chaleco negro que le ceñía el torso y marcaba el relieve del pecho. Prueba de lo robusto que era aquel hombre.

Con los ojos fijos en la pantalla de la laptop, él levantó la cabeza y dijo:

—A partir de mañana, llega antes de las siete.

—¿A las siete de la mañana? —Alena frunció el ceño—. ¿No empezaba la jornada de la empresa a las ocho?

Nathan por fin alzó la vista y cerró la laptop. —Porque eres mi asistente. Así que debes conocer mi agenda antes de que empiece la jornada. Tienes que asegurarte de que todos los documentos que necesito estén listos, revisar la agenda, contactar a quienes van a reunirse conmigo y comprobar que no haya cruces de horario.

Alena tragó saliva con dificultad. Se le olvidaba, de verdad se le olvidaba. Ahora ya no era una directora de operaciones con asistente personal. Ella era la asistente personal que debía estar disponible cada vez que la llamaran.

—Bien —dijo, asintiendo con la cabeza.

—Esta es toda mi agenda de las próximas dos semanas —dijo Nathan, mientras le entregaba una tableta.

Alena la recibió y los ojos se le abrieron de par en par apenas vio el contenido. Juntas, reuniones con inversores, cenas de negocios, viajes fuera de la ciudad, presentaciones, negociaciones. Incluso había algunos compromisos con apenas unos treinta minutos de diferencia entre uno y otro.

Alena contempló la pantalla unos instantes. Toda esa agenda indicaba que el hombre que tenía delante ni siquiera disponía de tiempo para descansar. ¿Acaso el dueño de una gran empresa tenía que vivir así?

Alena bajó despacio el aparato, enderezó enseguida la espalda y miró a Nathan con una actitud profesional.

—Bien, señor. Entiendo —respondió con calma y claridad—. Voy a estudiar todo y a cumplir mi tarea lo mejor posible.

Nathan apenas le echó un vistazo y luego esbozó una sonrisa torcida. Una sonrisa que a Alena le resultó fastidiosa. —Demuéstralo. No me gustan las promesas vacías.

—Entiendo —respondió Alena con serenidad—. Y, como primera cosa, ¿qué le parece si agrupamos las actividades según el lugar? Así no se pierde tanto tiempo en el camino.

Nathan clavó la mirada en el rostro de la muchacha. —Explícate —ordenó.

Alena volvió a mirar la tableta que tenía en las manos y luego la dejó sobre la mesa, de cara a Nathan. Con la punta del dedo señaló la secuencia de la agenda en la pantalla.

—Las reuniones de esta zona pueden juntarse con estas otras. Y estas, con estas de acá. Así no hace falta ir y venir por el camino. Voy a dejar un margen entre actividades para que usted tenga tiempo suficiente de trasladarse y descansar un poco. De ese modo no tendrá que preocuparse por llegar tarde. Y los compromisos tampoco se amontonan. Usted ahorra tiempo y energía.

Nathan la observó, conteniendo la admiración para que no se le notara en el rostro. Alena apenas había mirado un momento la agenda que él había desordenado a propósito. Y la muchacha ya había encontrado el punto débil.

—Bien, hazlo así —respondió Nathan, recostándose con tranquilidad. Realmente sereno, incluso demasiado inexpresivo—. Y, de ahora en adelante, me vas a acompañar adondequiera que yo vaya.

—A la orden.

—Perfecto. Puedes retirarte. Recursos Humanos ya te mostró tu oficina, ¿no?

—Sí, señor. Con permiso, entonces. —Alena inclinó un poco el cuerpo antes de salir de la oficina del director y dirigirse a la que estaba justo al lado.

Y así fue. Desde ese momento, Alena empezó su nueva vida como asistente personal.

Alena observó el sitio donde se encontraba. Una oficina lujosa y cómoda. Incluso más lujosa que la que había tenido como directora de operaciones en el Grupo Balcázar. El ambiente tenía un aire femenino y elegante. Justo como el gusto de Alena de siempre. Para sus adentros se preguntó quién habría sido la asistente del señor Nathan antes de que ella entrara en el Grupo Villanueva. La verdad era que no lo sabía. Porque, todo este tiempo, en cada encuentro siempre había visto a Nathan llegar escoltado por guardaespaldas. No por una asistente.

Sin querer complicarse con algo que no tenía importancia, Alena prefirió empezar con sus tareas. Había un montón de papeles apilados sobre el escritorio. Y la muchacha comenzó a revisarlos uno por uno. De todo lo que vio, no había absolutamente ninguna actividad agendada para ese día.

Aun así, no se quedó de brazos cruzados. Se puso enseguida a ordenar las pilas de papeles con prolijidad, separando lo urgente, lo importante y lo que era simple archivo de respaldo. Leía por encima lo esencial de cada documento, anotaba los puntos clave en su libretita y luego los acomodaba en el estante de acuerdo con cada grupo, para encontrarlos con facilidad cuando hiciera falta.

Todo lo hacía con calma, esmero y orden. Como acostumbraba cuando todavía era directora de operaciones.

Justo cuando se disponía a anotar otra cosa que necesitaba saber, el teléfono que había sobre la mesa, no lejos de su mano, empezó a sonar. Lo atendió de inmediato. —Buenos días, habla con el Grupo Villanueva. ¿En qué puedo ayudarlo?

—Ven a mi oficina ahora. —La voz que tan bien conocía sonó breve pero clara del otro lado.

—Sí, señor.

Alena se puso de pie para acomodarse un momento la ropa y luego salió rumbo a la oficina de Nathan. De pronto sintió que el corazón le latía con fuerza. Sin saber por qué, tuvo la sensación de que algo malo iba a pasar.

Al llegar frente a la puerta de la oficina de Nathan, golpeó con suavidad y entró apenas oyó la respuesta desde adentro.

—¿Me llamó? —preguntó en cuanto quedó de pie frente al escritorio.

—Prepárame un café.

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Mirla Loyo
y que fue de la vida del ex de Alena y sus papás?🤔
Mirla Loyo
ósea que hasta la casa dónde vivían no les pertenecía?😱
Mirla Loyo
ósea que todo lo que tienen es de Alena?😱
Mirla Loyo
y cuando es que nos vamos a enterar quiénes son los padres o madre se Alena?.. porque el interes de Sebastián por qué se case Renzo?🤷‍♀️
Mirla Loyo
que guerra tan estúpida la de ésta zorra y los idiotas arrastrados por ésas estupideces 🤭
Mirla Loyo
y porque éste idiota tiene que contarle a la zorra?🤷‍♀️
Mirla Loyo
gracias por el consejo Rubén 🤣🤣 éso es lo que sucederá 🤭
Mirla Loyo
interesante el inicio, espero la autora no me decepcione.. acabo de dejar una a la mitad, por las múltiples incoherencias 😏
Lily
El destino te lo pone en bandeja de plata 🤗🤗
Lily
Es que ya no es la misma pende....ja y que crees? Te vas arrepentir 🤭🤭
Leticia Baeza Vazquez
y q la criada nunca pudo decir q ella no era solo la sobrina osea no mames la vieja
Leticia Baeza Vazquez
cómo hay padres alcahuetes y si vergüenzas q son tapaderas de hijas inutiles dan asco
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